Alianza de Civilizaciones recibe Premio Avicena al entendimiento

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EFE

La Alianza de las Civilizaciones obtuvo hoy en Fráncfort el Premio Avicena que otorgó por primera vez un jurado independiente formado por representantes de diversas áreas de la sociedad civil a proyectos y actividades que fomentan al entendimiento entre Oriente y Occidente.

El Alto Representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones, el ex presidente de Portugal Jorge Sampaio, recogió el premio dotado con 50.000 euros en la Iglesia de San Pablo de Fráncfort, que acoge también todos los años el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes.

El presidente de la asociación que fundó el premio en 2005, el turco Yasar Bilgin, destacó la labor de la Alianza de Civilizaciones como foro de encuentro de las culturas y como instrumento para superar los estereotipos en la percepción de Oriente y Occidente.

La Alianza de Civilizaciones contribuye así a combatir las fuerzas extremistas, dijo Bilgin.

Sampaio explicó que la dotación del premio será destinada a un proyecto juvenil de la Alianza.

La Alianza de Civilizaciones es una iniciativa patrocinada por España y Turquía y respaldada por la ONU, que tiene como objetivo promover el diálogo entre Occidente y el mundo islámico y combatir los extremismos y el terrorismo.

Fue propuesta por el presidente Rodríguez Zapatero en la 59º Asamblea General de la ONU en septiembre de 2004.

El premio en cuestión toma su nombre del médico y filósofo Avicena, quien vivió en Persia entre 979 y 1037 y quien con sus escritos ayudó, según la citada asociación, a tender puentes entre las culturas.

Los palestinos que no existen por Mónica G. Prieto

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EL MUNDO

Unos 3.000 palestinos que perdieron su documentación hace 60 años viven en el limbo

BEIRUT.- Sesenta años después de la declaracion de independencia israelí en la Palestina bajo mandato británico, se puede hablar de varias categorías de palestinos: los ocupados, habitantes de la Cisjordania tomada por militares y colonos hebreos; los cercados, un millón y medio de habitantes de Gaza controlados por tierra, mar y aire por Tel Aviv; los refugiados, 5,5 millones de exiliados, la mayoría en condiciones lamentables, acogidos en los países del entorno; y los que, sencillamente, no existen.

Mohamed Yusef es uno de esos 3.000 ciudadanos sin identidad. Nació en Ramala hace 64 años, cuatro antes de que la política emprendida por la minoría judía para expulsar a la población natal –descrita por el historiador israelí Ilan Pappe como la "limpieza étnica de los palestinos"- comenzase.

"Sólo tenía cuatro años, pero recuerdo las calles de Ramala, la mezquita y la iglesia", dice hoy Yusef con la voz rota por el tabaco desde una desconchada oficina del campo de refugiados de Shatila, en Beirut. "Si no tuviera recuerdos no tendría identidad", farfulla en protesta por las dudas de tan tempranos recuerdos.

En 1948, su familia se marchó de la ciudad por miedo a las milicias judías y se estableció en Jordania, donde recibió un pasaporte en el que figuraba como palestino de origen. Con la mayoría de edad Mohamed se integró en el Ejército jordano, pero tras la Guerra de los Seis Días que derivó en la conquista israelí de toda Palestina, parte de Siria y de Egipto, el soldado Yusef se sumó a la escisión que nutrió las filas de Yasir Arafat para "participar en la revolución palestina".

Los ataques más espectaculares de las facciones y las repuestas israelíes comenzaban a afectar a Jordania, y el rey Husein decidió combatir, en septiembre de 1970 –conocido como el ‘Septiembre Negro’- a los palestinos. En julio de 1971, Arafat y sus combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina, entre ellos Mohamed, fueron expulsados del reino.


Así fue como Mohamed se convirtió en nadie. Ninguna autoridad le pidió papeles para acceder al exilio libanés, pero una vez allí su pasaporte le expiró y la embajada jordana en Beirut se negó a renovárselo al haber sido expulsado.

Ahora, ni el Gobierno de Beirut ni la UNRWA, agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, le reconocen, como no reconocen a otros 3.000 palestinos en su situación, la mayoría combatientes y allegados y la minoría, personas que simplemente perdieron sus documentos durante su huída.

"Me siento un fugitivo, permanentemente humillado", se queja Yusef. "No me atrevo a salir del campo de refugiados por miedo a que me detengan. Construí cuatro casas y de las cuatro me echaron por no tener papeles. La ONU me considera jordano y no palestino, y los jordanos me consideran palestino y dicen que no me pueden ayudar", se lamenta este hombre con seis hijos, todos ellos herederos de su condición de inexistentes.

Ciudadanos de segunda clase

Los refugiados palestinos asentados en el Líbano son tratados, de por sí, como ciudadanos de segunda clase. Los 400.000 exiliados tras la Naqba de 1948 –el ‘desastre’, como califican a la campaña de expulsiones que siguió a la declaración del Estado israelí que ahora celebra Tel Aviv con gran boato- o la campaña de 1967 no pueden acceder a 72 trabajos, según la Constitución libanesa, ni poseer una vivienda, como tampoco acceden nunca a un sueldo digno por alta que sea su formación profesional.

En el caso de los no documentados, ni siquiera pueden poseer un coche o un teléfono móvil, dado que no tienen un carné que presentar para firmar un contrato. "No puedo ni vender cafés o limpiar botas", se lamenta Mohamed.

Ahmed Talal, de 58 años, tiene más suerte: al ser empleado de la OLP recibe un salario por su trabajo en Shatila. Enseña su acreditación con orgullo, pese a ser inservible: un folio plastificado con el membrete de la OLP en Beirut que le identifica como nacido en Gaza.


