Nunca habrá una solución militar por Daniel Barenboim

Publicado en Opinión

EL PAÍS

En las paredes de mi vestuario de laStaatsoper de Berlín hay fotografías que me recuerdan lo que veo cuando miropor la ventana de mi casa en Jerusalén. Están un poco descoloridas y en algunaspartes el papel se está deshaciendo, pero es fácil reconocer las vistas: laCiudad Vieja, la Mezquita de la Roca con su refulgente cúpula, los muros, laspuertas. A veces me siento aquí antes de actuar, observo esas fotografías ypienso en Jerusalén, en Israel, en mi patria. Parece que antes de 1989, estahabitación era un refugio de la Stasi, la policía de Alemania del Este; si yofuera un sentimental, no hay duda de que el hecho me ayudaría a dejar de serlo,pero no lo soy. La situación en Oriente Próximo me resulta demasiado cercana,es demasiado personal como para que pueda caer en el sentimentalismo.

Desde 1952 poseo pasaporte israelí. Desde quetengo 15 años viajo por el mundo en mi calidad de músico. He residido enLondres y en París, y durante años he vivido entre Chicago y Berlín. Antes detener pasaporte israelí, lo tenía argentino; y después adquirí el español.Además, en 2007 me convertí en el único israelí del mundo que también puedeenseñar un pasaporte palestino en los puestos fronterizos israelíes. Soy, porasí decirlo, una prueba patente de que sólo una solución pragmática basada enla existencia de dos Estados (o, mejor aún, aunque suene absurdo, unafederación de tres Estados: Israel, Palestina y Jordania) puede llevar la paz ala región. ¿Cómo respondo a quienes me dicen que soy ingenuo, sólo un artista?Les digo que, aunque de niño estrechara la mano de Ben Gurion y de Simon Peres,no soy un político: lo que siempre me ha interesado es la humanidad, no lapolítica. En ese sentido, me siento capaz de analizar la situación y, comoartista, especialmente capacitado para hacerlo.

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