Nunca habrá una solución militar por Daniel Barenboim

Publicado en Opinión

Tanto mis abuelos paternos como maternos eranjudíos rusos que huyeron a Buenos Aires durante los pogromos de 1904. Pordesgracia, nunca pregunté mucho a mis padres sobre la historia de nuestrafamilia. En primer lugar porque, de niño, estaba muy centrado en mí mismo y, ensegundo lugar, porque entonces era normal que estuviéramos en una situación decambio permanente. Sin embargo, la historia de mis abuelos paternos es muyespecial. Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires (él con 16 años, ella con14), después de una larga y espantosa travesía, les anunciaron que sólo lasfamilias podían desembarcar, porque el cupo de solteros ya estaba cubierto. Losdos estaban solos y mi abuelo agarró a mi abuela y le dijo:"¡Casémonos!". Y así lo hicieron. Una vez en tierra, cada uno se fuepor su lado. Después de dos o tres años se reencontraron por casualidad, seenamoraron y pasaron el resto de su vida juntos.

Esta abuela era una ferviente sionista. Ya en1929 se fue a Palestina durante seis meses con sus tres hijas -entre ellas mimadre, entonces de 17 años- para comprobar si se podía vivir allí. Por suparte, la familia de mi padre estaba totalmente asimilada: para ellos, laTierra Santa no tenía importancia, por lo menos hasta que descubrieron mitalento musical. De repente, para mis padres cobró importancia que yo, en micalidad de futuro artista, debía crecer dentro de una mayoría y no de unaminoría ubicada en algún punto de la diáspora judía. Se podría decir que laconvicción de que la normalidad sería un elemento fundamental para midesarrollo intelectual avivó aún más el sionismo de mi abuela, de manera que lafamilia Barenboim decidió emigrar a Israel.

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