"Si salgo del campo pueden arrestarme o no, depende del humor del oficial de turno, porque las autoridades no reconocen este papel", explica. Ahmed cuenta que fue expulsado en 1967 de Gaza, durante la Guerra de los Seis Días, y que tras pasar por Egipto, en Siria le afectó el ‘Septiembre Negro’ y fue expulsado como otros muchos militantes.

Talal había partido de Gaza sin papeles, así que nunca tuvo documentos. "Antes no los necesitábamos", se sonríe. Ahora, sin ellos no puede hacer nada. "Por eso dejé a mi mujer y mis hijos en Siria, donde el certificado de la OLP es suficiente para que les permitan estar registrados, tener estudios y comprar una casa", puntualiza.

"Yo no puedo visitarles por miedo a que me arresten en el camino, pero dentro de dos años, cuando me jubile, me arriesgaré para reunirme con ellos en Damasco".

La casa de Talal, dos habitaciones insalubres propiedad de la UNRWA, es tan austera que carece de cualquier objeto prescindible. "La única propiedad que tengo es el recuerdo de Gaza, y es precisamente lo único que no puedo recuperar", se lamenta.

La realidad de África, a través de la mirada de los niños

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Save the Children inaugura la exposición fotográfica 'Niños de África', acerca de los problemas a los que se enfrenta la infancia en países como Ghana, Costa de Marfil, Angola, Mauritania o Nigeria.

CANAL SOLIDARIO

La exposición, que tendrá lugar en el centro cultural Espacio Ronda de Madrid hasta el 29 de mayo, cuenta con casi medio centenar de fotografías realizadas por el belga Jochen Schell, quien, a lo largo de un viaje por gran parte del continente africano, ha captado con su lente los problemas a los que se enfrenta la infancia en países como Ghana, Costa de Marfil, Angola, Mauritania o Nigeria.

Con ello, la exposición pretende mostrar la realidad que vive el continente africano, a través de la mirada de sus niños.

Los fondos recaudados por la exposición se destinarán a la campaña 'Reescribamos el futuro' de Save the Children, destinada a ofrecer educación a los niños y niñas que viven en países afectados por conflictos.

Dignidad. Impresiones desde Níger por Leire Pajín

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YO DONA

46 grados a la sombra. Níger era en el año 2005 el país más pobre del mundo según Naciones Unidas. Aquel año, la plaga de langostas y la sequía provocaron una crisis alimentaria grave, con serias consecuencias en la desnutrición de sus niños. Aquel año, la cooperación española se estrenó en dicho país. Hoy, su posición ha ido mejorando, subiendo cuatro puestos en el maldito "ranking" de los más pobres.

Sólo han hecho falta unas horas para situar a la delegación española en uno de los rincones más crueles del planeta. DIMOL significa dignidad, la que lleva a cabo esta ONGD local y su proyecto de construcción de un quirófano en el norte de Niamey, algo sencillamente imprescindible. No encuentro una manera más acertada para calificar la lucha de esta ONGD a favor de la integridad de las mujeres.

En Níger cada año entre 1000 y 2000 mujeres, en su mayoría niñas, son llevadas al infierno del dolor, la vulneración y el rechazo. Mujeres forzadas desde muy pequeñas por sus maridos, sufriendo mortalidad como consecuencia del parto y provocándoles enfermedades como la fístula obstetricia.

Ésta provoca el desgarro a las mujeres por dentro y por fuera: acaba con sus órganos y se lleva su integridad por delante. Repudiadas por sus maridos y familias, deambulan por un continente empobrecido buscando alguien que respete su dignidad.

Ahí entra la cooperación española, apoyando la construcción de quirófanos para poder operarlas con privacidad, donando micro créditos para conseguir su autonomía, sensibilizando a una sociedad que discrimina a las víctimas y alaba a los verdugos.

Mauritania, Malí, Níger y otros tantos países aún por llegar para alzar la voz y gritar, para denunciar una de las violaciones más flagrantes de Derechos Humanos y prestarles la voz a aquellas que viven amordazadas. Necesitamos situar fuerzas y redes en un mundo que necesita a sus mujeres, porque en África ellas son las excluidas entre los excluidos, pero también son la esperanza y la palanca más fiable del desarrollo.

En ese contexto se celebra el tercer encuentro de mujeres por un mundo mejor, y en ese sueño de igualdad, se alienta la cooperación española.

Los derechos de la infancia en la I Cumbre Internacional de los Jóvenes Líderes por la Paz

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La cumbre, que tendrá lugar los días 14 y 15 de mayo en Castellón, tiene por objeto la promoción, difusión y formación de jóvenes sobre la situación actual de violencia a los derechos de la infancia y las posibles vías de cambio.

CANAL SOLIDARIO

Durante los próximos días 14 y 15 de mayo tendrá lugar la I Cumbre Internacional de los Jóvenes Líderes por la Paz en la Universidad Jaime I de Castellón que, organizada por la Fundación Tierra de Hombres, en colaboración con la Fundación por la Cooperación con Benín y la Fundación por la Justicia, tiene como fin la promoción, difusión y formación de jóvenes sobre la situación actual de la violencia de los derechos de la infancia en todo el mundo.

Doce jóvenes transmitirán a los 200 asistentes a la cumbre su experiencia vital y trabajo diario hacia la construcción de una sociedad más justas, en la que se respeten los derechos humanos de los niños y adolescentes, defendidos en la Convención de los Derechos de la Infancia.

A través de la formación de grupos de trabajo, se buscarán reflexiones críticas sobre posibles estrategias para garantizar dichos derechos. De este trabajo se espera redactar un manifiesto para que sea difundido en varias organizaciones relacionadas con la defensa de estos derechos.

Las tres ideas básicas sobre las que girará la cumbre serán los niños soldado, la explotación laboral infantil y la explotación sexual infantil.

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