María Antonia Bolívar, ‘Una monárquica en tiempos de revolución’




María Antonia Bolívar, hermana del Libertador (1777-1842).
Se inaugura la segunda edición del ciclo ‘Mujeres hispanas: creadoras de la Historia y la Cultura en español’.
Realizado por el Círculo de Orellana, Casa de América y la Comunidad de Madrid, a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Oficina del Español

Presentación e Introducción por
– León de la Torre Krais, director general de Casa de América.
– Leticia Espinosa de los Monteros Rosillo, fundadora y presidenta del Círculo de Orellana.



Conferenciante:
– Inés Quintero, historiadora de la Universidad Central de Venezuela. Numeraria Academia Nacional Historia.
Durante mucho tiempo, la vida de María Antonia Bolívar no fue parte del registro historiográfico de la Independencia. En el mejor de los casos, su nombre estuvo asociado a la biografía y trayectoria de su hermano, Simón Bolívar, básicamente para destacar una carta personal en la cual le recomendaba mantener su título de Libertador y rechazar la oferta de convertirse en rey. No obstante, la presencia de María Antonia Bolívar en la Historia de Venezuela y de Hispanoamérica va más allá de su consejo y parentesco con Bolívar. Por sus ascendientes y por su condición social, fue leal súbita del rey y defensora de la monarquía. Sus principios no se vieron alterados con el estallido de la Independencia, se mantuvo leal al rey y no siguió los mandatos e ideas de su hermano. Condenada a un exilio impuesto, vivió en Curazao y luego en La Habana. Desde ambas islas escribió varias representaciones a la corona para condenar la insurgencia, dejar claro que se encontraba muy lejos de compartir el proyecto de su hermano, solicitar la restitución de sus bienes y que se le autorizara a regresar a su país. El rey atendió su solicitud y, en premio a su lealtad, le concedió una pensión.
Ocho años permaneció María Antonia fuera de Caracas. A su regreso, en 1822, no estuvo conforme con el establecimiento de la República, tampoco escondió su disgusto con las prácticas disolventes de la igualdad, se encargó de administrar los bienes de la familia, apoyó la dictadura de su hermano en 1828 y, después de su muerte, en 1830, se mantuvo en Caracas sujeta a los vaivenes y a las discordias que sacudieron la vida política de Venezuela, luego de la vorágine de la Independencia. Falleció en 1842.
La historia de María Antonia es trascendente en muchos sentidos: no solo violentó las convenciones de su tiempo respecto al lugar de la mujer en la sociedad al tomar partido, defender sus convicciones políticas, atender y administrar su patrimonio, sino también permite comprender con mayor profundidad y amplitud de miradas la complejidad y magnitud del proceso de la Independencia, de la guerra y de la construcción de la República, desde una mirada más emotiva, humana y también femenina, despojada del bronce y de la épica de las historias patrias y el culto a Bolívar que caracterizaron el surgimiento y desarrollo de nuestras historiografías nacionales.





