- Introducción
- Un Tiempo Especial
- El pájaro
- Mi Historia
- El cáncer fue mi renacer
- El cáncer de mama
- De seda y acero
- Mi experiencia con el cáncer
- Víctima o Guerrera
- Querida yo de 2018
- Vuelta canela
- Empezar de nuevo
- El tratamiento
- Nada es Absoluto
- Mi tiempo aún no ha llegado
- Yo también
- La mosca
- Mi esposa
- Mañana amanece
- Abismo
- Mujer de seda y rosa
- Conversando
- Cáncer, mi bendición
- El cáncer de mama. La llamada lo cambió todo

Primer Certamen Literario Mujer de Seda y Rosa
Celebrado del 19 de octubre y hasta el 8 de Marzo de 2023
Objetivo del certamen: Dar a conocer y concienciar a la ciudadanía de esta enfermedad contada por quienes la sufren, sus consecuencias, como enfrentarse a ella.
Una luz de vida y esperanza para las mujeres que la están padeciendo, un apoyo solidario compartiendo formas de enfrentarlo y como superar el día a día.
Con relatos escritos por ellas mismas, que sirven de terapia para quien lo escribe, de ayuda para las afectadas y llegar al mayor número de personas.
Mensajes de positividad que ayudan a las mujeres que sufren este cáncer y a sus familiares.
Temática: El Cáncer de Mama
Cómo afecta a cada mujer que lo sufre, cómo lo asume, cómo lleva su día a día, su relación con la familia, con el entorno, en el trabajo, cómo se enfrenta a su nueva realidad, cómo se supera, qué puede aprenderse de esa vivencia, la esperanza de la curación.
Escrito por mujeres que están padeciendo Cáncer de Mama, o lo hayan sufrido, familiares de estas, cuidadoras/es, personal sanitario especializado.
Un Tiempo Especial
Relato nº 1
Ansiedad. Inquietud. Temor.
Mi cabeza y cuerpo peleando entre la realidad médica y la voluntad de hacer frente a cada
momento, con la convicción que, paso a paso, todo será más adelante…un recuerdo.
Fue entrar y sentir que no estaba sola, que quienes me recibieron sabían de mi carga y la de todos
los que allí compartían los sillones esperando la quimio.
La mirada, la palabra, la escucha, un gesto cariñoso, eran drogas que penetraban el corazón en
simultáneo con la que aplicaban en mi cuerpo. Y todo era un solo cuadro: un acto de amor y de
lucha.
En ese tiempo confirmé que el mundo se cambia con los gestos y actos cotidianos, en el lugar,
tiempo y hacer que nos toque.
Agradecí mi cáncer:
Por permitirme conocer espíritus especiales que tomaban mi brazo no sólo para inyectarme,
también para recorrer juntos el camino.
Por fortalecerme en esperanza.
Por obligarme a hacer un alto y poder mirar con otros ojos y a otros lugares.
Por enseñarme que el tiempo es uno, la vida es hoy y el otro también soy yo.
Por acrecentar mi paciencia, tolerancia y decir interiormente “ya pasará”.
… Si pudiera elegir el momento de mi muerte sería éste, porque es un tiempo de aprendizaje y
Empatía. Yo le llamo PLENITUD.
Ana maría Angulo
El pájaro
Relato nº 2
Me acuerdo de esta mujer que se encontraba ahí, sola. En el club de remo.
Una mujer con cáncer terminal que vivió sus últimos días, creyendo que un
pájaro con su pico, la iba salvando. Ella me dijo que se estaba curando del cáncer. Y le pregunte cómo hacía para curarse. La mujer me respondió:
“..yo me estoy curando de otra forma,” me cuenta. ¿Cómo? le pregunto.
“Todas las tardes me siento acá, al caer el sol, y viene este pájaro.
Qué con su pico me saca de a poquito el cáncer. Y se lo lleva volando.”
A los días de no verla más me la encuentro en el mismo jardín. Voy y le pregunto cómo estaba. Ella me responde: “¡..ya no tengo más cáncer…!
Fui al doctor para hacerme un examen de rutina y desapareció. ¡Ya no está!”
Y a mí, lo que me sorprendió, más que la noticia de estar repentinamente sanada,
era que cada vez que contaba su historia, una mujer se le acercaba creyendo recordar cómo era el pájaro. La imagen en cómo esperaba el ave, no me la voy a olvidar jamás. Quisiera cree que, al recibir la peor noticia de su vida, ella drenaría el cáncer de su cuerpo, utilizando su imaginación creativa.
Sin embargo, no bastaría con vaciar su enfermedad, de vuelo en vuelo,
de día en día, o de pedacito en pedacito, porque su cuerpo, ya no permanecería vacío. Lo decisivo sería con qué lo llenaría. ¿Con qué carne lacia o tejido sagrado? ¿Con qué especie de coraje? Cuál énfasis, en qué calidez, en qué luz, en cuál sentimiento de seguridad. ¿Cuál último acto que guarde el origen de su secreto? La magia ocurriría bajo la fe que habría descubierto dentro de ella misma. Siendo específica. Pero cómo una niña, sin tener dudas. La duda cerraría el flujo del poder. La fe la abriría. Hasta que la gracia de Dios tomara posesión de su esencia. Y ahí mismo, en sus ojos di con un círculo hilvanado, por rondas de mujeres tomadas de las manos, a manera de un gran nido, qué en gran necesidad, giran y vuelan, atraviesan los límites de sus destinos, la infalible salvación, el memorable aroma, cuyo milagro, toma el aspecto, de un ser alado. La fe de un canal viviente.
Roy Ogan Rainer
Mi Historia
Relato nº 3
Encontré en mi ropero una cajita con lazos rosados, lazos que pertenecen a una experiencia que hoy quiero escribir con “letras rosas” que formarán unidas, palabras rosas para contar una historia muy particular: “Mi historia” que no comienza con”” Un había una vez” Y su Prólogo resalta la importancia de hacer los controles mamarios una vez al año y la voluntad de enfrentar las dificultades.
Termina con:
” Un día me di cuenta que no soy una sobreviviente más sino una guerrera que no dejó de luchar hasta que mi vida me nominó como:” una mujer de seda y rosa”
Por eso quiero compartir contigo, MUJER, esta experiencia teñida de “rosa” que quedó en el recuerdo como esos lazos de la cajita.
Aún resuenan en mis oídos las palabras del médico: “No te voy a engañar, pero esto que vemos en la placa es un cáncer.” Esta noticia para mí fue más negra que la placa que tenía ante mis ojos, porque siempre escuchaba que Juan o María tenían cáncer, pero, ¡yo? Parecía imposible ¿por qué yo? ¡Si me hacía todos los años el control!
En ese momento empecé a temblar, quería salir corriendo del consultorio, el llanto me anudó la garganta… ¿Cáncer? ¿yo? ¡No puede ser! ¿Cáncer? Palabra que no existía en mi vida, ni en mi vocabulario, cáncer…. era para otros y que nadie quiere escuchar!
El médico me tranquilizó…. Me explicó los pasos a seguir …llamó a mi hijo (médico también) y luego tuve que tomar coraje para contarle a mi esposo (ya que había concurrido sola desde mi pueblo hasta la ciudad para realizar mis controles anuales). Por supuesto que le cayó tan fuerte como a mí ya que yo no presentaba síntomas y lo primero que me dijo: “Vamos a hacer otros estudios “Pero para qué si en la placa estaba clarísimo! Se ofreció para buscarme ya que estaba a 50 km de mi casa y en un estado de estrés tremendo para manejar en una ruta sinuosa. Pero, me tranquilicé y opté por hacerlo sola.
En ese recorrido cruzaron por mi mente, como una película, los rostros de todos mis seres queridos: hijos, nueras, nietos, mi madre anciana y muchos proyectos que había encaminado: clases de cocina con mis nietos y amiguitos, la Biblioteca Popular de la cual era su presidente, mis tejidos, postres, conservas y muchos más
¿Qué hago con todos? Me pareció que vida en ese momento cambió… ¡Que me marcaron un límite…pensé que tenía la muerte ahí cerca!
En ese momento, empezó a jugar un papel importante mi familia y amigos con palabras de aliento, dibujos de los niños, poemas, versículos bíblicos…que generaron en mí un sinfín de emociones distintas enojo, miedo… buscaba un culpable. Puse el acelerador de mi vida al máximo pues quería hacer todo a la vez, terminar con los proyectos, trabajos empezados, cumplir con las promesas a mis nietos y me aceleraba cada vez más y más…Llegó el momento que no podía conciliar el sueño pues todo para mí tenía un punto final y los que me rodeaban(me parecía) minimizaban el problema.
Pasaron los días… entre estudios y citas médicas que parecían interminables como las llamadas de mis hermanas sorprendidas, angustiadas y a la vez tratando de darme palabras de aliento.
¡Mientras esperaba en las salas sosteniendo una receta u orden médica en mis manos cuyo diagnóstico decía: “Cáncer de mama” y que sea yo el referente! ¡Era algo irreal para mí!
Así pasaron muchos días grises en mi interior hasta que me propuse aceptar la realidad y de ahora en más, yo sería la protagonista de esta historia de “letras rosas”, ahora seré YO y Yo. Estaría en primer lugar, los demás serían los segundos personajes. Pero esto sólo lo pude lograr porque mi familia se puso al frente de la batalla para acompañarme en todo lo que me tocaría enfrentar con cariño, y apoyo a lo largo de todo el tratamiento.
¡Así mi vida cambió! Empezó el trajín, que parecía lento…y nuevas palabras tuve que incorporar a mi vocabulario: oncólogos, mastólogos, Quimio terapistas, tomografías, TAC, centello grama, punciones, cirugías, mastectomía, quimioterapia, rayo terapia, etc.
El 24 de noviembre de 2015 se hizo la cirugía y aparecieron otras palabras nuevas “Ganglio centinela”, metástasis.” Pero gracias a Dios todo salió bien. Escuché una palabra dicha mil veces por los que me rodeaban: ¡Cuídate! ¡Cuídate! Y… Así es, si uno mismo no pone el esfuerzo, el valor, la fe en Dios, el coraje y optimismo, nadie puede hacerlo si no lo haces por tí misma.
Y…Me cuidé… rodeada por el cariño de mi familia, aunque a veces titubeaba o deambulaba por las noches por la casa sin rumbo, lloraba a escondidas, no quería estar sola, no me animaba a salir hasta que un día una sorpresiva pregunta de una pequeña nieta de 4 años me dijo: “Abuela, ¿Tenés cáncer? ¿Te vas a morir? “Con lágrimas en los ojos sabiendo que solo de Dios dependía contesté abrazándola: “¡No! ¡No voy a morir!” En ese momento decidí enfrentar en serio la lucha, lo peor sería morir, lo mejor sanar, no podría defraudar a esta adorable pequeña. Así que a ¡Luchar! Como decía en una tarjeta que me mandó una amiga con una frase de Mario Benedetti
“No te rindas que la vida es eso
Continuar el viaje, perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo, correr los escombros
Y destapar el cielo”
Se realizaron cadenas de oraciones en todas las iglesias del pueblo de distintos credos.! ¡Como podría yo bajar los brazos! Sentí la obligación de no defraudar a nadie y que esta historia de letras rosas comienza con un sueño y que jamás debemos dejar de soñar, y si la vida, sin preguntarnos, nos golpea tenemos que decidir, aferrada a la fe en Dios, si nos rompemos o seguimos el viaje tomados de la mano que nos extienden los que nos aman.
Por lo tanto, debería volver a subir a la ruta de la vida, seguir el camino que me señalaron sin temer a lo que vendrá ya que la fe me dará la certeza y confianza. Es como la canción de un pájaro, me animará para que lo que ayer fue preocupación, dolor y tristeza, hoy, que pasaron más de 5 años, pueda escribir con letras rosas los recuerdos mirando hacia arriba sin inquietudes mucho optimismo y exclamar ¡” Soy una mujer de seda y rosa!”
Esta historia rosa tiene distintas etapas, mujer, según lo experimenté:1 Recibir la chocante o negra noticia 2- Aceptar la realidad para superar el miedo .3-Que acepte la familia y se arme con todas las garras de amor y cariño para acompañarte 4-Comenzar el tratamiento con seguridad, sin temor y fe obedeciendo cada paso que te indica el médico. 5-y el más importante aferrarte fuertemente a la mano que Dios te extiende.
¡Ante cada cita médica o para realizar estudios me sentía muy ansiosa y nerviosa pero ya podía pronunciar la palabra CANCER y me sentía muy molesta cuando alguien venía a saludarme lagrimeando pues yo ya no me sentía enferma solo tenía “Cáncer”!
Por eso, antes de concurrir a mi primera quimio,(¡sin saber cómo era o qué era! habiendo escuchado tantas versiones como:” no te podrás levantar, quedarás débil, y muchas pálidas más), me paré frente al espejo con mi mejor vestido, elegante y colorido. Respiré hondo, me encomendé a Dios pidiéndole calma, ¡equilibrio y decidí no bajar los brazos jamás! y pensé que ese cáncer que se anidó en mi pecho no sabía que yo estaba dispuesta a darle una batalla muy dura! Y lo que me inyectarían en el brazo no es un veneno como algunos me decían, sino que tenía un objetivo:” ¡Lucha y Combate duro al cáncer!”
Mientras en largas horas en la sala del Hospital esperaba mi turno, observaba a las personas y estudiaba su malestar, me sentía una afortunada porque sentía que yo no estaba enferma, solo tenía “cáncer” No les preguntaba nada hasta que ellos iniciaban el diálogo. Aprendí que cada persona con cáncer, es una persona con su vida, su historia, sus miedos, sus emociones, su necesidad de amor, de compañía, de ser aceptada y compartir su experiencia. De ellos aprendí que cuando necesitaba ayuda tenía que pedir. Permitir que me atiendan, ¡me mimen (ya que siempre fui muy independiente) porque había momentos que sentía que ya no soy la que todo lo puede, pero a la vez me seguí diciendo “No estoy enferma! ¡Tengo cáncer!
Después de una semana de la primera quimio, un domingo cuando intento una peinarme quedé con un mechón de mi cabello en el peine, recordé una película que vi, pero ahora yo era la protagonista.” ¡El pelo se me está cayendo!” A pesar de la advertencia del médico no pude contener el llanto. Saqué de mi interior la fuerza que iba acumulando y el lunes tempranito fui a la peluquería y me hice rapar.
Saqué de mi ropero todos los pañuelitos comencé a probar, pensé en una peluca. Mi esposo me compró una, me probé, pero no me sentí auténtica, preferí los turbantes o pañuelitos que para mí simbolizan: Lucha”. Mis nietos más chicos se asustaban al verme y la más grande me aconsejó que compre muchos sombreros. Me compré un turbante y telas de distintos colores para confeccionar otros que combinen con mi ropa. Cuando llegó el invierno pude usar gorros y sombreros tejidos de lana. ¡Así probé distintos modelos que adornaba con flores u otros accesorios! ¡Jamás dejé mi coquetería! Porque al verme bella por fuera me sentiré saludable por dentro.
Al comenzar la segunda etapa tuve nuevos medicamentos y quimios a cada7 días. El médico me explicó que tendría otros síntomas y problemas: dolor en los huesos, adormecimiento en las manos y los pies. Mis defensas bajaron un poco, decaí anímicamente por la anemia, tenía gustos raros todo era muy salado o muy dulce, sabor metálico o amargo. Apareció una dermatitis que comenzó en las manos y se fue extendiendo por lo tanto tuvieron que saltear unas quimios. Me dolían mucho los pies y las uñas se pusieron negras. Con todas estas molestias mi humor cambió, tuvieron que levantarme otra vez el ánimo. Por suerte siempre estuve rodeada de personas positivas y continuaba con mis trabajos de tejido que mis nietas elegían y me apuraban para lucir las prendas lo más pronto posible. Me obsequiaban dibujos o pinturas en almohadones y cuadros.
Llegó muy pronto la otra parte del tratamiento: radioterapia. Para realizarlo tuve que ir a vivir a otra ciudad distante unos 200km de mi casa. Tuve el acompañamiento de mis hermanas que viajaron de muy lejos para estar conmigo, esto me hizo muy bien ya que cuando me sentía bien aprovechaba para caminar, pasear o darme algún gusto extra según mi cuerpo lo permitía. ¡Mis amigas no me abandonaron jamás!
Si bien, mis rodillas y articulaciones no se estaban portando bien yo siempre afirmaba una cosa: “No estoy enferma! ¡tengo cáncer! Dios, los médicos y medicinas harán que sea verdad.
¡Estoy bien! Sirvan estas letras rosas como un consejo o palabras de aliento a las que les toca. Piensen siempre que el futuro es el lugar en que debemos depositar nuestros sueños. Por eso debemos vivir plenamente nuestra vida, que es una sola, un día se vive solo una vez, hay días que se escriben con lágrimas, pero nunca debemos dejarnos vencer.
En ese momento unas amigas me regalaron un cuadro con la siguiente frase de aliento:
” Mujer de las mil batallas
Nunca dejes de luchar”
Traté y sigo haciéndolo :¡Luchar para vencer cualquier dificultad!
Pero antes de terminar con esta historia ,parte de mi vida, quisiera desde estas humildes letras rosas, dejar unas recomendaciones a tí MUJER: no te olvides, de hacerte los controles mamarios, deja lo tabúes. “Tócate para que no te toque” más que una frase es un buen consejo, aliméntate bien, realiza cosas que te agraden para brillar siempre aún en los peores momentos, afronta esa palabra: Cáncer con valor y fe. Cuida y apóyate en tus buenos y positivos amigos, valora la familia, mantén tu cuerpo Y mente ocupadas en cosas útiles, sanas y de tu agrado.
En el mes de setiembre terminé mi tratamiento de rayos. Fui muy feliz ese día, cuando llegué a casa mis nietos me sacaron el sombrerito tirándolo por el aire en un solo canto: ¡La abuela se curó! ¿La abuela se curó!
Quisiera con estas “letras rosas,” a todas las mujeres que les toca, darles el aliento, coraje y valor para que sigan corriendo hacia adelante sin parar, sin bajar los brazos, inventando siempre cosas nuevas por las que se merece vivir. Se puede tropezar, caer, pero ¡volver a caminar irradiando alegría en cada paso! ¡Jamás te victimices con tu enfermedad enfréntala sin alardes, piensa que la vida es bella!
¡Dios derrame sobre cada mujer de seda un puñado de rosas con su bendición!
Encontré en mi ropero una cajita con lazos rosados, lazos que pertenecen a una experiencia que hoy quiero escribir con “letras rosas” que formarán unidas, palabras rosas para contar una historia muy particular: “Mi historia” que no comienza con”” Un había una vez” Y su Prólogo resalta la importancia de hacer los controles mamarios una vez al año.
Termina con:
” Un día me di cuenta que no soy una sobreviviente más sino una guerrera que no dejó de luchar hasta que mi vida se tiñó de rosa de ahora en más soy una mujer de seda y rosa2
Por eso quiero compartir con Uds esta experiencia teñida de “rosa” que quedó en el recuerdo. Aún resuenan en mis oídos las palabras del médico: “No te voy a engañar, pero esto que vemos en la placa es un cáncer.” Esta noticia para mí fue más negra que la placa que tenía ante mis ojos, porque siempre escuchaba que Juan o María tenían cáncer, pero, ¡yo! ¡Yo! Parecía imposible ¿por qué yo? ¡Si me hacía todos los años el control!
En ese momento empecé a temblar, quería salir corriendo del consultorio, el llanto me anudó la garganta… ¿Cáncer? yo? ¡No puede ser! ¿Cáncer? Palabra que no existía en mi vida, ni en mi vocabulario, cáncer…. era para otros y que nadie quiere escuchar!
El médico me tranquilizó…. Me explicó los pasos a seguir …llamó a mi hijo (médico también) y luego tuve que tomar coraje para contarle a mi esposo ya que había concurrido sola desde mi pueblo hasta la ciudad para concurrir al médico. Por supuesto que le cayó tan fuerte como a mí ya que yo no presentaba síntomas y lo primero que me dijo: “Vamos a hacer otros estudios “y se ofreció a buscarme para que no maneje en ese estado los 50 km. Pero ya más tranquila opté por hacerlo sola. En ese recorrido cruzaron por mi mente, como una película, los rostros de todos mis seres queridos: hijos, nueras, nietos, mi madre anciana y muchos proyectos que había encaminado: clases de cocina a mis nietos y amiguitos, la Biblioteca Popular de la cual era su presidente, mis tejidos, postres, conservas y muchos más
¿Qué hago con todos? Mi vida en ese momento cambió… ¡Me parecía que me marcaron un límite…pensé que tenía la muerte ahí cerca!
En ese momento, empezó a jugar un papel importante mi familia y amigos con palabras de aliento, dibujos de los niños, poemas, versículos bíblicos…que generaron en mí un sinfín de emociones distintas enojo, miedo… buscaba un culpable. Puse el acelerador de mi vida al máximo pues quería hacer todo a la vez, terminar con los proyectos, trabajos empezados, cumplir con las promesas a mis nietos y me aceleraba cada vez más y más. ..no podía conciliar el sueño pues todo para mí tenía un punto final y los que me rodeaban minimizaban el problema.
Pasaron los días… entre estudios y citas médicas que parecían interminables como las llamadas de mis hermanas sorprendidas y angustiadas y a la vez tratando de darme palabras de aliento.
¡Mientras esperaba en las salas sosteniendo una receta u orden médica en mis manos cuyo diagnóstico decía: “Cáncer de mama” y que sea yo el referente! ¡Era algo irreal para mí!
Así pasaron muchos días grises en mi interior hasta que me propuse aceptar la realidad y de ahora en más, yo sería la protagonista de esta historia de “letras rosas”, ahora seré YO y YO, estaría en primer lugar, los demás serían los segundos personajes. Pero esto sólo lo pude lograr porque mi familia se puso al frente de la batalla para acompañarme en todo lo que me tocaría enfrentar con cariño, y apoyo a lo largo de todo el tratamiento.
¡Así mi vida cambió! Empezó el trajín, que parecía lento…y nuevas palabras tuve que incorporar a mi vocabulario: oncólogos, mastólogos, Quimio terapistas, tomografías, TAC, centello grama, punciones, cirugías, mastectomía, quimioterapia, rayo terapia.
El 24 de noviembre de 2015 se hizo la cirugía y aparecieron otras palabras nuevas “Ganglio centinela”, metástasis.” Pero gracias a Dios todo salió bien. Escuché una palabra dicha mil veces por los que me rodeaban: ¡Cuídate! ¡Cuídate! Y… Así es, si uno mismo no pone el esfuerzo, el valor, la fe en Dios, el coraje y optimismo, nadie puede hacerlo si no lo haces por tí misma.
Y…Me cuidé… rodeada por el cariño de mi familia, aunque a veces titubeaba o deambulaba por las noches por la casa sin rumbo, lloraba a escondidas, no quería estar sola, no me animaba a salir hasta que un día una sorpresiva pregunta de una pequeña nieta de 4 años me dijo: “Abuela, ¿Tenes cáncer? ¿Te vas a morir? “Con lágrimas en los ojos sabiendo que solo de Dios dependía contesté abrazándola: ¡No! ¡No voy a morir! En ese momento decidí enfrentar en serio la lucha, lo peor sería morir, lo mejor sanar, no podría defraudar a esta adorable pequeña. Así que a ¡Luchar! Como decía en una tarjeta que me mandó una amiga con una frase de Mario Benedetti
“No te rindas que la vida es eso
Continuar el viaje, perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo, correr los escombros
Y destapar el cielo”
Se realizaron cadenas de oraciones en todas las iglesias del pueblo de distintos credos.! ¡Como podría yo bajar los brazos! Sentí la obligación de no defraudar a nadie y que esta historia de letras rosas comienza con un sueño ya que jamás debemos dejar de soñar, y si la vida, sin preguntarte, te golpea tienes que decidir, aferrada a la fe en Dios, si te rompes o sigues el viaje tomado de la mano que te extienden los que te aman.
Por lo tanto, decidí volver a subir a la ruta de la vida, seguir el camino que me señalaron sin temer a lo que vendrá ya que la fe es como la canción de un pájaro que te animará y fortalecerá para que lo que ayer fue preocupación, dolor y tristeza, hoy, que pasaron más de 5 años, puedas escribir como yo con letras rosas los recuerdos mirando hacia arriba sin inquietudes, mucho optimismo y exclamar ¡” Soy una mujer de seda y rosa!” ¡A Dios gracias!
Esta historia, mujer, que estás leyendo o quizás viviendo tiene distintas etapas, según mi experencia:1 Recibir la chocante o negra noticia noticia 2- Aceptar la realidad para superar el miedo .3-Que tu familia se arme con todas las garras de amor y cariño para acompañarte 4-Comenzar el tratamiento con seguridad, sin temor y fe obedeciendo cada paso que te indica el médico. 5-y el más importante aferrarte fuertemente a la mano de Dios.
¡Ante cada cita médica o para realizar estudios me sentía muy ansiosa y nerviosa pero ya podía pronunciar la palabra CANCER y me sentía muy molesta cuando alguien venía a saludarme lagrimeando pues yo ya no me sentía enferma solo tenía “Cáncer”!
Por eso, antes de concurrir a mi primera quimio,(¡sin saber cómo era o qué era! habiendo escuchado tantas versiones como:” no te podrás levantar, quedarás débil, y muchas pálidas más), me paré frente al espejo con mi mejor vestido, elegante y colorido… Respiré hondo… me encomendé a Dios pidiéndole calma, ¡equilibrio y decidí no bajar los brazos jamás! y pensé que ese cáncer que se anidó en mi pecho no sabía que yo estaba dispuesta a darle una batalla muy dura! Y lo que me inyectarían en el brazo no es un veneno como algunos me decían, sino que tenía un objetivo:” ¡lucha y combate duro al cáncer!”
