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Alianza de Civilizaciones en la UE por R. Tamames y M. López

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ESTRELLA DIGITAL
El domingo pasado, los visitantes de Medina Azahara, en Córdoba, fueron sorprendidos por una procesión de coches oficiales y de seguridad fuera de lo común que sorprendía hasta a los trabajadores de las instalaciones arqueológicas. La llamativa caravana respondía al hecho de que los ministros de Exteriores turco y español estaban reunidos ese día y no pudieron escoger un escenario más apropósito para los representantes de los dos países que lideran la tan traída y llevada "Alianza de Civilizaciones".
Un día después, ya en Madrid, el secretario de Estado para la Unión Europea, Diego López Garrido, en la presentación de la intervención de Ahmet Davutoglu, ministro de Exteriores de la República de Turquía, en un conocido foro de debate público, afirmaba que España hará "todo lo que sea posible" para agilizar el ingreso de Turquía en la UE, durante su próxima Presidencia de turno del Consejo de la UE, es decir, en el primer semestre del 2010.
A lo cual el Sr. Davutoglu correspondía mostrando la creencia turca de que con la Presidencia española, el proceso "se acelerará desde un punto de vista técnico, y que habrá más actividad desde un enfoque político". Al tiempo que subrayaba las semejanzas entre Turquía y España: los dos países se han enfrentado a duras negociaciones de acceso a la UE, ambos viven bajo la amenaza del terrorismo independentista, y los dos Estados patrocinan la Alianza de Civilizaciones, calificada por el ministro turco como una de las mejores iniciativas internacionales de los últimos veinte o treinta años.
Ahmet Davutoglu ha sido el principal asesor en política internacional del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, desde su llegada al poder hace siete años, y hasta ahora su objetivo prioritario es la plena incorporación a Europa, sin perder de vista su entorno cercano, de tal forma que no teme declarar que su política exterior consiste en "cero conflictos con los vecinos".
En esa línea, encontramos el acercamiento con Armenia mediante una serie de protocolos que preveían, por primera vez en la historia, el establecimiento de la normalidad en las relaciones diplomáticas, incluyendo la apertura de la frontera común y la creación de una comisión de expertos para el estudio del conocido "genocidio armenio". Además, con relación al conflicto con la minoría kurda el Parlamento ha puesto en marcha de una serie de medidas para mejorar sus derechos, como el relajamiento de las restricciones de uso de su lengua, otrora prohibida, incluyendo el lanzamiento de una empresa estatal para la creación de un canal de televisión en esta lengua.
Con todo, el último informe de progreso de la Comisión Europea, critica la rigidez del Gobierno de Ankara con respecto a Chipre, pues Turquía sigue sin abrir sus puertos y aeropuertos a los ciudadanos y mercancías greco-chipriotas, al tiempo que según quejas presentadas por Grecia, el país más asiático de Europa viola de forma continuada su espacio aéreo. Ante este espinoso tema el ministro Davutoglu afirma que las negociaciones este año han progresado mucho y que en ese sentido esperan "objetividad" de la Presidencia española para alcanzar un acuerdo.
Seguiremos atentos, no sólo a los mediáticos nombramientos que está previsto se produzcan hoy en la Cumbre Informal de Jefes de Estado y de Gobierno de Bruselas, sino también a cómo evoluciona la diplomacia turca y la comunitaria en la senda de la que sin duda puede ser la adhesión de mayor importancia desde la de los Estados de Europa Oriental en el año 2004.

La Alianza de Civilizaciones da un salto adelante por Juan Antonio Yáñez-Barnuevo

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La Alianza de Civilizaciones y la apuesta del actual gobierno de España por un multilateralismo eficaz acaban de recibir un espaldarazo político de gran calado en el marco de las Naciones Unidas. Los 192 países de la Asamblea General adoptaron por consenso el pasado 10 de noviembre, la primera resolución dedicada expresamente a la Alianza de Civilizaciones. Alrededor de un centenar de países expresaron un apoyo reforzado prestando su copatrocinio al proyecto de resolución.

