Los derechos de la infancia en la I Cumbre Internacional de los Jóvenes Líderes por la Paz

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La cumbre, que tendrá lugar los días 14 y 15 de mayo en Castellón, tiene por objeto la promoción, difusión y formación de jóvenes sobre la situación actual de violencia a los derechos de la infancia y las posibles vías de cambio.

CANAL SOLIDARIO

Durante los próximos días 14 y 15 de mayo tendrá lugar la I Cumbre Internacional de los Jóvenes Líderes por la Paz en la Universidad Jaime I de Castellón que, organizada por la Fundación Tierra de Hombres, en colaboración con la Fundación por la Cooperación con Benín y la Fundación por la Justicia, tiene como fin la promoción, difusión y formación de jóvenes sobre la situación actual de la violencia de los derechos de la infancia en todo el mundo.

Doce jóvenes transmitirán a los 200 asistentes a la cumbre su experiencia vital y trabajo diario hacia la construcción de una sociedad más justas, en la que se respeten los derechos humanos de los niños y adolescentes, defendidos en la Convención de los Derechos de la Infancia.

A través de la formación de grupos de trabajo, se buscarán reflexiones críticas sobre posibles estrategias para garantizar dichos derechos. De este trabajo se espera redactar un manifiesto para que sea difundido en varias organizaciones relacionadas con la defensa de estos derechos.

Las tres ideas básicas sobre las que girará la cumbre serán los niños soldado, la explotación laboral infantil y la explotación sexual infantil.

Amistad cívica por Adela Cortina

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EL PAÍS

Las sociedades para prosperar, según Aristóteles, necesitan leyes e instituciones justas, gobernantes prudentes y jueces honestos, pero también un ingrediente sin el que la vida pública no funciona con bien: la amistad cívica.

La amistad cívica no consiste en que los ciudadanos se vayan de tapas, porque éstas son cosas que se hacen con los amigos corrientes, con ésos a los que, según el diccionario, se tiene afecto personal desinteresado que se fortalece con el trato. La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos.

Cuáles son esas metas comunes es fácil de aclarar. En el orden global, en que los Estados deberían estar comprometidos, erradicar el hambre y la pobreza extrema y los restantes Objetivos del Milenio son una orientación suficiente. En este sentido, es una buena noticia que España haya aumentado la ayuda al desarrollo, y no hay sino que progresar al máximo. En lo que se refiere al orden interno del Estado, bregar por la educación de calidad, la atención sanitaria eficiente y buena, el trabajo estable, y por hacer realidad que todos los ciudadanos puedan expresar sus ideas libremente, siempre que no atenten contra la libertad y la vida de otros, son metas suficientes para vincular a las personas en una tarea común.

Y, sin embargo, no parece que ese vínculo amistoso exista en nuestro país. Las últimas elecciones generales, endurecidas como pocas, han generado la sensación de una ciudadanía enfrentada en la solución de cada uno de los problemas comunes, como si para cada tema hubiera dos bandos: si unos dicen "blanco", los otros han de decir "negro". Las razones para cada posición parecen en principio irrelevantes, porque después ya vienen los "argumentadores" oficiales, que diseñan argumentarios para sostener hasta lo insostenible. Se divide entonces la ciudadanía en bandos, que parecen ser irreconciliables.


Cuando en realidad es mucho más lo que les une que lo que les separa. Cuando no se construye una vida pública justa desde la enemistad, porque entonces falta la argamasa que une los bloques de los edificios, falta la "mano intangible" de la amistad cívica. Junto a la mano visible del Estado y la presuntamente invisible del mercado, es necesaria la mano intangible de la amistad entre ciudadanos que se saben artesanos de una vida común.

Esto no significa abolir la diversidad y generar una sociedad de individuos homogéneos, porque existen diferencias de capacidades, de creencias religiosas, de sensibilidad política, de tendencia sexual, y tantas otras que componen una "ciudadanía compleja", y no la ciudadanía simple, sin atributos, sin carne ni sangre humanas, que no existe más que en las mentes totalitarias.

Los grupos que luchan por el reconocimiento de las diferencias son un factor de progreso y, si las sociedades quieren ser justas, han de articular esas diferencias, siempre que sean legítimas; una tarea de orfebrería, que no tiene éxito si no hay voluntad de respetarlas desde las distintas partes. Para eso se necesita la amistad cívica de quien no ve en el otro un enemigo a abatir, sino un igual con el que hay que resolver con justicia los problemas comunes.

