Tags: Opinión

INCIVILIZADOS. Por Fernando Delgado

Publicado en Opinión

Resulta sorprendente que uno de los argumentos de rechazo de la Alianza de Civilizaciones sea que en esa alianza haya que dialogar con representantes de gobiernos no democráticos.

Es evidente que el Islam no está poblado de demócratas, con lo cual toda alianza que no pase por dialogar con los que están en ese territorio no tendría otra opción que encontrarse con un muro. Pero lo mismo pasa con todos los que hablan por boca de los dioses, incluído el Papa, cuyo estado vaticano no es precisamente una democracia. Así que ese purismo democrático de los que se sienten tan comprometidos con la democracia debería llevarlos a la práctica de la conversación, y no de la imposición, con realidades culturales muy diferentes. Entre otras cosas, porque en el encuentro con esos no demócratas es posible que sea más fácil percibir las perversiones y las corrupciones a la que nuestras democracias, tan aparentemente impolutas, están siendo sometidas con toda normalidad y consentimiento.

Tal vez haya algo necesariamente previo al encuentro con otras civilizaciones: revisar las anomalías de nuestra civilización con la que parecemos estar tan hipócritamente complacidos.


Fragmento de articulo de Fernando Delgado, en el periódico Levante el 28/01/08

Civilizaciones: caso interno. Por Andrés Ortega

Publicado en Opinión

ANDRÉS ORTEGA 21/01/2008 / EL PAIS

Se atribuye a De Gaulle la idea de que es imposible gobernar un país como Francia que tiene más quesos que días el año. Peor es Indonesia y sus más 17.500 islas. Abdulá Badawi, primer ministro de Malaisia, suspira, en una conversación en Madrid, al hablar de lo "difícil que resulta gobernar" su país multiétnico. "Nos pronosticaron como Estado fallido cuando logramos la independencia" (hace 50 años). Y ahí está Malaisia, como ejemplo económico y político ante el mundo musulmán, con muchos árabes, incluso petroleros, boquiabiertos ante la modernidad del aeropuerto de Kuala Lumpur.

En los últimos tiempos, sin embargo, han surgido algunas grietas, algunos problemas de los que justamente trata la Alianza de Civilizaciones a cuyo I Foro en Madrid acudió Badawi, que ha lanzado una iniciativa paralela -Tender Puentes- que pretende ser complementaria, no rival, de la de Zapatero y Erdogan. Ahora bien, Malaisia es un ejemplo de que los conflictos que intenta ayudar a superar esta Alianza no se dan sólo entre sociedades, sino en el interior de ellas, y ello no sólo en Occidente o el mundo árabe, sino también en el Extremo Oriente.

Unos 10.000 hindúes, minoría en Malaisia, se manifestaron recientemente en Kuala Lumpur cuando les obligaron a destruir algunos templos construidos sobre terrenos que no les pertenecían tras tres años de litigio en los tribunales del Estado de Selangor, donde hay 2,6 millones de musulmanes, 1,2 millones de budistas y 650.000 hindúes, aunque en número de templos se invierte esta proporción, según los datos que muestra Badawi. "También se han ordenado destruir mezquitas y templos budistas por las mismas razones", señala. Pero el Gobierno ha aplicado mano dura para evitar esta rebelión.

El malaIsioS es también uno de esos casos en los que el enfrentamiento religioso enmascara una tensión económica. En realidad los hindúes también protestan por la ley de trato preferencial a los malayos que se impuso en 1969 bajo el nombre de Nueva Política Económica, tras las violentas manifestaciones contra la minoría de origen chino que hubo ese año. También ha habido revueltas contra los chinos que constituyen una de las espinas dorsales de las economías de otros países de la zona en años posteriores. En 1969 se generó una "muy mala situación" y de no haber tomado esta medida, "el país hubiera estallado como un volcán", señala Badawi. Entonces, los malaisios de origen chino, que representan un 24% de la población, tenían en sus manos un 40% de la riqueza nacional. Los malaisios de origen indio (8%) mucho menos. Pero los malayos étnicos, o malaisios malayos son un 62%, pero entonces controlaban un mero 2% de la economía. El Consejo Consultivo Nacional propuso entonces corregir este desequilibrio, impulsar una ideología nacional y expandir la política de cooperación racial.