Mientras en largas horas en la sala del Hospital esperaba mi turno, observaba a las personas y estudiaba su malestar, me sentía una afortunada porque sentía que yo no estaba enferma, solo tenía “cáncer” No les preguntaba nada hasta que ellos iniciaban el diálogo. Aprendí que cada persona con cáncer, es una persona con su vida, su historia, sus miedos, sus emociones, su necesidad de amor, de compañía, de ser aceptada y compartir su experiencia. De ellos aprendí que cuando necesitaba ayuda tenía que pedir. Permitir que me atiendan, ¡me mimen (ya que siempre fui muy independiente) porque había momentos que sentía que ya no soy la que todo lo puede, pero a la vez me seguí diciendo “No estoy enferma! ¡Tengo cáncer!
Después de una semana de la primera quimio, un domingo cuando intento una peinarme quedé con un mechón de mi cabello en el peine, recordé una película que vi, pero ahora yo era la protagonista.” ¡El pelo se me está cayendo!” A pesar de la advertencia del médico no pude contener el llanto. Saqué de mi interior la fuerza que iba acumulando y el lunes tempranito fui a la peluquería y me hice rapar.
Saqué de mi ropero todos los pañuelitos comencé a probar, pensé en una peluca. Mi esposo me compró una, me probé, pero no me sentí auténtica, preferí los turbantes o pañuelitos que para mí simbolizan:” Lucha”. Mis nietos más chicos se asustaban al verme y la mas grande me aconsejó que compre muchos sombreros. Me compré un turbante y telas de distintos colores para confeccionar otros que combinen con mi ropa. Cuando llegó el invierno pude usar gorros y sombreros tejidos de lana. ¡Así probé distintos modelos que adornaba con flores u otros accesorios! ¡Jamás dejé mi coquetería!Porque al verte bella por fuera te sentirás saludable por dentro.
Al comenzar la segunda etapa tuve nuevos medicamentos y quimios a cada7 días. El médico me explicó que tendría otros síntomas y problemas: dolor en los huesos, adormecimiento en las manos y los pies. Mis defensas bajaron un poco, decaí anímicamente por la anemia, tenía gustos raros, todo era muy salado o muy dulce, metálico o amargo. Apareció una dermatitis que comenzó en las manos y se fue extendiendo por lo tanto tuvieron que saltear unas quimios. Me dolían mucho los pies y las uñas se pusieron negras. Con todas estas molestias mi humor cambió y tuvieron que levantarme otra vez el ánimo, por suerte siempre estuve rodeada de personas positivas y yo continuaba con mis trabajos de tejido que mis nietas elegían y me apuraban para lucir las prendas lo más pronto posible. Me obsequiaban dibujos o pinturas en almohadones y cuadros.
Llegó muy pronto la otra parte del tratamiento: radioterapia. Para realizarlo tuve que ir a vivir a otra ciudad distante unos 200km de mi casa. Tuve el acompañamiento de mis hermanas que viajaron de muy lejos para estar conmigo, esto me hizo muy bien ya que cuando me sentía bien aprovechaba para caminar, pasear o darme algún gusto extra según mi cuerpo lo permitía. ¡Mis amigas no me abandonaron jamás!
Si bien mis rodillas y articulaciones no se estaban portando bien yo siempre afirmaba una cosa: “No estoy enferma! ¡tengo cáncer! Dios, los médicos y medicinas harán que sea verdad.
¡Estoy bien! Sirvan estas letras rosas como un consejo o palabra de aliento a las que les toca. Piensen siempre, que el futuro es el lugar en que debemos depositar nuestros sueños. Por eso debemos vivir plenamente nuestra vida, que es una sola, un día se vive solo una vez, hay días que se escriben con lágrimas, pero nunca debemos dejarnos vencer.
Unas amigas me regalaron un cuadro con la siguiente frase de aliento:
” Mujer de las mil batallas
Nunca dejes de luchar”
¡Así traté de hacerlo y sigo con el mismo concepto!
Pero antes, quisiera desde estas humildes letras rosas, dejarles unos consejos: no te olvides, mujer, de hacerte los controles mamarios, “Tócate para que no te toque” más que una frase es un buen consejo, aliméntate bien, realiza cosas que te agraden para brillar siempre aún en los peores momentos, afronta esa palabra: cáncer con valor y fe. Cuida y apóyate en tus buenos y positivos amigos, valora la familia, mantén tu cuerpo y la mente ocupadas en cosas útiles, sanas y de tu agrado.
En el mes de setiembre terminé mi tratamiento de rayos fui muy feliz ese día, cuando llegué a casa mis nietos me sacaron el sombrerito tirándolo por el aire en un solo canto: ¡La abuela se curó!
Quiero con estas “letras rosas,” a todas las mujeres que les toca, darles el aliento, coraje, valor para que sigan corriendo hacia adelante sin parar, sin bajar los brazos, inventando siempre cosas nuevas por las que se merece vivir. Se puede tropezar, caer, pero ¡volver a caminar irradiando alegría en cada paso! ¡Jamás te victimices con tu enfermedad enfréntala sin alardes, piensa que la vida es bella! Deshecha lo malo y dale lugar a las cosas buenas, causas nobles y justas.
¡Ojala mis sencillas palabras sirvan de aliento e infundan coraje a todas que transiten por este camino.
¡Dios derrame sobre cada mujer de seda un puñado rosas con su bendición!
Amanda Elisa Spengler
El cáncer fue mi renacer
Relato nº 4
Que miedo me dio cuando tomé conciencia de que iba directa hacia sus fauces. Curiosamente hice caso omiso a sus primeras señales, pese a que ya había tenido algún susto, eso mismo hizo que me relajara y descartara que fuera algo grave, como el cuento de Pedro y el lobo, al final me pilló.
Hacía apenas dos meses que me habían hecho la última mamografía de control, así que yo misma descarté la posibilidad de que fuera algo más serio, que un simple desajuste hormonal, por eso tardé en acudir al especialista, ¡cuan equivocada estaba!. Entré en barrena al recibir el diagnóstico que confirmaba el mal que asediaba mi cuerpo. Aún así la sorpresa de mi vida me aguardaba; el cáncer se convirtió en el maestro más profundo que he tenido, quién más me enseñó sobre mí misma y en el menor tiempo posible. Cincuenta años habían pasado por mi cuerpo y en apenas unos meses me había transformado por completo.
El año que viví en mi habitación, me otorgó la oportunidad de ver quién realmente era. Fue un retiro en toda regla, muchas horas de silencio, de escucha, de comprensión y de diálogo conmigo misma. Este aislamiento me facilitó toda la energía que necesitaba para salir adelante, reforzada, no solo de la enfermedad, también de mi propia vida.
Fue mi renacer, al principio le di mil vueltas, con mil preguntas sin ninguna respuesta, después calmé mi mente rumiante y decidí ver la cara positiva; para algo iba a vivir esta experiencia. En uno de esos garbeos mentales, caí en la cuenta de que si le daba la vuelta a la palabra cáncer, podía leer cercan, y pensé:_¿ cerca de quién? Yo misma respondí: _¡¡Cerca de MÍ!!. Primera clave. Luego seguí mareando mi mente y encontré otro acertijo encriptado en la palabra, cancer contiene las mismas letras que renacer…mis ojos se abrieron de par en par, al mismo tiempo que mi corazón latía con una fortaleza que jamás había experimentado.
Me preparé para la experiencia, sabía que venían momentos complicados; todos los grandes aprendizajes los contienen, pero también supe que me aguardaban instantes bellos. Con toda seguridad los más duros y los más hermosos de toda mi vida.
Mi familia, amistades y conocidos daban por seguro que con mi actitud saldría victoriosa de esta hazaña. Al principio yo misma no tenía muy claro si así iba a suceder, parecía que vislumbraban en mí una heroina oculta, llena de fuerza y poder que precisamente en esos primeros momentos, yo no veía e incluso desconocía. Fue alagador que todo el mundo depositara esa confianza ciega en mi, al mismo tiempo sentí una enorme responsabilidad de estar a la altura de las expectativas. No obstante esa positiva onda social me motivó para lanzarme y gritar en mi interior: _¡Dame fuerzas que voy a por todas!
Es curioso como esta enfermedad afecta a toda la familia, diagnostican a un miembro pero enfermamos todos, el reto por tanto es sanar conjuntamente. En casa siempre hemos hecho piña ante las dificultades; parecemos los mosqueteros, uno para todos y todos para uno. Sin embargo para mi fue sorprendente que tuviera ánimos incluso1
para motivar a mi familia, no soy la primera enferma que así lo revela, a pesar del miedo y la incertidumebre, somos nosotros en muchos casos quienes tranquilizamos a nuestros seres queridos.
Sé que lloraron a solas, sufrieron en silencio, también sé que el miedo los derrotó por momentos, la impotencia de no poder hacer más de lo que ya hacían, los sumía en una amargura indescriptible. No me lo confesaron hasta pasado el tiempo, yo pasé por esos estadios y muchos más sin embargo yo tampoco se lo comuniqué a ellos. Fue un acuerdo no verbal, no expresado, pero si respetado reciprocamente, de todos hacia mi y de mi hacia ellos. Se mantuvieron a mi lado, con la mirada de ternura y comprensión que tanto me ayudó en horas bajas. Hoy les agradezco con toda el alma, que aceptaran cada una de mis locas decisiones; cada paso fue absolutamente respetado, aunque les generara intranquilidad por mi bienestar.
Si cometí algunas supuestas locuras anomalas para una persona enferma, siempre me he caracterizado por ser bastante rebelde, a veces con causa, otras sin motivo alguno. Tener claridad de intuición es lo que tiene, probablemente al prójimo le pueda parecer una imprudencia y para mí era lo más razonable, dadas mis especiales circunstancias.
Decidí que la última palabra de todos mis tratamientos era mía. Me tomé mis tiempos, recabé información, estudié más que para el master. Recabé información de todas las posibilidades habidas y por haber. Busqué segundas opiniones, y cuando consideraba que había contemplado casi todas las opciones posibles, tomaba la decisión del siguiente paso, para seguir avanzando.
MI PRIMER PASO HACIA EL RENACER
Tuve una vivencia de la enfermedad atípica. Tenía mis momentos de sucumbir, mentiría si no lo reconociera, pero sacaba fuerzas de flaqueza y como el ave fenix me recomponía, hasta poseer la sensación de renacer una y otra vez.
Lo primero que hice diferente a la mayoría de los pacientes, fue preparar mi cuerpo y mi mente para los tratamientos. Me sometí a una dieta especial, hice ejercicios físicos específicos, comencé una serie de terapias psicológicas y emocionales. Me preparé a conciencia como lo hacen los deportistas de élite, iba a las olimpiadas de mi vida y quería volver victoriosa. Todos estos preparativos previos contribuyeron a que el resultado de mi primera quimio fuera espectacular, en las primeras 24 horas había experimentado un retroceso notable (tenía metastasis en la epidermis, de manera que pude ver el avance y también el retroceso del tumor). Me disponía a tomar un baño y al desnudarme y verme en el espejo, a día de hoy todavía no puedo describir con palabras lo que sentí. Literalmente había comenzado a recular el cáncer, él menguaba y yo me crecía.
Los regalos continuaron llegando, iba tan bien que pudimos acortar los tiempos de quimio. ¿Que significa esto? Menos efectos secundarios, menores secuelas futuras. Mis analíticas fueron espectaculares antes, durante y después, al igual que mi densitometría ósea. Tardé muy poco tiempo en recuperarme al cien por cien de todo el proceso, y los daños colaterales fueron mínimos y totalmente reversibles. 2
LA QUIMI
La conocí recién cumplidos los 30 años, cuando diagnosticaron a mi padre de Linfoma de Hodking. Cero simil, verlo en otra persona por muy cercano que sea el parentesco que sentirla recorrer mis venas.
Decidí llegar a un acuerdo con ella. Inicié una negociación cuando la vía le dio acceso a mi torrente sanguíneo. Le pedí que fuera benévola conmigo y que si en su recorrido por mi cuerpo accidentalmente dañaba algo, que fuera reversible. Sabía de su mala fama y de su agresividad (esto depende de cada persona, somos mundos diferentes), ¡lógico! ya que a lo que se enfrenta también lo es. No obstante reconozco feacientemente que su voluntad es ayudarnos a sanar.
He de decir que lo cumplió. En la actualidad, sólo tengo secuelillas sin importancia, por lo demás me encuentro genial, tal y como indica el título, renovada, renacida, encantada de volver a la vida y dispuesta a aprovecharla al mil por mil.
La sala del hospital de día donde recibía las quimis, se convirtió para mí en una cabina de avión, asientos de primera abatibles, reclinables, super cómodos. Las azafatas/enfermeras atentas todo el vuelo, nos daban mantitas para que estuvieramos calentitos, nos servían aperitivos en bolsas amarillas, rojas, transparentes, multicolores, debidamente administrados en vena. Me encantaba cuando llegaba la hora de comer y la bandeja parecía la de Master Chef, que secreto rico portaba cada día, tras varias horas de vuelo me sentaba fenomenal. Cada sesión imaginaba que iba a un destino maravilloso. Casi me dio tiempo a dar la vuelta al mundo. El aterrizaje era suave y llegar a casa con todo preparado y el comité de bienvenida que era mi familia, no tenía precio.
De esta forma fue mucho más llevadera, todos tenemos miedos y dificultades ante esta adversidad, la diferencia radica en la manera de reaccionar ante ellas, y esta fue la mía. Mi infinita imaginación ha sido una gran compañera en todo el proceso.
De esta experiencia nació mi primer libro 24 Abriles.
PELILLOS A LA MAR
La caída del primer mechón me impactó porque no me lo esperaba, fue muy rápido por cierto, y si le regalé las 3 lágrimas que acompañan las despedidas sentidas, pero lejos de venirme abajo, al día siguiente acudí a la peluquería oncológica, donde me dió un ataque de risa probándome pelucas, turbantes y pañuelos. Mi marido y las peluqueras se contagiaron, y lo recuerdo como un momento muy divertido. Para mí ha sido uno de los momentos más divertidos de todo el proceso. Cuando me raparon descubrí que parecía un monje tibetano, otro día parecía una egipcia pelona. Me partía de risa cada vez que me miraba al espejo, no podía evitarlo, y ¡¡reir sienta tan bien!!
De esta etapa nació un cuento, La historia de las Hadas Calvitas. 3
LA MAMA QUE VOLÓ (bye bye mi seno)
Le hice un ritual de despedida a mi seno izquierdo. Elegí un claro de bosque donde reina la paz y la vida emana a raudales. Donde la tierra se mira en el espejo del mar, el cielo arropa la brisa y la luna se asoma a escuchar las olas. Consideré que era el lugar idóneo para honrarla, despedirla y recordarla siempre que acudiera allí. Así fue, las veces que voy me lleno de una sensación plena y hermosa de bienestar, de agradecimiento, incluso de nostalgia. Su labor conmigo había finalizado y que menos agradecerle todo lo que hemos vivido juntas. Hay días que la siento, y cuando sucede, cierro los ojos y le envío un beso al aire.
Mi paso por el hospital fue breve pero intenso porque decidí quedarme unos días más de lo habitual, hecho que dejó descolocado al cirujano, aunque respetó mi decisión. Ya empezaba a tener reputación de preguntona e inconformista en el comité médico, ¡pues si!, y ¿¡qué?! Si tengo dudas lo pregunto, y si no me parece bien lo digo.
Mi primer encuentro con el cirujano fue ameno, directamente le solicité que hiciera una bonita y elegante costura de pret a porter como mínimo, ya que elegí no reconstruirme el pecho. Es una decisión muy personal y es absolutamente respetable la decisión que tome cada mujer, sea la que sea.
Tras vivir toda esta experiencia mi valoración del tiempo se ha tornado extraordinariamente exquisita. Selecciono minuciosa los momentos y con quién los disfruto, es el tesoro más preciado de que dispongo. Someterme a una cirugía por estética no estaba dentro de mis prioridades, prefiero disfutar esas horas viviendo y realizando algo que me apasione, a invertirlas en un quirófano y en la recuperación. Estoy viva y es lo más valioso, y ¡me sienta tan bien!. Acepto mi aspecto físico actual, (de hecho, considero que estoy más hermosa que nunca), me muestro tal como soy ahora, con mi cicatriz conmemorativa de mi paso por la enfermedad. Soy mi versión actual, con o sin seno, sigo siendo yo, y eso es lo que de verdad me importa.
Me dediqué todo el tiempo que requería y más, mi vida anterior circulaba en torno a estar a disposición de todos menos de mí. No me arrepiento, ni mucho menos, solo que ahora yo me necesitaba y no quería dejar de estar para mí, al igual que durante años había estado para los demás. En ese estar conmigo misma, me apliqué en el silencio, es un sabio sensato, locuaz y eficiente. Aprendí a escuchar, a sentir y a mimar mi cuerpo. Hasta que llegó la enfermedad, los tratamientos, los efectos secundarios y las secuelas, no me había dado cuenta de cuan desconectada estaba. Evidentemente este detalle fue muy revelador, si hubiera escuchado y atendido a mi cuerpo, habría acudido al médico a la primera señal de alarma. No fue así, consideré que no era importante y seguí sin atenderlo meses, hasta que los síntomas eran más que evidentes. Por tanto, al primer indicio extraño, acude al médico, y si no es nada, te vas a casa tranquila.
Ahora mantengo una estrecha relación, atenta y constante con mis emociones, pensamientos y sentimientos, aprendiendo a gestionar como y donde se manifiestan en mi fisiología. El cuerpo habla y hay que aprender a comprender que nos indica. 4
Además ya no me tomo las cosas tan a pecho…cómo solo tengo uno, de quita y pon…. (aquí va que ni pintao un emoticono de guiño y risas).
De esta etapa nació una Antología de Cuentos sobre el Cáncer, para niñ@s pequeños y no tan peques.
EL BRONCEADO DE LA CURIE
Así renombré a la radioterapia. En cada sesión imaginé que me estaba dando una sesión de rayos uva y que iba a salir tostadita (morenita).
También me preparé a conciencia, investigué los mejores productos para la piel, y me decanté por los aceites esenciales de grado terapeútico. Fueron prodigiosos. Yo misma elaboré mis cremas, ¡¡muchas!! Tuve que usar botes y más botes, pero valió la pena, porque finalicé mis sesiones con la piel intacta y apenas efectos secundarios. Seguí usando estas mismas cremas meses después. Usé ropa holgada, fresca, (me pilló en pleno verano), tejidos naturales, mucho algodón.
En esta etapa me visitó Mr. Covid, con quién compartí unas cuantas noches ardientes. Su paso por mi vida fue efímero, como un amor de verano, tal y como vino, se fue. Y si lo recuerdo, pero no tengo ganas de repetir jajaja.
EL TRASTU Y EL PERTU
Mi tipología me invitó a 14 sesiones de inmunoterapia, con dos jóvenes recién llegados Trastu y Pertu. Hacía poco que estaban en el mercado de la salud, pero eso no les impidió ganar protagonismo, diría yo que entraron por la puerta grande, parando los pies a tumores poco amigables. De manera que los 3 compartimos un año completo de circulación por mi torrente sanguíneo. Los viernes cada tres semanas, ahí estábamos los tres puntuales para nuestra cita y corredurías.
Ni que decir tiene que busqué a los padres de estos dos. Se llaman Tasuku Honjo y James Allison, para felicitarles por los churumbeles que dieron a luz y que a día de hoy ayudan a tantas personas a salir adelante con calidad de vida.
Esta mi breve historia, ojalá te ayude.
El cáncer fue mi renacer. Dibujó mi mejor sonrisa, la más amplia y verdadera,la que brota del corazón. También me arrancó mares de lágrimas de las mil y una penas y rabias, que había acumulado durante años. Me liberó del personaje que me tenía secuestrada. Me libró de un trabajo que hacía años quería abandonar y no podía por mil excusas que yo misma reforzaba. Me proporcionó el silencio que necesitaba para escucharme. Me convertí en una observadora sigilosa de los milagros que cada instante proporcionan. Dediqué muchos tiempos de autocuidado, de mimos infinitos a mi cuerpo. Mantuve la atención plena a mis pensamientos. Abracé cada una de mis emociones, sin juzgarlas, ni tacharlas de buenas o malas, sólo las observaba y las dejaba marchar. Me resultó muy curioso este cambio: antes me costaba estar a solas y después me resultaba extraño estar en compañía de otras personas. ¡Que bien se vive con una misma, cuando te vives bien…!
Los animales comenzaron a mirarme a los ojos como si me reconocieran, las mariposas me permitían acercarme a observarlas sin temor. Las personas me5
saludaban afectuosamente, lo curioso es que a muchas ni las conocía. Pasaba horas mirando las estrellas, con la sonata del vaivén de mi respiración y el bombeo que cada latido. Me zambullí en la escritura, la tinta llenó espacios que flotaban en el vacío existencial. Todo esto hizo que me diera cuenta de que era parte del infinito universo; que estaba hecha simplemente para ser. Existir era el regalo. Estar era temporal, y eso lo hacía imprescindible. Y que la respuesta a mi sanación se hallaba en el único órgano que el cáncer respeta, el corazón, y sólo tenía un nombre, AMOR.
Yolanda González García
El cáncer de mama
Relato nº 5
Este es un relato lleno de contradicciones en mi vida pero, es la mía.
Nací en el año mil novecientos sesenta y cinco, allá por el mes de mayo, y aunque dicen que mi signo es Géminis, hace tiempo descubrí que no es cierto; en el mes de noviembre del año dos mil trece se había transmutado a Cáncer confirmando mi sospecha cuando en una autoexploración, palpé un bulto en la mama izquierda.
Con miedo, acudí a realizarme un chequeo a un experto mastólogo que me ratificó el diagnóstico: dos lesiones mamarias. Carcinoma ductal infiltrante y multifocal.
Fue este doctor quien aceleró los trámites para el ingreso hospitalario y posterior operación, acontecida en enero del año 2014.
Ahí dio comienzo un nuevo camino hacia la etapa más difícil en mi vida pero, la inicié.
Ese año enero, me extirpan dicha mama y después del postoperatorio, el reposo y la recuperación, doy comienzo a la primera quimioterapia.
Nuevos aliados se unían a mi lucha sin tregua contra un enemigo que no veía.
El catorce de febrero, sí, ese día de los enamorados y con el apoyo inmenso de mi pareja, más mi familia, empecé un enlace con la primera quimioterapia llamada en términos médicos “AC”, es decir, “Doxorrubicina más Ciclofosfamida”. Cuatro dosis de AC acompañadas por doce de “Taxol” a la semana junto a dieciocho dosis de “Herceptin” cada tres semanas; también inicio un tratamiento hormonal con Tamoxifeno.
Debo añadir que mis venas solo soportaron tres dosis de AC o como yo lo llamo, tres chutes; para la cuarta dosis tuve que pasar una pequeña cirugía para que me implantaran un reservorio en el lado derecho de mi pecho, que aún sigue conmigo.
Entre el ciclo quimioterápico, se inicia el procedimiento de la radioterapia. Veinticinco sesiones que mi cuerpo tolero bastante bien y sin reacciones secundarias.
Todo este proceso finalizo el día seis de abril del año 2015.
En la ruta que inicié tome atajos para mirar la vida desde todos los puntos cardinales y abrí mis sentidos que llevaban dormidos hacía tiempo.
Aprendí a degustar el olor, a sentir la suavidad de la piel, de bailar bajo sinfonías de pájaros, de brillar con el amanecer, de comenzar a querer, de colaborar con asociaciones de pacientes oncológicas, casarme, estudiar, viajar, leer, en una sola palabra: vivir…
Tengo cincuenta y siete años, me llamo Maribel, estoy pletórica de energía positiva, soy vegana, amo a mis seres queridos entre ellos, a mis amigos peludos, por mis venas corre un cáncer metastásico, he pasado por nueve quimioterapias distintas, he sido operada en varias ocasiones, sigo visitando el hospital pero sobretodo, estoy empujando al cangrejo para que retorne a su mar.
María Isabel Hernández Díaz
De seda y acero
Relato nº 6
Contar una historia es complicado cuando tiene tanta implicación emocional, aún recuerdo aquel momento que resonó en mis oídos como si fuera el gong, , “Tienes cáncer”, pensé “no puede ser verdad, se han equivocado” pero, de repente todo cambió, mi vida perfecta, mis proyectos, y el miedo, que durante mucho, mucho tiempo, te acompaña.
Sabemos que existe pero, parece que nosotros estemos exentos, pues no es así, doy fe de ello.
Un día, de verano, exactamente cuando empezaban mis vacaciones, me llamó el doctor para citarme en su consulta, aquel día, yo estaba muy feliz salía a comer al campo, para celebrar que empezaba mi descanso.
En una revisión rutinaria de mama, mi médico había notado una pequeña diferencia de una mamografía a la otra, como unas burbujitas diminutas que se estaban agrupando, nombre médico microcalcificaciones, ni más, ni menos, y decidió hacer una punción para analizarlas.
Después de aquella llamada se me encendieron las alarmas y ya no hubo comida, decidí volver a casa, no me apetecían las fiestas, ya imaginaréis que no dormí en toda la noche, al día siguiente era la visita, pero tenía esperanza que sería una falsa alarma, solo habían burbujitas, no había tumor alguno, yo misma lo había visto.
Al día siguiente, entré en la consulta y me recibió la doctora jefe de servicio del centro, se esforzó mucho con una gran sonrisa a explicarme las altas cifras de curación, el momento muy a tiempo en que se habían cogido esas células, bueno la parte positiva de mi diagnóstico, y que me remitía al hospital de referencia.
Tan tranquila me quedé, qué me iba de vacaciones a Santa Pola y le pregunté si podía y me dijo que por supuesto que me fuera, descansara y me cuidara, el mar me relaja y me ayudó a coger fuerzas, no podía ser malo mi diagnóstico, pensaba yo, mi piel de un bonito moreno, me encontraba muy bien, aunque muchos momentos del día me los pasaba llorando, mi marido el pobre no se cansaba de repetirme una y otra vez su terapia positiva.
