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Hermano Islam por Juan José Tamayo

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Juan José Tamayo, teólogo y escritor, propone en 'Islam. Cultura, religión y política' una revisión de los prejuicios occidentales. Ni intolerante ni peligrosa, la musulmana es una religión que hay que conocer y con la que se debe dialogar

Juan José Tamayo /   EL PAÍS

En el imaginario social y religioso de Occidente ha calado la idea de Samuel Huntington de que el islam es "la civilización menos tolerante de las religiones monoteístas". Estamos ante un estereotipo que constituye uno de los obstáculos más serios para el diálogo interreligioso, junto con el desconocimiento que unas religiones tienen de las otras, incluso entre sectores cultos. Las descalificaciones son tanto más gruesas y viscerales cuanto mayor es el desconocimiento mutuo. Los prejuicios sustituyen a las descripciones objetivas. Las opiniones, muchas veces infundadas, se elevan a la categoría de axiomas. Las certezas se refuerzan cuanto más crasa es la ignorancia. A la hora de juzgar y valorar a las otras religiones no se suele partir de análisis y estudios rigorosos, sino de estereotipos o versiones interesadas que terminan por deformar el sentido profundo de la religión o por ofrecer una caricatura de la misma. Vamos a ver algunos de esos estereotipos en relación con el islam, que dificultan un acceso sereno al mismo e impiden una relación desprejuiciada con los creyentes de esa religión.


1. ¿Religión fundamentalista?

Se acusa al islam de ser una religión en su conjunto fundamentalista e integrista, cuando el fundamentalismo es una desviación o, peor todavía, una perversión, y no pertenece a su esencia, aun cuando contenga algunos rasgos fundamentalistas como sucede en la mayoría de las religiones. Se acusa al Profeta de mujeriego, obseso sexual, iluminado, violento, despiadado, guerrillero, e incluso terrorista y de otros vicios incalificables. Es el caso de las caricaturas, de muy mal gusto y peor calidad, publicadas por el diario danés Jyllands-Postern, en septiembre de 2005, y reproducidas, con ánimo de atizar la polémica, por la revista cristiana noruega Magazinet y por varios medios de comunicación europeos unos meses después, que vienen a confirmar los estereotipos peyorativos de Occidente sobre el islam y que constituyen, en mi opinión, un uso irresponsable de la libertad de expresión, al tiempo que una provocación para el mundo islámico. Provocación que puede hacer descarrilar las iniciativas políticas de paz llevadas a cabo por algunos organismos internacionales y por gobiernos democráticos de Occidente y del mundo musulmán, como España y Turquía, que han copatrocinado la Alianza de Civilizaciones, y cuyos presidentes de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y Tayyip Erdogan respectivamente, hicieron llamadas a "oír la voz de la razón", al respeto y a la calma. El problema no es la legalidad o no de la publicación de las caricaturas, sino su moralidad. Coincido con los dos dirigentes políticos citados en que la publicación "puede ser perfectamente legal, pero puede ser rechazada desde el punto de vista de la moral y de la política", porque "no hay derecho sin responsabilidad y sin respeto a las diferentes sensibilidades". Se trata, además, de una irresponsabilidad que pudiera haber arruinado los buenos resultados que hasta entonces estaban dando las múltiples plataformas de diálogo interreligioso e intercultural. Amparándose en la libertad de expresión, que es un derecho irrenunciable, se ha demonizado al fundador del islam, una religión con más de 1.200 millones de seguidores y seguidoras. Demonización que refuerza la creciente islamofobia instalada en la población occidental.(...)


2. ¿El yihad, sexto pilar del islam?

Se presenta el yihad como guerra santa contra los infieles, cuando esa concepción responde sólo a posiciones integristas radicales y cuando el verdadero significado de yihad es esfuerzo por la propia perfección en el camino hacia Dios y lucha contra el egoísmo. Se presenta la guerra santa como uno de los pilares del islam junto con la unicidad de Dios, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación a Meca, cuando, en realidad, la idea de guerra santa surge en el cristianismo durante la Edad Media con las cruzadas contra islam. La única forma de guerra que justifica el Corán es la defensiva. Se habla con ligereza y sin matices de terrorismo islámico, vinculando, unas veces inconscientemente y otras a conciencia, terrorismo con islam, cuando es terrorismo de Al Qaeda y de otros grupos extremistas. El terrorismo de estas organizaciones no puede ser identificado con el islam, aun cuando apele a Dios para su justificación, como tampoco se identifica el terrorismo de Estado de Bush con el cristianismo, aun cuando él se declare cristiano y diga que actúa en nombre de Dios.