Hoy, la mayoría malaya tiene un 18% de esta riqueza y el objetivo de Badawi es llegar a un 30%. Los chinos siguen con un 40% y los indios, con un 5%. Pero además, ha crecido la tarta de la mano de la buena marcha general de la economía, lo que ha amortiguado las insatisfacciones de los malayos y reducido marcadamente su pobreza en términos absolutos. Pero a la vez, según informaba el Financial Times, la imposición del malayo como lengua oficial en las escuelas estatales en detrimento del inglés ha hecho que muchos chinos e indios lleven a sus hijos a colegios privados. Los equilibrios se pueden romper con facilidad.

En un país confesional musulmán, la Constitución recoge la libertad religiosa, pero luego hay graves obstáculos a la hora, por ejemplo, de la conversión de un musulmán al hinduismo. (El islam condena tales conversiones). De hecho, la Constitución define al malayo como musulmán que practica las normas y culturas malayas, y el islam es la religión oficial.

Pero el secreto de Malaisia, indica Badawi, musulmán, es que en el Gobierno están malayos, chinos, hindúes y cristianos. Esta Alianza (Barisan Nasional) empezó con tres partidos étnicos o raciales tras la independencia del país. Desde entonces ha seguido ganando elecciones, y ahora cuenta con 13 partidos. En el Consejo de Ministros, explica Badawi, "todas las decisiones se toman por consenso", aunque a veces se tarde en conseguir. "Somos únicos".

Badawi se propone hacer algo también para impulsar la paz en Oriente Próximo como "intermediario honesto". Hace años la cuestión palestina parecía lejana. "Hoy es un problema no sólo de los árabes, sino de todo el mundo musulmán". Se ha globalizado, además de cobrar una dimensión religiosa que antes no tenía, pues Arafat la mantuvo a raya. Y es que lo externo también afecta a lo interno, claro.

www.elboomeran.com

 