Cuando fui al hospital , era agosto y me recibió una cirujana, todo lo contrario, me habló de todo lo peor que me podría pasar, de vaciamiento axilar, de mastectomía, a todo esto eran términos que los había oído en alguna ocasión pero no conocía muy bien su significado, me imaginé que medio cuerpo me iba fuera y se me fue cayendo el mundo a los pies, pensé es un cáncer mortal porque sin hacerme ninguna prueba , hablarme así, solo con la mamografía del otro centro, debo estar invadida, ya no escuchaba ninguna de sus explicaciones los oídos me latían, también el corazón y que voy a decir todo mi cuerpo, me puse las gafas de sol muy digna, como para esconderme de toda la gente que había en la consulta y salí de allí con mi vida rota.
Empecé mi escalada, hicieron pruebas de anestesia por si había que operar, ya que hasta el mes de septiembre no podían hacer biopsia y pasé el resto de mes compadeciéndome de mi misma y llorando por todos los rincones de la casa a todo esto he de decir que hacía un año había perdido una compañera de este bicho maldito, en este momento estaba perdiendo a otro compañero y para mí, yo era la tercera.
Llegó la biopsia, era un poco desagradable, pero no dolorosa, eran como tiros en las tetas y ahí ya estaba casi segura que una iba fuera, recomiendo que hagáis las revisiones pertinentes, yo no tenía bultos, no tenía nada, solo unas burbujitas agrupándose y gracias a la revisión y a la intuición del médico estoy en este mundo.
Llegó el momento de los diagnósticos, había que hacer una mastectomía, yo pedí con expansor que era entonces una opción, para poder luego poner una prótesis, lo del vaciamiento axilar en ese momento era solo una posibilidad, en este punto ya era una experta en terminología médica, había tenido que aprender a la fuerza.
Ingresé la víspera de mi intervención por la noche y conocí a mi compañera de habitación , era un encanto, una chica más joven que yo, que unos días antes le habían extirpado la mama, ella me contó después, que le parecí muy bruja y la verdad tenía la cara toda crispada del miedo.
Me operaron y en principio me hicieron la mastectomía y me pusieron un expansor para poner más tarde una prótesis, entonces yo creí que sería una mama preciosa, no es así pero sirve, el ganglio centinela, para mi alegría, salió negativo, por lo que no hubo vaciamiento axilar, había que esperar hasta la biopsia definitiva del mismo, cuyos resultados llegarían ocho días después.
El dolor era fuerte cuando desperté de la operación y recuerdo tener mucho frío, pero es curioso me sentía aliviada e incluso eufórica, ya había pasado aquel momento temido, y dentro de mi ignorancia o que quería ser ignorante, pensé que era como cuando me extirparon las amígdalas, que con eso se acababa todo y que el bicho ya no estaba en mi cuerpo
Llegó el temido resultado, había dado positivo, una micro metástasis en el dichoso ganglio centinela, es el primero como su nombre indica y volvieron a intervenirme de vaciamiento axilar, en est momento, sí que me hundí, parecía que todo lo tenía en contra, volví casa con mis drenajes y con la cita del oncólogo, una vez más quise creer que todo había acabado.
Y empezó otra etapa, ocho sesiones de quimio, pero no radioterapia, por lo menos no tuve el pack completo. De esta época recuerdo los miedos, sobre todo a no tener defensas y que tuvieran que interrumpir el tratamiento, lo peor fueron las noches, no podía dormir, entre miedos, calores y fríos, la quimio me había provocado la menopausia.
Nunca tuve miedo de que me cayera el pelo, yo misma cuando empezó a dolerme el cuero cabelludo y antes de que me fui a la peluquería y me lo rapé, tampoco me dio pena haber perdido una mama si podía continuar con mi vida.
Así de un hachazo perdí una teta, el pelo, algunas uñas y mi regla, con todo lo que conlleva.
Pero todo no es malo, recuerdo las risas de mis compañeras de gotero, con nuestros gorritos, pañuelos o pelucas, eso si todas pintaditas, para hacer buena cara y animar a la familia e incluso a nosotras mismas.
También me daba miedo cada gotero, era un líquido frío que corría por las venas, yo lo comparaba a la inyección letal, pero tengo mucha imaginación.
Odiaba las estadísticas, para mí eran puñales, el 80% u 85% en mi época se salvaba, pero yo en el grupo de mis compañeras de infortunio, contaba y pensaba una de las nuestras se va.
Ya os he contado lo difícil y ahora lo amable, recuerdo con mucho cariño recibir abrazos preciosos y entrañables, abrazos de corazón. Valoré el calor de los amigos, pocos me defraudaron, estuve muy cuidada por todos.
Como positivo he decir que es una batalla y otra pero la guerra la he ganado yo, todo el mundo me decía que suerte has tenido, y yo por dentro decía será mala suerte, pero ahora creo que sí, qué era mi año.
Después del tratamiento, había tocado fondo, no tenía fuerzas para luchar, no creía tener ningún futuro, pero al final del camino y en esa lucha por no dejarte vencer, se me encendió la esperanza, tenía a mano el temario de oposiciones que había suspendido un año antes, y aunque entonces no creía en tener futuro, comencé primero a leer los temas, luego a estudiarlos, soy un bicho raro, me encantan los exámenes, el caso es que con mucho esfuerzo personal y mental, me presenté a la oposición, a los 3 meses de mi último gotero, y desgastados totalmente mi cuerpo y mi mente.
Cada prueba que pasaba era una lucha, en la puerta me decía me voy a casa, pero yo luchaba para demostrarme a mi misma que podía, y esto me daba fuerzas para hacer el examen, así una prueba tras otra , en un mes de Julio muy caluroso, en barracones prefabricados y sin aire acondicionado, un suplicio para gente sana y para mí qué llegaba bajo mínimos, un calvario.
Me quedaba una tercera parte , está era una práctica de una hora aproximada, era oral ante un tribunal, pensé en irme muchas veces, pero el amor propio no me dejaba, terminé los exámenes y recuerdo verme sentada en una parada del autobús y sin atreverme a subir para volver a casa.
Y ahora cuento lo mejor y extraordinario, se dice que lo que ocurre tiene un fin, y quizá yo tuve que pasar esa grave enfermedad, para de una cosa mala, sacar una muy buena, aprobé la oposición, aunque la vida tiene baches hay que detenerse y recapacitar, animarnos para salir, yo lo hice y a partir de ese momento, viví una de las épocas más emocionantes de mi vida, conocí a personas únicas y maravillosas, viví momentos increíbles, lo había logrado, “trabajar en lo que me gustaba”, enterré mis miedos, aquel accidente en mi vida, como yo lo llamo, me hizo despertar y cumplir mi lema a partir de entonces “Lo que sueñas lo puedes lograr”.
M. Teresa Cuadau García
Mi experiencia con el cáncer
Relato nº 7
Fue en un control rutinario, de los que nos hacen cada dos años en la seguridad social. Yo acababa de cumplir 66 años de edad.
Mientras me cambiaba en el vestidor. Escuchaba los comentarios que, hacia la enfermera con un paciente, hombre, eso me llamo la atención. Normalmente el cáncer de mama se vincula a la mujer.
Le comentaban que efectivamente, aunque en un porcentaje pequeño también había casos como el suyo.
Cuando me tocó el turno, comente que notaba el pezón izquierdo desviado un poco a la izquierda. La enfermera alertada por mi comentario, exploró la zona manualmente. Me hizo la mamografía y me hizo salir fuera, para esperar el resultado.
Mientras esperaba junto al hombre que había entrado antes que yo. Pude comprobar el hermetismo con que éstos tratan según que enfermedades. Pasaron unos conocidos de él preguntando que hacía allí, a lo que contestó que le dolía la rodilla y le tenían que hacer una radiografía.
Al cabo de pocos minutos volvió a llamarme la enfermara, me comunico que efectivamente parecía que había un tumor y que me harían allí mismo, en un momento una ecografía para confirmarlo.
Las mujeres solemos comentar con naturalidad entre nosotras los problemas derivados de padecer una experiencia tan traumática como lo es pasar por un cáncer de mama.
Entre nosotras nos consolamos, acompañamos. Comprendemos muy bien lo que representa para nosotras la extirpación completa o parcial de una o ambas mamas. Es nuestro símbolo femenino por excelencia.
Perder el cabello, fue para mí una sensación muy fuerte y negativa.
Cuando te confirman que tienes un tumor, tu cerebro tiene que asimilarlo. A partir de ese momento la maquinaria se pone en marcha. A los dos días, al menos en mi caso me realizaban la biopsia. No acabas de hacerte la idea de lo que se te viene encima y ya estas dentro del engranaje hospitalario. Todo sucede a tu alrededor a gran velocidad. La consulta con la oncóloga, la programación del tratamiento con quimioterapia. La programación de las sesiones de radio, veinticinco. La visita con la cirujana.
Por lo que me comentaron en la primera sesión de quimio sobre la caída del cabello, decidí que antes de recibir la segunda sesión me cortaría el pelo. En total tenía programadas ocho, cada 21 días. Fui a una peluquería especializada y me rapé. No quería ver como caían mechones de mi cabeza. Me acompañaron mis hermanas. Por la noche hicimos una cena de chicas. Eso me dio ánimos. No es que celebráramos que tenía cáncer de mama, lo integrábamos de forma natural en la vida de la familia. Así pesaba menos, era como que al compartirlo sentía que mi desgracia era menor.
Decidí, hacer un diario, eso me ayudó mucho, lo recomiendo. Cada día escribía un resumen de cómo me había ido el día anterior. Tras la dosis de quimio, estaba tres días bien, pero el cuarto ya salía el lado oscuro el tratamiento. Según amanecía iba directa al sillón orejero que me acompaño durante todo el proceso. Mi marido me decía: _Hoy tienes la mirada perdida. Efectivamente creo que no solo la mirada, toda yo estaba perdida. Por cierto, mi marido estuvo a mi lado apoyándome en todo momento y aun ahora que ya han pasado siete años desde que me operaron sigue cuidándome y ayudándome en las labores domésticas. Es un solete, quiero que conste en acta.
Cuando tenía un día malo, escribía en el diario DÍA CHUNGO. Un día intentábamos recordar de que habíamos comprado el año anterior la coca de San Juan. Busqué en mi diario y leí DIA CHUNGO, no hubo coca.
El grupo que nos juntábamos el día de la quimio en el hospital era numeroso, muy positivo. Recuerdo una compañera que se maquillaba, siempre estaba estupenda con su pañuelo colocado con una gracia que la favorecía muchísimo. A ella le afectaba mucho la planta de los pies, comentaba que a veces no podía apoyarlos en el suelo del dolor que sentía, pero la veía tan animosa y la verdad es que nos contagiaba a todo el optimismo que desprendía.
Yo nunca me había puesto nada en la cabeza y recurrí a un video de YouTube para aprender distintas formas de llevarlo. Procuraba combinarlo con la ropa, incluso me pintaba las uñas azules. Por cierto, unas uñas negras horribles debido a la medicación.
El cáncer me enseño varias cosas, a esto le estoy agradecida. Pude constatar quien era de verdad amiga y quién no. Por desgracia el desengaño que sufrí con una persona que creía amiga fue monumental. Cuando comunique a los más allegados mi enfermedad desapareció de mi vida. Durante los ocho meses que duró la quimio recibí dos WhatsApp de esa persona y ya al final del tratamiento cuando ya empezaba a recuperarme apareció un día con unas flores. Se las hubiera tirado por la cabeza, pero aguante el tirón. Ya no nos relacionamos. Si nos vemos nos saludamos por cortesía y punto. En cambio, compañeras de trabajo me sorprendieron por la forma que tiraron de mí durante todo el proceso, sobre todo cuando estaba en baja forma. Me llamaban para tomar un café, era la excusa para que saliera un poco. Si les decía que no estaba animada, me decían que vendrían al bar más próximo a mi casa, que bajara un ratito y en verdad eso me ayudó mucho, aunque no participara mucho de la conversación, solo con escucharlas ya sentía que me olvidaba un poco de mis preocupaciones. Alguna vez, si no me encontraba muy fina estaba poquito rato y volvía a casa, pero al menos así pisaba la calle, cosa que no siempre ocurría. Nuestros encuentros continúan. _¡Os quiero chicas!
En fin, mi experiencia si lo pienso profundamente ha sido positiva, me ha hecho más fuerte. He comprobado que no estoy sola, por desgracia cada vez somos más mujeres las afectadas con este tipo de tumores y hablarlo ayuda.
Si por desgracia a alguna que lea esta experiencia mía le han diagnosticado recientemente un tumor en el pecho, no derrumbaros, nuestros sanitarios saben muy bien que hacer para salir con éxito de esta situación. Confiar en ellos y hacer lo que os indiquen. La alimentación es muy importante, informaros al respecto, y pensar que, aunque lo ideal sería invertir más en investigación, todo avanza y van surgiendo nuevos tratamientos que mejoran los resultados y nos dan una mejor calidad de vida.
Actualmente sigo con mis controles anuales. Todo correcto.
Deseo con todo mi corazón que el cáncer un día se convierta en una enfermedad crónica más. Esto estaría pero que muy bien. Mientras tanto a disfrutar de los momentos buenos que nos da la vida, que también los hay.
María Vera López
Víctima o Guerrera
Relato nº 8
¡Hola! Mi nombre es Gemma, tengo 50 años y sí, soy una superviviente de cáncer de mama desde hace 7. He decidido escribir este relato porque, si contando mi experiencia personal, puedo ayudar a cualquier persona que esté pasando por la misma situación que pasé yo, pues entonces, estoy encantada de hacerlo.
Acababa de pasar una mala temporada porque el reciente fallecimiento de mi padre me había dejado un poco tocada emocionalmente. Todos los que me conocen dicen que soy una persona alegre, positiva, optimista y siempre sonriente; pero el 15 de octubre de 2015, el rumbo de mi vida cambiaría para siempre…
Ese día recibí una llamada de mi médico, una llamada que asusta mucho, una llamada que trastocaría mi vida en muchos aspectos. Me dijo: – Gemma, tienes cáncer- . Entonces, me senté en mi cama, sin derramar ni una sola lágrima y decidí que ya había pasado por cosas peores y que ese cáncer no iba a poder conmigo. Después vino lo peor: ¿cómo se lo digo a mis hijos? Así que saqué esa fuerza interior que todos tenemos reservada para ocasiones difíciles y lo hice, les dije que tenía cáncer, me gusta llamar a las cosas por su nombre. Les dije también que sería un año largo pero que todos juntos lo superaríamos, que la vida a veces pone baches en tu camino, pero los baches se saltan ¡y ya está!
Éste es mi mensaje porque tener cáncer no es un camino fácil, pero tampoco es una larga y dolorosa enfermedad como se piensa. No me gusta la carga negativa que conlleva la palabra “cáncer” hoy en día. Con el peso de esta palabra, parece que tienes que tener una actitud ya negativa desde el principio y no tiene por qué ser así. Hoy en día hay muchos avances en oncología y los tratamientos son personalizados y menos agresivos. La enfermedad ya no es lo que era hace unos años.
No es fácil romper con tu rutina diaria. No es fácil superar los efectos secundarios de los tratamientos. No es fácil mirarse al espejo…. ¿Sabéis cuál es la mejor medicina? ¡¡¡ ACTITUD POSITIVA!!! Saca lo bueno de todo lo que te está pasando, sé feliz, sonríe, ponte tu pañuelo, maquíllate y vete a la calle a disfrutar de la vida porque tienes muchas razones para hacerlo. Además, cuando terminas con todo el proceso, te das cuenta de que eres una persona más fuerte y con más ganas de vivir todavía. Dicen que después de una tormenta, las raíces son más fuertes…
Hay que ser positiva porque cada célula de nuestro cuerpo, reacciona a lo que dice nuestra mente. ¡No seáis negativas! De esto se sale. Por eso, quiero destacar la importancia de la detección precoz, así como el apoyo familiar, que todo aquél que tenga a alguien con cáncer en su entorno, le preste todo su apoyo, por favor.
Y ojalá las administraciones sigan prestando también todo su apoyo para investigación y nuevos tratamientos.
No quiero alargarme más, pero quiero terminar con una pregunta para todas esas luchadoras:
¿TÚ, QUÉ PREFIERES SER: VÍCTIMA O GUERRERA? ¡Yo ya he elegido!
Gemma Bravo Rincón
Querida yo de 2018
Relato nº 9
Querida yo de 2018:
Mujer de seda y rosa, que un día tu vida explotó en mil pedazos y cuya deflagración no te permitió ver más allá del inmenso socavón que había dejado en tu vida la palabra cáncer. Por fortuna, poco después en mitad de esa inmensa polvareda viste muchos brazos que te instaban a continuar. Al fin y al cabo siempre tuviste la inmensa dicha de estar rodeada de mucha gente que te quiere. Agarraste con firmeza los brazos de tu fiel escudero, tu Jose, y decidiste que no habría dragón que doblegara tus ganas de anidar cada noche en su regazo.
Mujer de seda y rosa, que temblaste de miedo la primera vez que atravesaste el umbral de oncología, pero que gracias a la fuerza de tu gran amor tuviste en todo momento la convicción de que aquello jamás supondría una sentencia de muerte. En ese preciso instante, apretaste fuerte los dientes para ahogar las ganas de venirte abajo y te volviste a sentir más viva que nunca.
Mujer de seda y rosa, que decidiste que la palabra cáncer no te robaría tu alegría ni tus ganas de vivir, ni más tiempo del absolutamente necesario. Además, has aprendido a no malgastar ni un minuto con personas que no merecen la pena, así como a no guardar ningún te quiero ni un beso para mañana con aquellos a los que amas. Para disfrutar de ellos nunca será demasiado pronto.
Hubo días de no poder más, noches de excelso dolor que, como una inmensa tormenta huracanada, golpeaba los cimientos de tu razón. La enfermedad muchas veces se tizna de una espesa negrura. Pero siempre supiste que era algo temporal, que pronto llegaría la calma y la luz. Jamás permitiste que la bandera de la rendición enarbolara tu vida. Desde el principio supiste que la vida es solo una y que es toda tuya, asumiendo que solo tú tenías el derecho a decir cómo vivirla, no el cáncer.
Al lado del amor de tu vida te bebiste un “siempre juntos”, un “nada ni nadie nos podrá separar” y rubricaste sobre el cofre del destino que nunca os llegaría el invierno, Y así fue, precisamente desde aquel instante, fuiste invencible.
Después de cierto tiempo quisiste volver a ser la de siempre, mas fue imposible. La que diga que sí lo hizo, miente como una bellaca. Te miraste fijamente en el espejo, recorriendo tus cicatrices, especialmente la gigantesca que supone tu mama ausente. Cerraste por un instante tus ojos, inspiraste profundamente y al volverlos a abrir comprobaste que no hay mujer más valiente y hermosa que aquella que lucha por su vida.
Mujer de seda y rosa que un día fuiste yo, levanta el vuelo aún con las alas rotas, que el horizonte de un mañana mejor aguarda por ti. No le hagas esperar demasiado. Ama y ámate mucho. Nos vemos en el futuro
Fdo: Tu yo de 2022.
Ana Esmeralda
Vuelta canela
Relato nº 10
¿Por qué hasta ahora le mandan a hacer la biopsia? No me gusta lo que estoy viendo. Puede que esté equivocado y ojalá en unos días usted me insulte por mi atrevimiento; Pero le hablo desde mi experiencia de más de 30 años en esto. Debe buscar un mastólogo de inmediato, porque tienen que hacerle cirugía lo más pronto posible. No puede perder tiempo.
26 de noviembre de 2021. Hace un año. Ese fué el parte médico que recibí como una imparable cascada de acontecimientos pasados y futuros que no sabía cómo digerir. Por mi cabeza sólo pasaba Juan Ángel, el único hijo que tengo y que me queda; gemelo de Carlos Alberto, su hermano, habitante del cielo desde hace 8 años por un tumor cerebral.
Salí con un sobre de manila en mis manos que contenía la fatídica muestra de la biopsia y las instrucciones de la prueba a practicar para saber el nombre y el apellido del alien instalado en mi seno izquierdo; además de tener el mal en carne propia, debía ser el mensajero de la prueba para el laboratorio que las analiza. Aunque la muestra tenía recomendación de urgencia los resultados tardarían una semana alargada por el puente festivo.
Tomé el primer taxi que encontré en la mitad de la calle. La furia de mi agobio alcanzó hasta el cielo. Le dije a Dios que no se valía; había perdido a Carlitos; no podía dejar a Juan Àngel, necesitaba tiempo para sacarlo adelante; no se valía otro
golpe para él: perdió a su padre hace 12 años; A su hermano hace 8; ¿Qué más quieres?
Hice dos llamadas. Una a Carolina, mi hermana más cercana. Una a Silvia. Mi mejor amiga. Con el llanto a flor de miedo. Silvis, tengo una masa en el seno izquierdo; No sé sabe aún qué es pero no tiene buena pinta. Debo buscar un mastólogo; Hay que moverse rápido; Estoy llevando la muestra. Hablaba en medio de mis lágrimas y de la angustia de arrancar una maratón sin saber muy bien en qué dirección moverme y hacia cuál meta.
Llegué a casa. Juan Angel me recibió con su calma. Esta vez sí me preguntó. ¿Cómo te fué con el médico? Hice de tripas corazón, y con la templanza que dan las canas o las heridas de guerra, lo dije. Apareció una masa en mi seno izquierdo; lo más probable es que la tengan que extirpar, debemos esperar la patología para ver de qué se trata. ¿Ah bueno pero con la cirugía te la sacan y listo, cierto? Por el momento eso es lo que sabemos amor. Vamos paso a paso. No nos vamos a afanar más por ahora, hacer lo que haya que hacer. Salió a sus planes de viernes. Yo me quedé en el silencio de la tarde con Silvia, que acompañó pacientemente la zozobra y las preguntas sin respuestas.
Una nota a mi médico de confianza, Armando, el radiólogo de Carlitos. Tengo un alien en mi seno izquierdo; No sé sabe más pero al médico de la biopsia no le gusta nada. La patología la entregan en 8 días. Comenzó la espera. Vuelta de revés.
Lo agobiante es no saber; tener tiempo para imaginar y alborotar la cabeza. Pasar la película de la noticia. La incertidumbre. Mi hijo. Mi única preocupación.
Por esos días estaba escribiendo un relato que había comenzado hacía algunos meses. Primer relato fruto de una afición que se fortaleció en los últimos años. Allí contaba la historia de una mujer que perdía su voz. Al día siguiente, en una extraña coincidencia, la perdí. Amanecí disfónica. No tenía fiebre ni síntomas de resfriado. Simplemente no tenía voz.
De este modo siguieron días de mutismo obligatorio sumergida en el trabajo y en la escritura nocturna. Navegaba en el relato de parajes que nunca había visitado mientras la protagonista descubría el boleto de regreso de su voz. Y mientras pasaba mi pesadilla.
Seguí aferrada a Dios; el Señor de Barbita. Con mi rabia y mis miedos. Pero ahí estaba. Mi asidero.También al mar de palabras, que me daban el sosiego que siente uno al nadar debajo del agua. Y como siempre, aferrada a Juan Ángel, al lado siempre con nuestro peludo Pepe. Decidimos contarle al resto de la familia hasta saber la identificación exacta del invasor.
El Doctor Armando es como el Steven Spielberg de la oncología. Sabe exactamente dónde van los cables, las señas, las rutas. Ha caminado tantos años sobre los tumores que puede indicar con certeza el camino a seguir sin importar la complejidad del cáncer. No hay adornos. No hay dureza. Hay certidumbre en lo cierto. Y claridad en lo incierto.
Antes de ir a mi cita con el dr. Armando, y con la patología en la mano, decidí pasar por la peluquería. Sin importar cual fuere la noticia iría guapa aunque fuera para mis adentros. Esperé minutos eternos en un mutismo expectante mientras él digitaba y revisaba cada dato. Los marcadores. Los niveles de azúcar. Los glóbulos blancos. Los rojos. Los términos indescifrables.
De pronto, su mirada serena y su voz.
Mira, si uno tuviera que pedir un cáncer, aunque uno nunca lo pide, pediría este. Creo que está en una etapa temprana. Suspiré con lágrimas en los ojos. Todo lo sabremos con los resultados definitivos de la cirugía. ¿Y cómo será la ruta? En máximo dos semanas, te van a hacer una cirugía para extirpar el tumor; como estamos en medio de la navidad, los resultados definitivos te los darán en enero; Y en febrero te encuentras conmigo para radiología. Después de esto, lo más probable es que tengas un tratamiento con pastillas durante 5 años. Debes ir a hablar con este médico -lo escribió en un papel-, te voy a recomendar inmediatamente, y me vas contando cada paso.
Estás en una etapa muy temprana. Lo cuál es muy bueno. Pero hay que actuar rápido. Con prisa y sin pausa, dije. Sí señora, con prisa y sin pausa. Un abrazo inmenso. Una lágrima. ¿Sabes? Le voy a dar a esto su justa importancia, ni más ni menos, sólo la que se merece; hasta me corté el pelo. Me parece muy bien, así debe ser.
Todo fué tal como lo dijo Armando. Y se cumplió con el abrigo permanente de mi madre, mis hermanos, sobrinos, y Juan Ángel.
Hoy hace 1 año del diagnóstico. Acabo de terminar dos semanas de exámenes infinitos para el seguimiento anual. Me reencontré con el médico de la biopsia inicial; Ema, si veo algo que me preocupe, preocúpate. ¿Por ahora? nada me preocupa.
Y aquí sigo. Con la certidumbre de lo cierto. ¿Lo demás? ¿Quién lo sabe?
Vuelta canela. La de celebrar.
