Dar a conocer el Islam por Dolors Ramos

EL ISLAM, en consecuencia, no atribuye a la primera mujer la culpa de la primera desobediencia, pero con demasiada frecuencia se la considera culpable. ¿Qué mejor remedio que taparla o hacerla desaparecer del espacio público? Debe quedar claro que una cosa es el islam y otra la conducta de algunos musulmanes. Y hay que decir también –y lamentarlo– que estas interpretaciones más reaccionarias de la práctica religiosa aumentan. La obra no rehuye nin-

gún tema que resulte conflictivo: la condena a las mutilaciones genitales femeninas, a los matrimonios forzosos, a la poligamia o a la apropiación indebida del dote en las mujeres, la actual negación del derecho secular de que recen en las mezquitas, la no obligatoriedad de llevar velo o similares, la desacralización de la sharia, presentada perversamente por algunos como "ley del islam", etcétera.

Un capítulo se dedica a la sexualidad y a explicar la licitud del sexo, siempre que se encuentre enmarcado dentro del ámbito del matrimonio. Sorprenderá a más de un lector que el islam presente el placer sexual como un regalo divino concedido a hombres y a mujeres como un avance de los placeres del paraíso. La sexualidad se asimila a una plegaria, una limosna, un acto de piedad y una prefiguración de las delicias celestiales. Hombres y mujeres tienen libido y el derecho a satisfacerla y, en consecuencia, se explicita que los esposos deben procurarse el disfrute mutuo y simultáneo porque esto siembra el amor en los corazones de la pareja y les conduce a Dios.

También sorprenderá la estima que muestra el islam por María, el único nombre propio de mujer que figura en el Corán, modelo de virtudes y virgen; pero no madre de Dios, porque Jesús solo es un profeta, venerado como el propio Mohamed o los que aparecen en la Torá judía o en el Antiguo Testamento cristiano.

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