Rim Banna, dulce militancia

Publicado en La Mujer en la Alianza

La cantante palestina fundió melancolía y compromiso en Portalblau

EL PERIODICO

El arte puede surgir de una necesidad estética o como espejo de una realidad social. O de ambas cosas a la vez. Ahí está la palestina Rim Banna, que no separa su canto del destino de sus compatriotas. Presos y refugiados desfilan por un repertorio poético, con grosor emocional, buscando la sintonía de un público internacional pese a la barrera lingüística. Como el sábado en las ruinas de Empúries, donde actuó como cabeza de cartel del Festival Portalblau, una muestra que, en su segunda edición, potencia los espacios de debate y el flujo de ideas entre las orillas mediterráneas.

Ante todo, paz y libre expresión. Precisamente, precedió al pase de Rim Banna el dúo Llama, con la cantante Sílvia Pérez Cruz, de la cercana Palafrugell (conocida por sus compromisos con Las Migas y Refree), y un músico israelí, Ravid Goldschmidt, nacido y crecido en un kibbutz.

SONIDOS INÉDITOS // Goldschmidt se encargó de un nuevo y raro instrumento, el hang, creado por luthiers suizos. Es de metal, tiene forma de esfera y, tocado con las manos, uno de sus reversos produce notas parecidas a las de una campana, y el otro, sonidos de percusión. Su timbre inédito y la voz de amplia gama de Pérez Cruz fueron los leitmotiv de un recital que viajó al fado, la habanera y la soleá, y al que se sumó un refinado percusionista, Aleix Tobías.

Rim Banna entró en escena con sus cantos de resistencia, penalidad y esperanza, tal y como explicó cambiando el árabe por el inglés. Dedicó su recital «al alma de Mahmud Darwish», poeta palestino de cabecera fallecido un año atrás, el 9 de agosto del 2008, y buscó la complicidad de la audiencia con un repertorio extraído de álbumes de difusión internacional, como Mirrors of my soul y Seasons of violet. Si bien sus registros discográficos ofrecen experiencias sofisticadas (ahí está su grabación con el danés Henrik Koitzsch), en su recital se vio un poco condicionada por un grupo de músicos más lineal de lo que convendría, que operó en un tono de folk-rock eléctrico con brotes funky y limitó el alcance de sus melodías más melancólicas.

Con ese traje sonoro, fue su voz esbelta la que brilló en solitario durante la noche, brindada a historias agridulces con algún estribillo pegadizo, como el de Malek. El arte de Rim Banna, poética embajadora de Palestina por una noche, caló en un recinto lleno, ocupado por un millar de personas, entre ellos los consellers Antoni Castells y Marina Geli.

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