Por Rosarita
Empezar de nuevo
Relato nº 11
—Lo siento, pero tengo que hacerle unas pruebas. Lo que acaba de contarme no me gusta —le dijo la doctora con mirada de preocupación mientras le exploraba el pecho.
María creía que solo se había lastimado en el trabajo al descolgar una gran ventana para limpiarla, no pensaba que aquello iba a dar paso a unos acontecimientos que cambiarían su mundo por completo.
Al salir de la consulta lloró. Sintió miedo. Miedo real, no ese miedo tonto que a veces nos acecha por cualquier tontería. Ella era una mujer de cincuenta años, a la que le quedaba tiempo aun para vivir, disfrutar y sentir. ¿Qué le pasaba a su cuerpo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué a ella?
Un montón de preguntas sin respuesta se agolparon en su cabeza y no podría contestarlas aunque quisiera.
De una semana para otra, la llamaron para darle cita. A la siguiente le hicieron la biopsia, a la otra le dieron el resultado y la hora para que visitara al cirujano. No había pasado ni un mes, el tiempo volaba y ella, deseando que todo fuese una pesadilla, quería despertarse.
Gonzalo, el chico con el que había salido varias veces y con el que se encontraba a gusto, apenas la llamaba. Cuando se enteró de su enfermedad le mandó unos mensajes tímidos donde le preguntaba por su estado. Pero poco a poco, la comunicación tan impersonal que les daban esos lejanos WhatsApp, se convirtió en un medio tan frío y árido que ya no les comunicaba nada. De todas maneras, decidió que si era alguien que tenía miedo y se alejaba, mejor saberlo ahora. Mejor ahora que después, cuando tuviera que ponerse la quimio y vomitara y se quedara sin pelo, mejor ahora que todavía podía decir con la cabeza bien alta que no necesitaba a nadie.
Pero a pesar de todo, María lloró amargamente, nada le salía bien. Tan ofuscada estaba con lo que se le venía encima que no leyó el contrato que su jefa le ponía por delante y firmó confiando en ella. Y cuando días más tarde se dio cuenta de que había firmado baja voluntaria, no sabía qué hacer, ni dónde acudir, porque ahora no podría cobrar la ayuda que le pertenecía. Aquella noche ni durmió. Lloró amargamente por no saber cuidar de sí misma, por su enfermedad a la que no quería llamar por su nombre, porque se sentía sola, por miles de cosas olvidadas que la minaban por dentro sin saberlo. En esos momentos en que su alma estaba desnuda, solo pensaba en unos abrazos antiguos y oxidados que una vez la reconfortaron y que ahora ya no estaban.
Llegó el día de la operación y en su habitación no cabía ni un alfiler, la enfermera tuvo que decir a los familiares que no podían estar allí todos y que fueran a la sala de espera.
María estaba ensimismada en sus cosas mientras los demás hablaban y esperaban que la llevaran a quirófano. Al escuchar a la enfermera pedirles que salieran de la habitación, se dio cuenta de cuantas personas la querían, cuanta gente estaba con ella. Sus padres, sus hermanos, sus primas, sus cuñadas, sus sobrinas… Y en ese momento, fue consciente de que no estaba sola. De que la vida le había puesto por delante un obstáculo más y que sería capaz de superarlo porque mucha gente la quería y la acompañaba.
Entonces recordó una frase que escuchó en alguna parte:
“Dios nunca nos da problemas cuya solución no esté a nuestro alcance”.
Mientras iba tumbada en la camilla hacia el quirófano, vio de nuevo las caras de sus familiares apoyándola y les brindó una bonita sonrisa. Sabía que su “problema” se llamaba cáncer de mama, y que unos doctores la iban a ayudar a solucionarlo y también sabía que iba a poner toda su voluntad en mejorar su vida y lo más importante, ahora no estaba sola. En realidad nunca lo había estado.
Al salir del hospital salió mirando la vida de otra manera y decidió ir a hablar con su ex jefa. Consiguió que esta le cambiara el contrato y pudo cobrar su ayuda. Tenía un año para estudiar con calma su situación y hacer lo que antes no hizo. Ahora sabía que podía seguir adelante y apostaba por sí misma como nunca en la vida lo había hecho.
Juana Mª Andrades Navarro
El tratamiento
Relato nº 12
La luz desnuda de las lámparas apunta directamente hacia sus ojos y la obligan a cerrarlos. La música de fondo, Amy Winehouse, Norah Jones, cumple con lo que le había prometido una de las asistentes si no se mueve de la posición en que la han colocado: “una música tranquila para que se mantenga relajada”. Estirada sobre la camilla, los brazos hacia atrás, como estaqueada, el pecho izquierdo señalizado con líneas de marcador negro y tatuajes de puntos, mira con párpados entreabiertos a una especie de paellera gigante invertida, un robot de plástico y metal, que se mueve lentamente sobre su cabeza, con una pantalla central de luces verde-azuladas titilando intermitentemente. “Una vez ubicada no puede moverse de la posición en que la colocamos”, mirá si se va a mover, piensa y no se anima ni a sonreír, tiene un barbijo que impide que vean sus gestos, pero la costumbre es mayor que la pandemia y trata de disimularlos. “Mirá, si me voy a mover y Uds. me mandan la radiación para cualquier lado”, se dice para adentro; le pide a la mujer que antes de salir le desprenda el botón de la cintura del vaquero y se recrimina interiormente por no haber venido con un pantalón de jogging. Ahora el robot se mueve sobre su cabeza acompañado de un pip pip agudo que no le gusta nada. “Los pitidos siempre indican riesgo, deberían eliminarlos”, vuelve a decirse y a pesar de su curiosidad por los colores y las líneas que se mueven sobre la pantalla, cierra los ojos en un intento inútil de protegerlos de la radiación, un movimiento instintivo, del que después se burla permitiéndose una sonrisa detrás del barbijo. Está pensando que las sonrisas no se incluyen en la lista de movimientos prohibidos, cuando algo empieza a dibujarse en su cabeza, borroso al principio, pero cada vez más nítido: una página tamaño oficio escrita a máquina con letras azules, la “r” es defectuosa, un poco más alta que el resto de las letras en todas las palabras.
Casi abre la boca de par en par, en cambio, mueve imperceptiblemente los dedos de los pies y recuerda: ese era el error que cometía su vieja máquina de escribir, la que usaba para pasar los apuntes que después se mimeografiaban en el Centro de Estudiantes de la facultad. Le pagaban bien por hacerlo, aunque no siempre la elegían; con ese plus había conseguido comprar clásicos imperdibles en las librerías de usados de la calle Corrientes.
Pero no es eso lo importante en este momento, lo importante es que la página que está viendo corresponde al apunte de Genética, parte del capítulo de mutaciones: Las mutaciones inducidas son las causadas por factores externos, que se llaman mutágenos. Los agentes que las producen pueden ser físicos, químicos o biológicos; entre los físicos figuran las radiaciones ionizantes, como rayos X, rayos alfa, beta y gamma de fuentes radiactivas y los rayos cósmicos. Vuelve a sonreírse, se había negado a mirar en internet los diversos efectos secundarios que pueden tener las radiaciones utilizadas para tratar el cáncer de mama, solo ha comprado las cremas especiales recomendadas por su médico para evitar enrojecimiento y quemaduras, también manzanilla para hacer compresas desinflamantes.
No había contado con su memoria lejana, que cada tanto la traiciona obligándola a recordar. “Ya está, señora, ¿vio que rápido?” la voz de la asistente, una chica joven de no más de 35 años, la sobresalta, pero se alegra de poder irse de esa habitación especial, de puertas herméticas de acero y sin ventanas, donde el aislamiento es tan absoluto que agudiza el temor al tratamiento. sin ventanas, donde el aislamiento es tan absoluto que agudiza el temor al tratamiento.
Tiene un carcinoma in situ confirmado dos días antes de su cumpleaños por una biopsia que su ginecólogo consideró “una maravillosa noticia dentro de lo malo de la situación”, ya que tiende a mantenerse localizado, a no extenderse hacia otros órganos.
Parece que algunas de sus células se volvieron locas y empezaron a acumular hormonas, pero “ha sido detectado muy a tiempo, no va a requerir extirpar la mama ni usar quimioterapia, solo extraer una pequeña cantidad alrededor de la zona de riesgo y seguramente unas pocas sesiones preventivas de radioterapia”.
Así empezó la cosa y ahora, después de dos operaciones, porque en la primera no se había extraído todo el material “que exige el protocolo” para que las células buenas queden a dos milímetros de la zona de riesgo, ha comenzado un tratamiento de quince radiaciones, en cuyas consecuencias colaterales no ha querido pensar y a las que acude el primer día con alivio, impaciente por el retraso de más de un mes respecto a la fecha recomendada “por el protocolo” y por la desazón que le provoca contarle a los demás que todo se retrasa.
Le cuesta hablar del tema, pero se siente en falta si no lo hace. Están las amigas que simplemente acompañan y no preguntan demasiado (lo agradece); algunas le desean suerte con la quimio (“son solo radiaciones”, les repite), otras le cuentan de amigas que pasaron por esto y no fue nada fácil.
“No son moco de pavo las radiaciones ¡Cuidate!” le dice una. ¿Cómo cuidarse? Salvo por la crema para evitar irritaciones, ¿cómo puede cuidarse una simple mortal de las radiaciones?
Las que pasaron por esto, en cambio, son menos tremendistas, excepto por algo de cansancio, no parecen haber sufrido consecuencias desagradables, ni siquiera en la piel, y eso que al menos tres de ellas son unas blanquitas sensibles de piel casi transparente. Hay una especie de hermandad en la enfermedad que las conecta en una cofradía inesperada, aunque a veces intenta evitarlas, como si prefiriera saber mucho menos de lo que ya sabe. El carcinoma es la muerte de la ilusión sintetiza Graciela Cros en un poema y ella, que no es poeta, agrega: “muerte de la ilusión de ser imparables, eternas, de la ingenuidad de no rendirnos ante la edad, de la creencia que estamos viviendo la mejor época y que ya no tenemos duda de quienes somos”.
Siente cansancio después de las radiaciones, pero en realidad no está segura de la razón. Capaz que levantarse temprano es lo que la cansa, piensa esta vez, mientras Amy Winehouse y Norah Jones vuelven a sonar como a lo lejos y el robot de las luces brillantes, empieza a acomodarse sobre su cuerpo. En este mundo de búhos y alondras, ella es un típico búho, se acuesta muy tarde y levantarse temprano para cumplir con el rito de encremarse al menos tres horas antes de la radiación, le reduce marcadamente las horas de sueño. Está irritable porque duerme poco, se dice, por eso tampoco tiene ganas de hablar largo y tendido con los demás. “Ojalá sepan lo que hacen”, repite por enésima vez, mientras empieza el pip pip del equipo. “Hormonas de mierda”, se dice. “Pero bien que te tomaste entusiasmada esas pastillas anticonceptivas que tenían una carga diez veces mayor que las de ahora”, se contesta. “Bueno, tampoco sabía entonces lo de las diez veces, estábamos agradecidas de no vivir con susto cada 28 días”.
Su lado lapidario no se rinde: “También aceptaste un tratamiento hormonal cuando empezó la menopausia para evitar problemas de corazón, y después te lo cortaron de golpe porque estaba aumentando el cáncer de mama en todo el mundo”.
Mientras baja de la camilla, y una de las pibas le pregunta si está bien, sacude la cabeza y concluye en voz alta: “¡Por eso no quiero hablar del tema! Por más que diga siempre que confío en la ciencia, tengo más dudas que certezas”.
La piba la mira con preocupación, percibe su temor. “No hay margen para errores”, le dice y pasa a mostrarle las computadoras de la sala y la consola de la habitación desde la que manejan las aplicaciones. “¿Vio que tardamos en ubicarla en la camilla, que siempre le reacomodamos algo? Lo hacemos siguiendo lo que establecieron los especialistas al comienzo del tratamiento y que está fijado para cada paciente en la computadora; si no coincide con su posición en la camilla, se refleja en la consola y el equipo no nos deja realizar la aplicación”. Le agradece la buena onda, pero sube al auto pensando que siempre hay margen para un error y murmura con un suspiro: “Pará la cabeza, loca, no es cuestión de ponerse a dudar de la medicina en medio de una pandemia y un cáncer”.
La noche siguiente, después de que a ella se le escapara que a veces se marea un poco al finalizar las sesiones, su hermana le dice que va a acompañarla todos los días que faltan para terminar el tratamiento, que no quiere ni oír que maneje el auto cuando sale de la clínica. Aparece puntual al otro día y cuando ella sube, levanta al máximo el volumen de la música y con una carcajada se pone a corear a Raffaella Carrà cantando Fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta.
¡Tanto tiempo sin escucharla! “Te noté un poco bajoneada anoche. ¡A pensar en otra cosa!”. Se ríen y sacudiéndose de la cintura para arriba siguen cantando a voz en cuello Para hacer el amor hay que venir al suuur…. Es un día de verano que invita a disfrutarlo.
Siente una lasitud perezosa cuando se acuesta en la camilla, se imagina acostada al sol en su hamaca paraguaya. Tiene los brazos hacia atrás, los pechos expuestos en una posición que, si no fuera por el lugar, tiene algo de impúdico, de erotismo invitante. “Me contagió la Carrà”, se burla por dentro. De nuevo se olvidó lo de un pantalón cómodo, y le pide a una de las chicas que le desprenda el botón del vaquero. Cuando termina la sesión y se prepara para irse, la piba le dice: “¿Puedo hacerle una pregunta?” “Claro” responde, esperando no sabe qué, algo relacionado con el tratamiento, supone. “¿Por qué le dice vaquero? ¿es una marca de jean?” La descoloca lo inesperado, lo trivial y doméstico de la pregunta, y el desconocimiento de algo que ella da por sobreentendido. Siente el mismo desconcierto que le provocan algunas preguntas de sus estudiantes de la universidad.
Podría haber retrucado “¿Qué es para vos un jean?”, pero termina explicándole que los cowboys del Far West son los vaqueros del Oeste norteamericano a los que jugaba su generación cuando eran chicos, y que usaban pantalones hechos de una tela resistente de algodón azul llamada denim o tela de jean. Al decirlo se da cuenta de que esta generación, que es la de sus propios hijos, no jugaba ni veía películas de cowboys, y mientras las dos pibas la escuchan sin interrumpir, agrega: “Levi, Lee o Wrangler, alguno de esos que ahora son nombre de marcas, fue el que inventó esos pantalones hace mucho”. La otra asistente comenta que su padre también los llama vaqueros, aunque hasta ahora no se había preguntado por qué. Son demasiados los años que la separan de las pibas y de los estudiantes. El conocimiento que dan los años, la sabiduría de la experiencia, reflexiona en el pasillo de salida.
Hay una ignorancia implícita en los pocos años de todos ellos, esa ignorancia que les permite a los jóvenes avanzar ciegamente, extrapola dudosa, y vuelve a sumergirse en la alegría contagiosa de Raffaella Carrà.
Después de dos semanas de tratamiento, se despierta una noche asustada, empapada en sudor. Cuando recuerda la pesadilla no puede creerlo y casi larga una carcajada: una araña gigante que camina sobre las montañas y deglute todo a su paso: “Tarántula” ¡cómo la había asustado esa película cuando era chica! ¡durante meses! No puede volver a dormirse, deja de parecerle graciosa la pesadilla. Ella no había nacido cuando los norteamericanos tiraron dos bombas atómicas en Japón y terminaron con la 2da Guerra Mundial, pero iniciaron una época de miedo creciente: miedo a una guerra nuclear, a los efectos de las radiaciones, a los científicos locos de pelos blancos y erizados como los de Einstein, dispuestos a cualquier cosa para demostrar sus teorías. En los años siguientes, las pruebas nucleares que realizaron en las islas del Pacífico primero los norteamericanos y después los franceses, más el desarrollo nuclear detrás de la “cortina de hierro” comunista, agudizaron el temor popular a mutaciones terroríficas por culpa de las radiaciones, lo que Hollywood transformó en animales gigantescos y malvados como las hormigas de “La humanidad en peligro” o la araña de “Tarántula”. También los japoneses habían representado su terror con un dinosaurio gigantesco, “Godzilla”, una especie de metáfora sobre las consecuencias de las dos bombas atómicas que les habían arrojado. Las radiaciones y los científicos locos aparecían hasta en películas sobre la Antigüedad, como “Atlantis, el continente perdido”, donde los seres humanos eran transformados en bestias raras y que, junto a “Tarántula”, la aterrorizaron durante años.
Su madre la llevaba desde que tenía 6 o 7 años a la función matiné de los domingos, donde pasaban dos películas; para evitar las de terror, a veces veían solo una, lo que para ella no era negocio, así que trataba de mostrar que no le daban miedo y desde que la dejaron ir con la barra de amigos del barrio, las buscaba especialmente. Ahora el tratamiento con radiaciones las devolvía a su vida, repitiendo las pesadillas de la infancia.
Vive en una ciudad donde la energía nuclear como método de curación y de profesionales formados al respecto es mucho más común que en el resto del país; sin embargo, el fantasma de las radiaciones “que se escapan” aparece cada tanto relacionado a supuestas encuestas sobre una mayor incidencia de cáncer que en otras ciudades. Desde muy joven, ella sabe de mujeres que se salvaron gracias a la extirpación de mamas y el tratamiento con bomba de cobalto, un tratamiento que a veces resultaba en quemaduras tremendas y estigmatizantes, como las de la abuela de su amiga Pato que vivió cubriéndose hasta las manos para que no asomaran las cicatrices, esas que atraen los ojos y el horror de los otros.
Años de ciencia aseguran ahora menos extirpaciones, rayos mejor dirigidos y menores dosis de radiación dependiendo del grado de peligro. ¿Confía ella ciegamente en los físicos y radiólogos que calculan las aplicaciones? Se considera una investigadora con mayores conocimientos que la media en física y química, pero ¿cómo confiar del todo en algo que la ha aterrorizado desde la infancia? La próxima sesión se queda pensando en las dos jóvenes asistentes que la atienden:
¿sabrán ellas del pánico que crearon las radiaciones en el imaginario popular desde que se tiraron dos bombas atómicas en Japón?,
¿de las películas que aterrorizaron a la humanidad con sus animales mutantes durante las dos primeras décadas de la Guerra Fría?, ¿saben qué fue la Guerra Fría? Tiene ganas de contarles, pero se limita a pedirle a la que la acomoda con precisión sobre la camilla, refrendada por las coordenadas que lee la otra en la consola, que le suelte el botón del vaquero.
El día de la última sesión todos la saludan con entusiasmo, ella responde con una sonrisa detrás del barbijo, confía en que sus ojos reflejen el alivio que siente. Cuando se despiden, las asistentes la felicitan por haber terminado el tratamiento, le desean que empiece una nueva vida sin temores y le regalan una plantita en nombre de todo el equipo. Se le llenan los ojos de lágrimas, no lo esperaba, y lo agradece con toda el alma, con la fuerza de toda la angustia acumulada desde la detección “del problema”, de cada día de concurrencia a ese lugar espectacularmente tecnológico y atemorizante, de la cobardía de mirar hacia otro lado cuando se encontraba en los pasillos con mujeres sin cabellos. A la salida la espera la hermana, esta vez acompañada por su hija y su nieto de tres años, que se escapa de la mano de la madre y viene corriendo hacia ella. Abrazado a sus piernas le pregunta “¿Ya te curaron la teta, abu?”. Se agacha y lo aprieta contra ella mientras agradece este final hollywoodense; al fin y al cabo, siempre le gustó que las películas terminen bien, aunque en el fondo sepa que la historia continúa.
María Julia Mazzarino
Nada es Absoluto
Relato nº 13
Siempre se me ha dado bien escribir, muy a mi pesar, mejor que hablar, normal, es mucho más sencillo cuando no hay ojos que te miran ni te juzgan ni lloran.
Porque eso sí que es duro, hacer llorar a la gente que quieres.
Recuerdo que fue una de las primeras cosas que pensé cuando me diagnosticaron Cáncer de Mama.
Así empezó mi aventura, el 15 de Octubre de 2020 en una revisión rutinaria.
Mi ginecólogo tras una exploración decidió que me hicieran una ecografía del pecho derecho (no podían hacerme mamografía porque todavía estaba dando pecho a mi bebé de 16 meses, contradicciones de la vida, por un lado, mi pecho daba vida a mi hijo y por otro lado, a mi podía quitármela) para descartar que ese bulto que llevaba allí semanas, incluso meses me atrevería a decir, no era otra cosa que un bolo de leche.
Me citaron desde el Hospital de Navarra a las 2 semanas aproximadamente y ese mismo día lo supe, lo que iba a ser una ecografía rutinaria se convirtió en una extensa ecografía seguida de una mamografía (asumiendo todos los riesgos para la lactancia) y un volante para hacer una punción al día siguiente a las 8 de la mañana.
12 días después el médico nos lo confirmaba.
¿¿Qué se siente cuando te dicen que tienes CANCER?? Si así, en mayúsculas.
Un jarro de agua fría, un mazazo, la vida te pasa por delante de los ojos, luz al final del túnel, miedo, dudas, enfado, frustración, por qué a mí, ¿y ahora qué?
A partir de ese momento, ese gran desconocido sentimiento llamado MIEDO te atrapa, se te mete dentro y
sale por todos y cada uno de los poros de tu piel y lo que es peor, es contagioso, muy contagioso y se ve, se
siente, diría que hasta se huele por todos los lados durante esos largos días de pruebas, consultas y sobredosis de información.
Porque pone tu vida y la de las personas que te quieren al revés.
Yes que llega un punto en que haces tantos viajes y pasas tantas horas recorriendo esos eternos pasillos que te sientes como en casa.
Tocas tantas puertas, te sientas en tantas sillas y te acuestas en tantas camillas que hay ocasiones en las que incluso me atrevería a decir que te sientes cómoda, protegida y cuidada.
Porque, aunque las estadísticas digan que la tasa de supervivencia es de un 84%, el miedo te dice que un
16% no sobrevive, y aunque los médicos te digan que los efectos de la quimio pueden no ser tan duros
como pensamos, el miedo te hace verte incapaz de hacer nada, muy deteriorada físicamente y hundida anímicamente.
Y es que no estamos preparados para pensar en el dolor y mucho menos en la muerte, no nos educan para afrontar que somos mortales.
Yo nunca había tenido miedo, no soy una persona miedosa, en ocasiones hasta demasiado poco diría yo y hoy puedo decir que creo que es la peor sensación que he tenido. Y si a ese miedo la añadimos la incertidumbre, se me encoge el alma solo de recordar esos días. Hoy es el día que he aprendido a vivir con él, porque no se pasa, solo se aprende a llevarlo.
Hoy doy fe de que puedes ser de ese 84% y también de que la quimio deja hecha polvo sí, pero son unos días y luego recuperas la fuerza y la ilusión, y yo sigo con el mismo peso y con el mismo pelo y mi estado de ánimo cada día es mejor, porque voy a ganar esta batalla y cada día falta menos.
Todos, absolutamente todos los días me acuerdo de ti, de nosotras, del buen equipo que hacíamos… siempre había estado orgullosa de mi pecho la verdad, máxime cuando fue lo que alimentó a mi bebé durante 17 meses, momento en el que tuve que cortar por lo sano.
Alimento, chuchería, medicina, calor, frío, apego, vicio, gustico… Si cierro los ojos todavía puedo sentir el hormigueo de su pequeña boca en mi pezón. Era increíble ser capaz de dárselo todo de una manera tan sencilla. Era increíblemente feliz…
Pero de pronto un tumor sé instaló en una de ellas y pasó de ser una fuente de vida a mi peor enemigo, mi verdugo.
Creo que no fui consciente de lo que suponía hasta aquel día en el hospital en el que frente a un espejo me
vi por primera vez, ese sin duda ha sido y será uno de los momentos más duros de mi vida, pero a la vez un
momento feliz porque junto con el pecho se habían llevado también mi tumor, mi cáncer… Era el peaje que tenía que pagar… caro peaje.
También hay algo que he aprendido, hay que tener calma y paciencia y sobre todo no tener grandes aspiraciones. No todo es como te lo cuentan, cuando acabas los tratamientos no te sientes pletórica, estás asustada, millones de preguntas se agolpan en tu cabeza, ¿y ahora qué?
Tenía entendido que una vez llegado este momento todo sería de color de rosa, me sentiría como si hubiera vuelto a nacer, estaría pletórica y las ganas de vivir se me saldrían por los poros… pero no…
¿Será que no habrán pasado los suficientes? será que sigo teniendo miedo? será que el poso es tanto que todavía se me atraganta?
No sé cuál es el motivo, pero la vida sigue y como bien he dicho antes, no se olvida, se aprende a vivir con ello.
Y el tiempo va pasando, y por lo menos ya no te sientes CULPABLE, porque quien haya pasado por un proceso similar sabrá que aunque parezca increíble pasa y lo que es peor… se siente… y es que, además de estar enferma, de no tener fuerzas ni ganas de hacer nada, de estar acojonada, sentirte hundida y apaleada, además de todo eso,te sientes CULPABLE. sí, CULPABLE con mayúsculas.
Recuerdo que cuando salí de la consulta del cirujano que me confirmó que tenía Cáncer, una de. las preguntas que más me rondaba la cabeza era cómo se lo iba a contar a a todas esas personas que quiero y me quieren, pero sana!!!
Nadie de mi alrededor se merecía una noticia así.
No quería tener que hacerles pasar por esto. Yo quería que cuando vieran mi nombre en su teléfono esbozaran una sonrisa siempre, no quería que sufrieran, y sobre todo no quería ser vo la culpable de ese
sufrimiento… me reitero en que sé que puede parecer un pensamiento absurdo, incluso ahora que lo estoy verbalizando me parece una locura, pero así era, si hubiera podido pasar por todo esto sin hacer partícipe a nadie y sobre todo sin provocar ni una lágrima lo hubiera hecho, lo hubiera hecho sola.