La Junta Islámica de España emitió en marzo de 2005 una fatwa contra Osama Bin Laden, Al Qaeda y cuantos pretenden fundamentar el terrorismo en el Corán o la Sunna. Según la fatwa, el islam rechaza el terrorismo en todas sus manifestaciones, sea que cause la muerte sea que atente contra personas inocentes o sus propiedades. Los atentados terroristas reivindicados por autodenominados "musulmanes", sigue diciendo la Junta Islámica de España, perjudican gravemente al islam, a quien miméticamente se asocia con la violencia. Asimismo, generan en la ciudadanía una imparable espiral de islamofobia. Quienes cometen dichos actos violentos están transgrediendo las enseñanzas del Corán y se tornan apóstatas de su religión. Es el caso de Bin Laden y su organización Al Qaeda, responsables de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y del 11 de marzo de 2004 en Madrid. La fatwa considera deber de todo musulmán luchar activamente contra el terrorismo. Pide al Gobierno español y a los medios de comunicación que no utilicen la palabra islam o islamista cuando se refieran a los malhechores responsables de los atentados terroristas, ya que no es conforme a derecho.


3. ¿Religión patriarcal?

Se considera el islam una religión machista, patriarcal, que discrimina, reprime y margina a la mujer. Es verdad que la mujer vive una situación estructural de marginación en no pocos países islámicos, pero esa situación no responde a los orígenes del islam ni a la praxis y al mensaje originario del Profeta, que reconoce personalidad jurídica a las mujeres y reclama respeto a su dignidad, en una sociedad y una cultura donde eran tratadas como esclavas. Es verdad, igualmente, que la estructura organizativa del islam es generalmente patriarcal y que las mujeres no suelen asumir responsabilidades en la esfera pública o en el ámbito de lo sagrado. Eso sucede en la mayoría de las religiones, especialmente las monoteístas.

Pero cabe constatar, igualmente, que en el islam existen, como en el cristianismo y el judaísmo, movimientos feministas cada vez más pujantes que luchan por la emancipación de las mujeres en la sociedad y en la propia religión, leen los textos sagrados desde la perspectiva de género con sentido inclusivo y quieren recuperar la praxis igualitaria de los orígenes. (...) El patriarcalismo, la misoginia y el androcentrismo de las religiones en general y de las monoteístas en particular requieren una revisión profunda que desemboque en una transformación estructural e ideológica

En los últimos años se han desarrollado campañas terribles acusando indiscriminadamente al islam de machista. Un ejemplo es la película Sumisión, del director de cine holandés Theo van Ghog, asesinado el 2 de mayo de 2002. Otro es la política somalí Ayaan Iris Ali, residente en Holanda y miembro del Parlamento de ese país, quien considera la misoginia inherente al islam, relaciona directamente el maltrato a las mujeres con el Corán y, en una ocasión, llegó a proponer que se sondeara la ideología de los musulmanes cuando fueran a solicitar un empleo.


Se tiende a presentar la ablación del clítoris y la lapidación como prácticas que degradan la dignidad y la integridad de las mujeres. Degradantes, condenables y punibles, ciertamente son, pero ni responden a prescripción coránica alguna ni tienen que ver con el islam. No son prácticas musulmanas. Nadie puede apelar al Profeta para justificar la lapidación por adulterio a las mujeres. El Corán manda "flagelar a la fornicadora y al fornicador con cien azotes cada uno" (24,3) -lo cual resulta hoy inadmisible-, pero nunca lapidar a ninguno de los dos. Y, sin embargo, son varios los países musulmanes que aplican sistemáticamente la pena de muerte en cumplimiento de una ley islámica que no se basa en el Corán.

