Todavía hay razón para tener esperanza

Todavía no hay un proyecto alternativo concreto y real. Pero se siente un clamor generalizado que se levanta en los cinco continentes, para recrear una nueva organización económica y social, un nuevo estilo de vida en la Humanidad. Se siente cada vez con más urgencia la necesidad de recrear un nuevo modelo socio-económico democrático, participativo y plural, solidario, coherente, fundado en sólidos principios éticos, humanistas y sociales, comprometido en la defensa y promoción de los derechos humanos, respetuoso con la diversidad cultural y religiosa y cuidadoso del ecosistema.

Se trata de reconstruir la armonía y volver a la sencillez de antaño sin abandonar los avances de la ciencia y la tecnología. Esta alternativa que brilla en el horizonte, que es fruto de la imaginación y de los sentimientos más nobles del corazón humano, está exigiendo una revolución de la conciencia. Sin ella no hay posibilidad de cambio.

Y esta revolución de la conciencia implica conciencia social profunda para sentir en carne propia los problemas de los más desfavorecidos, conciencia crítica para analizar seria y objetivamente la realidad, conciencia de ciudadanía universal de manera que lo que pasa en los países del sur nos afecte y comprometa, conciencia ecológica para velar por el cuidado y defensa de la naturaleza, conciencia pacifista que nos lleve a oponernos a toda acción bélica y a exigir un alto a la carrera armamentista, y conciencia ética que es honestidad, transparencia, pasión por la verdad, la libertad y la justicia, espíritu de servicio y de solidaridad.

Hay cosas que están destinadas a desaparecer, para dar paso a lo nuevo. De todos los rincones del planeta se escuchan voces y hay movilizaciones buscando nuevas alternativas. Está emergiendo una corriente de pensamiento que busca un cambio profundo en la manera de vivir.

El imperio del capital tiene la fuerza, las armas, el dinero y el poder, pero le falta la verdad, que la tienen las víctimas del sistema y cuantos anhelan y luchan por un mundo de justicia, pacífico y de vida digna para todos. La revolución que hoy se está gestando no se librará mediante las armas, ni por el dinero, ni por la violencia, sino por la fuerza de la razón contra la razón de la fuerza, por la organización y la unidad de los pueblos.

Es hora de soñar. Es hora de mirar con esperanza hacia el futuro y caminar hacia la conquista de ese otro mundo posible. Es hora de unir esfuerzos. Es hora de pasar de la protesta a la propuesta sin abandonar aquella. Es hora de actuar. Es hora de romper fronteras, de destruir muros, de abrir puertas y ventanas y tender puentes a los pueblos del mundo en una alianza de civilizaciones, con actitud de respeto y diálogo, libres de resentimientos y prejuicios, apostando por la vida de las personas y de la naturaleza.

Los que somos cristianos apostamos, asimismo, por una Iglesia abierta al Espíritu, renovada y renovadora, con sabor a profecía y a pueblo, sin privilegios, participativa, incluyente y comunitaria, servidora de la humanidad, al lado de los pobres y defensora de los derechos humanos.

Publicaciones Similares