«El objetivo de la Alianza es lograr pequeños avances que vayan sumando»
-Pero la Alianza cuenta con el importante hándicap político de la ausencia de EEUU. ¿Cree usted que la Administración Obama podría terminar integrando a su país?
-La Alianza es ya una iniciativa de la ONU que cuenta con el pleno apoyo de su secretario general. Estoy seguro que la Alianza va al encuentro de las nuevas propuestas de la Administración norteamericana. Todos sabemos que si no hacemos nada para mejorar el buen gobierno de la diversidad cultural la situación puede ser mucho peor. Queremos evitar el avance de los extremismos, somos una fuerza de paz. Claro que no podemos resolver los problemas políticos, no es nuestra misión pero sí podemos ayudar a prevenir y solucionar situaciones conflictivas. Yo no soy un mendigo, soy un europeo habituado a hablar con todo el mundo y por ello me gustaría que EEUU estuviera integrado en la Alianza porque hay una convergencia de ideas muy evidente.
-¿Pero cuándo calcula usted que se podrán apreciar los avances propiciados por la Alianza de Civilizaciones?
-Es un proceso largo, de pequeños resultados constantes que se van sumando unos a otros. Pero abordamos problemas que necesitarán generaciones para llegar a una solución. No es fabricar un automóvil o un detergente. Los actores tienen que ser muchos y muy diversos. No sólo los Estados, los organismos internacionales, las fundaciones, las ONG… también por ejemplo los ayuntamientos o las comunidades autónomas deben participar en el proceso. Es una política de pequeños pasos pero que debe movilizar a todos los actores de la sociedad en cuatro temas fundamentales: inmigración, juventud, medios de comunicación y educación. Nuestra propuesta es que hay que combinar lo local con lo global. Partir de los problemas que se pueden dar en una calle, en un pueblo, o en una ciudad para que cada Estado elabore propuestas concretas y soluciones. Por eso he pedido a todas las naciones que elaboren planes nacionales para el diálogo intercultural. España y Turquía, como copatrocinadores de la Alianza, ya lo han hecho pero también otros 22 países más. Cada nación tiene sus propios problemas y cada una tiene que nombrar a una persona que se encargue de la coordinación, como es el caso de España en la figura del diplomático Máximo Cajal.

