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Provocación y respuesta por Timothy Garton Ash

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EL PAÍS

En el momento de escribir estas líneas, la difusión en Internet de la película Fitna, un filme deliberadamente provocador y antiislam realizado por el parlamentario populista holandés Geert Wilders, no ha provocado unas protestas violentas como las del caso Rushdie o las de las caricaturas danesas. Si las cosas siguen así, eso ya es un avance.

Mientras tanto, hay que preguntarse tres cosas sobre la película, que cualquiera puede ver en la Red si busca en Google "wilders + fitna". La primera es: ¿hay que asesinar a Wilders por haberla hecho? Es lo que exigieron los manifestantes ante la Embajada de Holanda en Indonesia, con pancartas que decían "Matad a Geert Wilders". Su actitud es la que el escritor británico Douglas Murray ha definido, con gran agudeza, como "di que mi religión es pacífica o te mato". Más en serio, ya antes de que se estrenara la película, Al Qaeda emitió una fatwa en la que exigía a los musulmanes de todo el mundo que asesinaran a Wilders, una amenaza más para un hombre que ya vive con protección las 24 horas.

Que no se debe asesinar a Wilders por rodar una película puede parecer algo tan evidente que no hace falta decirlo. Pero sí hace falta, una y otra vez; para ser sinceros, es lo primero que hace falta decir. Porque una de las realidades más corrosivas de nuestra época es que en nuestro mundo hay no una, sino muchas personas que viven amenazadas de muerte, escondidas o con seguridad permanente, simplemente porque han dicho, dibujado o hecho algo que se supone que "insulta al islam".

Muchos líderes holandeses e internacionales, demasiados, se han apresurado a lamentar el filme de Wilders sin antes criticar como es debido a quienes le amenazan de muerte. Resulta especialmente atroz la declaración del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, que, al condenar de forma explícita la película (pero no las amenazas de muerte), llega a decir que "aquí no está en juego el derecho a la libertad de expresión". Es una frase verdaderamente estúpida, que hasta un niño de 10 años puede ver que no es cierta, y Ban Ki-moon no tiene derecho a pronunciarla en nuestro nombre.


La segunda pregunta es si habría que prohibir Fitna por ley, como han exigido los embajadores de 26 países islámicos al Gobierno holandés. A diferencia de la cuestión del asesinato, estoy dispuesto a aceptar que éste es un aspecto que puede debatirse legítimamente en una democracia, pero mi respuesta sigue siendo un rotundo no. La película es incendiaria, pero no me parece que traspase la línea de la incitación, y, hasta ahora, da la impresión de que el Ministerio de Justicia holandés está de acuerdo. La verdad es que la postura de Wilders resulta ridículamente contradictoria. El año pasado pidió que se prohibiera el Corán "como si fuera el Mein kampf". Es decir, quiere que se prohíba el libro sagrado de 1.400 millones de personas, pero que su filme lo vea todo el mundo. Ésa es su idea de la libertad de expresión. ¿Quién se cree que es? ¿El verdadero profeta?

Partiendo del principio fundamental de que no debe amenazarse de muerte ni lesiones a nadie por rodar ni difundir una película como ésta, y de que debe estar a disposición de todos los adultos en posesión de sus facultades -y si uno no quiere verla, que no la vea-, entonces la pregunta crucial es: ¿cómo debemos interpretarla y cómo debemos reaccionar?

Por si no la han visto, les haré un resumen telegráfico: consiste en retazos de citas sanguinarias escogidas del Corán mezcladas con fragmentos espantosos de atentados terroristas y ataques de los extremistas yihadistas, de carácter antisemita, anticristiano y antioccidental (la terrible decapitación de un rehén, una sobrecogedora conversación telefónica con alguien que está a punto de morir en las Torres Gemelas, una pancarta que dice: "La libertad, al infierno"), hasta llegar a una presentación alarmista sobre la inmigración musulmana en Holanda y Europa. Concluye con afirmaciones como que "el islam pretende destruir nuestra civilización occidental" y "alto a la islamización", antes de disolverse en negro sobre el sonido de una bomba de relojería y truenos. Es decir, muestra de forma implícita una ecuación de tres términos: islam = terrorismo = inmigración.