Se trata, sin duda, de un reconocimiento de primer orden de la iniciativa lanzada por el Presidente del Gobierno en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2004. Debemos congratularnos de este apoyo de la comunidad internacional, porque la promoción de la Alianza de Civilizaciones es una de las contribuciones más destacadas, novedosas  y constructivas de España al sistema multilateral y a la Organización de las Naciones Unidas desde su incorporación hace medio siglo. El respaldo recibido debe servirnos, además, de acicate para continuar los trabajos que hasta ahora el Secretario General, junto con España y Turquía como principales copatrocinadores, han venido realizando en este ámbito.

A pesar de las críticas de algunos y el escepticismo de otros, la Alianza de Civilizaciones ha sabido labrarse el camino y ocupar un espacio para el que no existía ningún instrumento similar antes de su creación. En sus cinco años de andadura, la Alianza ha identificado problemas que afectan a nuestra convivencia y se ha convertido en plataforma de acción para la promoción de objetivos compartidos como son el respeto, la tolerancia, el diálogo, el entendimiento y la paz entre personas y pueblos de culturas y religiones diversas. La Alianza ofrece un enfoque novedoso, ágil y dinámico que da respuesta a los nuevos desafíos. En poco tiempo, se ha ganado el respeto y el respaldo de la comunidad internacional y de nuestras sociedades.

La Alianza de Civilizaciones es un instrumento de diplomacia preventiva, un ejemplo de nueva diplomacia, más global y omnicomprensiva, que trabaja, mediante el diálogo y la cooperación cultural, en la consecución de objetivos políticos. La clave de su éxito y su valor añadido residen, precisamente, en esa doble vocación cultural y política, junto con su capacidad para producir resultados concretos. Como dijo el Presidente del Gobierno en la sesión inaugural del Foro de la Alianza de Civilizaciones que se celebró en Madrid en enero de 2008, la Alianza pretende “movilizar a las grandes mayorías de paz” de nuestras sociedades y “ayudar a contrarrestar la utilización política de la diversidad”.


La Alianza de Civilizaciones representa también un nuevo paradigma. Se inscribe en el marco de lo que la terminología anglosajona denomina como “soft power” o poder blando, en contraposición al “hard power” o poder duro. Constituye un instrumento innovador, orientado fundamentalmente a la acción y a la obtención de resultados, que goza, además, de un amplio apoyo y reconocimiento político en la escena internacional. La calurosa acogida que se desprende de los casi 100 copatrocinios con que ha contado la resolución sobre la Alianza, tienen su razón de ser en el deseo de la comunidad internacional de contar con nuevos instrumentos, más adaptados a una realidad poliédrica como la actual. Es, además, reflejo de la eficacia del nuevo enfoque en su respuesta a la complejidad de los problemas de un mundo multipolar, en el que participan gran variedad de actores.

Las próximas citas importantes de la Alianza de Civilizaciones serán en Sarajevo, en diciembre de 2009, y en Río de Janeiro, en mayo de 2010. En Sarajevo, se sentarán las bases de una estrategia regional sobre la Alianza de Civilizaciones para Europa Suroriental. Se pretende con ello avanzar en la superación de conflictos en una región tan necesitada de enfoques constructivos. En Río de Janeiro, se celebrará el III Foro de la Alianza de Civilizaciones, dando buena muestra del espíritu de universalidad que inspira y preside a la iniciativa. En ambos casos, se darán cita gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil, representantes del sector privado, de los medios de comunicación, líderes religiosos, etc… en un formato original, pragmático y orientado a la acción. El objetivo: promover la buena gestión de la diversidad cultural y fomentar el entendimiento y la comprensión del otro, como forma de contribuir a la difusión de tensiones y de potenciales conflictos. El método: poner en común, de manera proactiva, ideas, iniciativas y proyectos, en las cuatro áreas de actuación de la Alianza, que son la juventud, las migraciones, la educación y medios de comunicación.

La adopción de esta resolución por la Asamblea General de las Naciones Unidas es una buena noticia. No sólo porque supone la consolidación de la Alianza de Civilizaciones como una iniciativa de las Naciones Unidas, sino también, porque con ella, el concepto del multilateralismo eficaz sale reforzado como instrumento para hacer frente a la cada vez más compleja realidad internacional. Es un éxito importante, del que debemos sentirnos satisfechos. Más allá de divisiones partidistas, debemos aunar esfuerzos en la promoción de la Alianza de Civilizaciones, pues es una iniciativa que muestra lo mejor de nuestra herencia plural y diversa y que está llamada a perdurar y dar frutos.

