Cerco al África negra por Susana López

EL PAIS 14/07/2006

¿De qué invasión hablamos? En el último debate del estado de la nación se ha dicho: "Por las fronteras europeas entran cien veces más" (que en pateras o cayucos por Canarias). Y más aún por los aeropuertos. "En el caso de España, las entradas irregulares van por este orden: fronteras aéreas, fronteras terrestres, fronteras marítimas", certifica la Agencia Europea de Fronteras. De los cerca de cuatro millones de inmigrantes empadronados, los que pertenecen al África subsahariana representan un irrelevante 3%, reconoce Moratinos. Según el padrón (INE), mientras, por ejemplo, sólo de Ecuador hay 492.000 personas empadronadas, de 13 países del África subsahariana hay en conjunto 140.000. En pateras u otras embarcaciones, arribaron a nuestras costas, en los últimos siete años, 100.000, pero en sólo un año (2004) se registraron 700.000 nuevos empadronamientos de extranjeros.

La población extranjera en Canarias, la encabezan ciudadanos de la Unión Europea (Alemania, Reino Unido…). De fuera de la UE, la encabezan los de Colombia, Venezuela, Argentina, Cuba, Ecuador… En su mayoría, países de los que somos deudores por la acogida de nuestra emigración (¿lo hemos olvidado?). Los mayores aumentos de inmigración en Canarias, durante 2004-2005, provienen de Uruguay, China, Chile, o de Rumania y Bulgaria, que próximamente se incorporarán a la UE. Los inmigrantes subsaharianos que logran llegar con vida a sus costas no se quedan en Canarias. Los recluyen de inmediato en campos de internamiento, hasta que los expulsan (en muchos casos sin garantías y a un país distinto del suyo), o los mandan a la península, con un expediente de expulsión y la prohibición de permanencia o entrada por un periodo de entre tres y nueve años, lo que les deja indocumentados y sin salida. En definitiva, pese a que son negros, muy negros, son poco visibles en la población canaria, salvo en la arribada, aunque es cierto que el espectáculo es terrible y que puede deteriorar la "imagen turística" de las islas. Lo cual no parece que justifique -sin que nos llene de vergüenza e indignación- el clamor de sus dirigentes políticos para que se tomen medidas tan extremas como la intervención de la Armada.

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