Alianza frente a conflicto de civilizaciones. Por Felipe González

Publicado en Opinión

TRIBUNA: FELIPE GONZÁLEZ

19/01/2008 EL PAÍS.
La corriente de fondo que nos lleva a un diálogo entre civilizaciones va ganando fuerza frente a la tumultuosa corriente del choque de civilizaciones.
Es una corriente más tranquila, que se mueve entre los meandros de la complejidad del momento histórico presente, en tanto que la profecía del choque de civilizaciones es más simple en sus planteamientos de amigo-enemigo y de confrontación para dominar, por eso tiende a autocumplirse.
Como siempre, construir la paz, como condición necesaria para todo lo demás -el desarrollo o la cooperación-, es más difícil que declarar la guerra al otro, al que se supone que encarna el mal. Como siempre, el diálogo que busca el conocimiento -el logos- del que es diferente y tiene una percepción distinta de la realidad, es un ejercicio más costoso, que parte de la renuncia a la imposición de nuestras verdades, aun sin aceptar la imposición de las verdades del otro. Es una búsqueda de los valores y de los intereses que se puedan compartir para dar fundamentos al entendimiento mutuo y avanzar en un nuevo orden internacional.
Venimos de un proceso histórico peculiar, por la profundidad y por la velocidad de los cambios. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética llevaron a la desaparición de la vieja división del mundo en dos bloques ideológicos antagónicos y mutuamente excluyentes.
Inmediatamente afloraron realidades ocultas o aplastadas por esa división. Pulsiones identitarias que afirmaban la pertenencia a realidades culturales muy diversas, étnico-religiosas, étnico-culturales o de nacionalismos irredentos que iban surgiendo por todas partes.
Pero este mundo se parecía más a sí mismo, aunque se hiciera más incierto y se nos mostrara más complejo, que el de la división en bloques ideológicos, con sus alineamientos simplificadores y su reparto de influencias. Los viejos conceptos de equilibrio del terror o destrucción mutua asegurada, y su correlato menos negativo que fue la coexistencia pacífica, perdieron vigencia sin encontrar un sustituto.
En los años 90 parecía que vivíamos en una cierta anomia, una pérdida de reglas de juego, del valor de la política, de soluciones supuestamente espontáneas que vendrían del mercado libre. Se hablaba de los dividendos de la paz, aunque al mismo tiempo se elaboraba la teoría del choque de civilizaciones.
Pero al tiempo que ocurrían estos acontecimientos, se aceleraba el curso de la revolución tecnológica, especialmente la informacional, como ruptura de las barreras del tiempo y del espacio en la comunicación entre los seres humanos. La globalización hizo próximo e inmediato el planeta Tierra, en todos sus rincones, en todo lo que acontecía, y empezó a cambiar la relación de fuerzas en el mundo.
En realidad, había quedado uno de los dos bloques antagónicos, el liderado por Estados Unidos como única superpotencia, pero su justificación por contraposición a la amenaza soviética había desaparecido con la URSS. La teoría del choque de civilizaciones, casi como una profecía, se basaba en la necesidad de llenar el vacío de enemigo, anunciando la aparición de nuevos demonios civilizatorios, en sustitución de los ideológicos, que había que prepararse para combatir y dominar.
Ya en los meses siguientes a la Guerra del Golfo de 1991, los profetas de la confrontación trataron de colocar sus teorías en la Casa Blanca, reclamando para Estados Unidos el papel de gendarme del nuevo orden internacional. Pero hasta los atentados de las Torres Gemelas, con su dramatismo y brutalidad, no tuvieron la oportunidad de colocar su producto, envolviéndolo en la amenaza real del terrorismo internacional para dar consistencia al choque de civilizaciones. La dimensión de esta forma de criminalidad internacional sería muy distinta si el enfoque no hubiera sido el de la confrontación civilizatoria, con todas las implicaciones de criminalización de una de las religiones del Libro. El error más grave ha sido y es la falta de comprensión de que esta amenaza real no está destinada en mayor medida a desplazar el poder en el mundo occidental que en el islámico.
Desde esta base errónea, se puede comprender el método de confrontación bélica y voluntad de dominio que se ha venido utilizando. La amenaza real, a partir de esta estrategia, no sólo no ha disminuido, sino que la percibimos como más grave y virulenta.
Las críticas ante la estrategia de la pura confrontación, de la hegemonía y de la imposición, con guerras preventivas y sin base en la legalidad internacional, han ido creciendo. Los que fueron en su día partidarios de este planteamiento se han ido replegando o reduciendo, aunque persistan los más impenitentes. Es evidente que en la visita del Presidente Bush a Medio Oriente, se insiste en alimentar la confrontación histórica entre sunitas y chiitas, entre árabes e iraníes, pasando a segundo plano el propósito de avanzar en el problema israelo-palestino.
Sin embargo, incluso para los más opuestos a esta deriva, se ve con una cierta frialdad y escepticismo la propuesta de la Alianza de Civilizaciones, con sus mecanismos de diálogo entre diferentes culturas y religiones para avanzar, primero, hacia una mayor comprensión mutua, y después hacia acuerdos que fortalezcan el objetivo de un nuevo orden internacional basado en los valores de las propias Naciones Unidas.
En nuestro país han sido y son especialmente críticos los que aplaudían a rabiar la declaración de guerra a Irak, los que la justificaban con mentiras y endosaban el conflicto pese a su ilegalidad manifiesta. Aún hoy argumentan que perdemos peso internacional si las propuestas que hacemos como país se encaminan hacia el diálogo y el respeto a la legalidad internacional.
Pero, asumida por Naciones Unidas, la Alianza de Civilizaciones ha encontrado el apoyo de 80 países, muchos más que los que apoyaron la teoría y la práctica de las guerras preventivas y el unilateralismo. Y se van a seguir sumando otros. Pero lo más significativo es la gran corriente de simpatía que se va creando en numerosos actores de la sociedad civil, en las distintas confesiones religiosas, en las ONGs, todos dispuestos a hacer impulsar con acciones la estrategia del entendimiento frente a la de la pura confrontación.
Asumir la diversidad, cultural o religiosa, como una riqueza compartida, en la que podemos encontrar valores comunes y objetivos que también lo sean, frente a la violencia destructiva, es un objetivo alcanzable que irá restando capacidad al terrorismo, a pesar de las muchas dificultades para encontrar rutas adecuadas.
Por el contrario, insistir en la propuesta de agresión, en el unilateralismo al margen de las reglas, va a seguir alimentando la caldera del terror, incluso dándole excusas ante los ciudadanos de mundo que se sienten víctimas de esta estrategia.
 