España y la incorporación de Turquía a la UE por Ahmet Davutoglu

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EL PAÍS

Para la estabilidad del sur de Europa, Turquía y España, con un devenir histórico similar y situadas en orillas opuestas del espacio euromediterráneo, constituyen los flancos de un delicadísimo eje. La prolongada rivalidad hispano-turca, que duró dos siglos, terminó en 1782 con la firma del Tratado de Constantinopla, un acuerdo de paz, amistad y comercial con el que se considera que se iniciaron las relaciones contemporáneas entre Turquía y España. Esta relación bilateral ha florecido a lo largo de los años, gracias a multitud de contactos e intercambios registrados en nuestro ámbito común, el Mediterráneo, también conocido como mar de luz. Al igual que los elocuentes poemas sobre España escritos por el poeta Yahya Kemal Beyatl1, uno de los más afamados del periodo republicano turco, que también fue embajador en España durante la década de 1920, esos contactos han acercado más a nuestros países, familiarizándolos con los valores y visiones del otro.

Gracias a la larga historia común, España ha comprendido en toda su extensión las potencialidades que presenta la entrada de Turquía en la UE. Con ella compartimos la idea de que el Mediterráneo debe una vez más ser fuente de inspiración para la paz y la estabilidad. Esta concepción nos ha llevado a patrocinar, junto a España, la oportuna iniciativa que constituye la Alianza de Civilizaciones, con la que nuestros países han demostrado que, sin dejar de preservar la singularidad de nuestras identidades, debemos enriquecernos mutuamente mediante el reconocimiento del otro. Así hemos dado un ejemplo que otros pueden seguir.

En este contexto, los líderes europeos tienen una oportunidad excepcional de demostrar que están dispuestos a preparar para los desafíos del siglo XXI a la UE, tanto internamente como, y esto es aún más decisivo, para el ámbito global. Se diría que, a este respecto, hay dos labores pendientes: la puesta en marcha sin sobresaltos del Tratado de Lisboa y la movilización popular a favor de la ampliación en su conjunto, y en concreto de la que afecta a Turquía.


Cincuenta años después del establecimiento de relaciones entre Turquía y la UE, resulta asombroso comprobar que todavía hay quienes cuestionan la identidad europea de nuestro país. Se deja así totalmente de lado el arraigado lugar que ocupa Turquía en la historia europea, tratando de forma absolutamente injusta una vocación europeísta avalada por su pertenencia a instituciones europeas como el Consejo de Europa y la OTAN desde 1949 y 1952, respectivamente, y por el mantenimiento de las negociaciones de acceso a la UE. Ahora, ante la magnitud de los desafíos y oportunidades que tenemos delante, debemos abandonar esos agotadores debates y centrarnos en el valor añadido que comportaría la entrada de Turquía, cuyo proceso de adhesión, iniciado en 1963, descansa en obligaciones contractuales contraídas tanto por nuestro país como por la UE.

Los desafíos actuales tienen múltiples facetas: la crisis financiera, la seguridad energética, la emigración ilegal, las epidemias, el cambio climático, el crimen organizado, la falta de entendimiento entre las sociedades islámicas y occidentales, el extremismo y el terrorismo... Con consecuencias similares, todos estamos expuestos a los mismos desafíos. Si de lo que se trata es de erradicar cualquier forma de intolerancia y de discriminación que se apoye en razones religiosas o de otra índole, de fomentar un orden internacional democrático y equitativo, de lograr un desarrollo económico constante y de hacerlo de forma sostenible, la entrada de Turquía en la UE como miembro de pleno derecho puede marcar una importante diferencia.