Se calcula que alrededor de 200 millones de mujeres han sido sometidas a la ablación del clítoris, que dos millones la sufren al año y que 6.000 la padecen diariamente. Esta práctica se aplica hoy en más de cuarenta países de diferentes tradiciones culturales y religiosas: africanas, amerindias, asiáticas. Se realiza en países musulmanes no árabes como Pakistán, Indonesia, Malaisia, Nigeria y Senegal, en algunos países afroárabes como Egipto, Sudán y Yibuti, pero también entre animistas, judíos, y cristianos en varios países de África como Etiopía, de mayoría cristiana. Es una práctica que forma parte de tradiciones heredadas cuyo objetivo es controlar la sexualidad femenina, si bien, para su justificación, se apela a motivos higiénicos, de madurez, e incluso estéticos. En la mayoría de las comunidades musulmanas no se aplica la ablación del clítoris. Y, sin embargo, en el imaginario social y religioso se la asocia derechamente con el islam.


4. ¿Ilustración o retraso cultural?

Se dice que el islam vive anclado en la Edad Media y que no ha progresado, que necesita pasar por la Ilustración y por la modernidad para salir de su retraso cultural y religioso. Es una idea muy extendida entre los intelectuales occidentales y entre los eclesiásticos del catolicismo. El cardenal belga Godfried Danneels ha osado afirmar que el islam debe experimentar en su seno una Revolución Francesa como, en su opinión, ha experimentado ya la Iglesia católica. Este juicio me parece poco afortunado porque no responde a la historia. Desde finales del siglo XVIII, cuando tuvo lugar la Revolución Francesa, durante todo el siglo XIX y buena parte del siglo XX, los papas y la mayoría de los movimientos políticos y sociales cristianos se opusieron radicalmente al lema de "libertad, igualdad, fraternidad", consideraron la Revolución Francesa como el Anticristo, calificaron los derechos humanos contrarios a la ley de Dios, a la ley natural y lesivos de los derechos -que, en realidad, eran privilegios- de la Iglesia, y definieron las libertades modernas como "libertades de perdición". Pío IX llegó a decir que la Iglesia católica no podía reconciliarse con el progreso. Los papas se parapetaron en la defensa del antiguo régimen y de sus privilegios multiseculares, se declararon contrarios a la separación entre la Iglesia y el Estado y se mostraron partidarios de reeditar la alianza entre trono y altar, que tan buenos réditos les había dado en los siglos precedentes.(...)

No seré yo quien niegue la necesidad de que el islam se adapte a los tiempos. Lo considero obligado. En esa dirección va la revisión ya citada de los hadices llevada a cabo en Turquía por parte de cien expertos. Lo que no tengo tan claro es que la adaptación tenga que llevarse a cabo miméticamente conforme a los parámetros de la modernidad europea. (...)

El problema de las tendencias integristas dentro del islam hoy, como el wahabismo, practicado en Arabia Saudí y exportado a otros países, y el salafismo, es, en mi opinión, que se han olvidado de la Edad Media, donde tuvo lugar la verdadera edad de oro del islam, el momento cumbre del diálogo entre fe y razón, de la espiritualidad sufí, de la filosofía de la religión, etcétera. Es precisamente el olvido del islam de la Edad Media el que ha llevado al desarrollo del fundamentalismo islámico.


5. ¿Amenaza contra la democracia?

Se tiende a pensar que el mundo musulmán constituye una amenaza múltiple contra Occidente: a) amenaza demográfica, dado su crecimiento incontrolado, frente al decrecimiento de la población occidental; b) amenaza para la democracia, con la que se dice es incompatible, cuando lo que rechaza no es la democracia, como prueba la existencia del modelo democrático en varios países de mayoría islámica, sino la actitud colonial de la Europa "democrática" durante siglos, la injerencia de la política occidental en su política y, en definitiva, el modelo político democrático-liberal y el modelo económico neoliberal occidentales, que se quieren imponer, incluso por las armas, a los países musulmanes haciendo tabla rasa de su identidad religiosa y cultural.

La participación de organizaciones islamistas en las elecciones democráticas se presenta como una amenaza para algunos Gobiernos de países occidentales y de países musulmanes, al tiempo que dichas organizaciones son acusadas de secuestrar la democracia. Sin embargo, en varios países musulmanes han sido los partidos políticos de corte occidental quienes, con el apoyo de los militares, han anulado los resultados electorales que daban la victoria a partidos políticos islamistas, como sucedió en Argelia en 1992. Otras veces ha sido Occidente quien ha dificultado o ha hecho fracasar la acción de Gobierno de partidos islamistas elegidos democráticamente, como el caso de Hamás en Palestina. (...)