Hay que desentrañar cada uno de los tres elementos, el signo igual implícito entre ellos y las intenciones de todo el filme. El primer ministro holandés dice que, en su opinión, "no tiene otro propósito que ofender". Esta frase puede bastar como fórmula de condena de un político, pero la verdad es que se vislumbran, al menos, otros tres objetivos: encender el debate a propósito de unas cuestiones sobre las que Wilders tiene una postura apasionada, incluso fanática, y que preocupan a muchos holandeses; obtener más votos para su partido político, que tiene ya nueve de los 150 escaños de la Cámara baja holandesa, y adquirir publicidad mundial para un populista de lo más moderno.

Una respuesta posible al primer término de la ecuación -las citas del Corán- es la que ha sugerido el productor judío holandés de televisión Harry de Winter, que dice que en la Torá judía se pueden encontrar frases muy ofensivas para los homosexuales, las mujeres y los predicadores no judíos, y que, si fuera una película sobre los judíos, se habría dicho que era antisemita. Es decir, podríamos responder, por polemizar, con una selección como la de Wilders sacada de la Torá, o de todo el Antiguo Testamento de los cristianos. Más en serio, habría que sopesar hasta qué punto están equilibrados los fragmentos pacifistas y los belicosos en el Corán según las interpretaciones normales que hacen actualmente los musulmanes, en comparación, por ejemplo, con las interpretaciones normales que hacen los cristianos de la Biblia; porque, en todos estos libros misteriosos y polifónicos, el secreto está en la interpretación.

El segundo elemento de Fitna es el menos original, pero el que presenta el argumento más válido. No está nunca de más que nos recuerden que existen yihadistas takfiri violentos empeñados en matarnos -y, de paso, a sus hermanos musulmanes- y en destruir nuestras libertades en nombre del islam. Decir que "esto no tiene nada que ver con el islam" es casi tan estúpido como decir, como Wilders, que "el islam es esto". Creo que los hombres y la mujeres musulmanes de paz deben abordar esta cuestión, incluso cuando la plantea alguien como Wilders. "Los musulmanes deben pensar en el miedo que engendra su religión", ha dicho el viceministro holandés Ahmed Aboutaleb, que es musulmán.


La tercera parte de la película, contra la inmigración musulmana, es al mismo tiempo la más venenosa y tal vez la más eficaz. Wilders está logrando labrarse una carrera política a base de decir lo que muchos europeos piensan. El verano pasado, además de exigir que se prohibiera el Corán, escribió que "no debemos dejar que entre ni un solo hombre musulmán más" y que "no debe haber ni una sola mezquita más". Aquí son sobre todo los europeos no musulmanes quienes deben destacar el hecho evidente de que la inmensa mayoría de los musulmanes quiere vivir en paz, criar a sus hijos, ahorrar algo de dinero, obedecer las leyes, ver los partidos de fútbol..., y pensar que no hay nada en su religión que se lo impida.

Así reacciona una sociedad libre y madura ante una película como ésta. No apaciguando a los asesinos, no con la censura y no limitándonos a condenarla por las buenas. Que la mayoría la ignore -como parece haber hecho hasta ahora, y está claro que hay muchas mejores formas de pasar el tiempo- y que la minoría de los que están interesados se ocupe de ella (para mi castigo, la he visto tres veces), la examine, la discuta, revele sus engaños, refute lo refutable y acepte lo irrefutable, separando las briznas de verdad de los gordos zurullos de falsedad.

España y la inmigración

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FAYEZ NSEIR – EL PAÍS

¿Justifica el fenómeno de la inmigración un aumento en la sociedad española de actitudes reprobables? Para algunos parece que sí. En cambio, los que miran el lado positivo de las cosas ven este fenómeno como algo enriquecedor, aunque sólo sea por el aspecto económico. Incluso olvidando el drama humano que existe en los países de origen de los inmigrantes, el balance es siempre positivo para el país receptor: cuando un territorio, por las razones que sean, no es capaz de crecer demográficamente de modo autóctono, tiene que importar la mano de obra necesaria para poder mantener su desarrollo económico y poder pagar las pensiones de sus mayores.