Si pensamos en zonas como Oriente Medio, el Cáucaso o los Balcanes, o en situaciones como la de Afganistán y Pakistán, en todas ellas Turquía constituye una fuerza positiva. El objetivo principal de nuestra política exterior siempre ha sido el mantenimiento de la paz, la estabilidad y la prosperidad en todas partes. El creciente dinamismo económico turco, unido a sus cualidades demográficas, proporciona a la UE una opción estratégica a la hora de abordar desequilibrios económicos y futuros desafíos poblacionales. Cuando estemos en situación de entrar en la UE como miembros de pleno derecho, asumiremos la responsabilidad que nos corresponda. Sin embargo, ahora topamos con diversos obstáculos políticos que socavan el principio de pacta sund servanda, minando en consecuencia la credibilidad de la propia UE. Como la entrada en la Unión no se producirá de la noche a la mañana, no hay razones para prejuzgar hoy esa decisión. Llegado ese momento, Turquía tendrá los mismos criterios y normas que el resto de la UE, lo cual redundará en beneficio de todas las partes.

Somos conscientes de que para ciertos países miembros la entrada de Turquía plantea algunos problemas. Sin embargo, nuestro país desea fortalecer la Unión y, una vez concluidas las negociaciones, confío en que se comprendan y aprecien mejor las ventajas de que Turquía pertenezca a ella. Otorgamos un gran valor a la posición que, por principio y con visión de futuro, ha tomado España. El enfoque constructivo y de amplias miras de sus líderes nos hace confiar plenamente en España y en que presida de modo ejemplar la UE, beneficiando así al conjunto de Europa, Turquía incluida.

Algunos factores que contribuyen al reforzamiento de los mecanismos de diálogo entre culturas con el fin de avanzar desde el diálogo a la interacción.

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Dr. Mahmoud Assayyed

En el nombre de Allá, el más Compasivo y Misericordioso.

Excelencias,Honorables profesores e investigadores

Señoras y señores,

Ante todo, quisiera agradecer a La Organización Cultural, Científica e Islámica –ISESCO- y en concreto, a la persona de este gran Director General, Su Excelencia Dr. Abdulaziz Toman Altwaijri, la invitación a este simposio internacional.

También mi más sincero agradecimiento a Su Excelencia el Presidente, el Gobierno y el pueblo de la Republica de Túnez y también al Dr. Mohamed al Aziz Ben Achour, Ministro de Cultura y  de Conservación del Patrimonio, por ser los anfitriones de este simposio que muestra de manera directa las tradiciones y la civilización de Túnez

Permitidme expresar mi alegría por estar aquí de nuevo en Túnez donde viví 4 años. Los recuerdos de aquella época hacen que vuelva a sentir la necesidad de vivir aquí de nuevo.

Excelencias,

Señoras y señores,

Si la civilización representa un estado avanzado de desarrollo intelectual por parte de la historia humana, la cultura de una nación o de un pueblo tiene que ser considerada por lo tanto, como el caudal de la civilización humana.

Donde los valores de la tolerancia, la compasión y el servicio a la humanidad sean los ingredientes necesarios para cualquier cultura y que sean vistos como instrumentos de gran eficacia en el proceso de civilización humana.

Y mientras nuestro mundo se está enfrentando a muchos retos, debido principalmente a los aspectos más negativos de la globalización, encarnados por la prevalencia de la lógica de la fuerza en vez de la fuerza de la lógica, los dobles raseros, cosificar al hombre y el desdén sobre las emociones humanas y la dignidad  de las personas… las fuerzas del bien de todas las culturas tienen que juntar sus esfuerzos y alzar sus voces para oponerse a la soberbia, la arrogancia, el racismo, y el egoísmo con el fin de mantener los valores humanos y realzar el papel del hombre como el regente de Allá en la tierra. Cuánto más fuerte sea esta alianza entre las fuerzas del bien a nivel internacional, más importante será en impacto y sus resultados.


Existen varios factores que pueden servir para agilizar el diálogo y llevarlo al terreno práctico. Ya es hora de que pasemos del diálogo a la elaboración de planes y programas, de la teoría a la práctica, de las palabras a los hechos y del conocimiento a la implementación efectiva. Tales factores incluyen:

1- Definir la terminología:

Un rey en la antigua China le dijo un día al filósofo Confucio: “Quiero reformar el estado; y tengo que saber que es lo primero que debo hacer.” Confucio le dijo que empezara cambiando el lenguaje y definiendo la terminología.

