Ankara, Bruselas, Madrid, Rabat: un hilo conductor por Máximo Cajal

Publicado en Opinión

En el combate pacífico de tantos hombres y mujeres por salir al paso del nacionalismo exacerbado y del islamismo radical, y por alzarse paulatinamente a los estándares exigibles de la Unión Europea, una vez felizmente aceptada la demanda turca de adhesión el pasado 3 de octubre. Hilo éste, que es la Alianza, que también recorre Marruecos, cuya llamada a las puertas de Bruselas se ha recordado en días pasados. También el pueblo marroquí, y su Gobierno, tienen un largo trecho por delante para avanzar sin vacilación en el proceso de reformas puesto en marcha por el rey Mohamed VI. A Bruselas, a la UE, le corresponde desempeñar aquí un papel decisivo. El de seguir alentando y ayudando a las sociedades turca y marroquí, y a sus gobiernos, a progresar por la vía de la modernidad, al tiempo que mantiene su vigilancia y su nivel de exigencia, pero haciéndolo con generosidad y con visión política.

No está menos en juego la credibilidad de España. Su especial responsabilidad en su triple condición de copatrocinadora, con Turquía, de esta iniciativa; de vecina de Marruecos y de socio de la Unión Europea, objeto del deseo turco y marroquí. Difícilmente estaremos a la altura de tanto compromiso si no somos capaces de orientar nuestros sentimientos en el sentido de la apertura de miras; si no borramos nuestras prevenciones producto de una Historia escrita por manos españolas a lo largo de medio siglo de franquismo; la pesadilla de un imperio. Si no asumimos con rigor el desafío del Islam español, al que pertenece buena parte de esos millones de nuevos ciudadanos que nutren nuestra población. Si no nos preguntamos con coraje a qué España, a cuál de las Españas, han de prestar, ellos también, su adhesión. Es ésta una tarea urgente. Nos corresponde a los españoles dar ejemplo y estar a la altura de las expectativas creadas por la Alianza de Civilizaciones.

Te puede interesar...

Sin etiquetas que coincidan