Salvar Doha

Publicado en Opinión

Los países ricos deben hacer concesiones para liberalizar el comercio mundial

EL PAÍS

De cómo concluya esta semana la negociación multilateral que se mantiene contrarreloj en Ginebra dependerá que la Ronda de Doha para liberalizar el comercio mundial, lanzada hace ya siete años, no sea un fracaso más en las relaciones entre países ricos y pobres. La continuidad del desencuentro añadiría a la escena económica y financiera global una perturbación grave, que complicaría la salida de una de las situaciones más adversas en la economía mundial desde hace muchos años. La crisis crediticia, que raciona y encarece la financiación de la inversión, y los elevados precios de las materias primas, alimentos incluidos, que además de la erosión inflacionista penalizan severamente a las rentas más bajas, no son los mejores compañeros de esas persistentes amenazas proteccionistas que se han manifestado durante la vigencia de esta ronda en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Las negociaciones de Doha comenzaron en noviembre de 2001 para impulsar la economía mundial y ayudar a los países subdesarrollados a salir de la pobreza. Sólo en los últimos días, cuando su fracaso parecía inminente en la reunión de ministros de Comercio en Ginebra, una iniciativa de Pascal Lamy, director general de la OMC, parece haberlas encarrilado de nuevo en sus áreas cruciales de productos agrícolas y mercancías industriales. Se trata básicamente de las modalidades de acceso a los mercados, de la reducción de tarifas en numerosos productos.

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