¿Qué podemos hacer para que la Alianza de Civilizaciones se haga realidad? Por Mike Lowe.

Publicado en Opinión

9 de febrero de 2007

El cambio climático e intentar atajar la pobreza mundial quizá sean los temas más importantes a los que nos enfrentamos. Pero solo podremos hacer algo si construimos una Alianza de Civilizaciones. Mike Lowe argumenta por qué esta iniciativa de las Naciones Unidas es tan importante.

¿Qué harías con un trillón de dólares? Si ya lo sé, ¿qué harías con un millón de millones de dólares? Bueno, para empezar podrías financiar a las Naciones Unidas y a todas sus agencias unas cincuenta veces. Y por menos de un 1% del total podrías facilitar la asistencia escolar a cada niño del mundo o financiar programas de energías renovables.

De acuerdo al Instituto Internacional de Investigación  de Paz de Estocolmo, en el mundo se están gastando cada año más de un trillón de dólares en armas – una cantidad que está creciendo a niveles solo vistos anteriormente durante los momentos más álgidos de la Guerra Fría. La Guerra Fría ya se ha acabado, pero en su lugar, muchos creen que el mundo se enfrenta a un choque entre civilizaciones, entre Occidente y el mundo musulmán que requiere un gasto armamentístico continuo.

El cambio climático y luchar contra la pobreza en el mundo son, en opinión de mucha gente, las tareas más urgentes a las que se enfrenta nuestra generación. Sin embargo, mientras estemos dándole vueltas a viejos conflictos y a luchar por el poder, no avanzaremos en estas cuestiones. Como dijo Martin Luther King: “debemos aprende a vivir juntos como hermanos o pereceremos juntos como bobos”

El 13 de Noviembre de 2005, en un puente sobre el Bósforo en Estambul – que vincula simbólicamente el mundo musulmán y Occidente - se entregó un informe al entonces Secretario General de la ONU, Kofi Annan, que contenía propuestas para una Alianza de Civilizaciones.


¿Y qué? Otro informe de la ONU – más árboles talados. ¿Alguna novedad?

Bueno, para empezar, este no es un informe típico de la ONU. Sus autores son el premio Nobel Desmond Tutu, la autora Karen Armstrong, y un ex Presidente de Irán, Mohammad Khatami, así como numerosos  intelectuales y personalidades religiosas de todo el mundo. Quizás debido a  que su análisis va más allá de la habitual política partidista a la que estamos acostumbrados, llamó la atención. La realidad es que las causas de la ruptura entre el mundo musulmán y occidental son complejas.

En segundo lugar, en el informe se hacen algunas sugerencias y se ofrece un marco de principios - el respeto a los derechos humanos y a la ley, la valoración de la diversidad, la lucha contra la pobreza y animar a las democracias con representatividad y capacidad de respuesta -, para que puedan ayudar a solucionar conflictos.

