“Ceuta: puente europeo entre civilizaciones”

Muchas veces, ante situaciones cotidianas, nos dejamos llevar por juicios simplones y cargados, a veces inconscientemente, de intolerancia. Permítanme un ejemplo concreto: si ustedes presencian un acto de delincuencia o incivismo -pongamos un coche haciendo trompos en medio de la calle- estoy segura que muchos lo achacarán, automáticamente, a la pertenencia de una religión en concreto… pues Dios, sea cuál sea, no ha tenido nada que ver en este lamentable hecho; ha sido, sólo y exclusivamente, el acto irresponsable de un individuo que ha decidido no respetar las normas de seguridad vial y ha puesto en peligro la vida de los transeúntes.

Vivimos en un mundo globalizado, en una época de continuos cambios donde los problemas -y sus soluciones- nos afectan a todos por igual.

De ahí la importancia de un diálogo intercultural también a nivel local, porque sus efectos y consecuencias no son algo lejano y remoto. Tenemos que entender que la religión y las tradiciones pertenecen a la esfera privada de cada uno y que lo público es común a todos. Y es, precisamente, en la búsqueda común de este equilibrio entre lo público y lo privado, donde más tenemos que dialogar y respetarnos.

Para el éxito de este apasionante reto, tenemos que abordar la plena integración implicando a la sociedad ceutí entera: a sus jóvenes y no tan jóvenes, a sus medios de comunicación, a sus políticos, a sus líderes religiosos…

Hoy, Barack Obama, hijo de padre negro musulmán y madre blanca cristiana,  es presidente electo de EEUU.

 

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