Un ejemplo de evolución democrática de un dirigente musulmán es el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Siendo alcalde de Estambul fue encausado por apología del integrismo, inhabilitado de por vida para la política y encarcelado por haber leído en público un antiguo poema otomano que dice así: "Las mezquitas son nuestros cuarteles, los alminares nuestras bayonetas, las cúpulas nuestros cascos y los creyentes nuestros soldados". Hoy es un político demócrata, dirigente del partido islamista moderado Justicia y el Desarrollo, y primer ministro de Turquía, empeñado en el ingreso de su país en la Unión Europea.


6. ¿Una religión uniforme?

La imagen que se tiene en Occidente del islam es la de una religión uniforme. Imagen que no se corresponde con la realidad. El islam se caracteriza por la unidad religiosa, el pluralismo ideológico y la diversidad cultural. La unidad religiosa se manifiesta en la fe común en el mismo Dios Único, Trascendente, Omnipotente, Compasivo, Clemente, Compasivo, en la misión profética del Muhammad como mensajero definitivo de Dios y en las prácticas religiosas fundamentales. La diversidad se manifiesta en la plural interpretación de la historia del islam, por ejemplo, entre sunnitas y chiitas, en la diferente aplicación de la ley islámica, atendiendo a los distintos contextos culturales en los que el islam ha arraigado. Creo que puede hablarse de un doble movimiento o de una influencia bidireccional: la islamización, que consiste en la influencia del islam en la cultura de los países donde está implantado, y la indigenización, que consiste en la influencia de la cultura en el islam. De ahí las diferencias tan grandes, por ejemplo, entre el islam de Indonesia y el islam del Norte de África. (...)


7. Guerra y paz

Suele ponerse el acento en el carácter belicista del islam apelando a algunos textos del Corán. No podemos cerrar los ojos a ese tipo de textos, que se dan en todas las religiones. Veamos algunos ejemplos. La Bhagavad Gita parte de una situación bélica de extrema violencia. La pregunta a la que Dios tiene que responder es, en palabras de Ana Agud, la siguiente: "¿Por qué es lo correcto hacer la guerra para conquistar territorios y matar en ella a otros seres humanos?". Es Dios mismo quien legitima la violencia. El hinduismo, empero, presenta la Bhagavad Gita como un libro pacifista. Para ello tiene que desvincularla de su contexto, interpretar las frases referidas a la guerra en otro contexto diferente y entender de manera simbólica sus llamadas a matar. La Biblia hebrea es uno de los libros más llenos de sangre de la literatura universal. En ella hay más de mil textos que relacionan a Dios directamente con la violencia. Tampoco la Biblia cristiana está exenta de violencia: el cristianismo surge de un acto de violencia: el asesinato de Cristo, que recibe una interpretación sacrificialista. -

Dar a conocer el Islam por Dolors Ramos

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La sexualidad se asimila a una plegaria, una limosna, un acto de piedad y una prefiguración de las delicias celestiales

1. • La autora Yaratullah Monturiol demuestra que es falaz atribuir al Corán la discriminación de la mujer

Hace años que imparto Islamología en la Universitat de Barcelona y, año tras año, animo a los alumnos musulmanes y musulmanas a que se dediquen a explicar sus creencias a quien desee saber qué es el islam. Hasta el momento, no lo he logrado, pero acaba de aparecer Dones a l'islam. Autodeterminació de la conversa, de  Yaratullah Monturiol, que no ha sido alumna mía pero que ha llenado felizmente ese vacío. Se trata de una mujer valiente, autora de una obra valiente, que no estará exenta de críticas de todo tipo.

La califico de valiente, en primer lugar, porque de una forma decidida, muestra que practica uno de los ejercicios que el islam más recomienda: el ijtihad o esfuerzo por conocer el mensaje que los musulmanes creen que Dios les mandó bajar a través de su profeta.

