Mujer, musulmana y policía por Montse Martínez
La consecución de un sueño
El debate en Noruega surgió el pasado mes de octubre cuando Keltum Hasnaui Missum, una mujer musulmana de 23 años que había trabajado como guardia de seguridad, ingresó en la academia de policía y remitió una carta al departamento interesándose por la posibilidad de trabajar con el hijab.
Poco podía imaginar que su sueño de ser policía y su necesidad de defender el uso de una prenda fundamental para su identidad religiosa iban a desatar un debate de la envergadura del que se ha producido en la sociedad noruega. Hasnaui Missum llegó a Oslo en el año 2000 y noruegos son sus tres hijos, el más pequeño, un recién nacido de cuatro meses.
Bangladesí de origen
En Gran Bretaña, se permite el uso del hijab desde hace una década pero no fue hasta el 2007 cuando Rukshana Begum decidió ponérselo. De hecho, según el Sindicato de Policías Musulmanes, solamente hay diez mujeres en toda Gran Bretaña que lleven el velo mientras van de uniforme.
Originaria de una familia de Bangladés, Rukshana Begum ya nació en Cambridge y su historia vital es un reflejo constante de tesón y determinación. Sus padres pusieron el grito en el cielo cuando dijo que quería ser policía, pero ahora su progenitor se enorgullece al verla defender públicamente su religión.
"Me gusta que se me identifique como musulmana", argumenta la joven, practicante desde niña, para asegurar que su opción ha sido muy bien aceptada tanto por parte del colectivo de mujeres musulmanas como de las propias fuerzas de seguridad británicas.
"Quiero demostrar" –añade en la conversación telefónica– "que siendo una mujer musulmana no estoy oprimida por nada y se me permite ejercer mis creencias con dignidad". Begum no escatima elogios a la policía británica, a la que califica de "flexible", sabedora de que este asunto es controvertido en países tan permisivos como Holanda, donde el Parlamento se pronunció en contra del uso de la prenda policía.