Así que dejarme que os pida perdón , Intentaré no volver a daros otro disgusto.
Y de paso gracias, sin vosotros no hubiera sido lo mismo.
Yo no soy la misma y mi cuerpo tampoco. Ahora es momento de seguir, coger aire y respirar porque tengo
otra oportunidad y tengo que volver a ser la disfrutona que fui o incluso más. Ya no quiero, ni necesito, ni
me gustan cosas que antes si lo hacían y por el contrario necesito abrir nuevos horizontes, probar cosas nuevas y darle la oportunidad a aquello que antes no hice.
Así que aquí estoy, una vez más, esperando que llegue ese tren que me llevara aesa «nueva vida» de la que todo el mundo habla y que no sé por qué motivo yo no acabo de pillar.
Es el momento de retomar todo eso que tuve que dejar a un lado cuando esta tormenta se instaló en mi vida y la puso toda del revés.
«Nada es absoluto. Todo cambia, todo se mueve, todo gira, todo vuela y se va»
Arkadi Estabolite
Mi tiempo aún no ha llegado
Relato nº 14
Empieza un año lleno de ilusiones y expectativas. Vivo en una zona rural en el departamento de Antioquia, Colombia. Soy jubilada. Me acompañan de tres gatos, y un colorido paisaje. El clima es frío, y estoy rodeada de extensiones de tierra donde se cultivan flores, frutales, y hay ganadería.
Después de llevar veintidós años de controles mamográficos con un diagnóstico de cáncer de mama intraductal y para el que no tuve ningún tratamiento, llega pandemia y pierdo toda oportunidad de chequearme como lo venía haciendo.
Terminado el año 2021 logro realizarme la mamografía. El diagnóstico un BIRADS 2 faltando la ecografía, definitiva para mi tejido glandular fibro denso.
Una mañana, noto que tengo un nódulo en la mama derecha. Busco la médica que me trata y ordena la ecografía, encontrando un tumor BIRADS 5. Salgo de la consulta con la conciencia que tengo cáncer.
El mundo se ha venido de bruces. La mañana, era tan soleada que parecía estar adentro de una chimenea, ya no existe presente mucha menos alegría, solo nostalgia y miedo a morir.
El sistema de salud me recibe inmediatamente, y arranco en un programa llamado “TIEMPO PARA TI”. Me realizan cirugía, quimioterapia, radioterapia, y terapia hormonal.
Inicio un camino con mucha incertidumbre, acompañada de familia y amigos. Ellos son el aliciente, la palanca que me ayuda a mover mi existencia.
Los sótanos donde recibo los tratamientos son fríos, lúgubres, huelen a dolor, a fantasmas, sin embargo hay frases que alegran el corazón como esta. “Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tiene mil y una razones para reír”.
Siempre me acompaña una mochila que me cuelgo en la espalda. Le confío las historias, y le encargo que recoja mis lágrimas que se vuelan de cuando en cuando de las cuencas de mis ojos.
Recurro a las terapias holísticas como: el reiki, constelaciones familiares, la meditación, ejercicios como caminar, y con la escritura creativa me desahogo sanando por medio de la poesía. Anhelo encontrar el origen del mismo y sanarlo.
¡Así lo logro!. Confío en mis capacidades como las del ave fénix que resurge de las cenizas. No me quejo y nunca devuelvo mi mirada hacia atrás.
Hace una semana (noviembre 2022) he terminado este trago amargo.
¡Estoy sana! Tengo la certeza de ello. Mi tiempo aún no ha llegado.
Alicia Duque Restrepo
Yo también
Relato nº 15
Miedo. Eso es lo que sientes la primera vez que oyes el diagnóstico.
Y luego, deseas con todas tus fuerzas despertar y que todo haya sido un sueño. Pero no, no despiertas. ¿Porque yo? No puedes creer que te toque a ti. Sí, sé que cada vez el porcentaje de gente con cáncer aumenta, oyes casos muy cercanos, y sabes que te puede tocar, pero cuando te toca te enfadas. ¿Pero porque? Si es una lotería, porque no me tocará la del euromillón.
8 de cada 10 mujeres van a pasar por un cáncer, eso es lo que me explicó la oncóloga, pero no me hacía sentir mejor. ¿Porque yo? Eres una persona más, con tus cosas, con tus problemillas más o menos graves. Y al día siguiente estás enferma. Tienes cáncer. Maldito cáncer.
Nunca se me olvidará. Un 27 de Junio del 2018 tenía la consulta ginecológica, el 29 de Junio la mamografía y ecografía y el 5 de Julio la primera biopsia.
Yo tenía antecedentes de fibroadenomas mamarios benignos. Mis pechos estaban llenos de esos bultos. Con un control habitual era más que suficiente. Hacía mucho que no se me controlaban. Y un día noté uno de ellos más duro de lo normal. Había días que me agobiaba al pensarlo y otros que prefería no pensar. Si no pensaba, no pasaba. Pero un día me levanté muy agobiada, y sin pensarlo llamé a mi ginecóloga para coger cita. No tardaron mucho en citarme. Así que me escapé del trabajo y sin decir nada a nadie, más que a mi compañera, fui a mi cita ginecológica. Le expliqué lo que había notado, y que realmente hacía mucho que nadie me controlaba los fibroadenomas. Al ponerme el ecógrafo en el pecho sus palabras fueron: tienes unos pechos muy complicados de ver ecográficamente hablando, ya que están llenos de fibroadenomas. Lo mejor será que te mande hacer una mamografía que se verá todo mucho mejor.
Me puso como preferente, según ella para que no tardaran meses en llamarme. Y me dieron cita para dos días después. Yo seguí sin decir nada a nadie. Total, para que voy a preocupar si lo más seguro es que fuera una tontería.
El día de la mamografía estaba nerviosa, no tanto por lo que fuera a pasar sino porque siempre había oído que dolía. Allí estaba, en una sala de espera sola esperando lo que no sabía que iba a ser el inicio de la pesadilla. Mi turno. Me realizan la mamografía, primero un pecho, luego el otro. Ahora espera mientras miran la mamografía y túmbate ahí que te van a hacer una ecografía.
Y ese momento en el que te pasan el ecógrafo, silencio, se paraliza el tiempo. Nadie habla, miras sus caras buscando una sonrisa, una mirada o una cara de: bah, todo bien, nada fuera de lo normal. Pero no, estás viendo esa cara, estás viendo sus miradas. Y lo siguiente que oyes es que han visto unas “manchas” y que hay que hacer una biopsia y una resonancia para saber más. Y yo me preguntaba: una biopsia vale, ¿pero la resonancia? ¿Primero no es mejor esperar a la biopsia y ya luego seguir haciendo pruebas? No era consciente que lo tenían muy claro, que sabían que eso iba a ser cáncer, pero no me lo pueden decir sin una biopsia.
Salí de ahí en “shock”. Y yo pensando que no iba a ser nada. Ahora tengo que coger cita para una biopsia “urgente”. Para el día 5 de Julio. Y la resonancia dependía de mi regla para hacerla, así que calculando cuando me tocaría, me citaron.
Ahora sí o sí tenia que hablar con mis padres. Madre mía que momento más difícil. La cosa se estaba complicando, lo que iba a ser una “tontería” ahora tenía fecha para biopsia y resonancia, y viendo la cara de la ecografista, no tenía buena pinta aquello. Aunque he de reconocer que siempre buscas excusas para todo y hacerte ver que no va a ser nada. Bueno Mónica, biopsias hacen a mucha gente y luego resulta no ser nada….ya, ¿pero entonces porque me han mandado una resonancia también? Bueno Mónica, pondrían esa cara porque no pueden hacer que no pasa nada y luego que pase, pero vamos, que a ti no te va a pasar…
Con los papeles de las pruebas en la mano, fui a casa de mis padres. Y allí les expliqué. Lo primero que me dicen lógicamente es que por qué no había dicho nada hasta entonces. Lo siguiente es intentar no preocuparme, y en el fondo creo que pensaban que todo se iba a quedar en un susto, pero no fue así.
En la primera biopsia, me acompaña una amiga, a la que le pido que me lleve ya que luego no aconsejan conducir. La prueba es dura, no tanto por el dolor, sino por la situación. Sigo recordando esos momentos en esa camilla con mucha angustia, noto mi cara de pánico. Intentan tranquilizarme, pero en esos momentos nada lo hace. Ahora, a esperar.
Recuerdo que mi mayor preocupación en ese momento era que se me iba a ver el apósito que ponen al hacer la biopsia. Al día siguiente era el chupinazo, yo tenía almuerzo con mi cuadrilla. Yo tenía una obsesión con que se me veía y no quería decir nada. No me apetecía que un día de celebración se convirtiera en miradas de compasión. Quería hacer que no pasaba nada, si no hablaba de ello es como si no hubiese pasado. Pero cada vez que me veía en el espejo, el apósito me lo recordaba.
Tras la realización de la resonancia, una prueba bastante difícil de llevar también por la situación y aún sin saber nada de los resultados, fueron días de espera horribles, para que nos vamos a engañar. Intentas no pensar en ello, pero existe.
Y me llamaron, pero no para citarme y dar los resultados, sino para realizar otra biopsia esta vez del otro pecho. Entonces otra vez empiezan las mil preguntas que se hace mi cabeza. Eso es que han visto algo, voy a tener tumores por todos lados, voy a tener metástasis. ¿Pero por qué nadie me dice nada? Otra vez biopsia, otra vez pasar por lo mismo…bueno, pero tu tranquila, seguro que es para cerciorarse que todo está bien.
Me realizaron una biopsia del otro pecho y pincharon mis ganglios de la axila del primer pecho. Eso ya estaba pintando muy mal. Ya basta por favor, ¿cuándo se va a acabar esto y me van a decir que todo está bien?
Tenía cita ya concretada el 30 de Julio con la cirujana. Y digo yo, si fuese algo malo me adelantarían la cita ¿no? O por lo menos me lo dirían antes. No me van a tener esperando sabiendo que tengo cáncer. Eso era lo que yo creía y lo que quería pensar.
Llegó el día de la cita, fui a con mi madre. Esperar es de lo más duro, esperar cuando no sabes nada. Cuando entramos y la miré algo me dijo que no me daría buenas noticias. Y así fue. Tienes cáncer. Empiezan a explicarte el tipo de tumor, tamaño y blablablá…empiezas a no escuchar nada. Tu mente deja de funcionar, se queda todo tu cuerpo paralizado y ya no escuchas nada más. ¿Cáncer? ¿Yo? ¿En qué momento? Pero si esto iba a salir bien…..Y aquí continúa tu pesadilla. ¿Y ahora qué? Me explica que dada la extensión de mis calcificaciones, tienen que amputarme el pecho, sí, así como si nada, me lo van a quitar. Y luego, al biopsiarlo, ya se valorarían los pasos a seguir. Pero que si me realizan la mastectomía no me pondrían quimioterapia. Aún y todo, me dan cita en oncología. Ya sólo esa palabra da un miedo terrible. Mi oncóloga (nunca creí que pudiera llegar a decir esto) me explicaría mejor todo.
Y aquí otro momento durísimo. No he contado que tres meses antes de todo esto, conocí a un chico, estábamos conociéndonos, todo iba bien, y ahora de repente le tengo que decir que tengo cáncer. Lo mejor sería que me dejara, total, apenas me conoce, ¿y cómo va a pasar por todo esto? No había ninguna necesidad. Pero quiso seguir ahí, a mi lado, a su manera. Quitaba importancia a lo físico y eso me hacía sentir más segura y mejor. Era uno de los motivos porque los que tiraba para adelante, la ilusión de empezar con alguien, ese tonteo, los planes que hacíamos, sentirme cuidada y querida por él.
Aunque he de decir, y no quiero generalizar, creo que los hombres están menos preparados para esto. Y en mi caso, en muchas ocasiones no estaba a la altura. A pesar de eso, para mí era un motivo de felicidad, de lucha, de ilusión y ganas.
Llegó el día de la cita en oncología. La verdad que cuando estás ahí te sientes fuera de lugar, ¿pero qué hago aquí? Yo no estoy enferma. Reconozco que ese sitio me causaba angustia, ver a la gente esperando en la sala de espera, mirando las pantallas para ver cuando era su turno. Me dieron una tarjeta para usar a partir de ese momento, la tarjeta de “puta enferma de mierda” como la llamaba yo (vale, sí, igual me pasé pero
así me sentía), gente con pañuelos en la cabeza, con turbantes, sin pelo. Sí, me impresionaba, yo no quería verme así, yo no iba a estar así, no podía ser.
Cuando me tocó el turno, conocí a la que iba a ser mi oncóloga. Me volvió a explicar el tumor, esta vez pude centrarme algo más. Hasta que escuché todos los pasos que iban a hacer. Cuando me dijo que me iban a dar 6 meses de quimioterapia, y que antes de que lo preguntara, sí, me iba a quedar sin pelo, otra vez volvía dejar de escuchar. Volví a quedarme en shock. Pero si me iban a operar, no iba a necesitar quimioterapia según la cirujana. Seguro que la oncóloga se equivoca. No habrá leído bien mi caso. O eso es lo que yo deseaba.
Salgo de ahí con un esquema de cosas que van a hacerme. Pero yo sólo me quedo con la quimioterapia. Es que sigo sin creerlo.
Y mi vida ahora se iba a centrar en médicos y hospitales. Mi cirujana para organizar mi cirugía de mastectomía, mi oncóloga para empezar con la quimioterapia (y otras terapias que también voy a recibir), visitas a ginecología y reproducción para someterme a un tratamiento de fertilidad y poder congelar óvulos, ya que no soy madre aún y todo el proceso de quimioterapia hará que mi reserva ovárica disminuya y la calidad de mis óvulos sea peor, por lo que quedarme embarazada sería más difícil. Aquí empieza realmente todo, hasta ahora sólo había sido sólo una introducción, el título de un libro, ahora venían los capítulos, unos muy duros, otros duros, y otros menos duros. Para mí un libro de auténtico terror y miedo, que es como se vive día a día con cáncer.
Lo primero fue la cirugía. No voy a mentir, fue dura, muy dura. No sólo porque te amputan una parte de ti de cuajo, sino porque te deja secuelas físicas y psíquicas para siempre, y en ese momento no eres consciente de eso. Y duele, mucho. Me refiero a dolor físico .
Lo pasé mal. Desperté de la cirugía con muchísimo dolor. Encima no recibí buenas noticias. Sí que pudieron ponerme un expansor, eso iba a significar que habían quitado el tumor y no iba a necesitar radioterapia. Pero no contaban con biopsiar el pecho y encontrarse con otro tumor, este más agresivo, infiltrativo, que había comenzado a extenderse. Es decir, yo tenía dos tipos de tumores, el que me vieron en la mamografía y diagnosticaron con la biopsia, y este segundo que sólo pudo ser descubierto al quitarme el pecho. ¿Suerte? Tendré que pensar que sí. Al final me voy a sentir hasta privilegiada por la suerte que he tenido, por la cadena de circunstancias que han hecho que me diagnosticaran un cáncer que hubiera sido imposible ver y seguramente hubieran diagnosticado demasiado tarde.
Me quitaron el ganglio centinela y otro que habían sido afectados, el resto supuestamenteestabanlimpios,porloquenoquitarontodalacadenaganglionar. A los días de hospitalización me dan el alta. Es complicado hacer vida sin poder mover mucho tu brazo derecho, solo el hecho de lavarte la cabeza es todo un reto. Te dicen que tienes que mover el brazo, estirarlo, hacer ejercicios para ejercitarlo, pero todo cuesta mucho, y duele mucho.
Tuve que comprarme sujetadores especiales y prótesis para rellenar el sujetador. Rellenarían el expansor en cuanto se pudiera, mientras, me ponía una teta de mentira para disimular. Eso crea mucha inseguridad, te ves mal, te ves fea, te ves incompleta.
Una vez con todos los resultados de mis tumores en la mano, decidieron el tratamiento de quimioterapia oportuno. En teoría, según me dijo mi oncóloga, la quimioterapia era preventiva, ya que habían extirpado todos los tumores. Pero a veces quedan células tumorales, y por ello iban a darme la quimioterapia. Un proceso que duraría meses. Al no ser madre, como he comentado anteriormente, me ofrecieron hacer un tratamiento de fertilidad para poder congelar óvulos, ya que serán dañados con la quimioterapia. Acepté sin saber muy bien en qué consistía ni lo mal que lo iba a pasar.
Comenzó el proceso. Duro, muy duro. Pinchazos, análisis y revisiones diarias. Cambios emocionales muy fuertes. Tratamientos y más tratamientos. No había mucho tiempo, ya que teníamos que empezar la quimioterapia rápidamente. Me tenían que haber dado otro ciclo de tratamiento de fertilidad, ya que con uno sólo no se consiguió mucho, pero no había tiempo. Consiguieron extraerme cuatro míseros óvulos, que permanecen congelados a la espera de ser utilizados, o no. Este proceso de extracción de óvulos tampoco fue lo mejor del mundo, se hace bajo sedación, mi ánimo estaba por los suelos y no tengo buen recuerdo.
Y tras varios disgustos debido a que la oncóloga me llamó enfadada porque tenía que empezar ya la quimioterapia, porque si no, no me la iba a poner (no soy yo la que ponía la duración del proceso de fertilidad, yo sólo hacía lo que me decían y cuando me decían) llegó el día de la quimioterapia. Haciendo un resumen de lo que consiste la quimioterapia y sin querer aburrir mucho ni expandirme en este proceso, básicamente ibas con tu tarjeta de puta enferma, como lo llamaba yo, fichabas como en el trabajo, y lo primero, cogías hora para analítica. Esperabas, te sacaban sangre, y ya podías ir a desayunar. A la hora aproximadamente volvías, esperabas tus resultados, bien en consulta con la oncóloga, bien con la enfermera, y si todo estaba bien y tus defensas estaban bien, podían ponerte la quimioterapia y pedían a laboratorio mi tratamiento. (Si las defensas estaban bajas te mandaban a casa con tratamiento y tenías que esperar a la siguiente sesión). Tenías que esperar a ser llamada. Cuando salía tu número de paciente en consulta, entrabas a la sala que te tocaba. Te sentabas en un sillón y ahí con una vía a veces ya cogida cuando te sacaban sangre, otras veces te la cogían ahí, empezaban e enchufarte todo el tratamiento. El proceso variaba según la quimioterapia que me ponían, pero solía durar horas, un par de horas, tres, a veces más, a veces menos. Durante ese tiempo me llevaba para leer, para ver alguna película, o bien “enredaba” con el móvil. Mientras, mi madre, mi acompañante en todo momento durante toda la enfermedad, mi todo, la persona a la que nunca podré agradecerle más todo lo que me ayudó y ayuda, y la persona que olvido a veces que fue la que peor lo pasó. Imagino que como madre ver a tu hija así, ver a tu hija enferma de cáncer, es una de las cosas más duras que puede enfrentarse una madre.
Mi madre esperaba en la sala de espera, con su libro, daba igual las horas que fueran, ahí estaba, para cuando yo saliera, estar ahí. Y mi padre, era el que hacía de “taxista”. Nos llevaba y traía siempre, las veces que fuesen necesarias. Iba y venía, acudía en cuanto le llamábamos. Aunque de manera diferente, también sé que fue duro para él. No lo expresaba tanto, pero la procesión va por dentro, y fue un pilar muy importante para mí también. Sé que es más reservado y le cuesta expresar más los sentimientos. Pero no dejaba de ser su hija, una hija con cáncer.
Este proceso duró 6 meses, con sesiones semanales tres meses y sesiones cada 21 días otros tres meses.
Y voy a los efectos secundarios. El peor sin duda por muy superficial que suene fue la pérdida de pelo. Sí, para mí de lo más duro del proceso.
Incluso más que el hecho de que me amputen el pecho. Desde que te dicen que vas a perder el pelo, tienes que pasar por varios procesos, primero salir del estado de shock que eso te provoca, y empiezas a aturullarte sin saber qué narices hacer. A veces piensas que igual a ti no se te cae…empiezas a leer por internet cómo evitarlo, pruebasy compras mil productos a la desesperada, sin importarte que sean productos caros que no van a evitar que se te caiga, pero tú te fías, lo pruebas, lo intentas. El tiempo va en contra y hay que decidir qué hacer. Me compro mil pañuelos, turbantes…pero eso no es lo que quiero. Empiezo a mirar pelucas, modelos, tipos, me agobio, mucho. No quiero una peluca, no quiero que se me caiga el pelo. Finalmente, encuentro una opción que me puede encajar más, la prótesis capilar. Te hacen una peluca a tu medida, con tu mismo color, con tu mismo corte, y esta prótesis va adherida a la cabeza para no tener que quitártela más que para lavarla y así no tener que verte calva. Era lo que mejor me parecía, aún y todo dudaba siempre. ¿Será bueno que se pegue a la cabeza? Lees de todo. Igual luego no me vuelve a salir el pelo. Por no hablar del gasto económico tan grande que supone, la prótesis, y luego acudir a menudo para que la prótesis sea limpiada y tratada con productos para que dure y se vea lo más natural posible. Esta época, desde el día que fui a raparme y a ponerme la prótesis, hasta que me la pude quitar, fue sin duda, el más duro que viví. Emocionalmente me hundió totalmente.
Otro efecto secundario de la quimioterapia fue una flebitis en la vena. Eso produce bastante dolor y ya no puede ser utilizada, por lo que tuvieron que ponerme un PIC, un catéter externo que va directo a la vena cava del corazón. El proceso de ponerlo es complicadillo e incómodo, pero no peor que la incomodidad de llevar ese catéter. Estaba puesto en mi brazo izquierdo, en la parte interna, cerca de la axila.
Tenía que llevarlo tapado con una especie de brazalete y tener unos cuidados para evitar infecciones. Ahora me meterían la quimio por ahí, y aunque en teoría no iban a volver a pincharme ya que lo usarían también para hacer las analíticas, no era así, cuando las enfermeras iban con prisa me pinchaban para sacar sangre. He de decir que te sientes un auténtico colador, y que si antes tenías pánico a las agujas (no era mi caso) más te valía que desapareciese el pánico.
El resto de efectos producidos por la quimioterapia eran cansancio extremo, malestar, ardor de estómago, depresión, cambio en los sabores de los alimentos….eran muchos y variados, aunque no siempre los tenía.
Recuerdo en una de las sesiones, a los dos días, estar bastante mal, encontrarme fatal, y pegarme 4 días sin salir de la cama, sin apetito, sin ganas de nada, con un gran malestar y sin poder parar de llorar.
Otras consecuencias de la quimioterapia eran las bajadas de defensas. Tuve que acudir en dos ocasiones a urgencias por fiebre. Te lo dicen, si tienes 38 de temperatura o más, hay que ir a urgencias. En ninguna de las ocasiones tuvieron que hospitalizarme pero sí me pegué muchas horas en vigilancia y haciéndome pruebas.
Pero en general, durante los meses de quimioterapia yo estaba muy activa. Me pegaba horas haciendo senderismo, moviéndome. Tenía mucha energía a pesar de todo, y siempre intentaba hacer cosas para estar distraída y no pensar. No dejé de salir con mis amigas, de ir a conciertos, a comidas, siempre y cuando el cuerpo me lo permitiera. He de dar gracias también a mis amigas, que lo han sido todo, que me han apoyado muchísimo. Que siempre estaban pendientes y a mi lado. Que importante es eso y cuánto se valora en esos momentos.
Y llega el día en que es tu última sesión de quimioterapia, y no te lo crees. Ahora sólo esperas que el pelo te crezca rápido. Aún y todo, sigo con otro tipo de tratamiento, de terapia, por lo que las visitas al hospital no van a parar. Con este otro tratamiento, al afectar a nivel cardíaco, tengo que realizarme controles eco-cardiográficos para ver que todo esté bien y poder continuar. Este tratamiento, si mal no recuerdo, era de un año, y lo empecé antes de terminar la quimioterapia. Y tenía que continuarlo hasta hacer el año.
Y una vez que terminé con todo esto, sería el momento de empezar la toma del tamoxifeno, tan conocido y tan indeseado. Una pastilla oral diaria durante 5-10 años. Un tratamiento hormonal para evitar la recaída del cáncer (ya que mi cáncer era hormonal). Este tratamiento tiene infinidad de efectos secundarios, y es el que me impide poder ser madre. Si quisiera serlo, tendría que dejarlo, con el riesgo que ello supone. A día de hoy, llevo 3 años con el tamoxifeno, tengo 40 años y no sé si algún día tendré el valor de dejar el tratamiento, cruzar dedos e intentar tener un hijo. O si me olvido de ser madre.
Aparte del tamoxifeno, me ponen un implante mensual que me provoca la menopausia. La duración de este tratamiento la desconozco. Creo que durará lo mismo que dure el tamoxifeno.
Por el alto riesgo a padecer un tumor de útero por el tamoxifeno, tienen que realizarme controles anuales en ginecología, muy importantes y necesarios.
Sobre el tema de mi mastectomía, en cuanto se pudo, empezaron a llenarme el expansor. Introducen por la válvula suero, para ir llenándolo, y así ir expandiendo la piel, para poder realizar posteriormente la cirugía de reconstrucción. Este proceso fue duro también, y largo. Muchas visitas a la consulta de mi médico plástico (el cual quiero nombrar, porque fue y es el mejor médico que he tenido en todo el proceso, el que me ha tratado con mucho cariño, con tanta dulzura y educación, que me ha hecho sentir bien en todo momento, por no hablar del trabajazo que ha realizado. Mi médico Alberto Irigaray, un profesional como la copa de un pino y que he tenido el privilegio de poder ser su paciente). Al final llegó el día de la cirugía de reconstrucción. Cirugía dura también, pero he de decir que muy deseada y esperada, por lo que todo lo malo quedaba en un segundo plano. Estaba ilusionada y feliz.
