© Catherine Leutenegger
¿Están anticuados los museos? ¿Las pantallas los han dejado atrás? Todo lo contrario. De los 22.000 que eran en 1975, son casi 100.000 en la actualidad. Las grandes exposiciones no dejan de llenarse de visitantes y los grandes museos, con el Louvre a la cabeza, baten récords cada año.

El museo parisino registró nada menos que 8,8 millones de entradas en 2023, seguido por los museos del Vaticano, el Museo Británico, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y el Museo Nacional de la República de Corea, según datos recogidos por The Art Newspaper. En cuanto a las ciudades, cada vez son más las que buscan beneficiarse del brillo que les confieren estos espacios de prestigio.
Lo cierto es que, en apenas unas décadas, esta institución se ha transformado profundamente. Creados en un principio para presentar a unos pocos privilegiados las colecciones de los príncipes y de la realeza de la Europa del Renacimiento, los museos se han democratizado de un modo notable. Ya hace tiempo que las Bellas Artes y la historia han dejado de ser sus únicos campos de especialización y, para conquistar nuevos públicos, no han dudado en adoptar las tecnologías digitales, habiendo llegado a transformar la experiencia de la visita de una forma radical.
Aunque los debates sobre la restitución de los objetos adquiridos durante el periodo colonial siguen siendo agitados, los museos han sabido reflejar las preocupaciones de la época, dedicando más espacio en sus exposiciones a las mujeres artistas y reinterpretando sus narrativas a la luz de los interrogantes actuales y de las reivindicaciones de las poblaciones autóctonas.
En 2024, asistir a un museo es todavía una experiencia singular y ampliamente apreciada. Irremplazable

