Cerco al África negra por Susana López
Quieren ignorar que Canarias no es la opción de estos inmigrantes sino la única salida que les ha dejado (por el momento) el blindaje con SIVEs costosísimos de las costas andaluzas, o los muros y alambradas de Ceuta y Melilla (ahora la terrible SIRGA tridimensional), tras los tremendos sucesos del año pasado, sin que se hayan depurado responsabilidades ni en España ni en Marruecos. Como saben perfectamente los dirigentes políticos y los medios de comunicación, la concentración en Canarias se produce cuando se van cerrando uno tras otro aquellos puntos de salida que permitían su diversificación y una menor "visibilidad" (con menos riesgo y menos muertos, aunque eso no importe). También influye la mayor desesperación y premura en la huida -distorsionando los flujos-, ante las noticias de un continuo y cada vez más agresivo "encerramiento" del África negra. ¿O no se trata de eso?
Si los originarios de todos estos países juntos representan un raquítico 3% del total de inmigrantes; si uno solo de los países emisores, como decimos, triplica con creces el número de los subsaharianos de 13; si estamos tan "saturados" ¿cómo es que podemos "soportar" las verdaderas "avalanchas" que entran por aeropuertos y fronteras terrestres, sin alarma política, social ni mediática, y no es "soportable" el número incomparablemente menor de quienes llegan en pateras y cayucos huyendo de la pobreza y las guerras, hasta el punto de utilizar sistemas de blindaje inhumanos, al ejército, a la legión o a la armada para impedir que lleguen los que logran sobrevivir? ¿Cómo se explica, además, que España sea "de los primeros" países de la UE-15 en abrir sus fronteras "sin limitación" (Caldera), desde el 1 de mayo de este año, a los trabajadores de los 10 países de la ampliación, levantando la moratoria hasta 2011 que les fue impuesta? Resultaría cómico, de no ser por la inmensa tragedia que representa, que la población acabe creyendo, como parece ser, que su bienestar, su empleo y su seguridad peligran por los pocos miles que logran llegar tan penosamente a nuestras turísticas costas desde el África negra.