Una terminología bien definida da lugar a  un lenguaje común, a un mismo punto de vista que ayude a facilitar el proceso de entendimiento y diálogo y también a disipar conceptos erróneos y ambigüedades.

Por ejemplo, el terrorismo, que cuesta miles de vidas, es rechazado en todas sus formas en todo el mundo y ninguna persona en su sano juicio lo justifica. De ahí que todos los ataques terroristas que sacudieron América, Gran Bretaña y España fueron condenados en todo el mundo.

Resistir a los invasores y defender nuestra tierra y país no entran dentro del ámbito del terrorismo. Es un derecho reconocido por las reglas divina y la ley internacional. Pero una distinción muy clara ha de hacerse entre estos dos conceptos. Gente con buenas intenciones en el mundo tiene que defender el derecho de la gente a la autodeterminación y la recuperación de territorios colonizados. Ni la paz, ni la estabilidad ni el desarrollo se conseguirán bajo la ocupación y la usurpación de territorios.

2. Centrarse en la manera de dialogar y conversar con el otro.

Únicamente a través del diálogo pueden las crisis y los conflictos del mundo encontrar una solución. Allá dice “Invita  a la forma de tu Señor con sabiduría y preciosas oraciones.” El diálogo debe ser equilibrado y se debe basar en la igualdad entre los interlocutores. Los caprichos hacer un flaco favor a nuestra propia opinión. Hay una máxima en nuestro patrimonio árabe islámico que dice: “Mi opinión es la adecuada pero puede que me equivoque; y la opinión de mi interlocutor es la equivocada pero puede que sea la correcta.”


3. Aceptar la diferencia y el pluralismo.  

Aceptar la diferencia es saludable, un fenómeno irremplazable de la realidad de la vida. No debería haber ninguna coacción en la religión. Allá dice: “¡vas tú a forzar a los hombres, contra su voluntad, a creer! La diferencia implica muchas perspectivas y enfoques y eso no implica restricciones en el derecho del otro. La vida de un ser humano es como un barco, cualquier problema puede afectar el bienestar de los pasajeros. Con este símil, el hombre exploró con éxito, durante su existencia en la tierra, planetas en lo alto del cielo y la profundidad de los océanos. Pero a la vida que los seres humanos llevan ahora le han quitado los sentimientos y la  dignidad que hace de los hombres verdaderos seres humanos. Basta con ver la pobreza, las hambrunas, el desempleo, el analfabetismo y todos los desastres ecológicos que amenazan a la humanidad.  

4. Di no a las generalizaciones y a los estereotipos.

Nada puede minar el diálogo más que los estereotipos y las generalizaciones. Mi país, Siria, ha sufrido la injusticia de ser acusada de asesinar al último Primer Ministro libanés, El señor Rafia El Hariry, antes de que se llevase a cabo cualquier investigación sobre este hecho. Estas ideas erróneas y acusaciones insostenibles sobre el otro son la fuente de una opresión que lo impregna todo. Allá dice en un Hadith Qudsi (Sagardo Hadith): “Mis siervos, He prohibido la opresión y la he prohibido entre vosotros, entonces, no seáis injustos unos con otros.” Verdaderamente es muy injusto acusar sin pruebas a una persona inocente y juzgarla sin juez.

5. Grandiosidad y Comprensión

Cuando a Sócrates le preguntaron que de donde era, el no contestó, “de Atenas” sino “del mundo”. Grandes visionarios se consideran como ciudadanos del universo. Sheik Muhibbuddin expresó esta idea de la siguiente manera:

No puedo diferenciar entre los miembros de tu familia,

Ellos son mi familia y tú eres tu patria y la mía;

Me absuelvo de un nacionalismo estéril,


Que únicamente entiende el concepto de nación como la tierra donde se nace.

Además, Saadi Shirazi considera a los seres humanos como miembros de una misma gran familia.

No se puede alcanzar el hermanamiento humano si no es a través del amor de todo el mundo y no se puede obtener la compasión sin el conocimiento y la concienciación:

No esperes amor de un ignorante,

Nadie puede amar lo que no conoce.

