El futuro de un país depende de la calidad educativa . La huella de Federico Mayor Zaragoza
Artículo de opinión de Ascensión Palomares Ruiz, Doctora y Catedrática Presidenta de la Asociación Europea “Liderazgo y Calidad de la Educación” Premio por su defensa de los derechos de las mujeres mayores del mundo rural, Miembro de la Comisión de Educación de la Asociación Pro-Derechos humanos
Jueves, 26 de diciembre de 2024

D. Federico Mayor Zaragoza ha fallecido a los 90 años después de haber dedicado gran parte de su vida trabajando para mejorar la educación y alcanzar la paz en el mundo. Resulta imprescindible rendir homenaje al legado de D. Federico Mayor Zaragoza, a nuestra amistad y a su inquebrantable compromiso con un mundo mejor. Por ello, deseo iniciar este reconocimiento, como a él le gustaba introducir sus intervenciones, y así lo hizo en la celebración de su 90 cumpleaños, con el Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas:” Nosotros los pueblos… resolveremos evitar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”.
La vida está repleta de encuentros significativos, pero pocos son tan impactantes como el que tuve la fortuna de vivir con D. Federico Mayor Zaragoza. Su reciente fallecimiento ha dejado un vacío profundo en mi corazón y en el de todas las personas que tuvimos el privilegio de conocerlo. Federico no solo fue un amigo entrañable, sino que también he podido compartir, durante muchos años, su incansable compromiso por la cultura, la educación de calidad y la PAZ.
Federico Mayor Zaragoza siempre entendió que la educación es la base sobre la cual se construye una sociedad justa y equitativa. Su visión de una educación de calidad no se limitaba a la mera transmisión de conocimientos. Defendía la formación integral de las personas, el desarrollo de habilidades críticas y a promoción de valores como la solidaridad y el respeto. A lo largo de su carrera, trabajó incansablemente para implementar políticas educativas que beneficiaran a todos, sin discriminaciones. Por ello, le solicité que hiciera el prólogo a mi libro “Investigación y respuestas socioeducativas del profesorado en el siglo XXI”.
En el mismo subraya que para una ciudadanía global es necesario tiempo para pensar, para elaborar las propias respuestas y “dirigir con sentido la propia vida”, que en eso consiste la educación. La educación es mucho más que información, que instrucción, que formación.
Pero sobre todo es aprender a prender y aprender a emprender, atreverse a saber y saber atreverse. El tiempo del silencio ha concluido. Resulta muy difícil resumir su amplísimo currículum; sin embargo, estimo preciso destacar que ha sido científico, diplomático y poeta. Hizo de la cultura de paz su prioridad, orientando su trabajo en favor de la educación para los derechos humanos y la prevención de conflictos. Doctor en Farmacia, Catedrático de Bioquímica en la Universidad de Granada en 1963 y Rector de 1968 a 19724, vicepresidente del CSIC en 1971. Además, en 1978 fue Director Adjunto de la UNESCO, y Director General desde 1987 a 1999. Desde 2000, Presidente de la Fundación Cultura de Paz. En 2005, Copresidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, a propuesta del Secretario General de las Naciones Unidas. En octubre de 2010 Presidente de la Comisión Internacional contra la pena de Muerte, que en 2020 le otorga el título de Presidente Honorífico. Ha escrito numerosos artículos en revistas especializadas, en prensa o vídeos se recogen aportaciones decisivas para planes de Acción de la UNESCO y de la ONU. En sus ensayos está su pensamiento y llamadas a la acción: Un mundo nuevo, Los nudos gordianos, Mañana siempre es tarde, La nueva página, Memoria del futuro, La palabra y la espada, La fuerza de la palabra, Tiempo de acción, Delito de silencio, Inventar el futuro, etc.
Conocedor de mi amor a la poesía, me dedicó sus libros. Hemos compartido que la poesía puede ser el sustento de todo: A contraviento, Aguafuertes, El fuego y la esperanza, Terral, Alzaré mi voz, En pie de paz.
Es importante subrayar la visión de Federico Mayor Zaragoza sobre la ciudadanía mundial, entendida como un compromiso de compartir, compadecer, convivir y desvivirse por los demás. Planteaba como prioridades del planeta: alimentación, acceso al agua potable, salud, medioambiente, educación y paz. Efectivamente, sostenía que promover y defender los derechos de los más desfavorecidos indica el índice de desarrollo democrático de un país y Federico Mayor lo centraba en la democracia y a la ciudadanía activa “nosotros los pueblos” “queremos contar, que no nos cuenten” “no somos súbditos, sino ciudadanos”,” alcemos la voz en un gran clamor”, etc.
Si nos centramos en su legado en la educación, nos gustaría destacar que, Federico Mayor Zaragoza como Presidente de una Comisión de Docentes de todo el mundo, encargó a Jacques Delors, en 1992, como iba a ser la educación del siglo XXI y surgió el aprender a conocer, a hacer, a ser, a vivir; y Federico Mayor Zaragoza añadió “aprender a emprender”, entendido no como el emprendimiento económico que algunos promueven, sino como la capacidad de formar ciudadanos conscientes, comprometidos y solidarios. Su amigo Nelson Mandela, a quién escuchaba con la sabiduría africana de saber escuchar decía: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Es decir, la educación debe basarse en las experiencias de los docentes y en los principios establecidos en las instituciones bien acreditadas en pedagogía e investigación pedagógica en vez de atender a las sugerencias de organizaciones especializadas en las dimensiones económicas y las finanzas, y se puede añadir también a los “enterados” y a los idearios políticos cortoplacistas. Subrayó que, a veces las leyes en educación se hacen sin consultar a los que saben de educación, que son los profesores. Definía la educación como un proceso de acompañar y compartir, en el que cada persona debía ser atendida como un ser único. Defendía la importancia de integrar los avances de la neurociencia con la experiencia acumulada y el buen juicio, enfatizando el papel crucial del contexto familiar y social en el desarrollo educativo.
Igualmente, nos gustaría compartir esta frase: “El futuro de un país depende de la calidad educativa, y la calidad educativa se logra con menos alumnos por aula, con un gran sistema de formación permanente del Profesorado y con una gran relación entre padres y tutores”. Además, “Que recorten en ciencia, en sanidad, educación o justicia es un error porque de eso depende el futuro de España”.
Nos ha dejado un gran pensador y una persona comprometida con un mundo más justo, solidario y mejor para todos. El dolor de la pérdida de Federico se dulcifica al vivir y compartir con él su gran legado, cuya dedicación, visión y compromiso deja una huella imborrable. Su legado perdurará como fuente de inspiración para todas las personas que luchamos por la defensa de los DERECHOS HUMANOS.