El hecho de que algunos partidos políticos intenten utilizar la inmigración como un fantasma para cosechar votos en las elecciones de turno no está justificado. Hasta en una sociedad desarrollada alguien tiene que realizar las tareas duras. Hoy en España, en Europa, en los países desarrollados, hay muchos sectores económicos que se paralizarían si no fuera por la mano de obra inmigrante; pensemos en la construcción, la hostelería o la agricultura. Además, en una sociedad tan exigente como la que vivimos, donde tienen que trabajar los dos cónyuges, es necesario que alguien cuide de los niños, atienda a los mayores y realice las tareas del hogar.

La inmigración no sólo es positiva para el país de acogida, también contribuye mucho al desarrollo de los países de origen. Un ejemplo espectacular fue el caso español de los años sesenta y setenta del pasado siglo. ¿Inmigración irregular? No, claro. Pero esto no se combate lanzando soflamas, agitando fantasmas y extendiendo el miedo al que es diferente. España es la frontera sur de Europa y debe seguir reclamando la ayuda de sus socios de la UE en este asunto. Una política común, hablar con una sola voz, es lo que le falta a Europa en éste y muchos otros asuntos.

Nociones sobre Oriente Medio que todo el mundo debería conocer por Salvador Rosa

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Artículo publicado en dogmafobia.com

No son pocas las veces en que uno se sorprende sobre el desconocimiento generalizado que la gente tiene sobre determinados temas culturales y religiosos, máxime cuando algunas culturas y religiones son mencionadas diariamente en los medios de información tradicionales y están, por tanto, en boca de todos. En particular, éste es el caso en que se encuentra todo lo relacionado con el Oriente Medio.

Con el objetivo de aclarar la confusión, generada en gran parte por los propios medios de información_, que se deriva de algunos conceptos, me propongo desarrollar algunas nociones sobre Oriente Medio que todo el mundo debería conocer:


1. Ser árabe implica pertenecer a un grupo étnico, no a una religión: Lamentablemente existe una confusión generalizada cuando se emplean los términos árabe y musulmán. Ser árabe implica pertenecer a un grupo étnico, bien por descendencia directa o por uso de la lengua árabe, mientras que ser musulmán implica profesar la religión del Islam. Dentro del mundo árabe, la religión más extendida es el Islam, pero también existen otras religiones como el Cristianismo (en particular, en un país árabe como Líbano el Presidente ha de ser cristiano por ley).

2. Los árabes son también semitas: Aunque se asocie el término antisemitismo a la hostilidad ideológica y racial del mundo árabe contra el pueblo judío, hay que aclarar que este uso es completamente erróneo, dado que los árabes también pertenecen a los Pueblos Semitas. Esto se debe a que los Pueblos Semitas son aquellos cuya lengua materna pertenece a la familia de lenguas semíticas (árabe, hebreo, arameo, asirio, siríaco, acadio, yehén, tigriña, etc).


3. Chiismo, Sunismo y Jariyismo hacen referencia a ramas del Islam, no a grupos étnicos: No es raro escuchar hablar en los medios de información sobre chiíes, suníes y jariyíes como si de distintos grupos étnicos se tratara. Sin embargo, las diferencias entre ellos se fundamentan en cuestiones religiosas, no raciales, de la misma manera que se podría diferenciar entre españoles católicos, protestantes u ortodoxos. El Chiismo, Sunismo y Jariyismo hacen referencia única y exclusivamente a ramas religiosas dentro del propio Islam.

4. Ser musulmán no implica ser islamista: Según la RAE, el término islamista hace referencia al integrismo musulmán. Por tanto, si bien es cierto que todo islamista es musulmán, el recíproco no es cierto.

5. Irán no es un país árabe, sino persa: Es bastante común relacionar a Irán con el mundo árabe, al ser el Islam la religión oficial, pero éste es un gravísimo error, ya que Irán no es un país de árabes sino de persas, que es un grupo étnico completamente distinto.

En principio y desde mi punto de vista, estos son los puntos de mayor confusión o desconocimiento respecto a Oriente Medio, su cultura y religiones. Se aceptan, por supuesto, sugerencias adicionales en los comentarios.

Las fronteras nacen en la escuela por Elena Sevillano

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EL PAÍS 07/04/2008

Los alumnos latinoamericanos se integran mejor que sus compañeros de Europa occidental en el aula: un idioma y una religión comunes juegan a su favor. Los europeos del Este sufren más rechazo para trabajar pero son algo más populares como compañeros de juegos. ¿Los que más problemas de integración presentan? Magrebíes y africanos.

