“Alianza de civilizaciones: un arma contra el yihadismo” Por Javier Valenzuela

15 ENERO 2008

Artículo publicado en el número 46 (Enero de 2008) de Diálogo Mediterráneo

El 11 de junio de 1963, J. F. Kennedy pronunció un discurso vibrante que la historia ha retenido bajo la fórmula "Todos somos berlineses". Kennedy habló en el lado occidental de Berlín, una ciudad dividida entonces por un infausto muro, y con esa idea expresó el inquebrantable apoyo de los demócratas de todo el planeta a los alemanes del Este y a todos aquellos sojuzgados por el totalitarismo comunista.

¿Significó eso que Estados Unidos y sus aliados dejaran de combatir en otros frentes de la Guerra Fría? En absoluto. El pulso político, económico y militar con el bloque liderado por la Unión Soviética continuaría aún durante cinco lustros, hasta culminar con la caída del mismísimo Muro de Berlín y el derrumbe del sistema comunista.

Si la historia ha retenido el discurso de Kennedy en Berlín es porque ninguna guerra se gana sin utilizar ideas. Y tanto mejor si éstas son formuladas con palabras sencillas y directas. "Todos somos berlineses" quería decir que Kennedy no aceptaba un mundo dividido en dos: de un lado la prosperidad y la libertad; de otro la estrechez y la tiranía.

Imaginemos por un segundo que Kennedy hubiera sido un líder político español del siglo XXI: algunos de sus compatriotas derechistas le habrían tildado, sin duda, de idealista bobalicón que pretendía derrotar al comunismo con palabrería en vez de con tanques, aviones y misiles. Afortunadamente para la historia, Kennedy era ciudadano de un país que valoraba, y sigue valorando, que sus líderes expresen con claridad, vigor y optimismo los principios y valores que defienden y los objetivos que proponen.

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