La Alianza de Civilizaciones da un salto adelante por Juan Antonio Yáñez-Barnuevo

Publicado en Opinión

La Alianza de Civilizaciones y la apuesta del actual gobierno de España por un multilateralismo eficaz acaban de recibir un espaldarazo político de gran calado en el marco de las Naciones Unidas. Los 192 países de la Asamblea General adoptaron por consenso el pasado 10 de noviembre, la primera resolución dedicada expresamente a la Alianza de Civilizaciones. Alrededor de un centenar de países expresaron un apoyo reforzado prestando su copatrocinio al proyecto de resolución.

Se trata, sin duda, de un reconocimiento de primer orden de la iniciativa lanzada por el Presidente del Gobierno en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2004. Debemos congratularnos de este apoyo de la comunidad internacional, porque la promoción de la Alianza de Civilizaciones es una de las contribuciones más destacadas, novedosas  y constructivas de España al sistema multilateral y a la Organización de las Naciones Unidas desde su incorporación hace medio siglo. El respaldo recibido debe servirnos, además, de acicate para continuar los trabajos que hasta ahora el Secretario General, junto con España y Turquía como principales copatrocinadores, han venido realizando en este ámbito.

A pesar de las críticas de algunos y el escepticismo de otros, la Alianza de Civilizaciones ha sabido labrarse el camino y ocupar un espacio para el que no existía ningún instrumento similar antes de su creación. En sus cinco años de andadura, la Alianza ha identificado problemas que afectan a nuestra convivencia y se ha convertido en plataforma de acción para la promoción de objetivos compartidos como son el respeto, la tolerancia, el diálogo, el entendimiento y la paz entre personas y pueblos de culturas y religiones diversas. La Alianza ofrece un enfoque novedoso, ágil y dinámico que da respuesta a los nuevos desafíos. En poco tiempo, se ha ganado el respeto y el respaldo de la comunidad internacional y de nuestras sociedades.

La Alianza de Civilizaciones es un instrumento de diplomacia preventiva, un ejemplo de nueva diplomacia, más global y omnicomprensiva, que trabaja, mediante el diálogo y la cooperación cultural, en la consecución de objetivos políticos. La clave de su éxito y su valor añadido residen, precisamente, en esa doble vocación cultural y política, junto con su capacidad para producir resultados concretos. Como dijo el Presidente del Gobierno en la sesión inaugural del Foro de la Alianza de Civilizaciones que se celebró en Madrid en enero de 2008, la Alianza pretende “movilizar a las grandes mayorías de paz” de nuestras sociedades y “ayudar a contrarrestar la utilización política de la diversidad”.

La Alianza de Civilizaciones representa también un nuevo paradigma. Se inscribe en el marco de lo que la terminología anglosajona denomina como “soft power” o poder blando, en contraposición al “hard power” o poder duro. Constituye un instrumento innovador, orientado fundamentalmente a la acción y a la obtención de resultados, que goza, además, de un amplio apoyo y reconocimiento político en la escena internacional. La calurosa acogida que se desprende de los casi 100 copatrocinios con que ha contado la resolución sobre la Alianza, tienen su razón de ser en el deseo de la comunidad internacional de contar con nuevos instrumentos, más adaptados a una realidad poliédrica como la actual. Es, además, reflejo de la eficacia del nuevo enfoque en su respuesta a la complejidad de los problemas de un mundo multipolar, en el que participan gran variedad de actores.

Las próximas citas importantes de la Alianza de Civilizaciones serán en Sarajevo, en diciembre de 2009, y en Río de Janeiro, en mayo de 2010. En Sarajevo, se sentarán las bases de una estrategia regional sobre la Alianza de Civilizaciones para Europa Suroriental. Se pretende con ello avanzar en la superación de conflictos en una región tan necesitada de enfoques constructivos. En Río de Janeiro, se celebrará el III Foro de la Alianza de Civilizaciones, dando buena muestra del espíritu de universalidad que inspira y preside a la iniciativa. En ambos casos, se darán cita gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil, representantes del sector privado, de los medios de comunicación, líderes religiosos, etc… en un formato original, pragmático y orientado a la acción. El objetivo: promover la buena gestión de la diversidad cultural y fomentar el entendimiento y la comprensión del otro, como forma de contribuir a la difusión de tensiones y de potenciales conflictos. El método: poner en común, de manera proactiva, ideas, iniciativas y proyectos, en las cuatro áreas de actuación de la Alianza, que son la juventud, las migraciones, la educación y medios de comunicación.

La adopción de esta resolución por la Asamblea General de las Naciones Unidas es una buena noticia. No sólo porque supone la consolidación de la Alianza de Civilizaciones como una iniciativa de las Naciones Unidas, sino también, porque con ella, el concepto del multilateralismo eficaz sale reforzado como instrumento para hacer frente a la cada vez más compleja realidad internacional. Es un éxito importante, del que debemos sentirnos satisfechos. Más allá de divisiones partidistas, debemos aunar esfuerzos en la promoción de la Alianza de Civilizaciones, pues es una iniciativa que muestra lo mejor de nuestra herencia plural y diversa y que está llamada a perdurar y dar frutos.

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