Cristianos, moros y un grupo de judíos con greñas por Vicente Molina Fox

Publicado en Opinión

Los amigos vileros y alcoyanos que me invitaron más de una vez a sus fiestas patronales tenían la mayoría como gran orgullo pertenecer a las comparsas sarracenas, que-también en esto haciendo justicia a una verdad iconográfica- se adornan con más vivos colores, llevan turbantes y joyas de mayor lucimiento, enarbolan espadas de curva más atractiva y, en suma, parecen pasárselo mejor que los esforzados defensores cristianos (si bien los grandes puros habanos los fuman todos por igual mientras desfilan, otro hábito que no sabemos si está en trance de ser corregido).

La noticia más reciente a ese respecto ha sido la de que los pueblos de Beneixama (Alicante) y Boicarent (Valencia) han decidido suprimir de sus fiestas la traca final de un muñeco musulmán, que en Bocairent, donde se le conocía como la mahoma, era arrojado desde las almenas del castillo cristiano mientras la cabeza mahometana seguía estallando por efecto de los petardos. La medida me parece, por dos motivos, acertadísima, por mucho que algunos la interpreten como una cobarde dejación ante las crecientes presiones del fundamentalismo islámico.

El primer motivo es ético. Aunque algunos se nieguen a aceptarlo y prefieran, en la inercia de sus privilegios e ideas recibidas, cualquier época pasada, el curso del tiempo ha ido eliminando -casi siempre después de la protesta y hasta del sacrificio de las víctimas- aberraciones mantenidas durante siglos en las sociedades más avanzadas. ¿O acaso se ha olvidado ya que los negros del sur de los Estados Unidos no podían sentarse en los autobuses de los blancos ni bañarse en sus piscinas hasta hace unos años; que las mujeres españolas empezaron a ser consideradas sujetos de razón política sólo en la tercera década del siglo XX, o que la humillación social y burla de los homosexuales era un deporte de muchas naciones, éste aún no del todo erradicado?

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