6. Visitas y reuniones intensas son necesarias para estrechar relaciones y hacer un balance de la realidad.

Cada persona tiene su propio punto de vista sobre las cosas. Normalmente es difícil que puedan cambiar su opinión pero analizando la realidad puede que se cambien muchos estereotipos.

En este sentido, La Organización Cultural, Científica y Educativa –ISECO- ha organizado, con el apoyo del Presidente de la República Árabe de Siria, una reunión bajo el lema: “Diálogo entre Civilizaciones para la Convivencia”.

A la conferencia asistieron un gran número de investigadores de varios países. Al final de la reunión, William Findley, un científico americano dijo: “Vine a Siria con muchos prejuicios y ahora me voy de Siria con ideas totalmente diferentes. Siempre he creído que Siria es un país fanático y terrorista, como siempre se nos ha dicho. Lo que he descubierto es que es un mosaico cultural, precioso y grandioso: las religiones y las razas conviven juntas; Armenios, Kurdos, Circasianos, Turcos, Árabes, viven en un crisol de unidad nacional basado en el amor, la cooperación y el hermanamiento. También la gente de Siria me ha parecido amable, educada y respetuosa. Ojala que cada ciudadano americano pueda visitar Siria y descubra que lo que se nos cuenta sobre Siria no es la verdad.”

Los turistas normalmente se quedan fascinados por nuestra arraigada civilización Árabe cuando visitan las ciudades históricas de Tadmur, Ebla, Ugarit, Maty y Umarit. Estos sultanatos, que ya existían en el segundo milenio después de Cristo solían ser las tierras de la civilización y la humanidad donde Oriente y Occidente podían dialogar. Hoy en día, estos monumentos históricos mantienen rastros de aquel diálogo.


7. Presentar programas culturales asociándose con países extranjeros.

La cultura es un puente que une naciones y pueblos. Es el idioma común que une a las sociedades. Enviando músicos, actores de teatro y artistas a que muestren sus actividades culturales permite a la gente conocer lo que otros hacen. De la misma manera, invitando a gente de la cultura extranjera a que actúen en nuestros países, sin duda, ayuda a que ambas partes se conozcan.

En algunos estados americanos, la gente se quedó maravillada con la actuación de la Orquesta Sinfónica de Siria. En su testamento, Dr. Edgard Said les dijo a los profesores del Conservatorio Nacional Sirio: “Tratemos de proveer de música y de arte; mandad a cuantos más artistas podáis al extranjero para que actúen allí; los músicos son los verdaderos embajadores de nuestra naciones en esos países.”

8. Objetividad a la hora de juzgar al otro.

Objetividad conlleva la equidad, el juicio y el respeto por las creencias de las diferentes naciones dejando de lado el sarcasmo y el pretexto de la libertad de expresión, como fue el caso de la caricatura de aquel periódico Danés.

La objetividad implica que se eviten imágenes distorsionadas e irreales sobre el otro. Es necesario que se den pasos para que se eliminen de los medios de comunicación y de programas educativos y culturales los estereotipos con el fin de reforzar el diálogo y el conocimiento mutuo. En Occidente,  hay gente tendenciosa que acusa a nuestra clemente cultura islámica con el terrorismo. Incluso peor, hay extremistas en nuestros países islámicos que sin ningún sentido de la objetividad, han perdido la esencia del mensaje del Islam, que alaba la moderación, la veneración y la paz. Esto encuentra su verdadera expresión en el saludo del Islam “Assalamu alaikum” (la paz sea contigo).

La gente imparcial de ambos lados debe unirse con el fin de aclarar las ideas erróneas y también mostrar la verdad sobre las imágenes falsas y los estereotipos. El fin es fomentar los valores civiles y humanos.