Los alumnos latinoamericanos se integran mejor que sus compañeros de Europa occidental en el aula: un idioma y una religión comunes juegan a su favor. Los europeos del Este sufren más rechazo para trabajar pero son algo más populares como compañeros de juegos. ¿Los que más problemas de integración presentan? Magrebíes y africanos. Los españoles son, con diferencia, los que más estatus tienen, y también los más endogámicos, o exclusivos: miran más a su grupo a la hora de elegir con quién hacer una tarea o ponerse a jugar.

Más de 600.000 extranjeros conviven cada día en las aulas con los españoles, pero no parece que se integren mucho, a tenor de los resultados de una investigación dirigida por Mariano Fernández Enguita, catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca. Especialmente cuando los extranjeros representan un porcentaje alto en el aula: tal tesitura hace que aumenten sus posibilidades de relación aunque los nativos sigan siendo un muro impermeable. La excepción vuelven a ser los magrebíes y africanos. "Probablemente, el aumento de alumnado inmigrante implica que los magrebíes-africanos tienden a formar grupos aún más cerrados y a suscitar más rechazo entre los de otros orígenes, incluidos los no españoles", reza el estudio.

Dice Fernández Enguita que la correlación entre mayor porcentaje de inmigrantes y endogamia refuerza la idea de que 1) "Deben evitarse los guetos" y emprender un reajuste más equilibrado del alumnos extranjeros y autóctonos en los centros de la red pública, y 2) "Los guetos pueden ser buscados por las propias minorías para lograr inmediatamente mejores relaciones, aunque eso dificulta la integración con el global de la sociedad".


A este docente le interesaba conocer cómo funcionaban las relaciones sociales entre escolares dentro de un aula. Unas relaciones clave si se tiene en cuenta que "la escuela pasa por ser una fábrica de integración para los descendientes de familias inmigrantes". Y que es en los colegios, según los expertos, donde se planta el germen de las relaciones sociales en el futuro.

¿Favorece la escuela realmente la inclusión?, ¿o la mera coexistencia no hace más que cubrir con una ilusión de contacto lo que en realidad es una dinámica de exclusión? ¿Favorece la relación entre los grupos?, ¿o refuerza que cada cual se vuelva hacia el suyo? Con estas preguntas en mente, el profesor y su equipo recabaron información, mediante encuestas, en clases de 6º de primaria y 3º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) de 64 centros de Madrid, Extremadura y Castilla y León. Los resultados se han publicado en la Revista de Educación bajo el título ¿Fronteras en las aulas? Contacto transcultural y endogamia en las interacciones del alumnado.

"Sentar juntos a un español, a un polaco y a un marroquí no es suficiente, no basta con crear el ambiente. Hay que desarrollar iniciativas que animen a conocer al otro y rompan la tendencia natural a mantener relaciones más estrechas con gente parecida a uno mismo", opina Carmen González Enríquez, profesora de ciencias políticas de la UNED y especialista en inmigración: "Hasta ahora la escuela no se había preocupado por las relaciones sociales de sus alumnos". Pero quizás debiera empezar a hacerlo si la cuestión étnica puede suponer en un futuro que "esos grupos formen sociedades diferenciadas, lo que sería un freno a la integración social".

Esta experta realizó un estudio sobre adolescentes en el distrito madrileño de Villaverde, con alta concentración de población inmigrante. Los resultados fueron "preocupantes": "Había una clara separación por orígenes nacionales, tanto en el instituto como en la calle". Y agrega que el hecho de que las distintas etnias se relacionen socialmente por separado en la escuela supone, "un indicio y un pronóstico de que lo harán fuera". Y el riesgo de llegar a una "población fragmentada según nacionalidades".


"El aula refleja la realidad exterior, así que más que preguntar qué está haciendo la escuela deberíamos plantearnos qué estamos haciendo en la sociedad", matiza Lorenzo Cachón, presidente del Foro para la Integración Social de los Inmigrantes. Dicho esto, pide para el sistema educativo, por la parte que le toca, más recursos, más formación del profesorado y más compensatoria.