Aunque todo no termina aquí, tuve que pasar dos veces más por quirófano. Para mejorar el aspecto, porque la prótesis se me había girado y para terminar la reconstrucción con el pezón y areola. Todo este proceso se alargó unos años. La cirugía de amputación del pecho se realizó a finales de 2018, y la última cirugía de reconstrucción del pezón fue a finales del 2021.
A día de hoy, sigo con mi tratamiento oral diario, mis implantes mensuales. Revisiones en ginecología, revisiones con mi médico plástico, revisiones con mi cirujana, revisiones con mi oncóloga, mamografía y ecografía de control (aunque he de decir que todas estas revisiones están siendo retrasada, y mucho, desde el covid. Con retrasos de casi un año, y aun esperando a pesar de las reclamaciones que pongo)
¿Y como estoy a día de hoy? Feliz, porque estoy curada. Ha sido un proceso horrible, durísimo, pero ha merecido la pena para poder decir que ya no tengo cáncer. Pero todo esto me ha dejado muchas secuelas. Las físicas, evidentes, por los efectos secundarios del tratamiento que tomo, por las cirugías, la amputación del pecho y la extracción de los ganglios, mi brazo ha perdido fuerza, sensibilidad, tengo hormigueos constantes, mucho dolor y no puedo realizar mi trabajo igual. Eso me repercute en muchas cosas, forzar el brazo, la mano, la espalda ha terminado en túnel carpiano, epicondilitis, contracturas varias, dolor cervical, lumbar.
Y a nivel psicológico, lo peor. La gente te ve recuperada, y no entiende que tú ya no eres la misma, ni lo vas a ser. El proceso que se vive no sólo te afecta en el momento, sino para siempre.
Yo vivo con la angustia constante por mucho que intente evitarlo de que me vuelva a pasar, de tener que pasar por lo mismo otra vez, pero que esta vez no
puedan curarme, que sea tarde. He vivido dos casos relativamente cercanos de cáncer de mamá metastásico, en ambos casos, han terminado muriendo, después de años de lucha, sabiendo que no podían curarse, sabiendo cual va a ser el final. Creo que es de lo más duro que puede pasarte. Eso hace que me sienta afortunada de poder haber tenido la oportunidad de curarme. Pero vivo con miedo de que la próxima vez no sea así.
Tengo temporadas mejores, otras muy malas, en las que todo me afecta, en las que me siento muy deprimida, siento que no soy yo. Me hundo, pero intento salir a flote lo antes posible. Sigo necesitando la ayuda de mi psicóloga, sigo necesitando tomar ansiolíticos para dormir y sigo hundiéndome en muchas ocasiones, más de las que me gustarían.
No quiero dejar de nombrar a las personitas que más hacían que yo tirara para adelante, que me daban la vida, que amo y quiero con locura. Mis sobrinos. Sus visitas eran un chute de alegría inmenso. Mis niños, no entendían mucho, sólo que su tía estaba malita. Iban a verme al hospital cuando podían (no viven en mi misma ciudad). Cuando empezó todo tenían 4 años. Son mi ilusión, mi alegría, mi motor.
Aparte, también quiero hacer mención especial que soy una apasionada de los animales. Me dedico a ellos trabajando en una clínica veterinaria. Y sí, mi casa está llena de animales. Animales que amo con locura, que me han acompañado en todo el proceso, me han ayudado, me han hecho sonreír. Me han obligado a salir, me han acompañado en todo momento. He visto como me miraban cuando estaba hundida, he vivido esos momentos en que intentaban animarme. Con esto quiero aprovechar para “denunciar” los casos de abandonos, debido a una mala información, más bien una desinformación. Me consta que hay médicos que incitan a abandonar a los animales por riesgos de infecciones. Y me consta que hay gente que sin ni siquiera informarse, directamente los abandona. Informaros, por favor. Son parte de nuestra familia. Los animales debidamente cuidados no van a hacer que enfermes por tenerlos a tu lado. Al revés, te van a ayudar mucho más de lo que te imaginas. Yo salí adelante con 5 gatos y dos perras, fueron parte de mi terapia, y lo seguirán siendo siempre.
Mónica Prieto Rico
P.D. Aprovecho para recomendaros un libro que ha sido publicado recientemente por una gran amiga y compañera de esta batalla. Es una guía para ayudar a las personas que acaban de ser diagnosticadas de cáncer de mama, para ellas y sus familias, porque te habla sobre la experiencia, da consejos, te guía en muchas ocasiones en las que te bloqueas y no sabes a quién pedir ayuda. Se titula Mi cáncer de mama (y el tuyo) en 19 preguntas, escrito por Marisol Artica Zurano.
La mosca
Relato nº16
Nunca en mi vida podré olvidar esa tarde en Julio. El calor era inhumano, el sol caía como una bomba sobre los pocos que osábamos salir a las calles a esas horas. Marta y yo, íbamos de la mano buscando el refugio de la sombra de los pocos árboles que quedaban en la avenida, reíamos mientras hacíamos los planes para pasar esa tarde felizmente. Primero a la consulta del Doctor Trapero, a la revisión de unas pruebas rutinarias que se había hecho Marta la semana anterior y que llevaba yo en un sobre con la mano que me quedaba libre, no llevaba la chaqueta y por ello no tenía bolsillos para guardarlo. El informe lo retiré el día anterior del hospital en donde se hizo la prueba y sin ni siquiera abrirlo, me lo guardé, iba, al mismo tiempo, con mi compañera Ana, a revisar un examen de Psicobiología que habíamos suspendido por tercera vez, pero ahora con un 4,90 de nota…al final, nos aprobaron por fin. Después, queríamos ir a un cine fresquito, a ver una peli de la que nos habían hablado muy bien,” El Cartero”, por supuesto con cubo de palomitas incluido, y, por último, tomaríamos unas cañas y alguna ración con mi prima Toñi, que nos iba a presentar a su último novio. Llevaba tres en dos años y el nuevo tenía todas las papeletas de engrosar la lista de candidatos rechazados, ya que, según ella misma, era más pesado que el plomo.
Entramos en la consulta y, como siempre, la salita de espera estaba llena de gente entre angustiada y expectante. Invariablemente había algún personaje conocido allí, por su talento como cantante o escritor de moda y también alguna petarda cuyo único valor era haber tenido un lio con algún famoso y contarlo luego en las revistas o en la televisión. Ese día, sentada frente a nosotros, con unas morenas y bonitas piernas cruzadas, estaba una mujer joven de cuyo nombre, como de costumbre, no me acuerdo, cuyo principal mérito consistía en salir fotografiada, por supuesto clandestinamente, en una revista mostrando las bragas, bueno, mejor dicho, la falta de las mismas, que según comentó ella , las había olvidado encima de la cama con la intención de perfumarlas, antes de salir….creo además que tuvo un asunto de cuernos o algo parecido, con un conocido banquero.
Contra todo pronóstico, Belinda, que era el nombre de la enfermera del Doctor, que, por cierto, no he contado que aparte de una eminencia médica en su campo, era un viejo verde que, a pesar de tener más años que Don Quijote y Sancho juntos, coqueteaba descaradamente con las pacientes como si tuviese cuarenta años menos de los que tenía. Saludamos al viejo crápula y enseguida le indicó a la chica que pasara con Marta a la otra sala para tomar la tensión y la temperatura y a mí que le acompañase a su despacho a esperarlas. Era una estancia amplia y muy luminosa, toda la parte de la derecha era una cristalera por la cual se veía un bonito jardín con una fuente en el centro en la que cuatro ranitas de piedra escupían un chorrito de agua que iba a romper contra una especie de piña también de piedra que, a su vez, elevaba su propio chorrito hacia el cielo. El médico cogió el sobre que le tendí, y en lugar de sentarse frente a mí en su sillón, se acercó a la cristalera y se puso a golpearla con el sobre para espantar a una mosca negra y gorda que estaba allí intentando salir atravesando el cristal y emitiendo un agresivo zumbido. Sin siquiera mirarme, me dijo de sopetón:
— Tu mujer tiene cáncer…que hacemos se lo decimos o no.
En ese instante me pareció que se paraba el mundo, iba todo como a cámara lenta, el viejo verde con el sobre, la mosca a la fuga, unas palabras sueltas y a treinta y tres revoluciones…” quíiimio, metástaaasis, carciiinoma…” la puerta que se abre lentamente, yo queriendo arreglar mi descompuesto semblante, intentando pensar, y mi cerebro como encallado, sólo una frase repetida machacona
— ¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué?…
Entró Marta y Belinda tras ella, me miró y sin dudarlo ni un momento me preguntó:
—Tengo algo malo”, ¿verdad? …
Sin articular una sola palabra, la boca seca, no puedo apartar la vista de la puta mosca asquerosa del cristal.
El repugnante moscardón se llevó de nuestra vida una teta, mucho pelo y, por un largo tiempo, nuestras ganas de vivir y nuestra alegría. Hace ya casi un lustro de aquella tarde y hemos vencido al miedo y la angustia. Cada día es una puerta abierta a la vida, cada insignificante detalle, que antes solía pasar sin pena ni gloria por delante, ahora es un risueño descubrimiento cotidiano. Ya no solo vemos pasar las cosas, las abrazamos con la fuerza de saber que somos unos afortunados por poder aprovechar esta segunda oportunidad.
Estamos más viejos, más feos y más gordos, pero de alguna manera…más felices.
Belén Talavera
Mi esposa
Relato nº 17
Mi esposa, pesa ciento diez libras, quizás menos, sus senos son pequeños, nada la vincula con el cáncer de mama, no hay razón y sin embargo no resiste los dolores en la espalda y en la parte inferior de su pequeña tetica. Apenas si tenía leche después del parto, cada fin de semana me encargaba de tostar y moler maní, encima del armario siempre hubo varias barras así podía lactar mejor. Eso sí, al chico le gustaba una sola teta y ella se hacía presión para sacar la leche. Ya es un hombre, la menopausia se acerca y aparece el mal.
En estos tiempos tan vulnerables, vivimos buscando la mejor opción para todo, por eso fuimos con el doctor Leonardo en Camagüey, cuando indagamos, fueron las mejores referencias. Tengo que reconocer la grata impresión recibida de ese hospital “en estos tiempos de escasez y desamor”. A media noche salimos, amanecimos allí, cientos de personas de varias provincias en aquel pasillo me sacó la expresión ¡Qué barbaridad! Pues no, vino un gordo en bata blanca y recogió a los de Ultrasonido, por el otro pasillo llegó una enfermera solicitando a los del laboratorio, otra persona nos repartió turnos ¡Qué bien! Muy organizados. Al señor repartidor de turnos se le pegaron los papelitos.
― Hoy es su día de suerte tome el doce.
Suficiente para formar barullo en la cola, mi flaca muy tensa por la prueba salió airosa del percance:
― ¡Señora, con la situación que tenemos usted y yo! ¿Nos pega discutir por un simple número? ¡Pase usted primero!
El incidente me dejo meditando ¿Qué más puedo hacer?, ya la ayudo en todo, más bien le hago todo, ella da los retoques. En lo adelante no podrá cargar las macetas de sus plantas, seré su taxista, la llevaré en bicicleta a todas sus coberturas y no estará sola en ninguna consulta. Algo más se me ocurrirá.
Omar Rosa González
Mañana amanece
Relato nº 18
El 22 de diciembre, fecha de la consulta en la que me dan los resultados de las pruebas, pasó todo como jamás imaginaría. El médico fue rotundo: tienes un nódulo maligno. Me lo dijo tan deprisa que no me dio tiempo ni a sentarme en la silla. Mi hermana M. que me acompañaba, se quedó estupefacta. No podíamos reaccionar…. – “Te hemos hecho un estudio y no das el perfil de persona de riesgo”. Yo, tenía tal conmoción que llegó un momento que no sabía lo que me estaba diciendo. Eso sí, sentí la mayor bofetada de mi vida era como si me hubieran sacado de un circuito, volando. Entré en un estado entre el shock y la “incredulidad”, pensaba: “pero… quéee putada¡¡Cómo me puede estar pasando esto a mis 55 años, si me he cuidado y nunca he estado enferma ¡- El médico concluyó:” con tratamiento tiene cura y este año largo tienes que dedicarte a ello”. Sólo tenía frío, mucho frío y quería salir del hospital corriendo. Oía en el bus números de lotería, a la vez que mi cabeza decía ¿cómo es posible que me haya pasado esto de esta manera?, no tenía síntomas y el nódulo era tan pequeño que apenas se apreciaba. Llamé a mi familia y a mis amigos cercanos, no daban crédito. Lo que tuve muy claro desde el principio, es que no iba a contar mi enfermedad. Quería protegerme de gente, que lo único que les importa es contarte la historia de su prima Juanita. Sentía en el cuerpo una herida silenciosa, casi mortal y no sabía ni cómo empezar. Ya no distinguía entre el día y la noche: todo era oscuro. A los pocos días tengo la consulta con la oncóloga, que me aconseja una cita con la psiquiatra. Insistía que era muy importante la actitud hacia la enfermedad.
Comencé a darle vueltas a la importancia de la mente, y de mantener un equilibrio emocional. Llegaron las esperas, a veces muy largas en las consultas, las pruebas… poco a poco fui asimilando de dónde venía la palabra “paciente”. Mientras tanto conocía allí a gente estupenda.
Las Navidades estaban encima, y yo intentaba sobreponerme, pero no sabía cómo encajar aquel golpe… La operación sería a finales de enero, me fui preparando mental y físicamente. Después vendría la quimio y luego la radio… ¡Menuda fiesta ¡Me hice la pregunta del millón, realmente ¿quieres vivir? Y si es así, ¿cómo lo quieres hacer? Tienes que enfrentarte a tus miedos y ver realmente que es lo que ha pasado en tu vida para llegar a esta situación.
A esas alturas tenía claro que el pensamiento tiene mucha fuerza. Supe que tenía que reeducar mi cerebro de forma positiva y que, si las demás mujeres lo habían conseguido, yo también podría, y que tendría que andar mi propio camino con fé, hacer mi propia travesía. Además, como pisciana que soy poseo la ventaja de que soy muy creativa. Todos los días salía a caminar, me hacía mucho bien, y respirar aire puro era una buena combinación. Así comenzaba mi viaje… Después de mi lucha en Navidades, que las pasé como pude tenía que prepararme para la operación. Mi cabeza me daba vueltas y mi espíritu estaba desbocado. Pero aprendí desde la primera sesión que si te mantienes en una actitud fuerte, se lleva muchísimo mejor el tratamiento. Es como si generaras defensas tanto físicas como mentales. A veces he pensado: ¿dónde está el límite entre lo físico y lo espiritual?
La importancia de cultivar el pensamiento
Me estaba refiriendo a los efectos secundarios: mareos, náuseas, vértigos, inapetencia. La verdad, es que notas que tu cuerpo está desencajado, pero poco a poco te pones las pilas, te hidratas, todo sin forzar, descansas y ya verás como todo sale muy bien. Y si un día sientes que te ha pasado una apisonadora, piensa que es momentáneo porque con cuidados, se sale. Búscate algo para distraerte que te guste Por eso era tan importante el ir creando esas defensas mentales. Enseguida percibí que cuanto más cultivaba mis defensas mentales-espirituales, mejor resultados tenía en los análisis y mejor me iba en las sesiones. Y como me iba mejor en las sesiones, yo estaba más animada y mejor dispuesta a afrontar el día a día.
En ese momento, empecé a descubrir capacidades en mí que desconocía: solamente cuando estás en una situación extrema te viene como una especie de iluminación…que te da paz. Un espíritu protector. Todo iba según lo previsto, las pruebas pre -operatorias, estaban bien…A pesar de mi angustia, en el fondo estaba tranquila, mi sensación era que todo iba… Aunque sabía que me tenía que tirar a una piscina sin saber si tenía agua. Yo confié en los médicos, en la tecnología, y en mí misma. – he seguido todos los protocolos al pie de la letra. – Ahora sé que gracias a esta combinación estoy viva. Y así fue. La operación resultó muy bien y ese mismo día dormía en casa. En el momento del ingreso, a las 8h de la mañana, pensé que me iba a derrumbar, pero no fue así, estaba tranquila. Después vino la confirmación del diagnóstico: el tumor era maligno. La enfermedad con el tiempo se iba convirtiendo en un reto, que ponía a prueba todos mis conocimientos, y herramientas para salir adelante. Si, un reto a vida o muerte, aunque suene rotundo es así. O ella o yo, pensaba, no hay más. Afrontar la enfermedad de la mejor forma posible, ese ha sido mi objetivo La medicina te ayuda, los médicos –es muy importante confiar en tu médico-la ciencia, tu familia amigos, pareja, pero existe un vacío que es el que yo me propuse llenar desarrollando algunas ideas. Me gustaría tener una varita mágica, es una pena no la tengo, pero a pesar de eso desarrollé unos pequeños trucos que me funcionaron. En honor a la verdad el camino no es fácil, nada fácil por algo le llaman “La enfermedad del silencio”, el enemigo acecha sigilosamente. Yo, para entonces lo tenía muy claro y me iba entrenando. Me apoyé en mi familia y amigos, y sobre todo en mí misma. En el fondo sabía que era “yo”, la que tenía que enfrentar esta batalla. Pero …que incertidumbre ¡la travesía del desierto, o como cruzar el Atlántico. ¿Los descubridores de nuevas tierras, tendrían la misma sensación de vértigo, que tenía yo? Igual que resultó la operación, según lo previsto, las sesiones de quimio y radio, también. Empecé el tratamiento de quimio más o menos al mes de la operación, estaba asustada, pero yo seguía con mis paseos, mis charlas, lecturas, música…etc. y recordé que la fuerza se adquiere avanzando, iba dando mis pequeños pasos y buscando soluciones para las piedras que iba encontrando en el camino. Me aconsejaron que fuera cuanto antes a probarme una peluca, yo que soy presumida, y para mí es fundamental verme bien y sobre todo sentirme bien. En la primera sesión no se me cayó el pelo, pero yo me lo había cortado para que la impresión no fuera demasiada, En la segunda sesión, se me caía el pelo a mechones, me lo corté yo, y fui a comprar la peluca que ya la tenía encargada. Hoy en día hacen maravillas. Me compré una peluca de media melena que tenía exactamente el color de mi pelo castaño. Había unas pelucas maravillosas, me acuerdo que me probé una caoba con ondas a lo Rita Hayworth que era fantástica, me pareció excesiva y al final elegí una más sencilla. Me explicaron que tenía una técnica manual y que cada mechón estaba engarzado a mano con una especie de ganchillo: la verdad es que era increíble, me sentaba muy bien…De repente me había convertido en pelirroja. Eso me hacía sonreír y a mis hermanas también al verme.
No se puede vivir sin sentido del humor
Era tan natural el pelo que cuando iba a las sesiones de quimio o de radio, las mismas enfermeras no se podían creer que llevara peluca. ¡Cómo disfrutaba de los períodos de descanso, empleaba mi tiempo en escuchar música, leer, escribir, en pasear con mis amigos y pareja, incluso me presenté a un concurso de fotografía …! En cuanto a las relaciones con los amigos te puedes llevar alguna que otra sorpresa. Amigos que pensabas que lo eran, te das cuenta de que no lo son. Dejan de llamarte, incluso por tu cumple, porque pasa el tiempo y la bola se hace más grande y ya dejan de llamarte, ni te felicitan la Navidad. Hay que asimilar estas zancadillas, quizá en el peor momento de tu vida. Yo tengo la suerte de tener una familia maravillosa y me apoyé en ella. A Mi madre que por entonces tenía 85 años, no quería que sufriese, compinchada con mis hermanos la mandamos de visita a casa de su hermana y cuando volvió le conté la verdad, pero ya tenía todo encauzado. Se lo tomó bastante bien, y me dijo.” Hija, eres valiente. Todo saldrá bien”. Si deseas ser amado, ama. También quiero decir que creo en los milagros, “la mano del destino” se introduce en tu mundo haciendo que las cosas ocurran y todo vaya bien. Pertenece a uno de los grandes misterios que tiene la vida.
Dios está en los detalles.
Vives el día a día de otra manera. No puedo obviar que en mis años de existencia nunca había tenido tal sensación real de desprotección. Me he sentido una niña en la noche, que ha tenido que crecer rápidamente para poder hacer frente a la oscuridad. Muchas veces he llamado en sueños a mi padre fallecido, y eso me confortaba. En esas noches oscuras, yo que he sido educada por las Hermanas Carmelitas Descalzas, me venía a la cabeza la frase que muchas veces nos decían:” La noche oscura del Alma” de Santa Teresa, pero nunca me habían hablado de los días oscuros. Repasando el tiempo anterior a la enfermedad he sido consciente del momento de angustia que estaba viviendo. Tenía muchos frentes abiertos y no fui capaz de resolverlos. Quizá dejé que se colara la enfermedad. Mi actitud era positiva ante la adversidad, pero me di cuenta de que esto no era suficiente. Empecé a caminar, me sentaba muy bien andar por el parque, me hacía estar cerca de mi auténtica naturaleza. Hacía algún ejercicio de tai-chi. Así afrontaba las sesiones de quimio, que eran muy pesadas, pero yo me engañaba el día anterior a la sesión tenía que tomar una lista, para mi interminable, de pastillas, se me hacía muy cuesta arriba, pero me “inventé” que eran caramelos de colores. Cuando llegaba de la sesión de quimio a casa, solo por llegar a casa estaba encantada, pisaba tierra firme, seguramente cansada, respiraba hondo descansaba, comía algún capricho que otro y sobre todo me alimentaba bien. Es muy importante. Pero lo primero que hacía era ir a la cocina a tachar esa fecha del calendario y al día siguiente sonreía y pensaba “me queda una menos”. ¡Que placer ¡así fui tachando 1,2, 3 ,4, 5, 6…
Te empiezas a recomponer, porque tienes que seguir tomando pastillas y después vienen las inyecciones de refuerzo, pero eso a la semana siguiente. Lo bueno es que tienes una semana de fiesta: sales a la calle, respiras, tomas café …charlas y te olvidas de la enfermedad durante una semana. Yo no hablaba del tema. Al enemigo, ni agua. Hablar sobre el tema e informarse me parece natural, pero hay que procurar no obsesionarse, difícil por otro lado. Es importante intentar mantener la cabeza en su sitio. Me di da cuenta de que la información hay que procesarla y además saber procesarla. Evite entrar en internet y sobre todo participar en las redes sociales y foros. Aprendí que información no es sinónimo de conocimiento. Hay que tener la formación adecuada para saber discernir. He seguido a pie juntillas, todos los protocolos, el tratamiento –todas las sesiones-, he tomado la medicación y he seguido los consejos médicos, me he puesto en sus manos porque he creído en ellos, y era lo que pensaba que tenía que hacer para curarme. Es más… he pensado que era una afortunada, porque tenía Seguridad Social. Por las mañanas cuando me levantaba, eso sí me lo tomaba todo con calma, la ducha el aseo …Necesitaba verme bien. Aprendí a marcar mi propio ritmo. En casa no llevaba peluca sino un gorro muy bonito o un pañuelo de seda.” Sé que un día me levantaré y esta pesadilla se habrá esfumado”, era mi oración, mi mantra. “Despertaré y el dinosaurio ya no estará ahí” “(recordaba la famosa frase del escritor Augusto Monterroso” a la que le di la vuelta).
Todos los días he rezado y rezo, hablo con mi Ser Superior. Pienso que lo que llamamos Dios es la Vida, pues si, hablo con ella y después le doy las gracias. Para mí no es algo nuevo, pero ahora lo hago desde una perspectiva diferente, Entiendo que hay gente que tenga sus propias oraciones, yo, voy creando la mía propia.
UNA VEZ QUE SE TERMINA LA QUIMIO TIENES UN MES LARGO DE DESCANSO
En mi caso, dentro de la terapia del tumor estaba contemplada la radioterapia. Me dijeron que tendría una sesión al día durante un mes salvo el fin de semana. Era muy Importante no faltar a ninguna. Estamos hablando ya de finales de julio, todo seguía según lo previsto. Comencé las sesiones. Cada sesión en sí era de unos 10 minutos, pero la preparación era el doble de tiempo. En total una media hora larga que ponía a prueba todas tus facultades. No te podías mover, ni toser, ni respirar fuerte, cualquier pequeño movimiento lo detectaba la máquina. Eso era lo más incómodo. Nada que ver con la quimio. Podías notar algo de cansancio tras la sesión o la piel un poco roja.
La única “dificultad”, era que las sesiones eran diarias, y a veces vivías con el móvil en la mano por si había algún cambio.
Tu curación es prioridad absoluta.
Poco a poco la zona radiada se ponía roja, como si te hubieras quemado un poco por el sol, tenías que hidratarte todo el día salvo 8 horas antes de ir a la sesión. Te dicen que utilices tu crema hidratante, y si no es suficiente, en el botiquín te dan una pomada especial. Yo, cuando terminaba la sesión y estaba ya en la cabina del vestuario llevaba mi crema y no esperaba a llegar a casa para hidratarme, y la verdad es que me fue bien. Ahora, agradecía los dos días de descanso del fin de semana. Parecía que se recuperaba la piel y no tenía ninguna alteración, ni picor. Era muy consciente de lo privilegiada que era porque la máquina era de última tecnología, y los especialistas decían que era una maravilla. Me tumbaba en una camilla, y una especie de brazo, salía por la derecha y poco a poco en 10 movimientos hacía un recorrido de todo el cuerpo hasta la izquierda, iba como a pasos y se paraba, hasta parecía que la máquina pensaba. Emitía un ruido que yo lo transformaba durante esos diez minutos en una sirena de un barco. Mejor dicho, en el sonido del barco del práctico del puerto que anunciaba un velero. Yo, me imaginaba que estaba en unas Islas griegas, mar azul mediterráneo, terminando un desayuno en la playa y que me venían a buscar. Lucía un sol espléndido. La sensación de felicidad era inmensa…Recreaba las imágenes que veía en las fotos que me enviaba todos los días una amiga que estaba en un crucero en las Islas griegas Y sin darme cuenta, llegó el fin de las sesiones que coincidía con pleno agosto y las fiestas. Ese día, bueno más bien noche porque tenía las sesiones a última hora, 8.30h, me pareció el mejor de mi vida, hacía una noche de luna espectacular y a pesar del
cansancio me fui a cenar y a celebrarlo. Empezaba a vislumbrar la otra cara de la vida. Después vino la analítica de rigor, y me dieron permiso para hacer vida normal con precaución.