Para muestra, un botón. Hace unos días en Zaragoza, en una conferencia, comenté a un público encantador cómo Zaragoza es la primera ciudad grande que visité en mi infancia y me dejó deslumbrada. Ahora parece, sin embargo, que hay temas tabú, como el del trasvase del Ebro, porque vengo de la "España seca". ¿No vamos a poder hablar de este asunto y otros, para ver cómo encontramos soluciones conjuntas desde la solidaridad y sin agravios comparativos? ¿Es que de pronto no puede haber amistad cívica entre aragoneses y valencianos por temas que hay que discutir con voluntad de llegar a la solución más justa y con espíritu solidario? Una señora que había pedido la palabra, empezó su pregunta con una frase magistral: "Ante todo -me dijo-, ¡bienvenida!". Como en aquellos tebeos de la infancia: "Sin palabras".


Por desgracia, hay gentes que ganan creando discordia. Otras, anestesiadas, a las que importan los problemas sólo cuando les afectan -"ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde"-. Otras, cuyas pretensiones legítimas no se ven reconocidas, y éstas son las excluidas. Otras empeñadas en hacer creer que sus pretensiones son las más importantes y que nunca se les hace justicia. Son las que utilizan el victimismo como herramienta para convertir sus deseos en prioridades frente a las necesidades de otros. Es lo que ocurre en esos lugares con bonanza económica y social, donde no hay ninguna razón para reprimir a quienes no piensan igual, mucho menos para matar por la independencia. A la hora de reclamar el derecho a la diferencia hay que ponerlo en sus justos términos.

La amistad -decía Aristóte-les- es lo más necesario para la vida; sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera todos los demás bienes. Y parece -añadía- que es la amistad cívica la que mantiene unidas a las ciudades.

Jovenes malagueños diseñan una campaña para promover la interculturalidad

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La campaña, diseñada por alumnos de los institutos malagueños El Palo y Puerto Sol, será ofrecida para su emisión a los medios de comunicación locales y a los centros educativos de la ciudad, con el fin de promover la interculturalidad.

Cerca de 150 alumnos del segundo ciclo de la ESO de los institutos malagueños El Palo y Puerto Sol participan en el proyecto de Educación para el Desarrollo DIVERSIA que, realizado por CIC Batá y financiado por el área de Participación Ciudadana, Inmigración y Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Málaga, traslada a los jóvenes la visión de que "la diversidad cultural es nutritiva", afirma Javier Portal, técnico en Juventud de la organización.

A través de una serie de talleres y la consiguiente identificación de los estereotipos más reseñables sobre la inmigración, se organizaron grupos de alumnos de distintas culturas, para que cada uno de ellos crease un vídeo en el que transmitir un mensaje sobre la interculturalidad, tal y como ellos lo quisiesen enfocar.

Estos vídeos serán ofrecidos para su emisión a los medios de comunicación locales y a los centros educativos de la ciudad, con el fin de promover la interculturalidad.

"En el actual mundo globalizado, el diálogo intercultural se presenta como herramienta imprescindible para hacer frente a la incomprensión entre culturas, configurándose como uno de los medios más eficaces para la prevención y solución de conflictos, sobre todo en sociedad de acogida del intenso flujo migratorio internacional observado en los últimos años, como es el caso de España", señalan desde CIC Batá.

Provocación y respuesta por Timothy Garton Ash

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EL PAÍS

En el momento de escribir estas líneas, la difusión en Internet de la película Fitna, un filme deliberadamente provocador y antiislam realizado por el parlamentario populista holandés Geert Wilders, no ha provocado unas protestas violentas como las del caso Rushdie o las de las caricaturas danesas. Si las cosas siguen así, eso ya es un avance.

Mientras tanto, hay que preguntarse tres cosas sobre la película, que cualquiera puede ver en la Red si busca en Google "wilders + fitna". La primera es: ¿hay que asesinar a Wilders por haberla hecho? Es lo que exigieron los manifestantes ante la Embajada de Holanda en Indonesia, con pancartas que decían "Matad a Geert Wilders". Su actitud es la que el escritor británico Douglas Murray ha definido, con gran agudeza, como "di que mi religión es pacífica o te mato". Más en serio, ya antes de que se estrenara la película, Al Qaeda emitió una fatwa en la que exigía a los musulmanes de todo el mundo que asesinaran a Wilders, una amenaza más para un hombre que ya vive con protección las 24 horas.