"La inmigración en las escuelas supone exigencias pero está lejos de constituir un problema irresoluble y catastrófico", tercia Joaquín Arango, director del Centro de Estudios sobre Ciudadanía y Migraciones de la Fundación Ortega y Gasset. Plantea una sociedad futura "más diversa y multicultural, con una proporción de personas de origen inmigrante de entre 15% y 20%. Es posible que eso dé lugar a fricciones o tensiones, pero la sociedad está haciendo un gran esfuerzo por acomodarse a la nueva realidad", asegura. "Lo estamos haciendo razonablemente bien", remacha Cachón.

El estudio dirigido por Fernández Enguita no detecta diferencias de conflicto entre Primaria y Secundaria, aunque aparentemente los problemas se disparen en la adolescencia. Constata más desigualdad y endogamia en el aula, "el espacio organizado por la institución", que en el juego. Y que cuando la concertada integra (las aulas con menos de dos inmigrantes fueron eliminadas de la muestra, cosa más frecuente en la privada; un 84% de los centros visitados eran públicos) lo hace "más o menos tan bien o tan mal como la pública".

Apoyo docente

"Estoy de acuerdo o muy de acuerdo con que haya alumnos inmigrantes en mi clase", contestó el 75,4% de los profesores preguntados por la Fundación Hogar del Empleado (FUHEM) en una encuesta a propósito de la calidad de la educación. Se trataba de una pregunta referida a la atención a la diversidad incluida en los cuestionarios, que se repartieron en noviembre de 2007 entre 861 docentes de 59 centros de la Comunidad de Madrid. Pero prácticamente siete de cada 10 encuestados veían necesario mejorar los medios de los que disponían para desarrollar su labor. Y casi la misma proporción señalaba la importancia de un cambio en la atención a los alumnos con mayores dificultades.

Las iraníes desafían a los ayatolás por Ángeles Espinosa

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EL PAÍS 30/3/2008

El feminismo se organiza y se enfrenta a la represión - La mujeres el motor del cambio social frente al inmovilismo del régimen

Delaram Alí descubrió el significado de la revolución islámica a los seis años. Fue el día en que su madre le explicó que ya no podía montar más en bicicleta ni salir a la calle a jugar con los chicos vecinos porque era una niña. "No es que a ella le importara, pero estaba el qué dirán", recuerda ahora cuando se le pregunta cómo despertó a la militancia feminista.

Delaram Alí descubrió el significado de la revolución islámica a los seis años. Fue el día en que su madre le explicó que ya no podía montar más en bicicleta ni salir a la calle a jugar con los chicos vecinos porque era una niña. "No es que a ella le importara, pero estaba el qué dirán", recuerda ahora cuando se le pregunta cómo despertó a la militancia feminista. Corría 1989 y el clero ya había afianzado su poder e impuesto su estricta y puritana moral a todos los iraníes. Algún ayatolá había decidido, entre otras cosas, que las mujeres no deben montar en bicicleta porque el pedaleo puede excitar a los hombres. Incapaz de entender aquello, la pequeña Delaram se cogió un buen berrinche.

A partir de aquel momento, empezó a notar que la sociedad no la trataba como a su hermano mayor. "Él sí podía salir a la calle a jugar. Ahora bien, si lo hacía yo, las vecinas se encargaban de decirle a mi madre: 'Tenga cuidado con su hija que es una chica'. Además, él iba al colegio en pantalón y camisa, y yo tenía que ponerme el maqnae y el mantó", la capucha y la bata obligatorias para todas las mujeres iraníes a partir de los nueve años.

Esas pequeñas injusticias forjaron el carácter luchador y contestatario de la joven Delaram. Supo entonces que iba a pelear por sus derechos. Lo que no podía imaginar es que ese empeño la llevaría a la cárcel. Delaram, que hoy tiene 24 años, ha sido recientemente condenada a dos años y seis meses de privación de libertad, acusada de "actuar contra la seguridad del Estado y hacer propaganda contra el régimen".


Su delito: haber participado en la manifestación por la igualdad ante la ley que el movimiento de mujeres organizó en la plaza de Haft-e Tir de Teherán en junio de 2006. Como ella, cerca de 50 activistas se encuentran procesadas y varias de ellas han pasado por la cárcel. De momento, su sentencia está suspendida, porque su abogada ha recurrido. Pero ya probó las celdas de la infame prisión de Evin durante los cinco días siguientes a la manifestación.

