A los musulmanes de Occidente y sus conciudadanos por Tariq Ramadan

Publicado en Opinión

La labor consiste en reapropiarse de nuestra herencia y desarrollar hacia ella una actitud positiva, aunque crítica, que afirme que las enseñanzas del Islam llaman a los musulmanes a la vida espiritual y a la reforma de sí mismos. A su vez, los inmigrantes musulmanes deben respetar las leyes de los países en los que residen. Enfrentados a unos temores legítimos, los musulmanes occidentales deben desarrollar un discurso crítico que rechace la actitud de víctimas y, por el contrario, critique las interpretaciones radicales, literales y/o folklóricas de sus fuentes (Corán y Hadith). También es importante que no avalen la confusión que rodea los debates relacionados con sus sociedades: los problemas sociales no son “problemas religiosos” y no guardan relación alguna con el Islam como tal.

 Lamentablemente, los argumentos que ayer eran coto exclusivo de los partidos de extrema derecha han hallado un sitio en el seno de las formaciones políticas tradicionales de Europa. Carentes de ideas creativas para fomentar

el pluralismo cultural o combatir la creación de guetos sociales, numerosos políticos prefieren la peligrosa retórica de proteger la “identidad”, defender los “valores occidentales” o imponer limitaciones estrictas a los “extranjeros”, utilizando, cómo no, el aparato de las nuevas leyes de seguridad para combatir el terrorismo. Los términos implícitos del debate suelen reducirse a una distinción entre dos entidades: “nosotros, los occidentales” y “ellos, los musulmanes”.

El discurso racista prolifera y el pasado se reinterpreta de un modo que excluye al Islam de la más remota participación en la creación de la identidad occidental, de ahora en adelante redefinida como puramente grecorromana y judeocristiana.

En respuesta, los ciudadanos musulmanes no deben confinarse en el aislamiento, deben hacerse oír, salir de sus guetos religiosos, sociales y culturales y dar pasos para conocer a sus conciudadanos. Las políticas de quienes explotan el miedo pretenden generar precisamente lo que afirman combatir: al acusar perpetuamente a los musulmanes de no estar integrados y de encerrarse en una identidad religiosa, intentan aislarlos.

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