Nunca habrá una solución militar por Daniel Barenboim

Publicado en Opinión

En 1966 conocí a la violonchelista Jacquelinedu Pré en Londres. Ambos sentimos inmediatamente una atracción mutua, tantopersonal como musical, y dos o tres meses después decidimos casarnos. Sininfluencia alguna por mi parte, a Jacqueline se le ocurrió convertirse aljudaísmo. La idea de tener algún día hijos influyó en su decisión, así como elhecho de conocer a muchos grandes músicos judíos. Su conversión no siempre fueuna bendición para su carrera; se podía leer y escuchar que había entrado en la"mafia musical judía". Ben Gurion, que no tenía mucho interés en lamúsica, acudió a nuestra boda. Le impresionaba que una chica inglesa no judíapudiera identificarse tanto con su país. El 31 de mayo, cuando la guerraparecía inevitable, volamos a Israel en uno de los últimos aviones depasajeros. Tocamos casi todas las noches. El último concierto tuvo lugar el 5de junio en Beersheba, una localidad situada a mitad de camino entre Tel Aviv yla frontera con Egipto. Al abandonar la sala para dirigirnos en coche a casa,comenzamos a ver los primeros tanques avanzando hacia nosotros.

Después de 1967, Israel volvió mucho más lavista hacia Estados Unidos, no necesariamente para su propio beneficio. Lostradicionalistas decían: "No abandonaremos los territorios reciénocupados". Los judíos religiosos, que no eran "territorios ocupadossino liberados, son territorios bíblicos". Y de esta forma se selló el findel socialismo en Israel. Desde entonces, la política internacional hainstrumentalizado el conflicto de Oriente Próximo. Llevamos décadas leyendotitulares sobre explosiones de violencia. Las guerras y las accionesterroristas se suceden, consolidando la situación en la mente de la gente. Hoyen día, en la época de la guerra de Irak y el conflicto con Irán, apenas seleen noticias sobre el asunto, lo que es todavía peor. Muchos israelíes sueñancon despertarse un día para ver que los palestinos se han ido, y éstos con locontrario. Ni uno ni otro bando pueden diferenciar ya entre el sueño y larealidad, y, psicológicamente, éste es el quid del problema.

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