Descansé y al día siguiente, saqué mi cuaderno de notas para empezar a poner en marcha mi viaje planeado y así fue. Una compañera, en la sala de espera de la radio me hablaba de las maravillas de la Asociación de Cáncer de Mama, que ella frecuentaba muy a menudo, le resultaba de gran ayuda. Ella decía, que iba muy a gusto porque estaba perdida y que además allí, te aconsejan, realizas actividades, tienes apoyos, intercambias experiencias etc. Aunque no va con mi carácter reconozco y apoyo estas asociaciones Organizan actividades desde conferencias, reuniones, excursiones etc. Es un intercambio de información, y sobre todo de apoyo emocional. A mediados de octubre me puse en ruta, un recorrido de unos días en coche, Yo conducía, pero no más de 250 Kms al día. Y llegaron las vacacionessss…. tan esperadas. Había hecho el itinerario con todas las paradas y detalles, mis notas, todo ello escrito con precisión en mi cuaderno de bitácora. ¡Qué felicidad! Cada instante era maravilloso. Llegue de este extraordinario viaje y me tocaba esperar hasta febrero para la revisión, en esta carrera de fondo, donde te van dando testigos.
Ya ha pasado un año desde la operación y tengo consulta médica con el grupo quirúrgico. Me encuentro bien. Tengo buena cara y me crece el pelo. Sé que se va a reunir la Comisión de los expertos y va a revisar todas las pruebas. Se acerca el día. La analítica y otras pruebas están bien me falta por saber una, que me la dirán el día de la consulta Se me hace cuesta arriba este último tramo de la carrera. Oigo en la tele que fallece Bimba, me impacta de manera sobrecogedora. Estoy cansada y no veo que llega el día, necesito que llegue ya… ¡Me distraigo más que nunca! Mi voz me dice tranquila sólo es una semana más…Pero en el desayuno, mi cabeza está en otro lado, me despisto y tropiezo arrastrando el mantel y se me cae una cafetera con café recién hecho en las piernas. ¡Qué dolor, ¡En ese momento siento que se abre la tierra! Corriendo me doy una pomada y poco a poco se va calmando, aunque al día siguiente la piel seguía muy irritada. Me hice un vendaje y por las noches me lo quitaba. Por supuesto nada de ir al ambulatorio, tenía mis remedios y en una semana se me curó y no me dejó ninguna marca. Pensé:” tienes que tranquilizarte como sea”. Esto ha sido un aviso, quizá un accidente inevitable, pero aprendí que no hay que bajar la guardia. Recordé mis respiraciones y mis ejercicios para estar en armonía. Al final todo llega…, y llega el día de la consulta. Por cierto, una fecha preciosa, el 14 de febrero, y me dicen que está todo bien, y que me harán los controles rutinarios el año próximo. No puedo explicar lo que pasa por mi cabeza en ese momento, necesito días para convencerme de que la pesadilla ha terminado. Comienzo a celebrarlo. Mi cumpleaños que es justo una semana más tarde será para mí a partir de ahora, el 14 de febrero. Siempre celebraré, este día. Gracias San Valentín.
Minuska
Abismo
Relato nº 19
Vida normal ,trabajo ,familia ,casa y diversión de vez en cuando.
Un bulto en el pecho, todo cambia. Ginecólogo, mamografría, biopsia….diagnóstico :bulto malo ,cáncer ,
OH…Abismo.
No quieres pensarlo pero cabía la posibilidad.
Decirlo a la familia muy difícil ,hijos ,padres ,hermanos y amigos. Menos mal que no estoy sola…
Los médicos te cuentan el proceso: primero quirófano, quitan bulto y alrededores, quitan los ganglios de la axila (hay varios afectados) analizan el trozo de pecho que quitan (si hubiera células cancerígenas se quitaría todo el pecho, no hay).
Después varias pruebas, hay que mirar que no haya nada ni en los huesos ni en el hígado.
NO hay nada malo en ningún sitio, ahora hay que hacer el tratamiento.
QUIMIOTERAPIA seis sesiones, una cada 21 días. Cansancio, mucho cansancio, débil muy débil y la correspondiente caída de pelo….pañuelos y gorros.
Aún sin pelo RADIOTERAPIA 38 sesiones, pocos minutos pero de lunes a viernes….largo, pesado y la piel muy quemada.
Me ha tocado todo el “pack” quimioterapia( cuando el bulto mide más de 1 cm.) radioterapia ( cuando no quitan el pecho entero).
En el fondo me habría gustado encontrar el bulto antes, cuando era más pequeño, el tratamiento habría sido más corto. El susto y el disgusto igual de grande.
Ahora tengo 40 años, hace dos que me operaron, tengo el tratamiento para cinco años y las revisiones periódicas.
Espero no tener que pasar por esto otra vez pero eso nunca se sabe… sólo espero no estar sola.
Este texto lo escribí cuando me detectaron cáncer en el 2002. Ahora estamos en 2022.
En una revisión rutinaria en febrero de 2018 me vieron unas células raras en la mamografía anual.
OH se repite …. Realizan pruebas y SI son malas….
Empezamos de nuevo.
Miedo a que sea metástasis, miedo a volver a empezar, miedo a los tratamientos.
Diagnóstico: cáncer nuevo NO es metástasis ni tiene que ver con el otro.
Mismo pecho, ahora hay que quitar todo….después reconstruir y lo mejor y más celebrado por mi….NO hace falta dar tratamiento ninguno. UFF…solté aire cuando me informaron.
Quitaron el pecho, no hubo ninguna complicación. A los pocos meses me citaron para la reconstrucción.
Me dieron dos opciones: hacer la mama con la grasa de mi vientre , hacer la mama con prótesis.
Elegimos la primera, de esta manera no hay ningún cuerpo extraño en mi cuerpo.
Ahora tengo los dos pechos, después de varias operaciones, estoy muy bien, tengo revisiones obviamente.
El linfedema vino para quedarse en 2007, esta estable y no muy exagerado.
Es molesto y doloroso a días. No me quejo. Lo vivido está ahí.
Me siento afortunada porque el segundo cáncer lo encontraron en los inicios.
Doy las gracias a las personas que nos hacen las revisiones.
Gracias.
María Isabel Sánchez Pérez
Mujer de seda y rosa
Relato nº 20
Ella sonríe con esa dulzura tan única de madre que todo lo puede, siempre presta, amorosa y precisa, jamás nada la doblega y toda ella es y serán sus hijos.
Allá a mediados del 2018 su mundo se detuvo, desgarrada su alma y escarnecido su vientre, su retoño mayor trascendió de este mundo. Jamás pensamos en sucederle a los hijos y después de una larga batalla su hija mayor a los 56 años, egresó de esta carrera alocada llamada vida terrenal y simplemente se nos adelantó. Estoica, siempre madraza y conteniéndonos a todos, transitó los sombríos laberintos fúnebres y sumergiéndose en un eterno duelo, muy en lo privado y en silencio se dio permiso para llorar ese dolor inagotable, gritar… gritar hasta que le faltó el aliento y así y todo, jamás acallar ese lamento y despedir a quien no se puede dejar ir… un hijo.
Egoístas nos excedimos en nuestro propio dolor, ciegos y glotones emocionales solo pudimos encaramarnos en nuestros apegos y derechos mal concebidos, exigimos consuelo, contención y atención pero no entendimos cuál niños caprichosos que mamá transitaba la más cruel y oscuras instancias de su vida.
Ninguno de sus otros tres hijos, nietos y bisnietos, se percató de su doblegado espíritu, del dolor que la consumía por dentro y decididamente del abismo emocional en el que nuestra madre existía.
Obsecuentes y siempre optando por lo más simple y práctico, optamos por ver sólo lo que nos convenía y actuamos enfocados en lo que nosotros necesitábamos y ella siempre de pie, siempre nuestra estaca, pero no pudimos, no supimos percibir cuanto nuestra madre sufría.
Con el paso de los días nos fuimos adaptando a la idea, maduramos las ausencias y egoístas consideramos que ya era un proceso cerrado.
Una tarde ya casi finalizando el 2019 nos comentó que tenía una dureza en su seno derecho, por lo que ya había solicitado una consulta con su ginecóloga, cosa de rutina y nada de qué preocuparnos, no había prisa.
Pero sucedió lo inimaginable, inesperadamente el mundo entero observaba atónito como un virus que mutaba nos encerraba y detenía nuestras vidas; cancelándolo todo y eso implicó que mamá se quedara a la espera de ser atendida.
En Argentina, país de residencia de mi madre, este proceso de confinamiento fue el más largo y cruel del mundo entero. Nos tocó ejercer la antítesis de la paciencia y comulgar con la angustia de la incertidumbre cada día, fue así que desde fines del 2019 y luego de tocar muchas puertas recién a comienzos de julio del 2022, fue que recibimos el diagnóstico… ese que todos nos negábamos a que fuera posible, pero allí lo teníamos: cáncer invasivo en estadio III con ganglios en axila derecha.
Mi madre en estos días cumple 78 años, estado de salud envidiable, lleva una dieta mediterránea, práctica yoga, teje como arañita todo el día, práctica meditación y es una mujer envidiablemente jovial y bella, emocionalmente siempre fue la más sana de la familia. Serena como siempre, nos comunicó su decisión, optó por la mastectomía.
Desde el día del diagnóstico ya pasaron 6 meses, mientras que los galenos existen en un futuro perfecto, nosotros agonizando en desesperación y urgencia.
En todo este largo tiempo muchas veces me he preguntado ¿Qué sentirá y en qué pensará mamá? y se me llenan los ojos de recuerdos y se me escapa una sonrisa cómplice, pensar en ella es alegría, sueños, eternas letras tomando vida en sus labios, ella es la dedicación y amor constante, desafíos y contención eterna.
En estos meses aprendí a hablar con ella, dejando de ser la niña a la que siempre me transporta y adoro convertirme, esa niña que todavía recibe los abrazos, cariños y mimos en los que ella jamás escatima.
A mis 56 años, el miedo, me está enseñando a conocer a la mujer que existe dentro la colosal madre que está vida nos ha dado.
Aunque me ha costado mucho, después de largas e insistentes charlas, poco a poco pudimos desprendernos de nuestros apegos y hablar de mujer a mujer y exponer nuestros sentimientos, miedos, temores, frustraciones, alegrías y la tan postergada y evitada charla de los deseos póstumos.
En una de esas tantas charlas, le pregunté ¿Que sentía? Y ella muy seria y convencida me contesto: ¡ Hija no se como me siento, es el primer cáncer que tengo en mi cuerpo y no le voy a dar con el gusto de que me gane! Lógicamente nos reímos y seguimos hablando de recetas, ejercicios, terapias y posibilidades.
La palabra cáncer no nos asusta, desde hace varias generaciones, nos recuerda la fragilidad que nos caracteriza, nuestra hermana mayor por 20 años luchó contra la leucemia, pero una neumonía pudo con ella. Nuestro hermano menor, aunque muy enojado y en contra de su voluntad, coquetea con un cáncer de piel que se niega a aceptar, pero que poco a poco lo doblega y domina. Tenemos a don Alzheimer que nos dice presente,( ya se llevó a nuestro padre) y la genética que no perdona, pero que no le permitimos que nos defina.
Ninguno estaba preparado, para que nuestro faro nos expusiera carentes, dependientes y en extremos asustados.
El golpe al recibir el diagnóstico fue tan fuerte y certero, que nos costó entender y muy a destiempo que llegó el tiempo de cuidarla a ella y ya dejar de excedernos en demandar exclusividad y competir por tenerla, este 12 de Diciembre 2022 a las 12pm nuestra madre fue exitosamente intervenida y le practicaron la mastectomía de su seno derecho.
Sabemos que el camino a recorrer está recién comenzando y que los miedos y la incertidumbre ahora poseen una dosis de realidad que nos paraliza, queremos despertar de este mal sueño y aferrados a su cuello, sintiéndonos pequeños entre sus brazos y ella como siempre relatándonos las historias que nos hacen soñar y siempre regresar a niños. Recuerdo hace muchos años, allá por 1971, cuando nació nuestro hermano menor, el varón entre tres mujeres, cuando fuimos hospital a conocer al nuevo integrante de la familia, al entrar en el cuarto, mamá rápido se incorporó de la cama y lenta pero decidida camino hacia nosotras y nos apretó en un solo abrazo a las tres, mientras nos decía ¡ Mis princesitas!
Ese día mami vestía de seda suave, muy suave y escurridiza, nosotras le entregamos un enorme ramo de rosas color rosa claro pálido que nos había dado papá en la entrada del hospital cuando llegamos. Recuerdo el perfume y los pétalos carnosos, eran rosas de invierno, nuestro hermano nació un 4 de Julio de 1971 y justamente 51 años después, un 4 de Julio de 2022, recibimos su diagnóstico de cáncer, en pleno festejo de su cumpleaños. Anecdóticamente ese día mamá vestía en tonalidades rosa sepia y un fino y muy elegante chal de seda adornaba su vestimenta, solo que en esta oportunidad, dos integrantes de la familia ya no están presentes en las celebraciones y fiestas.
Ver a mi madre decidida a contradecir la lógica, verla tan disciplinada e impecable es sus rutinas, siempre pulcra y elegante, iluminando al mundo con su positivismo, firme, íntegra, siempre una gran dama, me expone y desnuda en mis inseguridades, miedos y mezquindades… la pretendemos eterna, fuerte, inalterable. Que nada la doblegue, ella tiene que poder siempre y nos colgamos de esa imagen y jugamos a ser niños en cuerpos adultos, egoístamente desdibujamos a la mujer que vibra en su interior, desnudamos nuestros miedos abusándonos de su amor inconmensurable y con ello enceguecidos no podemos percibir a la mujer hermosa, decidida y heroica, con sus muchísimas virtudes, sueños, fantasías y necesidades.
Esa mujer de seda que en miles de finísimos hilos tejidos sabiamente, se transformó en la exquisita y delicada trama de elegancia y levedad extrema.
Los años, el transcurso de la vida y sus realidades, nos exigen ver a la formidable mujer, que siempre está allí para todos nosotros y que hoy como nunca nos necesita.
Quizás y aunque suene irónico, esta enfermedad lejos de quitarnos, llegó para enseñarnos, quizás y lo confieso con mis ojos llenos de lágrimas cargadas de vergüenza, necesitábamos que nos sacudieran tan fuerte y profundo, para dejar de ser esos críos mal aprendidos, en los que nos convertimos y descubrir a la mujer que tanto se esforzó y sacrificó, para regalarnos la más bella de las ilusiones, como fue que ella siempre todo lo podía.
Hoy la miro madre mía y me enorgullece su lucha, constancia, entrega y sabiduría. Tardamos en percibirla de seda y rosas, la misma suave y fuerte seda con la que nos forjó y protegió de todo en la vida.
Nora Gabriela
Coversando
Relato nº 21
—¿Sabes cuál es mi contraseña en el ordenador del trabajo?
—No puedo saberlo.
—Estoycurada1
—Mírala que positiva. Pero ¿ya trabajas?
—Por supuesto. Estuve de baja, pero solo lo imprescindible. Estar ociosa no es bueno para nada. Cuando te quedas quieta, tú ganas terreno, que eres muy cuco. Eres un maestro para quedarte pegado a las paredes del alma.
—Es una oportunidad para descansar…
—Sí, lo es y también para perderse en el mundo flojo de la autocompasión, de la falta de estímulos. No. No es bueno, yo lo tenía muy clarito. Volver a la vida cotidiana es ir ganándote un poquito de terreno cada día.
—Menos mal que no hay muchas que piensan como tú.
—No te engañes, sí que las hay y tú lo sabes, muchas, muchísimas. Somos cada vez más las mujeres que nos rebelamos a perder la esperanza (como a tí te gustaría). No nos dejamos arrastrar por la tristeza y le plantamos cara al miedo.
—Miedo. Qué pasa ¿tú no lo has sentido? No te creo.
—Por supuesto que lo he sentido, cada minuto del día y de la noche, durante muchos, muchos días. Desde la primera duda de la mamografía, con la maldita biopsia y con el diagnóstico se me erizó hasta el pelo de la cabeza de puro miedo que sentía. Después se quedó instalado en el doblez de mi espíritu. Todo era miedo.
Y pensaba y pensaba y leía y lloraba y volvía a pensar y a sufrir por la tristeza que me rodeaba. Me decía a mí misma que podía con ello, mientras tú, cabrón, me mandabas imágenes de pechos amputados, de cabezas rapadas, de cansancio infinito, de enfermedad…
No puedes ni pensar cuánto te odio, cuánto daño haces y qué difícil es manejar todos esos argumentos que repites y que nos cuelgas en la piel y en cerebro.
Pero fui capaz de superarlo, porque me dí cuenta de que no eres tú (no te creas tan poderoso) no, era yo misma, la que me estaba castigando con imágenes y con tormentos imaginarios.
—Entonces, las personas que sufren y están mucho tiempo mal son menos valientes que tú…
—Ni hablar, son mucho más valientes, porque tienen mucho que superar y cada una necesita su tiempo, más o menos. Yo tuve suerte, sabes, mucha suerte, y eso me ayudó a remontar.
Y también, no lo dudes, me ayudó muchísimo encontrar el ejército de personas que luchan contra ti.
—¿Un ejército?
—Sí, organizado, disciplinado y muy muy eficaz. Hombres y mujeres que luchan día a día por vencerte. Tú sabes quienes son, lo que no sabes es lo que acaricia su sonrisa, lo que consuela su palabra, lo que tranquilizan sus mimos y sus gestos de ánimo. Un ejército.
A lo mejor, también en eso he tenido suerte y he conocido el mejor. No lo creo, es tan poderoso que deberías temblar ante su presencia, porque estamos dispuestos y bien dispuestos a mantenerte a raya.
—No creas que me asustas. Yo siempre gano.
—No. No ganas siempre, la que gana es la muerte antes o después. Tú eras su comandante más feroz, pero amigo, vas perdiendo terreno. Cada vez somos más los que pensamos que se puede controlarte. Cuando miras las mareas de personas que se mueven en manifestaciones, en hospitales, en charlas, te das cuenta de que el ejército crece sin cesar.
—¿Entonces tú crees que ya me he olvidado de ti con tantos apoyos que dices que tienes y tanta mandanga propagandística?
—No, sé que no. Yo tampoco me he olvidado de tí, cada pinchazo, cada sofoco, cada vez que me giro en la cama, o levanto el brazo bruscamente me acuerdo de tí.
—¿Y?
—Y estás ahí, no puedo negarlo. No puedo olvidarme de tí, pero es mejor así. Porque saber que puedes volver a atacar me da una doble visión de las cosas; saber que tengo que disfrutar de todo y de todos mucho más, y saber que debo tener cuidado. Si quieres te cuento lo de la cerveza y así acabamos.
—Adelante.
—A mí me gusta la cerveza, mucho, creo que cada vez más. Cuando me quedé embarazada intenté por todos los medios que me gustase la cerveza sin alcohol, pero no lo conseguí. El sabor, el olor, el regusto no tiene ni comparación. No es cerveza.
Después de tu visita, intenté volver a la cerveza sin alcohol y, aunque tengo que reconocer que los fabricantes se han esforzado mucho, sigue sin ser lo mismo. Cada vez que bebo una sin, siento que el miedo me gana la partida. No disfruto de ella porque veo, a lo lejos, tu amenaza que cuelga de la barra.
Pues se acabó. He decidido que no te tengo miedo, que el alcohol de una cerveza no va a conseguir que vuelvas, porque eres tan cabrón que volverás, si quieres, cuándo y cómo te de la gana.
Pero que sepas que aquí estaré, con parte de mi ejército compartiendo en la barra de un bar una cerveza con alcohol, porque no te tenemos miedo.
Raquel Villafañe Madrigal
Cáncer, mi bendición
Relato nº 22
El mundo siempre ha dicho “No hay mal que por bien no venga”; pero yo prefiero la versión de mi padre “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
El año pasado me salió un pequeño bulto en el seno derecho. En ese tiempo estábamos en cuarentena y los centros médicos solo atendían emergencias por covid; así que no podía realizarme un examen de diagnóstico.
Pasado dos meses, el bulto se veía más grande y había empezado a darme punzadas en la zona. Como para ese entonces ya habían abierto algunos centros de salud, visité muchos doctores; pero cada doctor tenía un diagnóstico y tratamiento diferente.
Hasta que acudí a una mastóloga oncóloga, quien al momento de revisarme, me dijo “esto tiene pinta de ser cáncer de mama”. Recuerdo que había ido acompañada de mi mamá, y cuando escuchamos sobre su sospecha, le solicitamos que me hiciera una biopsia en ese mismo momento. Ambas pensamos que si se trataba de un cáncer, teníamos que apurarnos, porque el cáncer no espera.
Y así fue, ese día me tomaron la biopsia y a la semana entrante, la doctora me mandó un mensaje diciendo que ya tenía mis resultados y que necesitaba verme. Fuimos a recoger los resultados y ya en el consultorio, la escuché decir “Lo siento, tienes cáncer”.
Después del diagnóstico, la Doctora comenzó a decir muchas cosas sobre los pasos que teníamos que dar en adelante; pero yo solo escuchaba lo mismo una y otra vez “tienes cáncer”, “tienes cáncer”…
Nueve meses antes, había perdido a mi hermano mayor, a mi papá y a mi abuela. Los tres fallecieron en un mismo mes por Covid y aún no había asimilado sus partidas. Es así, que en menos de un año de pasar por el peor dolor que había experimentado en mi vida, me estaban dando un diagnóstico que se relaciona directamente con la muerte.
No, no podía llorar; mamá estaba a mi lado. Ella había perdido más que yo. Yo tenía que ser fuerte.
La Doctora seguía dando sus indicaciones y yo estaba parada pensando en que tal vez todo esto era una terrible pesadilla. Mamá seguía sentada hablando con la doctora; pero yo no podía escuchar la conversación porque los malos pensamientos me abrumaban. Hasta que unos papeles llegaron a mis manos y entendí que tenía que iniciar los trámites para el tratamiento; ya saben, el centro de salud pública está lleno de trámites. Mamá quería pararse para ir por ello; pero no podía permitirlo porque ella sufría de hemorragias; así que tomé los documentos y me empecé mi enfrentamiento a lo desconocido.
Para iniciar el trámite me hicieron una serie de preguntas, me preguntaron si fumaba, si bebía alcohol, si tenía tatuajes, si tomaba pastillas anticonceptivas o si tenía algún familiar con cáncer y a todas estas respuestas respondí que no. Luego les comenté que yo era deportista,que había cuidado mucho mi alimentación, que no solía comer muchas grasas, ni azúcares y les conté más detalles de la disciplina que tenía con mi vida.
Terminada la encuesta, me dijeron que yo era muy joven como para tener cáncer y que posiblemente la causa sería por un desequilibrio hormonal. Me indicaron también que ante un tipo de cáncer hormonal tendrían que aplicar quimioterapias, radioterapias, cirugía a la mama, tratamiento hormonal y por último una extirpación de los ovarios. Aún no había terminado de superar mi duelo y la noticia del cáncer; y en ese momento me estaban diciendo que me quitarían los ovarios. Eso significaba que no iba a tener hijos. Desde ya, me habían mencionado que las quimioterapias me podían dejar estéril, pero la poca esperanza de que un milagro pasara, me la estaban quitando al decirme que me quitarían los ovarios. La noticia de todo lo que se venía, me aturdía mucho y yo solo quería encontrar una solución a todo esto. Quería que todo pasara lo más rápido posible.
Un día antes de mi primera quimioterapia, hice que mi hermano me cortara el cabello hasta los hombros, nos estábamos divirtiendo. Yo siempre había tenido una cabellera larga y frondosa, y creo que esta se había hecho parte de mi identidad; pero tenía que renunciar a ella antes que se me empezara a caer por las quimioterapias. El corte de pelo fue divertido; nunca me había visto con el cabello tan corto.
Con mi hermano nos reímos mucho, pero recuerdo que mamá lloraba; creo que ella ya estaba procesando la noticia en ese momento.
Llegada la quimioterapia, las primeras dos horas me sentía muy bien; pero luego me comenzaron a dar náuseas y mucho sueño. Cuando llegué a casa me eché a descansar, pero lo peor vino cuando desperté. Vomité todo lo que había comido, mi estómago se quedó sin comida y mi cuerpo quería seguir vomitando. Tenía dolor de cabeza, estaba mareada, tenía una acidez estomacal que parecía una cocina con poca agua hirviendo. No tenía fuerzas, solo estaba en cama y cada vez que quería ir al baño, mi hermana y mi mamá me tenían que arrastrar. Estuve muchos días estreñida, no podía comer ni beber agua, tampoco podía dormir por el terrible dolor de cabeza que sentía y cuando me arrecostaban en la cama, mi almohada se llenaba de saliva que salía exageradamente de mi boca.
En ese tiempo pensé que era mejor descansar para siempre, que estar soportando todo ese dolor; pero mi mamá y mi hermana, como si leyeran mi mente, me decían “todo esto va a pasar, esto no es para siempre”. Estuve tres días seguidos así. Luego, recobré la razón y me di cuenta de que estaba en un lugar diferente.