Que no se debe asesinar a Wilders por rodar una película puede parecer algo tan evidente que no hace falta decirlo. Pero sí hace falta, una y otra vez; para ser sinceros, es lo primero que hace falta decir. Porque una de las realidades más corrosivas de nuestra época es que en nuestro mundo hay no una, sino muchas personas que viven amenazadas de muerte, escondidas o con seguridad permanente, simplemente porque han dicho, dibujado o hecho algo que se supone que "insulta al islam".

Muchos líderes holandeses e internacionales, demasiados, se han apresurado a lamentar el filme de Wilders sin antes criticar como es debido a quienes le amenazan de muerte. Resulta especialmente atroz la declaración del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, que, al condenar de forma explícita la película (pero no las amenazas de muerte), llega a decir que "aquí no está en juego el derecho a la libertad de expresión". Es una frase verdaderamente estúpida, que hasta un niño de 10 años puede ver que no es cierta, y Ban Ki-moon no tiene derecho a pronunciarla en nuestro nombre.


La segunda pregunta es si habría que prohibir Fitna por ley, como han exigido los embajadores de 26 países islámicos al Gobierno holandés. A diferencia de la cuestión del asesinato, estoy dispuesto a aceptar que éste es un aspecto que puede debatirse legítimamente en una democracia, pero mi respuesta sigue siendo un rotundo no. La película es incendiaria, pero no me parece que traspase la línea de la incitación, y, hasta ahora, da la impresión de que el Ministerio de Justicia holandés está de acuerdo. La verdad es que la postura de Wilders resulta ridículamente contradictoria. El año pasado pidió que se prohibiera el Corán "como si fuera el Mein kampf". Es decir, quiere que se prohíba el libro sagrado de 1.400 millones de personas, pero que su filme lo vea todo el mundo. Ésa es su idea de la libertad de expresión. ¿Quién se cree que es? ¿El verdadero profeta?

Partiendo del principio fundamental de que no debe amenazarse de muerte ni lesiones a nadie por rodar ni difundir una película como ésta, y de que debe estar a disposición de todos los adultos en posesión de sus facultades -y si uno no quiere verla, que no la vea-, entonces la pregunta crucial es: ¿cómo debemos interpretarla y cómo debemos reaccionar?

Por si no la han visto, les haré un resumen telegráfico: consiste en retazos de citas sanguinarias escogidas del Corán mezcladas con fragmentos espantosos de atentados terroristas y ataques de los extremistas yihadistas, de carácter antisemita, anticristiano y antioccidental (la terrible decapitación de un rehén, una sobrecogedora conversación telefónica con alguien que está a punto de morir en las Torres Gemelas, una pancarta que dice: "La libertad, al infierno"), hasta llegar a una presentación alarmista sobre la inmigración musulmana en Holanda y Europa. Concluye con afirmaciones como que "el islam pretende destruir nuestra civilización occidental" y "alto a la islamización", antes de disolverse en negro sobre el sonido de una bomba de relojería y truenos. Es decir, muestra de forma implícita una ecuación de tres términos: islam = terrorismo = inmigración.


Hay que desentrañar cada uno de los tres elementos, el signo igual implícito entre ellos y las intenciones de todo el filme. El primer ministro holandés dice que, en su opinión, "no tiene otro propósito que ofender". Esta frase puede bastar como fórmula de condena de un político, pero la verdad es que se vislumbran, al menos, otros tres objetivos: encender el debate a propósito de unas cuestiones sobre las que Wilders tiene una postura apasionada, incluso fanática, y que preocupan a muchos holandeses; obtener más votos para su partido político, que tiene ya nueve de los 150 escaños de la Cámara baja holandesa, y adquirir publicidad mundial para un populista de lo más moderno.

Una respuesta posible al primer término de la ecuación -las citas del Corán- es la que ha sugerido el productor judío holandés de televisión Harry de Winter, que dice que en la Torá judía se pueden encontrar frases muy ofensivas para los homosexuales, las mujeres y los predicadores no judíos, y que, si fuera una película sobre los judíos, se habría dicho que era antisemita. Es decir, podríamos responder, por polemizar, con una selección como la de Wilders sacada de la Torá, o de todo el Antiguo Testamento de los cristianos. Más en serio, habría que sopesar hasta qué punto están equilibrados los fragmentos pacifistas y los belicosos en el Corán según las interpretaciones normales que hacen actualmente los musulmanes, en comparación, por ejemplo, con las interpretaciones normales que hacen los cristianos de la Biblia; porque, en todos estos libros misteriosos y polifónicos, el secreto está en la interpretación.

