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«Es curioso tener miedo de la muerte a los once años»

Encerrada habitualmente en el sótano de su casa, había días sin bombas ni tiroteos en los que podía salir al parque que quedaba enfrente de su casa. Un día de esos, sus amigos fueron hasta allí y le gritaron desde abajo que fuera a jugar con ellos. Ella no podía, se lo había prohibido su madre. Pocos minutos después, cayó una bomba sobre el lugar que mató a buena parte de sus amigos. "¿Qué hizo mi amiga Nina, a la que sólo le gustaba jugar en el parque, para morir"?, se pregunta y añade: "Es curioso tener miedo de la muerte a los once años".

Había comenzado a escribir un diario (‘Diario de Zlata Filipovic’), como Ana Frank, antes de que empezara la guerra. Alguien lo descubrió y decidió publicarlo. Gracias al gran éxito que obtuvo, consiguió escapar de Sarajevo, junto a sus padres, por medio de la ayuda de la editorial francesa del libro.

Edwin Tholley, niño soldado

Con su español escaso, su acento peculiar y su mirada de niño podría pasar por un joven aprendiendo en clase un nuevo idioma, pero lo que cuenta es tan duro como si fuera un anciano que ha vivido -ha sufrido- mil guerras. En parte lo es, aunque tenga 22 años: durante cuatro formó parte del ejército rebelde de Sierra Leona, su país. Cuatro años de su infancia, desde los ocho a los doce, en que tuvo que empezar a matar, asaltar, torturar. Lo había secuestrado el ejército insurgente, bajo la amenaza de que si no hacía lo que se le pedía, le matarían.

Durante ese tiempo, permanecía en estado de excitación permanente, pues, como explica Tholley, "nos daban mucha droga para que ser valientes y poder hacer cosas malas". Asimismo, les hacían creer que su actuación era tan humanitaria como que estaban liberando a su país, desde bien pequeños, de los que habían venido a quitarles la tierra. "Decían que cuando ganásemos la guerra, volveríamos con nuestras familias y tendríamos hogar y dinero", explica.

No le dio tiempo a convertirse en héroe de guerra, sin embargo, aunque a los doce ya era sargento de la insurgencia con otros 15 niños a su cargo. Logró fugarse junto a algunos de sus compañeros. Él pudo sobrevivir, otros no. Con la ayuda de un religioso español llegó a España, donde ha comenzado a estudiar enfermería, aunque en realidad quiere ser médico. Y todo porque su intención última es regresar a su país a ayudar y cuidar a otros. Ha tenido suerte; está contento.

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