Reflexión sobre la modificiación de la Ley de Extranjería por Eloy Cuadra Pedrini

Le ocurre hasta a los asesinos, muchos de ellos muy acostumbrados a matar prefieren no mirar nunca a sus víctimas a los ojos, para evitar que a la noche, al dormir, le visiten los demonios del remordimiento. Y esa misma mirada que interpela al sicario y le dice "¡no me mates, por favor, te lo suplico!", está ahí, al otro lado de esos muros a los que llaman CIE, suplicándonos para que hagamos algo por ellos. Así, les traslado a ustedes la pregunta que yo ya respondí: ¿Qué pasaría si tuviéramos la posibilidad de entrar en esos centros para enfrentarnos a su rostro, nosotros los ciudadanos del primer mundo?; ¿qué ocurriría si de repente ese extranjero dejara de ser el Otro sin atributos, el Extraño, el Peligroso, y pasara a ser Sony, de 23 años, un joven nigeriano que perdió a sus padres a los 15, que soñaba con ser futbolista, que hace tres años que salió de su tierra, al que han pegado, engañado y robado en el desierto, que vio morir ahogado a su mejor amigo y ahora malvive encerrado entre cuatro paredes esperando ser devuelto a la nada? Estoy seguro que a muchos –como a mí- os cambiaría la vida, y acudiríais a su llamada desesperada.

Pero aquí precisamente radica el problema: no es fácil enfrentarse al rostro desnudo y desvalido del extranjero, pues ello implica remover, despertar, incomodar nuestra conciencia durmiente hasta un punto que tal vez nos llevara sin remedio a hacernos responsables de él, del mismo modo que nos hacemos responsables de una anciana que se ha caído o de un niño que llora porque ha perdido a sus padres. Llegado hasta aquí, me viene sin defecto a la memoria esa célebre cita erróneamente atribuida a Brecht que rezaba tal que así: "Primero vinieron a buscar a los comunistas, y no dije nada porque yo no era comunista. Después vinieron a por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Después vinieron por los judíos, y me callé porque no era judío. Al final también vinieron a buscarme, pero ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí" Creo que es hora de que podamos y no temamos enfrentarnos a su rostro para empezar a hablar por ellos. Quizás no sea demasiado tarde: hoy mismo hemos sabido que el Gobierno de Zapatero prepara una reforma de la Ley de Extranjería que al fin permitirá a las ONG entrar en los CIE, y a través de ellas a nosotros los ciudadanos.

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