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Viaje al corazón infinito de los desiertos de incienso y dunas de Omán

Explorar el Rub al Khali y Wahiba es adentrarse en un paisaje inhóspito, donde el silencio es absoluto y la infinidad impone respeto al viajero.

David Rull National Geographic

Doctor en Egiptología y periodista de viajes

Actualizado a 23 de febrero de 2025 ·

En el extremo sureste de la península arábiga se esconden las mil y una maravillas del sultanato de Omán, país de navegantes y mercaderes que, al abrigo de sus mares, floreció como uno de los estados más antiguos de Arabia y en el pasado extendió sus dominios hasta las remotas costas de Zanzíbar.

Más allá de sus océanos y costas, Omán atesora una sorprendente y rica diversidad geográfica y paisajística. De las cumbres de Djebel Akhdar y Djebel Shams, que arañan el cielo de Arabia con sus 3000m de altura, hasta las llanuras desérticas de su interior, Omán es eso, un país de contrastes y sorpresas continuas. En el interior del sultanato las extensiones sin fin de los desiertos de Rub al Khali y Wahiba invitan a vivir experiencias que, pese a la autenticidad, se pueden adaptar a cualquier tipo de viajero, gusto y bolsillo.

Visitar los desiertos de Omán no será solo un viaje geográfico, sino también una travesía interior. La inmensidad del Rub al Khali y la armoniosa belleza del desierto de Wahiba despiertan en el viajero una sensación de humildad y admiración. En estos paisajes de arena y silencio, donde el viento esculpe las dunas y las estrellas dominan la noche, el tiempo parece detenerse.
 

Foto: Shutterstock

Rub al Khali: el desierto infinito               Este gigantesco laberinto de arena y viento es una suerte de gran muralla que separa Omán de sus vecinos: Yemen, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Alcanzar las orillas del Rub el Khali o adentrarse en su interior nos hará experimentar la inmensidad y el silencio, la desolación y la belleza del desierto. En su interior no hay nada, o casi nada. Los últimos ejemplares en libertad del Oryx árabe de la península, zorros del desierto que corretean por la noche en busca de comida, jerbos juguetones, todo tipo de reptiles y arbustos solitarios en medio de la nada se resisten a desaparecer en la abrasadora inmensidad.

Foto: Shutterstock

Rub al Khali, el “Cuadrante Vacío”, es el desierto de dunas continuas más grande del mundo

El desierto de Rub al Khali es un lugar prístino que nos trasladará a las expediciones de Wilfred Thesiger (1910-2003), el explorador y escritor británico conocido por sus viajes por los desiertos de Arabia a mediados del siglo XX. En efecto, entre 1945 y 1950, Thesiger exploró el Rub al Khali acompañado de algunos miembros de las tribus beduinas que vivían en la región, documentando así sus costumbres y modo de vida adaptados al rigor extremo del desierto. Su libro Arenas de Arabia, publicado en 1959, es una de las crónicas más importantes sobre los desiertos de Omán y la cultura beduina, antes que el boom del petróleo transformara radicalmente la región.

Foto: David Rull

Rub al Khali, el desierto de Thesiger 

Cualquier travesía por el Rub al Khali, por simple que parezca, requiere experiencia, una buena condición física y, ante todo, disposición para sufrir (¡o gozar!) de la severidad y la soledad del desierto. No obstante, también hay opciones más “fáciles” que nos permitirán alcanzar la orilla del gran desierto de Arabia y vivir su esencia con plenitud y, al mismo tiempo, un cierto confort. Una de las más bellas travesías hasta el gigantesco arenal parte de la ciudad de Salalah, en las costas del Mar de Arabia. La ruta resigue –primero por asfalto, luego por pistas de arena– uno de los caminos terrestres de la antigua Ruta del Incienso hasta alcanzar los restos arqueológicos de la mítica Ubar, una antigua y próspera ciudad que pereció bajo las arenas por designio divino, ante la insolencia de sus ricos habitantes.

En apenas tres horas, pasaremos del agradable clima subtropical de la ciudad costera por la que pasaron Marco Polo, Ibn Battuta y Zheng He, a las abrasadoras dunas del desolado “Cuadrante Vacío”. A lo largo del día, la arena nos sorprenderá cambiando de color y jugando con las texturas y las sombras de las dunas. Por el camino se hallan algunos “bosques” del célebre árbol del incienso (Boswellia sacra) como el Wadi Dowka, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. A lo largo del extenso valle que se adentra en el desierto se conservan ejemplares centenarios del valioso árbol del que aún se extrae la resina para, por ejemplo, elaborar perfumes tan selectos como los de la firma omaní Amouage.

Foto: David Rull

El desierto de Wahiba, en el corazón de Omán

El desierto de Wahiba –también llamado desierto de Sharqiya– es una extensión de dunas mucho más amable y de fácil acceso que el temible Rub al Khali. Situado a escasas 3 horas de la capital del país, Mascate, la belleza de este arenal de más de 12.000km cuadrados es igual de sobrecogedora e impactante que su hermano mayor. Sus dunas, que en algunos casos alcanzan los 150 metros de altura, ofrecen un espectáculo visual de una insólita belleza que, minuto a minuto, hora a hora, va cambiando a lo largo del día. En su interior, oasis dispersos dan refugio a sus habitantes, los beduinos, que pese a la llegada del progreso mantienen viva su forma de vida tradicional. Estas comunidades siguen dedicándose al pastoreo de camellos y cabras, y será fácil verlos durante nuestra visita. También será fácil que nos sorprendamos con la rica biodiversidad del lugar, ya que este desierto cuenta con más de 200 especies de animales y 150 tipos de plantas. El desierto de Wahiba es mucho más accesible para los viajeros y ofrece muchas más opciones para vivir experiencias que el Rub el Khali. En su interior, encontraremos campamentos para todos los gustos y bolsillos desde los que se ofrecen todo tipo de actividades y excursiones.

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