Turquía: la fractura por Antonio Elorza

Publicado en Opinión

EL PAÍS

La gestación del conflicto remite a los primeros años de la República turca. El proyecto de modernización autoritaria de Kemal Atatürk, de contenido laico y europeísta, pudo triunfar gracias al desplome del imperio otomano y por el inmenso prestigio obtenido con la victoria militar contra Grecia. La religión quedó entonces como último bastión frente al cambio, y si bien se vio obligada a retroceder, desprestigiada políticamente por su vinculación al antiguo régimen, no por eso dejó de contar con el respaldo mayoritario en la sociedad cada vez que el régimen kemalista se abrió a la democracia. La secuencia de prohibiciones de partidos religiosos y golpes militares, desde los tiempos de Kemal hasta fines de los 90, fue el reflejo de esa tensión.

Pero ahora parecía alcanzado el equilibrio con la llegada al Gobierno de un partido islamista dispuesto en principio a acentuar la modernización, vincularse a Europa y mantener el respeto a una Constitución que literalmente blindaba al Estado secular. Así estaría el país en condiciones de abordar las reformas imprescindibles para el acceso a la Unión Europea, al consagrar el respeto a los derechos civiles, eliminar la tutela del Ejército sobre las instituciones, suprimir el ultranacionalista artículo 301 del Código Penal en virtud del cual fueron acusados Orhan Pamuk y el escritor armenio Hrant Dink (cuyo asesinato posterior sigue en la práctica impune) y, tal vez, soñemos, mostrarse realista en la cuestión de Chipre y justo al reconocer la herida de ese genocidio armenio que como muestra el reciente libro de Gurriarán, Armenios, gravita aún sobre los herederos de las víctimas. Nadie podría entonces cerrarle a Turquía las puertas de Europa.

Todo se ha venido abajo con la batalla sobre el velo. En principio, la cosa no debiera ser tan grave, ya que la restricción levantada por el Parlamento y restablecida por el Constitucional se limita a las universidades, y no afecta al uso masivo de la prenda en la vida civil. No existen las restricciones a la libertad religiosa en Turquía de que habla el ministro Ali Babacan.

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