En consecuencia, Monturiol da preeminencia al Corán por encima de cualquier otra fuente y no deja de manifestar las contradicciones existentes entre algunos hadisos que figuran en la sunna o tradición y el texto revelado. Es el caso, por ejemplo, de los que dicen que la mujer es defectuosa por haber sido creada a partir de una costilla de Adán. Para quien desee saberlo, este mito, que también figura en la segunda narración del Génesis (2,21-26), no aparece en el Corán. En las aproximadamente 30 aleyas que hablan de la creación, los términos que designan indistintamente a los humanos creados son nâs, insân y bajar, que significan "género humano", "humanidad" o "gente", pero que fueron sistemáticamente interpretados como "hombre" o "macho". Así, pues, habla de la creación de los seres humanos y no de los hombres machos.


EL ISLAM, en consecuencia, no atribuye a la primera mujer la culpa de la primera desobediencia, pero con demasiada frecuencia se la considera culpable. ¿Qué mejor remedio que taparla o hacerla desaparecer del espacio público? Debe quedar claro que una cosa es el islam y otra la conducta de algunos musulmanes. Y hay que decir también --y lamentarlo-- que estas interpretaciones más reaccionarias de la práctica religiosa aumentan. La obra no rehuye nin-

gún tema que resulte conflictivo: la condena a las mutilaciones genitales femeninas, a los matrimonios forzosos, a la poligamia o a la apropiación indebida del dote en las mujeres, la actual negación del derecho secular de que recen en las mezquitas, la no obligatoriedad de llevar velo o similares, la desacralización de la sharia, presentada perversamente por algunos como "ley del islam", etcétera.

Un capítulo se dedica a la sexualidad y a explicar la licitud del sexo, siempre que se encuentre enmarcado dentro del ámbito del matrimonio. Sorprenderá a más de un lector que el islam presente el placer sexual como un regalo divino concedido a hombres y a mujeres como un avance de los placeres del paraíso. La sexualidad se asimila a una plegaria, una limosna, un acto de piedad y una prefiguración de las delicias celestiales. Hombres y mujeres tienen libido y el derecho a satisfacerla y, en consecuencia, se explicita que los esposos deben procurarse el disfrute mutuo y simultáneo porque esto siembra el amor en los corazones de la pareja y les conduce a Dios.

También sorprenderá la estima que muestra el islam por María, el único nombre propio de mujer que figura en el Corán, modelo de virtudes y virgen; pero no madre de Dios, porque Jesús solo es un profeta, venerado como el propio Mohamed o los que aparecen en la Torá judía o en el Antiguo Testamento cristiano.


La autora se dirige principalmente a las mujeres, advirtiendo que demasiado a menudo los criterios utilizados por ellas mismas son masculinos. Afirma que "hay que explicar a las mujeres desde las mujeres, pero hay que tener en cuenta que llevan siglos de explicación, mirada, sentencia y juicio masculinos". Una de las mejores virtudes del libro es la de proporcionar biografías de musulmanas de la época del profeta o de hoy, con un pensamiento fructífero que viene a llenar un espacio necesario, demasiado a menudo acaparado por la obra de intelectuales masculinos. Una breve selección de sus escritos e interpretaciones de la Escritura muestra la preocupación y el trabajo que están realizando los musulmanes y musulmanas preocupados por la rémora del patriarcalismo que caracteriza a la estructura jerárquica de los monoteísmos. Proponen el retorno a la lectura de la fuente primigenia del islam, o sea, del Corán. ¿Por qué basarse en la labor interpretativa de los primeros exégetas, hecha por hombres y hace muchos siglos, cuando disponen, según el islam, de la propia palabra de Dios?

La obra coincide con los que proponen volver a las fuentes primarias e interpretarlas de una forma más fresca, con tal de desterrar la ideología patriarcal que se arrastra a lo largo de los siglos. Intenta construir un nuevo sistema legal islámico que garantice un estatus social de pleno derecho para la mujer que le permita jugar un papel activo a todos los niveles de la sociedad. Y es preciso decir que los y las integrantes de estos grupos, tanto si han nacido en familias islámicas como si son conversos, desean que el éxito de su trabajo se base en el hecho de desarrollarse dentro del marco islámico.

NO ES PRECISO decir que tengo más de una divergencia con el contenido de la obra y ello es bien normal: yo soy una estudiosa que también se dedica a transmitir conocimientos y ella es una musulmana que cree en ello y que quiere dar a conocer sus vivencias de creyente que vive y actúa de acuerdo con su fe.

