Shazdeh: el milagro de este frondoso jardín persa en medio del desierto


Xavier Dealbert / Alamy Stock Photo

El espacio ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad bajo el concepto El jardín persa (que engloba otros ocho parques más) por su belleza y saber hacer paisajístico, que consigue lo imposible: hacer emerger el agua y la vida en mitad de un auténtico páramo. De hecho, Shazdeh se sitúa en la orilla occidental del desierto de Kavir-e-Lut, cerca de la pequeña urbe de Mahan, y a una distancia considerable de la cordillera de los montes Zagros.

No obstante, los antiguos persas (el jardín data de finales del 1800) vislumbraron la nieve que cubría casi perpetuamente los picos más altos de la cadena montañosa, y se propusieron llevar el agua que sabían que había en la zona al lugar donde el príncipe Abdolhamid Mirza Naserodoleh se quería construir el nuevo edén, en la antigua Ruta de la Seda, que incluiría su residencia de verano. Lo lograron gracias a los qanats, pozos de diez a 20 metros de profundidad inventados en torno al 800 a.C., conectados a través de su fondo y capaces de llevar agua limpia y fresca de un punto a otro. En Irán, país sin ríos y prácticamente desértico, existen aún unas 50.000 redes de qanats, algunos con longitudes de hasta 100 kilómetros.
Caracterizado por su división en cuatro sectores y por la omnipresencia del agua como elemento de irrigación y ornamentación, el jardín persa se concibió como un símbolo del Edén y de los cuatro elementos zoroástricos: el cielo, la tierra, el agua y el mundo vegetal”, explican desde la UNESCO. Además, la institución confirma lo que quizá ya hayas adivinado por las imágenes: que la influencia de los persas en el arte de la jardinería paisajística llegó a extenderse hasta la India (recordemos los jardines del Taj Mahal) y España (solo hay que pensar en el Generalife, en Granada).     Hoy Shazdeh es visitable, y además de su plétora de plantas y flores, incluye, como se ha mencionado, la residencia veraniega del príncipe (en iraní, de hecho, el lugar se traduce por “jardín del príncipe”). El inmueble, de dos plantas, está hermosamente decorado con mosaicos y relieves de estuco y ofrece alucinantes vistas del parque y del impresionante paisaje desértico que lo circunda. También posee un área de huerto y de frutales.
Todo el espacio, que abarca cinco hectáreas y media, está amurallado, una característica básica de los jardines persas. También, como estos, tiene forma rectangular (con unos 400 metros de largo y 120 de ancho) y, entre sus dos extremos, fluyen fuentes y cascadas a lo largo de varias acequias. Las mismas aprovechan la inclinación natural del suelo para bajar a través de siete terrazas hasta el gran estanque del nivel más bajo.
Este jardín, una de las maravillas de Irán y uno de los pocos en el mundo constituido en medio de un desierto, destaca también por sus asombrosos surtidores, que se diseñaron aprovechando la fuerza de la gravedad y la diferencia de elevación para lanzar altos chorros de agua al aire.

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