La Alianza de Civilizaciones mira al futuro por Santiago Petschen
Bajo el nombre de Rearme Moral, Buchman fue convocando, en los años posteriores a la guerra, en un hotel desde cuya altura se divisa ampliamente el lago Leman y la extensa cadena de los Alpes suizos, a diplomáticos, políticos, militares, sindicalistas, hombres de letras, especialistas en solución de conflictos… etcétera, en sesiones de tres, cinco, diez o quince días, hasta un número de personas que se acercó a los 5.000.
Cuando en alguna ocasión he pasado por aquel ya viejo edificio, no he podido dejar de sentir una considerable emoción por las aspiraciones de alianza que allí dentro se fomentaron. Parece que fue en Caux donde se pergeñó el primer atisbo de lo que luego fue la Comunidad del Carbón y del Acero.
Algo muy distinto a lo que se palpó en el ambiente de utopismo de Denis de Rougemont, que supo decir cosas extraordinariamente maravillosas sobre el ser humano, sobre los pueblos, sobre la interculturalidad, pero que careció de capacidad para que las instituciones que él creó, el Centro Europeo de la Cultura y el Instituto de Estudios Europeos, tuvieran continuidad después de su muerte.
La repetición de una experiencia como la de Buchman en Caux, aplicada a la Alianza de Civilizaciones, podría ser de una enorme utilidad.

