Cristianas, musulmanas y judías


Sin embargo, hay un aspecto que ha pasado desapercibido, sin recibir la
atención que merece: el papel que las mujeres desempeñaron en la
coexistencia de las tres comunidades.
Este libro nos brinda la oportunidad de observar cómo se desgranaba la
vida de la mujer en la sociedad medieval, la de aquellas «judías e
moras e entendederas», de las que se habla en el Libro del Buen Amor.
La autora ha rastreado los datos sobre ellas, escondidos entre las
líneas de los documentos históricos, para descubrir el protagonismo de
las mujeres, especialmente en la conservación de rituales y
tradiciones. Postergadas por los tres monoteísmos, las mujeres debían
limitarse a las tareas de la casa. Pero la exclusión de los espacios
masculinos las llevó a crear sus propios ámbitos. Cumpliendo con sus
tareas domésticas frecuentaban el pozo, el horno, el baño. Allí se
familiarizaban con la rutina diaria de «la otra», y aprendían sus
costumbres, sus modos de cocinar, cómo criaban a sus hijos o cómo
cumplían con sus deberes religiosos. 

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