En diálogo con el Islam por Juan José Tamayo

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EL PERIODICO DE ARAGÓN

Recientemente recibí el Premio Mundial del Presidente de la República de Túnez para los Estudios Islámicos por mi libro Islam. Cultura, religión y política (Trotta, Madrid, 2009), en reconocimiento a la consolidación de una imagen luminosa del islam y de su carácter tolerante, basado en los principios de moderación, solidaridad y ayuda mutua. La significación del premio trasciende, por supuesto, lo personal e invita a revisar críticamente y superar no pocos de los prejuicios negativos sobre el islam, muy difundidos e instalados en el imaginario social de Occidente, que fomentan la islamofobia y dificultan --e incluso imposibilitan-- todo encuentro y colaboración. Dicha revisión lleva derechamente a pasar del paradigma anti al paradigma inter en las relaciones entre las civilizaciones, los pueblos, las culturas y las religiones, muy especialmente entre cristianismo e islam, así como entre Occidente y el mundo musulmán.

Un punto de referencia luminoso en la construcción de la nueva relación entre culturas y religiones es, sin duda, la experiencia andalusí, que el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo llama certeramente "el paradigma Córdoba" en su obra Elogio de la diversidad. Se trata, a su juicio, de "uno de los ejemplos de alianza mediterránea que desarrolló una cultura de la tolerancia en tanto que pilar filosófico y político para el diálogo intercultural". Lo que dicha alianza puso de manifiesto, gracias a los filósofos Averroes y Maimónides, fue que la vida de cada ser humano y de los pueblos se guía por un doble propósito: buscar la diversidad propia y ajena y evitar los escollos del extremismo y el fanatismo.

Para ello es necesario enterrar definitivamente la teoría belicista del choque de civilizaciones, que amenaza con convertir el mundo en un coloso en llamas, y los fundamentalismos, que siembran la intolerancia por doquier, y avanzar por la senda del diálogo entre culturas, la alianza entre civilizaciones y el encuentro entre religiones desde el respeto al pluriverso religioso y la diversidad cultural, y en el horizonte de la lucha contra la pobreza.

En el terreno de la reflexión me parece prioritario superar la distancia entre los teólogos cristianos y los musulmanes y empezar a elaborar una teología islamo-cristiana de la liberación contrahegemónica desde cuatro claves. La primera es la ética, que debe ser liberada del asedio al que está siendo sometida por el neoliberalismo. Siguiendo a Lévinas, entiendo la ética como teología primera. La segunda es la utópica, que consiste en rehabilitar críticamente la utopía como movilizadora de energías emancipatorias. La tercera clave es la laicidad, que requiere superar los discursos confesionales cerrados y ubicar a las religiones en la sociedad y en diálogo con las corrientes de pensamiento crítico y en colaboración con los movimientos sociales. La cuarta es la emergencia de una política cosmopolita emancipatoria en una democraciaparticipativa. Y todo ello en perspectiva de género, en el horizonte de las víctimas y desde la ubicación en el mundo de la marginación.



Esta teología debe llevar a cabo importantes transformaciones en el discurso religioso. Una es el cambio en la funcionalidad de la imagen de Dios: del Dios de la guerra al Dios de la paz. Otra es el cambio de actitud en las relaciones entre islam y cristianismo: del anatema al diálogo, del integrismo y fundamentalismo al encuentro interreligioso e intercultural. Es necesario igualmente un cambio de orientación en la ética: pasar de la moral negadora del cuerpo y represiva de la sexualidad a la ética liberadora en todos los terrenos, el personal y el social, el político y el económico. Otro cambio fundamental es la recuperación de las tradiciones místicas de ambas religiones y de su carácter subversivo. Debe producirse también una transformación en la consideración de las mujeres, que deben pasar de mayoría silenciosa y silenciada a recuperar la voz y el voto en el seno de ambas religiones; de invisibles a asumir la visibilidad en espacios de responsabilidad; de meros objetos en manos de clérigos e imanes, a sujetos morales y religiosos; de oyentes sumisas, a teólogas en activo. Finalmente, es necesario un cambio en el concepto de la revelación y en la aproximación a los textos sagrados, que no pueden seguir siendo inmutables, infalibles y objetos de culto, sino que deben ser estudiados a través de los métodos histórico-críticos y de una hermenéutica de género.
Tengo la firme convicción de que el futuro de la Humanidad no se puede construir al margen, por encima o en contra del islam, sino en diálogo y colaboración con él, fomentando políticas de reconocimiento de los derechos humanos, de integración social, de desarrollo económico, de convivencia interétnica y de resolución negociada de los conflictos.
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

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