* Profesora de estudios islámicos (UB)

Reflexión sobre la modificiación de la Ley de Extranjería por Eloy Cuadra Pedrini

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Aunque, debiera empezar por el ser humano, y su rostro… ¿Qué es? Acaso la parte del cuerpo más desnuda, la más expuesta, inaccesible, altiva y vulnerable a la vez, pero también la que nos hace especiales, únicos, inconfundibles, el espejo de nuestra alma. Cierto, a través del rostro conocemos a los otros, por el rostro somos capaces de enamorarnos, el rostro es la puerta de entrada a nuestra condición de seres humanos. Pero hay más, porque en él están también las arrugas y las cicatrices de un pasado que nos acompaña, por él le sonreímos a la vida, en él lloramos, a través de él exclamamos cuando tenemos miedo, el rostro es la evidencia de la miseria y la indefensión humana. No hay relación si no hay rostro, no hay empatía sin él, no hay compromiso si no vemos. No despertamos a la realidad de los peligros que acechan a nuestros hijos hasta que no le pusimos rostro y nombre a Yeremy o a Sara; no nos revelamos contra la barbarie del hombre que pega a una mujer hasta que no empezamos a ver unos ojos hinchados a los golpes o una cara desfigurada por el ácido.

Para el inmigrante en cambio, para ese al que llaman "ilegal", no hay rostro, no hay nombre, no hay historia, son sólo datos, estadísticas, "objetos". Pero... ¿por qué nos están privando de su rostro?, ¿quién lo decide?, ¿por qué están ahí al lado, en nuestras ciudades, en Madrid, en Barcelona, en Málaga, en Algeciras, en Las Palmas o en Santa Cruz, encerrados en esos centros donde nadie puede verlos? He reflexionado largo sobre ello y cada minuto que pasa lo tengo más claro: si pudiéramos mirarlos a la cara un instante todo cambiaría, ya nada volvería a ser igual para nosotros, como no volvió a ser mi existencia igual después de haberme enfrentado al rostro de aquel inmigrante que se ahogaba, y aterrado, con la desesperación del que sabe que va a morir me gritaba en un francés agónico "¡s´il vous plait, s´il vous plait!", para que no le soltara la mano. No sé donde andará pero sí sé que no murió aquella noche, no murió porque yo acudí a su llamada: me había mirado, habíamos enfrentado nuestros rostros, no podía hacer otra cosa. Gracias a aquel inmigrante hoy soy mucho más feliz. Así es, así suele ser cuando aún queda algo de humanidad dentro.


Le ocurre hasta a los asesinos, muchos de ellos muy acostumbrados a matar prefieren no mirar nunca a sus víctimas a los ojos, para evitar que a la noche, al dormir, le visiten los demonios del remordimiento. Y esa misma mirada que interpela al sicario y le dice "¡no me mates, por favor, te lo suplico!", está ahí, al otro lado de esos muros a los que llaman CIE, suplicándonos para que hagamos algo por ellos. Así, les traslado a ustedes la pregunta que yo ya respondí: ¿Qué pasaría si tuviéramos la posibilidad de entrar en esos centros para enfrentarnos a su rostro, nosotros los ciudadanos del primer mundo?; ¿qué ocurriría si de repente ese extranjero dejara de ser el Otro sin atributos, el Extraño, el Peligroso, y pasara a ser Sony, de 23 años, un joven nigeriano que perdió a sus padres a los 15, que soñaba con ser futbolista, que hace tres años que salió de su tierra, al que han pegado, engañado y robado en el desierto, que vio morir ahogado a su mejor amigo y ahora malvive encerrado entre cuatro paredes esperando ser devuelto a la nada? Estoy seguro que a muchos –como a mí- os cambiaría la vida, y acudiríais a su llamada desesperada.

Pero aquí precisamente radica el problema: no es fácil enfrentarse al rostro desnudo y desvalido del extranjero, pues ello implica remover, despertar, incomodar nuestra conciencia durmiente hasta un punto que tal vez nos llevara sin remedio a hacernos responsables de él, del mismo modo que nos hacemos responsables de una anciana que se ha caído o de un niño que llora porque ha perdido a sus padres. Llegado hasta aquí, me viene sin defecto a la memoria esa célebre cita erróneamente atribuida a Brecht que rezaba tal que así: "Primero vinieron a buscar a los comunistas, y no dije nada porque yo no era comunista. Después vinieron a por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Después vinieron por los judíos, y me callé porque no era judío. Al final también vinieron a buscarme, pero ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí" Creo que es hora de que podamos y no temamos enfrentarnos a su rostro para empezar a hablar por ellos. Quizás no sea demasiado tarde: hoy mismo hemos sabido que el Gobierno de Zapatero prepara una reforma de la Ley de Extranjería que al fin permitirá a las ONG entrar en los CIE, y a través de ellas a nosotros los ciudadanos.

