En diálogo con el Islam por Juan José Tamayo

Publicado en Opinión

EL PERIODICO DE ARAGÓN

Recientemente recibí el Premio Mundial del Presidente de la República de Túnez para los Estudios Islámicos por mi libro Islam. Cultura, religión y política (Trotta, Madrid, 2009), en reconocimiento a la consolidación de una imagen luminosa del islam y de su carácter tolerante, basado en los principios de moderación, solidaridad y ayuda mutua. La significación del premio trasciende, por supuesto, lo personal e invita a revisar críticamente y superar no pocos de los prejuicios negativos sobre el islam, muy difundidos e instalados en el imaginario social de Occidente, que fomentan la islamofobia y dificultan --e incluso imposibilitan-- todo encuentro y colaboración. Dicha revisión lleva derechamente a pasar del paradigma anti al paradigma inter en las relaciones entre las civilizaciones, los pueblos, las culturas y las religiones, muy especialmente entre cristianismo e islam, así como entre Occidente y el mundo musulmán.

Un punto de referencia luminoso en la construcción de la nueva relación entre culturas y religiones es, sin duda, la experiencia andalusí, que el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo llama certeramente "el paradigma Córdoba" en su obra Elogio de la diversidad. Se trata, a su juicio, de "uno de los ejemplos de alianza mediterránea que desarrolló una cultura de la tolerancia en tanto que pilar filosófico y político para el diálogo intercultural". Lo que dicha alianza puso de manifiesto, gracias a los filósofos Averroes y Maimónides, fue que la vida de cada ser humano y de los pueblos se guía por un doble propósito: buscar la diversidad propia y ajena y evitar los escollos del extremismo y el fanatismo.

Para ello es necesario enterrar definitivamente la teoría belicista del choque de civilizaciones, que amenaza con convertir el mundo en un coloso en llamas, y los fundamentalismos, que siembran la intolerancia por doquier, y avanzar por la senda del diálogo entre culturas, la alianza entre civilizaciones y el encuentro entre religiones desde el respeto al pluriverso religioso y la diversidad cultural, y en el horizonte de la lucha contra la pobreza.

En el terreno de la reflexión me parece prioritario superar la distancia entre los teólogos cristianos y los musulmanes y empezar a elaborar una teología islamo-cristiana de la liberación contrahegemónica desde cuatro claves. La primera es la ética, que debe ser liberada del asedio al que está siendo sometida por el neoliberalismo. Siguiendo a Lévinas, entiendo la ética como teología primera. La segunda es la utópica, que consiste en rehabilitar críticamente la utopía como movilizadora de energías emancipatorias. La tercera clave es la laicidad, que requiere superar los discursos confesionales cerrados y ubicar a las religiones en la sociedad y en diálogo con las corrientes de pensamiento crítico y en colaboración con los movimientos sociales. La cuarta es la emergencia de una política cosmopolita emancipatoria en una democraciaparticipativa. Y todo ello en perspectiva de género, en el horizonte de las víctimas y desde la ubicación en el mundo de la marginación.

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