El segundo elemento de Fitna es el menos original, pero el que presenta el argumento más válido. No está nunca de más que nos recuerden que existen yihadistas takfiri violentos empeñados en matarnos -y, de paso, a sus hermanos musulmanes- y en destruir nuestras libertades en nombre del islam. Decir que "esto no tiene nada que ver con el islam" es casi tan estúpido como decir, como Wilders, que "el islam es esto". Creo que los hombres y la mujeres musulmanes de paz deben abordar esta cuestión, incluso cuando la plantea alguien como Wilders. "Los musulmanes deben pensar en el miedo que engendra su religión", ha dicho el viceministro holandés Ahmed Aboutaleb, que es musulmán.


La tercera parte de la película, contra la inmigración musulmana, es al mismo tiempo la más venenosa y tal vez la más eficaz. Wilders está logrando labrarse una carrera política a base de decir lo que muchos europeos piensan. El verano pasado, además de exigir que se prohibiera el Corán, escribió que "no debemos dejar que entre ni un solo hombre musulmán más" y que "no debe haber ni una sola mezquita más". Aquí son sobre todo los europeos no musulmanes quienes deben destacar el hecho evidente de que la inmensa mayoría de los musulmanes quiere vivir en paz, criar a sus hijos, ahorrar algo de dinero, obedecer las leyes, ver los partidos de fútbol..., y pensar que no hay nada en su religión que se lo impida.

Así reacciona una sociedad libre y madura ante una película como ésta. No apaciguando a los asesinos, no con la censura y no limitándonos a condenarla por las buenas. Que la mayoría la ignore -como parece haber hecho hasta ahora, y está claro que hay muchas mejores formas de pasar el tiempo- y que la minoría de los que están interesados se ocupe de ella (para mi castigo, la he visto tres veces), la examine, la discuta, revele sus engaños, refute lo refutable y acepte lo irrefutable, separando las briznas de verdad de los gordos zurullos de falsedad.

La escolarización de millones de niños en el mundo, en peligro

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La UNESCO alerta de que en 2015 todavía habrá, como mínimo, 30 millones de menores sin acceso a la educación básica, como consecuencia del acusado descenso de la ayuda a la educación básica en los países en desarrollo.

Redacción/Europa Press (28/04/2009)

Atendiendo a las últimas estadísticas publicadas por el Comité de Asistencia para el Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), correspondientes al año 2007, los compromisos de ayuda a la educación básica experimentaron un "retroceso global", pasando de 5.500 millones de dólares en 2006 a 4.300 millones en 2007, lo cual representa un porcentaje de disminución de un 22 por ciento aproximadamente.

De esta forma, el acusado descenso de la ayuda a la educación básica en los países en desarrollo no sólo pone en peligro los progresos hacia el objetivo de universalizar la enseñanza primaria que se ha asignado la comunidad internacional, sino que entraña el riesgo de una inversión de tendencia, según alerta la UNESCO en el 'Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo'.

En el documento se advierte, además, que no se alcanzarán los objetivos acordados por la comunidad internacional en Foro Mundial sobre la Educación, celebrado en Dakar (Senegal) el año 2000. Hoy en día, hay todavía 75 millones de niños sin escolarizar y muchos millones más abandonan la escuela sin haber finalizado sus estudios primarios.

Según el Informe, se calcula que cada año se necesitan 11.000 millones de dólares para alcanzar los objetivos principales en materia de educación en los países más pobres del mundo. En 2007, la ayuda a la educación básica de esos países se cifró apenas en 2.600 millones de dólares, es decir una suma cuatro veces menor que la necesitada, e infinitamente inferior a los billones de dólares otorgados a los bancos y las empresas afectados por la crisis económica mundial.


Menos ayudas

El descenso de la ayuda a la educación básica obedece principalmente a la fuerte disminución de los compromisos de ayuda bilateral entre 2006 y 2007. Esa disminución se cifró, en términos reales, en un 31 por ciento, cayendo por debajo de 3.000 millones de dólares en 2007.

Para la UNESCO, la tendencia "inusitada" a la baja se explica por algunos cambios importantes en los compromisos de algunos donantes en particular. La ayuda suministrada a la educación básica por los Países Bajos y el Reino Unido, por ejemplo, experimentó un fuerte aumento en 2006, pero disminuyó considerablemente en 2007.

Si se exceptúan los Estados Unidos, cuya ayuda a la educación básica aumentó sustancialmente en 2007, "han sido demasiado pocos los donantes bilaterales que han intervenido para cubrir el déficit de financiación existente para este tipo de educación". En ese mismo periodo, según la UNESCO, la ayuda a la educación procedente de los organismos multilaterales se incrementó, "pero no en proporciones suficientes para compensar una disminución tan considerable".

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