Nos habíamos mudado y yo no me había dado cuenta. En ese momento reaccioné y me pregunté ¿Dónde estoy? ¿Papá? ¿Richard? ¿Dónde están? Luego de eso, me di cuenta de que estaba con las consecuencias de la quimioterapia y sintiendo la ausencia de mi padre y mi hermano, por primera vez lloré.
Estuve cinco días más vomitando todo lo que comía y bebía hasta el punto que me tuvieron que llevar de emergencia por deshidratación severa. El tener las venas muy delgadas no facilitaba mucho el proceso, así que me tuvieron que pinchar por diferentes partes con muchos intentos fallidos. Sí, fue horrible; pero dentro de todo recordé algo que Dios me había dicho de forma directa “Un día a la vez”. Él no quería que yo me afanara por el futuro, ni por el tiempo que tendría que soportar el tratamiento. Él quería que yo viviera un día a la vez y que depositara toda mi confianza en Él.
En la segunda semana, me empecé a sentir mejor y la fecha de la segunda quimioterapia se iba acercando. Para ese tiempo recibí la visita de un amigo que vivía en Washington, que había decidido visitarme por primera vez. Él me dijo que Dios lo había enviado y me mostró un versículo que había respondido sus oraciones “La religión pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre es esta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo.” (Santiago 1:27) En ese momento recién me di cuenta de que era huérfana de padre y que mi madre, huérfana también, se había convertido en viuda. Mi amigo había venido a acompañarnos a pasar la Navidad, ya que iba a ser la primera navidad sin nuestra familia completa.
Mi segunda quimioterapia estaba programada para un 23 de diciembre, pero justo para esa fecha, las medicinas oncológicas se acabaron. Estábamos preocupados, pero a la vez un poco felices de saber que iba a pasar la navidad sin efectos de quimioterapia. Llegó el 23 y fui a darme un baño de rutina, pero esta vez, al salir, me di cuenta de que mi cabello estaba por todas partes. Respiré y pensé “ya empezó”. Ya sabía que esto iba a pasar, solo era cuestión de tiempo. Pero ese día era navidad, así que tenía que esforzarme por disfrutar. Fui a mi cuarto a cambiarme y al retirar la toalla de mi cabeza vi que muchos mechones de cabello estaban por todos lados. Podía ver mi cuero cabelludo en toda la parte de delante de mi cabeza. Mi amigo estaba en la sala y yo estaba muy avergonzada por lo que me estaba pasando; así que llamé a mamá y ella trató de ayudarme. Con paciencia trató de cubrir los vacíos de mi cabello, pero era en vano, no sé podían disimular. Ambas nos abrazamos y lloramos en ese momento. Luego me corté un poco más el cabello y salí sonriendo a la sala.
La hora iba pasando, llegaron mis hermanos a casa con la cena navideña y notaron que había algo extraño en mí, les contamos lo que había pasado y todos juntos lloramos. Luego de eso, haciendo nuestro mejor esfuerzo, disfrutamos de una Navidad diferente, sin papá, sin Richard, pero con un corazón agradecido a Dios de aún tenernos en esta vida para disfrutarnos.
Los días pasaron y seguimos visitando el hospital diariamente. Íbamos a diferentes farmacias y clínicas y no encontrábamos las medicinas que necesitaba para mi quimioterapia. Mi amigo, que también nos acompañaba, cada vez se sentía más frustrado. La fecha de su viaje de regreso ya estaba cerca, así que me plantó una alternativa y me dijo que podíamos ver una opción de atenderme en su país, para que mi tratamiento se lleve de manera continua
Esta opción sonaba muy irreal, pero razonablemente no tenía otra esperanza de continuar con el tratamiento. Mientras yo lo procesaba con una opción, él hizo todos los trámites necesarios para programarme una cita con la embajada y obtener la visa americana. Pasó un mes, y yo seguía con los dolores en el pecho. Luego nos volvimos a contagiar de covid y cuando estaba internada por el virus, me llamaron de la embajada para una entrevista que sería al día siguiente. Hablamos con los doctores para que me dejaran salir, pero esa opción no estaba en sus políticas internas; ya que si bien había pasado la etapa de contagio de covid, aún no sabían cómo iba a reaccionar mi cuerpo por ser una paciente oncológica. Pero a la vez, tomaron en consideración que era una gran oportunidad para que yo pudiera continuar con mi tratamiento. Así que organizaron una junta de médicos apresurada y me dieron la opción de un alta voluntaria. Ese día hicimos muchos trámites de forma rápida, pues tenía que presentar una serie de requisitos en la embajada y solo contaba con unas cuantas horas.
Gracias a Dios, todo el trámite no fue en vano, pues obtuve la VISA; y fue cuando nos dimos cuenta de que no podía viajar sola, así que hicimos los mismos trámites con mi hermana y también obtuvo su VISA. Al principio creímos que nuestros trámites se habían dado de forma ordinaria y razonable; pero luego muchas personas nos contaron que llevaban años tratando de obtener la VISA y que no era fácil, siendo que aun cuando se trataba de VISAS de emergencia. Así que nos dimos cuenta de que todos los trámites habían sido un milagro más en nuestras vidas.
Cuando fui al hospital para retirar mi historial médico, la farmacia seguía informando sobre la falta de medicina oncológica. En una de mis citas, recuerdo que los doctores me dijeron que el cáncer había crecido más del doble de su tamaño y que debían programarme una cita de emergencia; así que al día siguiente me hicieron una quimioterapia más. El viaje ya estaba programado, así que no podíamos esperar que los efectos de la quimioterapia se desvanecieran. Todo el trascurso del viaje fue como un sueño, no me encontraba con todos mis sentidos, y tuve algunas descompensaciones en el camino; pero gracias a Dios, pudimos llegar a los Estados Unidos.
Mi amigo, quien ahora es mi esposo, siempre estuvo manejando todos los trámites de mi tratamiento y los permisos legales; y mihermana, mientras se mantenía cuidándome, tuvo que mantener su trabajo remoto para seguir sosteniendo económicamente a la familia.
Ya ha pasado más de año desde que empecé este proceso, y ¿saben? Las consecuencias de las quimioterapias no desaparecen por estar en otro país. Me cortaron la mama derecha porque algunas de las quimioterapias que me administraron no surtieron efecto como se esperaba; me programaron una cirugía de emergencia, porque el cáncer había crecido muy rápidamente. En todo mi tratamiento he tenido muchos problemas de infecciones y me he mantenido en una lucha constante por mantener mis defensas en un nivel que pueda hacer posible soportar una quimioterapia más. Muchas veces me he sentido triste, puesto que me encontraba lejos de mi familia, en un lugar desconocido y con un idioma que no entendía. Y como toda consecuencia de un buen tratamiento, hemos tenido muchos problemas económicos y aún seguimos manteniendo deudas.
Pero dentro de todo, si hay algo que puedo afirmar y estar segura, es que Dios nunca me ha dejado, Él se ha mantenido fiel en este proceso, y la confianza que tengo hacia él se ha fortalecido aún más. Cuando me diagnosticaron cáncer, pasó lo que creo que comúnmente pasa, asocié el cáncer con la muerte. No entendía cómo mi vida pudo dar un giro de un momento a otro. Pero cuando te das cuenta de que estás cercadela muerte, es recién cuando asimilas verdaderamente que no tenemos una vida eterna en este mundo, es recién cuando te das cuenta de que quieres que Dios te regale más días para continuar con el propósito que tenías, es recién cuando te das cuenta de que podrías negociar una mutilación por conservar tu vida, es recién cuando te das cuenta de que los complejos y problemas superficiales no tienen sentido. Cuando ves la muerte de cerca, es cuando por fin valoras cada milagroso segundo en esta tierra.
Pero no, cáncer no necesariamente significa muerte. El cáncer muchas veces es un gran desafío en nuestras vidas y muchas veces tiene solución cuando lo tratamos a tiempo. Así que sentir la muerte cerca y que en realidad esté lejos de nosotros, es una gran bendición. No todas las personas tienen el privilegio de valorizar más la vida que nosotros. Cuando no podemos comer por las náuseas y vómitos, es recién cuando valorizamos todo el tiempo que tuvimos un hermoso cuerpo cumpliendo sus funciones adecuadas. A veces creemos que tenemos demasiados problemas y que la vida es injusta; pero cuando una enfermedad llega a tu vida, te das cuenta de que en realidad habías tenido uno de los tesoros más importantes y no lo sabías. Lo que aprendí de todo este proceso es ”Agradecer”. El tratamiento del cáncer es una montaña rusa, pero así estemos abajo o arriba, agradecer nos ayuda a estabilizarnos.
He agradecido a Dios por todo este proceso, porque Él me dio esperanza en medio de la incertidumbre. Él se mantuvo fiel y constante en todo este tiempo difícil. Ahora que el cáncer se fue de mi cuerpo, sé que tengo un propósito aún mayor. Y uno de ellos, es gritarle al mundo que Dios ha sido fiel, que Dios me sanó. Él me movió de Perú y me llevó a un lugar desconocido para salvarme, Él me ha bendecido con un matrimonio en medio de la etapa más escasa de belleza física. Él me dijo “He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” Y Él lo cumplió. Alabado sea Jehová.
Giselle Rosmery Vilca Sagastegui
El cáncer de mama. La llamada lo cambió todo
Relato nº 23
Lo único bueno de las enfermedades es que te enseñan lo que realmente importa en esta vida
fueron encontrando en mis ovarios, en los años siguientes después de los tratamientos de fertilidad, por suerte eran de agua, y se disolvían solos, así que me decía a mí misma; va a ser igual al resto, así me convencía de que todo estaba perfecto y para animarme, ya que mi pensamiento era “bulto igual a cáncer”, pero había que pensar en positivo.
Me repetía una y otra vez “a mí no me puede pasar esto”, que no podía ser un tumor, siempre piensas que este tipo de enfermedades les pasan a otros, que a ti nunca te va a tocar, que eres joven, que tienes toda una vida por delante, que estos temas les pasan a la gente que no se cuida, pero a mí NO.
Llegó la llamada de mi doctor, aún recuerdo exactamente sus palabras:
―Bea tengo los resultados de la biopsia me llegaron ayer lunes por la tarde, pero no sabía cómo decírtelo he estado toda la noche pensando cómo comunicártelo, lo siento es malo, es un carcinoma de mama de grado III―.
En ese momento cuando estaba escuchando sus palabras rompí a llorar, mi cuerpo comenzó a temblar, desde la cabeza hasta los dedos de los pies, mis piernas no me sujetaban mi cuerpo, era frágil y débil en ese instante.
En el momento de la llamada me encontraba trabajando, salí corriendo hacia el baño desesperada, con toda clase de emociones, miedo, enfado, incertidumbre, rabia, tristeza, me sentía muy muy insegura, porque no sabía qué me iba a pasar…
El primer pensamiento que me vino a la cabeza, por muy difícil que sea por creer, fue “de nuevo mi sueño de ser madre tirado por la borda”, mi cuerpo o la naturaleza, de nuevo me habían jodido mi gran deseo de ser mama, de traer a alguien que fuera parte de mi al mundo, la verdad que siendo sincera en estos momentos creo que tenía más dolor y rabia contra “el inquilino”, (así le llame a mi tumor), porque me estaba trucando mi gran sueño de ser mama, que lo que realmente era y es esta enfermedad.
Ya tenía todo hablado con la clínica, el tratamiento a realizar, el dinero ahorrado, pensado y meditado sobre el paso que iba a dar tan importante de ser madre soltera.
Pero esta vez, esta piedra era muy grande en el camino como para superar, para afrontar, para quitarla del medio y poder seguir mi camino hacia la maternidad.
No me dejaba de repetir es malo, es malo, lloraba y lloraba, y repetía, es malo, tengo cáncer.
En ese instante pensaba que me iba a morir, que la gente se muere por esta enfermedad, que solo tenía 38 años edad, que era muy joven para morirme, pero seguía diciendo “la gente se muere”, así que aquí se acababa todo, a mis 38 años ya no voy a poder hacer más, ya no voy a poder vivir y crear experiencias, ya no voy a poder seguir escribiendo mi libro de la vida.
¿Por qué me estaba pasando esto a mí?, ¿que había hecho mal?, me decía: – soy buena persona- ¿porque a mí?, ¿porque a mí?, pregunta que llevaba haciéndome desde que comencé con los tratamientos de fertilidad, ya que ningún daba buenos resultados y por lo tanto buenas noticias.
No sabía cómo llamar a mis padres, darles la noticia que su hija tenía cáncer de mama, ya que era una situación especial, porque dos meses antes había enterrado a mi tía por esta enfermedad, llamada cáncer, así que eso tampoco me ayudaba mucho para que yo pensara que todo iba a salir bien, y que no me iba a morir.
El miedo se hace cada vez más fuerte, lo notas como recorre todo tu cuerpo, estas aterrada, no sabes que hacer, que decir, notas como todo tu cuerpo se tensa, y lo único que me repetía a mí misma “no quiero morir”, la única frase que tenía en mente, una y otra, una y otra vez, aquella voz de mi interior no paraba de repetirla.
En esos minutos que iban pasando en el baño se me paso toda mi vida por la cabeza, lo que había vivido, mi familia, mis amigos, todo lo que me quedaba por hacer, y mis pensamientos seguían siendo de muerte, y es cuando te das cuenta de que no somos inmortales.
Comienza una mezcla de emociones, que te desbordan que no eres capaz de dominar, al igual que tus pensamientos, intentas dejar que todo fluya, que todo aquello que sientes lo dejes ir, sacar, pero cada vez esas emociones van a más, por lo que la tristeza, el agobio, la rabia, el enfado van subiendo de nivel, y eso me llevaba a tener un llanto infinito, jamás habría pensado que un ser humano tiene tantas lágrimas, y es cuando entras en un bucle difícil de salir.
Cuando iba camino a recoger los resultados, ese mismo día pensaba que había sido un error, que se habían equivocado, y lo seguí pensando muchos días después, incluso días más tarde pensaba que el medico me llamaría para darme la buena noticia que había sido una confusión y que todo estaba bien, lo llegue a pensar incluso meses y no deje de hacerlo hasta el mismo día de la operación, ¿por qué no podía pensar en esa opción?, yo había oído casos en los que se habían confundido en los resultados y yo podía ser una de ellas, pero no fue así no había ningún tipo de equivocación.
Solo en mi cabeza retumbaba la palabra cáncer igual a muerte.
Ya tenía concertado una cita para las pruebas para hacer un tratamiento de fertilidad de donación de óvulos, quería intentar por última vez el poder ser madre, así que pensé, ahora esto me quita la posibilidad de intentarlo, aquí se acaba el camino hacia la maternidad.
Así que me enfade mucho con la enfermedad, tenía rabia, ira, ambas descontroladas, ya que me estaba trucando una de mis mayores ilusiones en la vida.
Mi sueño por ser madre hizo que me enfadara enormemente con el inquilino, por ser el culpable de trucarme ese sueño, en ese instante creo que no era consciente de la gravedad de la enfermedad y todo lo que conllevaba.
Seguía con la actitud de poner en primer lugar la maternidad, antes que mi vida.
Una vez en la consulta para recoger los resultados y explicarme los pasos a seguir ahora, mientras el medico me hablaba, yo le miraba con cara de atención, pero sus palabras en mi cabeza iban y venían, yo intentaba interiorizar todo aquello que me estaba explicando, pero aun sentía que eso no me estaba pasando a mí, un mal sueño, la negación estaba presente.
¿Por qué la vida o el universo me estaba haciendo esto? ¿por qué?, preguntas que no encontraba respuesta, y por más que buscaba seguía sin encontrarlas.
Así que el cáncer, mi inquilino me robo muchas cosas, muchos sueños e ilusiones, me acuerdo de que me repetía “me ha quitado mi vida”, “me ha quitado mi vida”, tenía ese pensamiento porque así lo sentía, de me estaba robando mi vida, ya no podría hacer monte, ya no podría hacer deporte, salir con mis amigas a tomar algo, irme con mi furgoneta a conocer lugares, solo iba estar en enferma y en cama, y eso no quería que pasara, no me quería verme una invalida, y depender de los demás, tenía tantas cosas por hacer y vivir.
Llego la primera cita con mi oncólogo que me llevaría la quimioterapia, me explico el tratamiento a llevar, me dieron a elegir entre 12 sesiones de quimio y luego operar, o 4 sesiones de quimioterapia, pero operaríamos antes pero no sabrían si podrían salvarme mi pezón.
Así tal como tenía mi cabeza que me iba explotar, ahora tenía que decir que hacer, pero la verdad que lo tuve claro, no quería hacerle pasar a mi cuerpo 12 sesiones de un tratamiento tan fuerte y químico, así que elegí la opción de 4 sesiones porque realmente el pezón en esos momento me daba igual, ese era el menor de mis problemas.
Es aquí entonces cuando el medico me dijo, bueno que sepas que este tratamiento hará que se te caiga el pelo, que¡¡¡¡¡¡ ¿Cómo?, me estaba diciendo que me iba a quedar calva, que esta melena larga y rubia iba a desaparecer, para mi esta noticia fue como jarro de agua fría, encima de todo lo que tenía que superar, admitir, sobrellevar ahora me iba a quedar calva.
Ya sé que el pelo crece, comentario que la mayoría de las personas me decían, yo las miraba diciendo para mis adentros, que fácil es decirlo cuando no te toca a ti, y aun me enfadaba más con el mundo.
Es cuando a partir de este día no conseguí levantar cabeza, mis días solo eran de llorar, llorar, no quería salir de casa, no quería ver a nadie, todos me molestaban, sus frases, sé que lo hacían lo mejor que sabían, pero estaba harta y muy enfadada, rabiosa con todo lo que tenía que asumir y que la gente lo vería tan fácil o quisieran aparentar que era fácil, pues aún me cabreaba más.
Llore mucho, mucho, tuve días que toque fondo muy fondo no quería salir, no quería ver a nadie, no quería vivir, no merecía la pena vivir, para que pasar por todo ese horror, verte calva, enchufada a una máquina, no poder hacer una vida normal, no saber si esto saldría bien y todo el esfuerzo que tenía que hacer no valdría para nada, y el resultado sería lo inevitable , la muerte, entonces ¿para qué pasar por todo ello?, ¿no era más fácil no luchar y que la enfermedad me consumiera y así no tendría que hacer un trabajo interno tan duro y difícil?.
Los días iban pasando, y yo seguía metida en mi bucle, de no salir, de quedarme en casa, de no ducharme, de no arreglarme, dejaba como la tristeza, la rabia, me iba comiendo terreno, y aun no había empezado el tratamiento de la quimioterapia, pero en ese momento era tan vulnerable, y el tener tantos pensamientos y emociones negativos durante todo el día, hacia que pensara que el resultado no iba ser más que algo negativo y doloroso para mí.
Había días que no sé dónde sacaba fuerzas y conseguía sacar a mi perro, claro él dependía de mi para todo, y solo me tenía a mí, pero eso me ayudaba a levantarme, ducharme, desayunar, poner guapa y salir a la calle con una sonrisa porque nadie quería que me viera mal, yo sabía que cada día que iba pasando era un pie más adentro en una depresión, ¿pero qué otra cosa podía hacer?, me costaba mucho sacar fuerzas, verme que era fuerte, que tengo esa superación, pero había algo que no estaba haciendo del todo bien para sobrellevar esta enfermedad y era mi actitud.
Hasta que llego un día que me desperté y mi cabeza era otra, no puedo explicar que ocurrió dentro de mí, si es que ya había tocado tan fondo y ya no podía bajar más, o que tuve un momento de lucidez, pero ese día fue el principio de una nueva vida, ese día cambiaría mi estado emocional y dejaría de estar todos los días en el lado de la oscuridad y comenzaría a ver la luz.
Desperté de ese pozo que me había metido yo solita, opté por levantarme, luchar contra todo, tocaba ser fuerte, salir a la calle con una sonrisa, sonreírle a la vida, porque si lo haces ella te sonreirá.
Tenía mucho miedo a verme calva, más que al tratamiento, aunque a él también, ya que eran mucha incertidumbre, ¿cómo me sentaría?, decían que la gente lo pasaba muy mal, que si todo el día en cama, que si vómitos, que no tenían fuerzas, no podían hacer nada, y yo me decía a mí misma, yo no voy a estar así, no me quiero ver así.
Yo era un chica super inquieta, siempre haciendo muchos planes de todo tipo, la casa solo para dormir, el hacer diferentes planes, relacionarme con personas, era lo que siempre me había gustado, y no estaba dispuesta a que esta enfermedad, mi inquilino me lo impidiera, llegaba el momento de cambiar las cosas, y solo yo era la que podía hacerlo.
Comencé a preparar mi mente, mi cuerpo para todo lo que se avecinaba, me levantaba todas las mañanas y me miraba al espejo, me visualizaba ya sin pelo, y con esa imagen en mi mente le sonría al espejo, con una sonrisa grande de comerme el mundo, me decía que guapa estas, estas estupenda, después me vestía y desayunaba tranquila, mi zumo de vitaminas, mis tostadas, pero disfrutando de ese momento, me arreglaba y me cogía a mi perro, una mochila preparada para el monte, y allí nos íbamos los dos a conquistar una nueva cima.
Este ritual lo comencé hacer antes de la quimio, y durante la quimio, creo que me prepare para esos dos momentos duros, el tratamiento y la caída del pelo, cuando tuve la primera sesión de quimio fui contenta, alegre, sin miedo, aceptando la situación, pero sobre todo cuando a los días ya comencé a notar que se me iba cayendo mechones de pelo, me fui a una peluquería y yo misma me rape entera la cabeza, y la verdad puedo decir que fue un momento mágico, de risas, no hubo llanto, no hubo pena, y me veía guapísima.
Así que todo el trabajo había estado haciendo durante 1 mes y medio, había dado sus frutos, aquellas emociones con las que había convivido durante un tiempo y que tan mal me hacían, se habían reemplazado por otras que estaban sumando en mi nueva vida.
En ese momento cuando hice el cambio de actitud correcto, comprendí que el cáncer no me había quitado una vida, sino me daba una nueva oportunidad.
Una vida con mayor aprendizaje interior, una vida llena de ganas de vivirla me estaba dando el cáncer una nueva oportunidad de ser una nueva versión de Bea, me costó mucho tiempo verlo así, vivirlo así, pero la nueva versión que renació me gusto tanto, que como son las cosas, que acabe agradeciendo al cáncer que habría aparecido en mi vida, así lo siento y lo veo ahora.
Aprendí a tener paciencia, aprendí a conocerme a mí misma, aprendí que el cáncer no es una carrera, tampoco la vida.
Disfrutar de un buen desayuno, de charlar con una amiga, de mis subidas a la cima de un monte, de una puesta de sol, de una ducha, de un silencio, de un libro, de una escritura, de la música.
Supe quererme, amarme, valorarme, y sobre todo aprendí a cuidarme, yo, a mí. A valorar un abrazo, un momento, un instante, un suspiro, valorar que estaba VIVA.
En definitiva, a valorar todas aquellas pequeñas cosas que en nuestro día a día pasan desapercibidas.
Volví a comprender lo importante que es no perder mi sonrisa, volvió “la chica de la sonrisa eterna”, con ella la alegría a mi vida.
Aprendí a dejarme mimar y dejarme abrazar, entendí que no estaba sola, y a decir lo que sentía en cada momento, porque entendí que no estamos aquí para siempre.
Cuando cambie de actitud, ante toda la situación que me estaba tocando vivir, empezaron aparecer cosas buenísimas en mi vida, el universo me estaba recompensando.
Si, había perdido muchas cosas, entre ellas el mayor deseo que tenía, pero me daba cuenta de todo lo que estaba ganando.
Había conseguido volver a conectar con mi esencia, al hacer esta conexión comenzó la verdadera transformación.
Esto hizo que saliera del bucle que llevaba años metida, en ese bucle de emociones vinculadas al dolor, al miedo, a las soledad, a la culpa, y de la depresión, y sobre todo salí de esa obsesión que tanto daño me había hecho en mi vida.
Empecé a recordar quien era, aprender a poner el foco en mi verdadera identidad, pasé ya a la ACEPTACION de mi enfermedad.
Me informe sobre el efecto que tienen las emociones que están relacionadas con el dolor, como se manifiestan en nuestro cuerpo, a través de diferentes enfermedades, como en este caso el cáncer de mama, eran señales que mi cuerpo me iba mandando, yo les llamaba piedras en el camino.
El lado derecho como en mi caso está relacionado con la familia, con los hijos, ahora todo empezaba a tener sentido, todo está conectado, todas esas piedras, enfermedades, me estaba diciendo, que mi destino no era ser madre, el inquilino había sido la mayor señal.
Cuando aceptas las cosas como vienen y no intentas luchar contra ellas, es el momento justo cuando todo empieza a ir a mejor.
Así que lo que yo había imaginado el tratamiento de quimioterapia, más radioterapia, la caída de pelo, que iba a ser doloroso, un sufrimiento, tristeza, miedo, acabo siendo todo lo contrario, me reí, hice más monte que cualquier temporada estando bien, aprendí, llegaron a mi vida personas increíbles, echando la mirada atrás, veo esa etapa con colores, con luz.
Así que cuando termine los tratamientos, un día me levante me hice una pregunta ¿qué había sido para mí el padecer un cáncer de mama?, y me vino a la mente una formula, para mi había sido el cáncer de mama
V= (F+S) x A
V= VIDA F= FUERZA S= SUPERACION A= ACTITUD
El cáncer es vida, nuevo renacimiento, pero necesite mucha fuerza cada día para sobrellevarlo, con ganas de superarla, y de superarme cada día yo, y las dos las sumo porque una depende de la otra, pero lo que haría el cambio definitivo, de sacar la parte positiva a esta enfermedad, fue mi actitud.
Una fórmula que aplico en mi vida a partir de ahora, formula que me llevo a escribir un libro, formula que apareció en mi mente gracias a mi inquilino, a la enfermedad que todos tememos que nos toque algún día.
Beatriz Ciprián Forcada