Africanos que escriben en español por J. M. Pardillas

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Claro que no todo lo de fuera es lo mejor. Pero como ya hay bastantes que sólo predican el amor patrio, un vistazo a lo que ocurre a nuestro alrededor nos da también la medida de lo que somos. Como éste es un espacio sobre África, me ha dado por fijarme en cuántos idiomas hablan los jóvenes de algunos de los países más cercanos. Además de los propios (bambara, djoula, mandinga, serer, wolof, swajili o cualquiera de las miles de lenguas del continente), no es difícil que un joven africano domine también el árabe con el que aprendió el Corán y alguna de las lenguas de sus colonizadores (inglés, francés, portugués, italiano, español). O sea, como mínimo, tres o cuatro. ¿Y hay quien aún se crea superior a ellos?

El caso que hoy traigo es esclarecedor. Guy Merlin Nana Tadoun nació en Ndoungué (Camerún), en 1974 y protagoniza la punta de lanza de una generación de intelectuales africanos que se han fijado en España, no para plantar sus huertas, ni alinearse en sus equipos de fútbol, sino para estudiar a los clásicos. "Mientras en la Universidad de Yaundé estudiamos a García Lorca o Neruda apenas hay universidades españolas que se fijen en los autores africanos", me comenta, tras doctorarse en Salamanca, en una escala antes de regresar a su país para seguir difundiendo nuestra lengua y cultura, con muy pocos medios, una biblioteca raquítica, pero mucha ilusión. "El drama de África es que los jóvenes queramos imitar a nuestros gobernantes, los africanos que, tras la independencia, se limitaron a imitar lo peor de los blancos". Me dice también que ya se han editado varios diccionarios chino-camerunés y obras de autores en ambas lenguas, pero ninguno a español, como ejemplo de en qué debería consistir una cooperación eficaz, atenta a las necesidades reales de sus habitantes y no a lo que se decida en una mullida moqueta europea.

Guy es autor de 11 poemarios, tres relatos y dos novelas. Pero lo que lo hace más excepcional aún es que los ha escrito mayoritariamente… en español!!!! Una mínima parte de sus poemas la pueden encontrar ahora en un volumen que recoge a cuatro autores hispanocameruneses (Ediciones Puentepalo).


Silencio Premonitorio


Ya brama

Una brisa

En el centro de África

Sobre las espinosas lomas

De un país sin guerra.

No quiero, no.

No quiero que te vayas, digo.

No quiero que te vayas, dices.

Y el silencio de la selva

Se hace respuesta.

 (Guy Merlin Nana Tadoun)

Derechos humanos, ¿la utopía del XXI? Por Miguel Ángel Moratinos

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La identidad de nuestro tiempo se aglutina en torno a la cultura de los derechos humanos sobre la que se ciernen importantes claroscuros en el umbral de este siglo y en el marco del sesenta aniversario de la Declaración Universal. Activistas y líderes de la sociedad civil global e intelectuales, políticos, empresarios, científicos y creadores, consideran que el reconocimiento, respeto, tutela y promoción de los derechos humanos es la utopía del siglo XXI, lo que nos exige un esfuerzo de contextualización y poner también foco sobre los avances.

De las cenizas de los horrores y la barbarie de la Segunda Guerra Mundial nació esta Declaración Universal que inaugura una nueva era, donde el género humano es sujeto de derechos por la dignidad de su existencia y es el centro de toda acción política, social, económica, cultural y educativa. Como señaló la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Eleanor Roosevelt , representa "la conciencia de la humanidad" y, a pesar de su carácter no vinculante, es una referencia universal en su fundamentación, contenido y desarrollo normativo e institucional.