En tercer lugar, y con mayor relevancia, se dice que los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la humanidad - el cambio climático, la pobreza y el 'choque de civilizaciones' – están relacionados y sólo se pueden hacer frente a ellos si nos unimos. Este marco  que ha creado la ONU, ofrece las mejores herramientas para abordar estos problemas.

Vamos a desgranar estas razones con un poco más de detalle: En el preámbulo, 'Los puentes de un mundo dividido ", los autores escriben acerca del modo tan lamentable en el que se habla sobre un “choque entre civilizaciones” que "ha distorsionado el debate y la percepción de la relación entre los mundos occidental y musulmán: 'La historia de las relaciones entre culturas no sólo es una de guerras y  enfrentamientos. También se basa en siglos de intercambios constructivos, en enriquecimiento mutuo, y coexistencia pacífica. Además, clasificar los intercambios  que se han dado a lo largo de la historia dentro de las diferentes sociedades y tratarlo como algo banal, no nos ayudan a entender las cuestiones de identidad, motivación y comportamiento. Divisiones entre los poderosos y los que carecen de poder o de los ricos y los pobres o las divisiones entre los diferentes grupos políticos, clases, ocupaciones y nacionalidades tienen mucho mayor poder explicativo que esas categorías culturales'.


El informe continúa hablando sobre la manera en la que globalización ha dado lugar a un creciente desequilibrio económico entre ricos y pobres y que también ha impugnado las identidades de comunidades en muchas partes del mundo.  Las comunidades que se sienten marginadas tienden a afirmar su identidad con la fuerza.

Esta tendencia se ve agravada en los países musulmanes por su pasado colonial y por el hecho de que muchos musulmanes se asientan en tierras con gran cantidad de petróleo y reservas minerales a las que numerosas empresas quieren acceder.

Además, el informe dice que “en el contexto de las relaciones entre los musulmanes y las sociedades occidentales, hay dos hechos particularmente graves como son la percepción de que hay un doble rasero a la hora de aplicar el derecho internacional y a la hora de proteger los derechos humanos”.

Los medios de comunicación también tienen su parte de responsabilidad al intentar, con mucha frecuencia, sintetizar problemas complejos recurriendo a estereotipos. La religión se trata como “El Problema”. Sin embargo, ninguna religión importante condena  la matanza de inocentes. De hecho, los problemas residen más con el fracaso por parte de las sociedades a la hora de aplicar valores fundamentales como la compasión, la igualdad, la integridad y el amor  por la vida. Cosas de las que se habla en todas las religiones tradicionales.

La religión no existe en el vacío, sino que está siempre vinculada a la política, ya sea en las calles de Bagdad o en los pasillos de mármol de Washington – y esto sucede a pesar de los esfuerzos de la Ilustración europea y de los fundadores de las constituciones laicas. La religión se ocupa de las cuestiones de "cómo debemos vivir" - no podría ser de otra manera. Sin embargo, así como la religión trata de influir en la política, los políticos también tratar de influir en los fieles. A veces es difícil saber quien es quien.


En ninguna parte del mundo estas cuestiones se han sentido con tanta intensidad como en las tierras sagradas de los  judíos, cristianos y musulmanes. Es difícil no pensar en nada que no haga mejorar las relaciones entre Occidente y el mundo musulmán más que la búsqueda de soluciones para el conflicto palestino-israelí.

Así, una de las principales recomendaciones del informe es que los esfuerzos internacionales se concentren en la mejora de este asunto en particular – a través de la redacción de un Libro Blanco que 'de voz a los a las dos partes, revisando los éxitos y los fracasos de anteriores esfuerzos de paz, y para establecer claramente las condiciones que se deben cumplir para encontrar una salida a esta crisis”.

Otra recomendación es hacer progresar los Objetivos de Desarrollo del Milenio - reduciendo a la mitad el número de personas que viven con menos de un dólar al día (lo que se estima como pobreza absoluta), lograr el acceso universal a la educación primaria y la potenciar a la mujer. Poblaciones pobres y analfabetas son más fáciles de manipular y podrían dirigir sus iras a cabezas de turco.

