“Las mujeres y el regreso de las religiones” por Rosa Pereda

Pero, ¿por qué ha de ser laica la alternativa? Las mujeres lo vemos mucho más claro que Sarkozy. Para nuestra vida, y para nuestra felicidad, la laicidad es fundamental. En Oriente y en Occidente. Porque somos la piedra de toque de las culturas y el cuerpo espacio que las religiones se obstinan en controlar.

El cúmulo de sufrimiento que las religiones han proporcionado a las mujeres está por escribir, como su papel activo y directo en una situación que todavía dista mucho de ser igualitaria hasta en el Occidente más desarrollado y progresista. La inferioridad de la mujer, hay que decirlo, sigue siendo dogma de fe y de conducta en las religiones. En todas. Empezando por la moralización del cuerpo -o su empecatamiento- y terminando por los roles familiares, patriarcalistas por supuesto.

La idea de la igualdad de la mujer, la idea de la libertad de la mujer, es muy nueva. Novísima. Como es estrictamente nueva la comprensión de los derechos del hombre, de la igualdad de derechos de todos los seres humanos, de la necesaria universalización de su exigencia.

De hecho, y es paradigmático el caso de las mujeres, la mayoría de las sociedades no lo ve así. Y desde luego, las teocracias actuales (iba a poner modernas, pero es una petición de principio, y cuento al Vaticano) no son las campeonas del tema.

Tampoco se puede negar que la igualdad de los hombres incluidas las mujeres, y los derechos derivados, son fabricación occidental y laica. Y que se tuvo que confesar como laica porque hubo de ser arrancada a las religiones organizadas, entre otros poderes más. Y que nació precisamente para ilegitimar sus usos y abusos… entre otros. Hace, insisto, muy poco.

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