Los derechos humanos constituyen la espina dorsal del Consejo de Europa, organismo que actualmente preside España, y de la Unión Europea. Desde el Derecho de Gentes de Francisco de Vitoria hasta la revolucionaria Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se ha recorrido un importante trayecto en favor de la dignidad y la seguridad humanas. En este ámbito ha sido creciente el compromiso del Gobierno y de buena parte de las administraciones autonómicas y locales. Hemos hecho de la defensa de los derechos humanos un rasgo de nuestra identidad como sociedad y como país. Es una dimensión de Estado sobre la que existe consenso entre partidos, sociedad civil y ciudadanía, a pesar de las falsas polémicas generadas en las últimas semanas por las rivalidades partidarias y las crisis informativas que arrastran.

España colabora para que los derechos humanos sean el sustrato de múltiples enfoques sobre los desafíos del mundo y de sus posibles soluciones. La Alianza de Civilizaciones es en sí misma un instrumento orientado a la promoción de los derechos humanos y de la convivencia intercultural. La primacía de estos derechos nos ha movido a actuar siempre para que prevalezcan sobre otras áreas, incluida la financiera y la económica.


Nuestro país se incorporó tardíamente al proceso de expansión de los derechos humanos y en 1977 ratificó los Pactos de Nueva York, plasmación jurídica más desarrollada de la Declaración Universal. Los derechos y libertades recogidos en su texto constituyen uno de los más importantes pilares de la transición democrática. La Declaración se menciona en el artículo 10.2 de la Constitución Española como punto de referencia para la interpretación de cualquier norma relativa a los derechos fundamentales. Sobre este pilar la España democrática ha levantado un espacio de referencia en la protección y promoción de los derechos humanos, tanto a nivel nacional, con el Plan Nacional de Derechos Humanos, como en la esfera internacional. Hemos suscrito la práctica totalidad de los convenios y convenciones internacionales de defensa de los derechos humanos, así como sus protocolos, al tiempo que hemos apoyado activamente la creación del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas y a él hemos elevado diversas resoluciones. El Gobierno socialista ha aumentado significativamente las contribuciones financieras a organismos defensores de los derechos humanos y, fundamentalmente, a la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Su defensa se ha integrado como prioridad horizontal de nuestra política exterior y de cooperación internacional para el desarrollo, e impregna la totalidad de las relaciones multilaterales y bilaterales, al tiempo que es la base de nuestra diplomacia pública y cultural. Por ello, se han puesto en marcha programas y acciones impulsados por el Gobierno y actuaciones políticas como el llamamiento al cierre de la prisión de Guantámano, la transparencia en el manejo de los vuelos norteamericanos con escala técnica en nuestro país y con destino a esta base, o el impulso del Gobierno español al Grupo de Trabajo para la Detención Arbitraria del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra, con el fin de asistir a los liberados de estas instalaciones y conocer sus condiciones de detención y reclusión.


El Gobierno ha contribuido de manera decisiva a la creación y el funcionamiento del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y a través de Onuart, con nuestras empresas transnacionales y algunas comunidades autónomas, hemos renovado la actual Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones del Palacio de las Naciones de Ginebra, que incorpora la cúpula de Miquel Barceló , y será la sede de sus deliberaciones y decisiones. España realiza un gran esfuerzo para promover también la igualdad de género a nivel global y, de manera especial en Africa e Iberoamérica y en el ámbito de los derechos humanos.

El gobierno ha ratificado el Protocolo contra la Tortura y por iniciativa del presidente José Luis Rodríguez Zapatero se han intensificado los esfuerzos que realizamos con Naciones Unidas para lograr una moratoria de la pena de muerte. Coincidimos con amplios sectores la sociedad civil española e internacional en que ésta es una causa justa, digna y humanitaria. La pena máxima es una violación de los derechos humanos y su irreversibilidad la convierte en un caso extremo de trato cruel.

El 60 aniversario de la Declaración Universal debe ser un estímulo para reforzar los instrumentos jurídicos e institucionales de protección y promoción de los derechos humanos, porque ellos han propiciado el nacimiento y la maduración de una verdadera ética y conciencia universales. Sin duda, en las últimas décadas se ha avanzado mucho en la utopía del siglo XXI y nuestro empeño es convertirla día tras día en realidad y anteponer, como diría José Antonio Carrillo Salcedo , "la dignidad frente a la barbarie".

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