Cultivar las semillas de la democracia por Anwar Ibrahim

Publicado en Opinión

Hace siete años, Indonesia se lanzó de cabeza a la democracia después de más de tres décadas de dictadura autocrática. Como el mayor país musulmán del mundo, destaca por el que tal vez sea el fenómeno político más importante de la historia reciente de la democracia. Desde entonces, los indonesios han acudido a las urnas en dos ocasiones y rechazado abrumadoramente a los radicales islamistas, que luego intentaron avanzar su programa por otras vías. De nuevo, ello fue recibido con un clamoroso no del pueblo indonesio, incluidas algunas organizaciones musulmanas importantes. En Indonesia, la prensa es libre y las elecciones justas. Las libertades básicas están contempladas en la Constitución y son plenamente reconocidas y respetadas por los poderes establecidos. Por ejemplo, a diferencia de sus vecinos los malaisios, los indonesios pueden congregarse para protestar por las decisiones y políticas gubernamentales sin temor a represalias. Los arrestos arbitrarios y las detenciones políticas son inauditos. Como democracias en ciernes, Indonesia y Turquía todavía tienen un largo camino por recorrer. En Indonesia, se trata de cumplir unos objetivos socioeconómicos de la democracia que sólo pueden conseguirse con el tiempo. En Turquía, la contención de un estamento militar sin restricciones ha contribuido a la ascensión de ese país a la Unión Europea. No obstante, ahora es un modelo, tanto para los países musulmanes como para quienes pretenden ayudarlos.

Para que EE UU triunfe en sus campañas para propagar la libertad, debe recordar que la democracia constitucional no puede arraigar en una sociedad, ya sea laica o islámica, sin el compromiso firme de quienes están políticamente habilitados para proteger los derechos fundamentales de libertad e igualdad para todos. El verdadero cultivo de la democracia exige más que una mera implantación de las elecciones. También pasa por la instauración de procesos democráticos y una nivelación del terreno de juego político. Necesita la garantía de una separación de poderes y la liberación del sistema judicial del dominio de autócratas y tiranos. Por encima de todo, exige la protección de las libertades fundamentales y una prensa libre. Es en estos prerrequisitos de la democracia en lo que EE UU y el mundo musulmán deben invertir con un empeño mucho mayor para que las causas de la libertad imperen de verdad.

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