Pero quizás las  recomendaciones más interesantes no son las de los políticos, sino las de los llamados a cambiar los corazones y la mentalidad de las sociedades. Por ejemplo, formando a periodistas en el entendimiento entre-culturas, desarrollando contenidos en los medios de comunicación que fomenten se aspecto intercultural, asegurar que se eduque a los niños para que aprendan a vivir en un mundo diverso, y proporcionar intercambios entre jóvenes.

En definitiva, las Naciones Unidas por si mismas no pueden hacer mucho para promover esta visión de una Alianza de Civilizaciones – y así lo reconocen. Pero piden que sus recomendaciones no sólo lleguen a los gobiernos sino también a las organizaciones no-gubernamentales, a asociaciones civiles y otros organismos para que actúen; aunque también reconocen que muchos de ellos ya están trabajando en diversas iniciativas.


Y es aquí donde los particulares interesados podemos empezar a trabajar y hacer algo.

Podemos hacer algunas cosas como:

1.  Desinhibirnos. ¿Por qué no te acercas al que consideras diferente y le hablas? ¿Por qué no le invitas a comer a casa y compartes tu hospitalidad? No hay nada como sentarse juntos a comer para romper barreras.

2. Escuchar a los demás. Todo el mundo quiere ser escuchado. Cuando das espacios a otros para que se escuchen sus puntos de vista - aunque no estemos de acuerdo- creas un puente de entendimiento. 

3. Céntrate en lo que es correcto, no en quien creas que tiene la razón. A menudo el orgullo, el ego y las luchas de poder obstaculizan  el camino y distraen de lo que es verdaderamente importante. Los valores humanos fundamentales se encuentran en todas las culturas y religiones y nos ayudan a  tomar buena perspectiva de las cosas.

4. Empieza por ti mismo. Es fácil criticar cuando ves que los otros no están a la altura y hay una necesidad de cambio de estrategia. Pero señalando no se mejora. Es mejor preguntarse '¿Hay cosas que he hecho, o sigo haciendo, que pueden causar un problema? " o "¿Hay cosas que mi pueblo han hecho, o sigue haciendo, que causan problemas?" Siempre que sea posible, debemos empezar por mejorar las cosas no señalar. A menudo, admitir que nos hemos equivocado es suficiente para construir relaciones duraderas.
http://www.forachange.co.uk/featured/2827.html

 

“Alianza de Valores” por Juan Goytisolo.

Publicado en Opinión

Desde la niñez nos inculcan la Idea de que el enemigo de la Civilización es la barbarie ;la civilización obviamente es la nuestra; la barbarie, ajena. Pero dicha idea autocomplaciente no se sostiene: un conocimiento aún somero de los hechos nos muestra que las distintas civilizaciones se suceden con idéntico mensaje: la victoriosa se impone a la vencida. La aniquila, la somete o la digiere.  Calar en el pasado nos revela una superposición de estratos. La historia es una estratigrafía. Los anales de nuestras urbes mediterráneas —Roma, Estambul, Jerusalén, Barcelona o El Cairo—confirman la observación del gran lingüista Iuri Lotman: la ciudad es un mecanismo que revive constantemente su propio pasado de modo prácticamente sincrónico. Las civili-zaciones se asientan en una  sedimentación de ruinas. La actual  cubre las anteriores, las niega o las refuta, las interpreta o las explica. A los avances de algunas en el ámbito del pensamiento ,  instituciones de gobierno, letras y artes, sigue el retroceso abismal impuesto por la fuerza de las armas. Roma, y los bárbaros, Bagdad y los mongoles.

Las ruinas del subsuelo  dan testimonio de un esplendor muerto: nos conmueven e ilustran  el vae victis. También arden manuscritos, pero las ideas que contienen no desaparecen del todo. Permanecen soterradas y, cuando las circunstancias lo permiten, afloran de nuevo. La filosofía griega se transmite a través de Toledo y resurge en el Renacimiento.

