La Alianza de Civilizaciones mira al futuro por Santiago Petschen
En tiempos de Herzl, siglos de historia marcaban todavía la enemistad más atroz que imaginarse pueda entre cristianos y judíos. A pesar de ello, Herzl hizo el esfuerzo por ofrecer a los cristianos una relación de acercamiento y de simpatía. Llegó incluso hasta proyectar indemnizarles por las pérdidas que la marcha de los judíos a otra tierra les podría ocasionar. Es lo que Israel debería buscar ahora para con los musulmanes, con los que la historia judía estuvo, hasta el siglo XX, libre de problemas graves. Y no es que Herzl fuera un ciego con respecto al antisemitismo. Todo lo contrario. Como ahora no debemos estar ciegos frente a la barbarie del terrorismo.
Pero ello no debe ser obstáculo para fijar un modelo de relación limpio. Por medio de unos pasos así y con el espíritu de las solidaridades de hecho habrá que llegar al problema de las fronteras entre Israel y Palestina, el punto de manifestación más hostil que pueda existir hoy entre la civilización occidental y la civilización islámica. Si no se va llevando a la práctica una correcta solución fronteriza, la réplica contra Israel seguirá siendo alimentada en la imaginación de millones de musulmanes.
Alguien puede pensar que la solución al problema está en la fuerza. Esta solución, además de ser injusta, no podrá ser para todo tiempo sino sólo para un espacio temporal limitado. Y con unos resultados que tal vez puedan conducir, algún día, desde el odio, a una hecatombe de mayúsculas proporciones.
La terrible hostilidad entre Alemania y Francia tan cruentamente manifestada durante la Segunda Guerra Mundial se puso a prueba para convertirse en alianza con la organización de una amplia serie de reuniones como las montadas por Franz Buchman después de la Guerra Mundial en Caux (Suiza).

