Paz, coerción y medioambiente por Ramón Folch

Publicado en Opinión

El Periódico.

Actualmente, en el mundo hay más de treinta zonas en conflicto armado: Irak, Afganistán, Palestina, Darfur, Sri Lanka, Colombia... Las guerras clásicas de un país contra otro han casi desaparecido, pero proliferan las luchas protagonizadas por organizaciones armadas que no son los ejércitos de toda la vida: Al Qaeda, Hamás, los talibanes, el Polisario, las FARC... Muchos ejércitos convencionales actúan ahora de fuerzas de interposición o de disuasión al servicio de la ONU, de la OTAN, etcétera. Es una mutación del orden tradicional que da que pensar. Al respecto, creo que debería revisarse la relación entre paz y fuerzas coercitivas y también entre seguridad y medioambiente.

Las disciplinas y los organismos de mediación, encargados de concebir y llevar a la práctica nuevas fórmulas y procesos, tienen una importancia creciente. El futuro Barcelona Centre Internacional per la Pau, que tendrá su sede en el cívicamente recuperado castillo de Montjuïc, responde a esta necesidad. Difundirá conceptos y formará expertos, tal como hacen el Austrian Study Center for Peace and Conflict Resolution (ASPR), que funciona en Austria, o la Folke Bernadotte Academy, que opera en Suecia. Deberá capacitar expertos para trabajar sobre el terreno en las nuevas condiciones polemológicas y, singularmente, para hacer frente a una nueva tipología de problemas. Se trata de evitar la violencia y de recomponer convivencias deterioradas.

Reducir el orden público a la acción policial es un error. Pensar que puede mantenerse sin policía, otro. Alguna forma de fuerza coercitiva es imprescindible, pues, si se quiere mantener la paz en el mundo. La violencia no nace de las fuerzas armadas, son las fuerzas armadas las que surgen históricamente de la violencia. La violencia anida en el ADN de los primates y la civilización trata de evitarla por vía cultural. Pero cuando no lo logra con razonamientos, debe aplicar la coerción sobre los violentos. Por eso una policía y unas fuerzas armadas supeditadas a las estrategias políticas son necesarias si, además de pronunciar discursos, quiere gobernarse la realidad. Parece que el Barcelona Centre Internacional per la Pau contribuirá significativamente a formar profesionales civiles y militares en este delicado e importante cometido. Es una buena noticia, que no debería desvirtuarse apartando la milicia del centro. Los esquemas tradicionales se han visto superados, pero solo podremos construir los nuevos a partir de los preexistentes, siempre es así.

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