"Estamos en un limbo legal. No sabemos qué va a pasar con nosotras", admite Sussan Tahmasebi, una de la treintena de mujeres detenidas en marzo de 2007 cuando protestaban ante el tribunal donde se veía el caso de las cinco procesadas por la manifestación de Haft-e Tir. Aunque tras la liberación de Jelve Javaheri y Mariam Hosseinkhah -a principios de enero- ya sólo quedan dos activistas en prisión (Ronak Safarzadeh y Hana Abdi), los procesos contra la mayoría de ellas siguen abiertos.

Amnistía Internacional ha denunciado la "fuerte represión" de que son objeto y ha pedido a las autoridades iraníes que "dejen de hostigar a quienes defienden los derechos humanos de las mujeres". El marcaje de las mujeres alcanza a su libertad de movimientos. El pasado 2 de marzo, la policía impidió a Parvin Ardalan que viajara a Estocolmo para recibir el Premio Olof Palme de derechos humanos. Ardalan, que ya había pasado el control, fue obligada a desembarcar del avión con el pretexto de que tenía prohibido salir del país.

"Se han ensañado con las que estamos más activas en la Campaña por la Igualdad", señala Delaram mientras encadena un cigarrillo tras otro, a pesar de la prohibición que acaba de entrar en vigor. "No poder fumar en los cafés perjudica sobre todo a las mujeres porque nosotras no podemos salir a fumar a la calle como los hombres sin ser recriminadas, y a menudo tenemos que hacerlo a escondidas de nuestros padres y hermanos", explica.


La llamada Campaña por la Igualdad constituye el punto de inflexión del movimiento feminista iraní. "Ha unido a las feministas laicas y a las islamistas", afirma Delaram Alí. Tal como explicó la Nobel de la Paz, Shirín Ebadí, en otoño de 2006, se trata de "concienciar a las iraníes sobre su discriminación legal y recoger un millón de firmas para pedir un cambio a las autoridades". Ebadí ha respaldado con su nombre ese proyecto militante, pero la iniciativa no tiene un organigrama de dirección, para impedir que las autoridades de Irán puedan descabezarlo sin más deteniendo a sus responsables.

El mensaje de la Campaña es tan sencillo como potencialmente explosivo. "¿Sabes que en caso de accidente de tráfico el seguro te pagará la mitad que a un hombre? ¿Que si tienes problemas en tu matrimonio no puedes pedir el divorcio y que si tu marido te divorcia no tendrás la custodia de tus hijos?", plantean las activistas a unas interlocutoras que no siempre son conscientes de ser ciudadanos de segunda. Se transmite a través del boca a boca, de pequeñas reuniones de mujeres (y también de hombres), en casas particulares, salones de belleza, lugares de trabajo o en la calle.

Y a pesar de la modestia de medios -ni la televisión ni los periódicos hablan de ello debido a la censura-, el mensaje está calando. Mujeres de 17 de las 30 provincias iraníes han formado sus propios comités y voluntarias de Teherán visitan el resto. Más de 700 personas han recibido formación sobre cómo llegar a la gente y educarla en los derechos de las mujeres. Esas activistas se han convertido en el objetivo prioritario del Gobierno. "Tiene miedo de las redes sociales", interpreta la periodista Maryam Mirza, cuyo procesamiento por apoyar la campaña acaba de ser sobreseído.

"Antes era un movimiento pequeño, de intelectuales", conviene Delaram, "pero ahora se ha convertido en algo general. Las autoridades no quieren que ningún grupo adquiera poder y ven que esta iniciativa puede movilizar a las mujeres en su contra". Las autoridades bloquean con frecuencia su web (http://www.change4equality.com ).


"El millón de firmas es lo de menos. Lo importante es educar a la gente", subraya Delaram. Las jóvenes feministas destacan el papel clave del Centro Cultural de la Mujer, abierto hace ocho años durante el mandato del reformista Mohamed Jatamí y que su sucesor, el ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, amenaza con cerrar. Fue uno de los primeros foros en los que se habló de la Campaña. "Sacó el movimiento de las mujeres de las casas a las calles", recuerda la activista, que sin embargo se muestra muy crítica con Jatamí. "No llevó a cabo un cambio de verdad porque no modificó las leyes y ahora vuelven a utilizarlas en nuestra contra", explica.

