La cuestión turca por Gema Martín Muñoz
El PJD no sólo es la alternativa democrática, resultado de las elecciones de 2002 y 2007, sino que su Gobierno dirigido por Recep Tayyip Erdogan es, hoy por hoy, el único capaz de llevar adelante la transformación profunda que necesita el país. Su política económica liberal cuenta con el apoyo de los actores económicos turcos y ha logrado un crecimiento impensable hace menos de una década; su ritmo reformista es dinámico y progresivo, incluidos viejos tabúes que el ultranacionalismo turco, representado por ejército y jueces, consideraba sagrados (delitos de opinión contra la monolítica identidad nacional turca, mejora en los derechos de las minorías…); su europeísmo es convencido y voluntarista; su política exterior cuida las relaciones con Europa, Estados Unidos e Israel a la vez que mira y se interesa por su entorno medio-oriental, lo que le permite desempeñar un papel tan complejo como mediar entre Siria e Israel.
¿Qué otra fuerza política podría llevar a cabo esta acción interior y exterior que le está valiendo a Turquía el respeto y la credibilidad de la mayoría de dentro y de fuera? Los dos partidos que consiguieron representación en el Parlamento, el Partido del Movimiento Nacional, contrario al ingreso en la UE, y el Partido Republicano del Pueblo, que apoya incondicionalmente la injerencia del Ejército en política, pertenecen a ese universo ajeno a la evolución de la sociedad turca y enraizado en un ultranacionalismo aislacionista incapaz de promover el potencial interior y exterior turco.
Si el proceso de ilegalización sigue adelante y se prohíbe a sus dirigentes formar parte de grupo político alguno en cinco años, se abrirá una gran fractura social, Turquía volverá a los riesgos de la inestabilidad política y el proceso democrático y la economía se resentirán (de hecho la lira y la Bolsa turcas así lo hicieron desde el mismo día del anuncio de emprender dicho proceso). En fin, una triste victoria de quienes, dentro y fuera, se oponen a la integración europea de Turquía. Pero, quizás, efímera.