Digo esto porque no hay una civilización, hay civilizaciones en lucha casi continua. A los periodos de tregua suceden otros de enfrentamiento y conquista. Y al producirse los  grandes avances científicos y la travesía de los océanos, nuestra civilización europea y cristiana arriba a los confines de un mundo ya no plano, sino esférico:a continentes e islas remotos, algunos de ellos vulnerables por su estructura social rudimentaria y otros con otra mas rica y elaborada, pero inferiores desde un punto de vista militar. Así la “civilización” sujeta y esclaviza a la llamada barbarie. Millones de seres humanos sufren la crueldad sin limites del más fuerte, del amo que los civiliza con grillos , cadenas y látigos. Pero la conciencia de unos valores universales, esto es, no exclusivos de la civilización propia, alimenta la protesta de unos pocos: voz imprecatoria de Las Casa, pluma certera del Conrad de En el corazón en las tinieblas.

¿Qué valores son estos? ¿Cómo acceden a nuestra conciencia? Su emergencia es lenta y como señaló Stephen Zweig, se remontan tal vez al panfleto de Castelio contra Calvino cuando, tras la quema de Miguel Server, por orden de este, los resumió en una frase: “Matar a un hombre para matar a una idea no es defender una idea es matar a un hombre”.

La idea de unos derechos humanos comunes a toda la especie mas bien inhumana a la que pertenecemos se abre paso a duras penas a través de las guerras interreligiosas que asolaron Europa, como asuelan aún el Oriente Próximo y diversas zonas de África y el subcontinente hindú. La labor de los filósofos—primero de los averroístas y de la notable estirpe de pensadores hispanohebreos: luego de Descartes y Bacon, por fin de los enciclopedistas, pienso sobre todo en mi admirado Diderot—desemboca en la declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de la Revolución francesa, pese a que el terror revolucionario la redujo a letra muerta bien antes del ascenso y caída de Bonaparte y el triunfo del absolutismo de la muy poco Santa Alianza.

Repasar el siglo que hemos dejado atrás evidencia asimismo que las pequeñas conquistas de la razón son fácilmente barridas por la sinrazón de los credos religiosos, exaltación de la nación y de la sangre, el totalitarismo ideológico y el fundamentalismo de la tecnociencia.

En el corazón mismo de nuestra civilización surgió el horror del holocausto y el universo de los campos de concentración nazis y estalinianos. Los nombres de Hiroshima y Nagasaki simbolizan también la barbarie engendrada por el avance letal de nuestros conocimientos.

Todas las civilizaciones triunfantes conllevan el germen de esa  barbarie que hoy se extiende sin limites ni espacio ni de tiempo, con peligro no solo de nuestras vidas sino de la supervivencia del planeta. Los mesianismos y extremismos ideológicos se tocan y mutuamente se alimentan. Únicamente los valores conquistados con tesón en los últimos siglos, plasmados en la Carta Fundacional de Naciones Unidas, pueden dar fin a las desigualdades brutales del mundo, a los choques de civilizaciones no necesariamente opuestas y al terrorismo ciego que se ensaña en las poblaciones inocentes, provenga de donde provenga.


La Alianza de Civilizaciones propuesta por el jefe de Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, en la Asamblea de Naciones Unidas en septiembre de 2004 merece ser defendida por quienes oponemos la fuerza de la razón a la razón de la fuerza. Pero, dado que lo que se entiende por” civilización” incluye en su seno la semilla de la barbarie, yo preferiría denominarla Alianza de Valores: estos valores universales, cívicos, laicos, fruto de la resistencia de las mentes más lúcidas, sean de la civilización que sean, al dogmatismo de  las identidades religiosas, nacionales o étnicas que hoy como ayer proliferan en nuestro minúsculo y sobreexplotado planeta.


Juan Goytisolo es escritor

 

Te puede interesar...