Tahmasebi está de acuerdo. Durante las dos primeras décadas tras la revolución islámica, sólo las mujeres religiosas estuvieron presentes en el espacio público. Contribuyeron al esfuerzo de guerra (1980-1988) y a la reconstrucción posterior a través de las organizaciones de caridad. Las feministas laicas sólo pudieron emerger cuando bajo Jatamí se abrió un espacio para la sociedad civil. "Los grupos políticos abordaron por primera vez los problemas y derechos de las mujeres, pero el Consejo de Guardianes vetó las leyes aprobadas en el Parlamento", recuerda. Pero señala un avance importante: "Se abrió una discusión pública".

Aun así, el interés se siguió circunscribiendo a las élites. Los dos millares de mujeres que acudieron a la manifestación de Haft-e Tir eran universitarias y profesionales. Se dieron cuenta de que los verdaderos problemas de las iraníes eran económicos y del debate subsiguiente surgió la idea de la Campaña. "Cuando preguntamos a las mujeres qué querían cambiar, nos sorprendió que la mayoría respondió: 'Tener derecho a salir de casa', sin permiso, se entiende", expone Tahmasebi. Y esa aspiración es algo que une a tres generaciones de mujeres de todo el espectro social, de estudiantes a profesionales, pasando por amas de casa de las capas más modestas.


El caso de Acheraf ratifica el acierto de las feministas. Esta mujer, que se gana la vida limpiando casas, nunca se hubiera planteado manifestarse por la igualdad, pero ha vivido en su propia piel la discriminación consagrada en la legislación iraní. Cuando el año pasado su marido, un militar, decidió divorciarse de ella por su negativa a aceptar que se casara con una segunda esposa, la puso directamente en la calle. "He estado tres meses durmiendo en un parque, así que no me venga Ahmadineyad diciendo que este país respeta mucho a sus mujeres", se queja. Ahora ha firmado gustosa una tarjeta contra el proyecto de ley para la protección de la familia que, entre otras medidas, pretende eximir al marido del permiso de la primera esposa para casarse con una segunda mujer.

Según la legislación basada en la sharía (ley islámica), un hombre puede divorciarse de su mujer con sólo decirlo tres veces ante dos testigos. Pero si una mujer inicia un proceso de separación, pierde su derecho a las propiedades familiares y a sus hijos que, a partir de los siete años, pasan automáticamente a la custodia del padre. El divorcio es, según todas las consultadas, uno de los que más llega de la Campaña. "En todas las familias hay algún problema por ese motivo", admite G. A., una presentadora de televisión divorciada, que teme el momento de entregar a su pequeña al padre dentro de dos años.

Además, las jóvenes iraníes, miembros de la llamada generación J (la de los nacidos bajo Jomeini y crecidos bajo Jamenei, que suponen un 70% de la población), no parecen dispuestas a conformarse con ser ciudadanos de segunda. "Crecimos alimentadas con los valores idealistas de la revolución y la justicia. Nos educaron para protestar contra las injusticias de la sociedad, pero luego ha resultado que todo era para la galería. Cuando hemos querido ejercer lo aprendido, el Gobierno no lo ha tolerado", se duele Mirza.


Y ése es quizá el elemento más peculiar del movimiento de mujeres en Irán: la misma Revolución Islámica que ha reforzado el sistema que les oprime, les ha dado instrumentos para reclamar sus derechos. De ahí que su situación de partida sea mucho mejor que la de la mayoría de sus vecinas: saudíes, afganas o paquistaníes. De hecho, las estadísticas oficiales reflejan las consecuencias de esos avances de la mujer iraní. Ha aumentado la edad media del matrimonio hasta los 25 años (27 para el hombre), y ha descendido la tasa de natalidad, dos indicadores asociados a la emancipación de la mujer.

El filósofo Dariush Shayegan lo tiene claro. "Las mujeres son el factor de cambio más importante en Irán. Son muy valientes. En la actualidad son más interesantes que los hombres", asegura, antes de recordar que llevan varios años logrando por encima del 60% de las plazas universitarias en la selectividad. El dato no ha pasado inadvertido al Gobierno conservador y en los dos últimos cursos algunas facultades ya han reservado a los hombres el 50% de sus puestos. Ahora, el Parlamento estudia un sistema de cuotas que tiene indignadas a las feministas. "La ley está dos pasos por detrás de la sociedad", constata Sussan Tahmasebi, que a pesar de haber pasado su adolescencia en Estados Unidos y de las dificultades judiciales que afronta, no se plantea tirar la toalla.

