La cuestión turca por Gema Martín Muñoz

Publicado en Opinión

EL PAÍS

Los sectores recalcitrantes del laicismo autoritario turco están llevando a su país a una situación de crisis político-institucional que abre las puertas a la incertidumbre con el indeseable riesgo de retroceso económico y repliegue democrático. Esto no conviene ni a Turquía ni a Europa ni a Oriente Medio.

En realidad, lo que se está jugando en Turquía es un ajuste de cuentas de añejas élites que con una concepción patrimonial del Estado y de su interpretación laica se han visto desplazadas del poder a través de las urnas... y no se resignan a ello. Tratan de manipular el "miedo al islamismo" (si bien el PJD es un posislamismo democrático autodefinido como "partido conservador") y arrogarse la defensa del laicismo (versión fundamentalista y excluyente considerada "una forma de vida" susceptible de ser impuesta a todos los ciudadanos que, lejos de basarse en la neutralidad confesional del Estado, coarta sus libertades individuales) para derrocar al Gobierno democrático con estratagemas jurídicas (ilegalizar al partido gobernante arrogándose el dudoso derecho de interpretar el laicismo a su imagen y semejanza). Argumentos seudojurídicos abanderados por un Tribunal Constitucional que desde 1980 ha ilegalizado a más de 20 partidos políticos y cuya mayoría de jueces fue nombrada por el anterior presidente de la República, el kemalista-laico Ahmet Necdet Sezer.

Acusar al PJD de atentar contra el laicismo es dar la espalda a la realidad social mayoritaria turca que en un 80% no ve contradicción entre el hiyab y el laicismo, y al 69,3% de ciudadanos que se muestra decididamente contrario a la disolución de ese partido (encuesta del Centro Metropol de Investigaciones Sociales y Estratégicas de Ankara, publicada en el diario Yani Shafaq el 6 de junio de 2008).

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