"El caso de Irán es único", afirma la socióloga Nayereh Tavakoli, que da clase en el máster de Estudios de la Mujer de la Universidad Azad e investiga sobre el patriarcalismo. "Los indicadores señalan que la situación de la mujer iraní por lo que se refiere al patriarcalismo en la esfera privada es mejor que en la pública", explica Tavakoli. "Pensaron que iba a ser fácil, pero las mujeres querían estar en la escena pública y eso ha obligado al sistema a aceptar su entrada en nuevos trabajos, fuera de los tradicionales en la enseñanza y la medicina, como profesoras de autoescuela, fotógrafas, taxistas o policías". En su opinión se ha creado una situación contradictoria entre el deseo de confinarlas al hogar y la necesidad de ofrecerlas empleos. Por eso las leyes promulgadas por el Gobierno de Ahmadineyad promocionando el trabajo a tiempo parcial o extendiendo a un año el permiso de maternidad son vistas con recelo.


Esa brecha entre el avance de lo privado y los intentos de restricción de lo público es la que en su opinión empuja a las iraníes a desear adquirir posiciones en la sociedad. "Incluso las mujeres conservadoras se muestran firmes respecto a su participación social", subraya Tavakoli que pone como ejemplo la inserción de mujeres en las listas electorales de los fundamentalistas. "Sus diputadas tienen que hablar en público y viajar; su sola presencia constituye un mensaje muy potente", asegura. A ojos de una extranjera, da la impresión de estar produciéndose una revolución silenciosa. Sin embargo, todas las consultadas para este reportaje rechazaron el uso de la palabra revolución. "Revolución es un proceso largo y suena a destrucción; luego hay que reconstruir todo. Nosotras no queremos eso sino reparar el sistema", justifica Mirza. "Yo no usaría esa palabra por sus connotaciones, prefiero hablar de un gran cambio", añade Tahmasebi.

Sea como fuere, la causa que promueven parece haber alcanzado a las más altas instancias de la República Islámica. El líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, declaró con motivo del último día nacional de la mujer (que en Irán coincide con el aniversario del nacimiento de Fátima, la hija de Mahoma), que hay que volver a examinar sus derechos. Por su parte, el virtual número dos del régimen, Alí Akbar Hachemí Rafsanyani, ha manifestado que espera que "el Parlamento dé los pasos para [alcanzar] la igualdad legal".

"No creo que [esas declaraciones] se traduzcan en medidas serias. Son sólo eslóganes para tranquilizar a la gente, normales en vísperas electorales", dice Tavakoli. "Después de dos revoluciones, ya no esperamos que el Gobierno haga nada por nosotras. Esté quien esté en el poder, no beneficia a las mujeres", añade Mirza. Pero ellas continúan firmes: "Una vez que las mujeres han salido a la calle, nadie va a conseguir volverlas a meter en casa", concluye Delaram.


Una realidad que desborda las leyes

Unas veces por presiones internacionales y otras por la vocación de ilustrados de sus dirigentes, en la mayoría de los países en vías de desarrollo se promulgan leyes de promoción de la mujer que las sociedades respectivas no terminan de aceptar. Sin embargo, en la República Islámica de Irán cada vez son más las mujeres que actúan como si las restricciones legales no fueran con ellas.

¿Que el divorcio es injusto? Reclaman a sus futuros maridos contratos prematrimoniales con condiciones leoninas en casos de separación, además de la autorización expresa para trabajar o viajar, ya que una iraní casada no puede hacer ninguna de las dos cosas sin el permiso de su marido. ¿Que las leyes de herencia las discriminan porque les corresponde la mitad que a sus hermanos varones? Algunos padres realizan donaciones en vida y otras provisiones que terminan igualando lo que reciben.

Así que su comportamiento cotidiano engaña. Las feministas denuncian esa situación hipócrita, que además termina perjudicando a las mujeres menos formadas, que carecen de recursos personales para sortear la discriminación legal. "Incluso clérigos y juristas recomiendan a las jóvenes que firmen contratos prematrimoniales para protegerse. Pero, ¿por qué tiene que cargar la mujer con ese peso de forma individual?", se pregunta la activista Sussan Tahmasebi.

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