Paz, coerción y medioambiente por Ramón Folch

POR OTRA PARTE,las tensiones relacionadas con la seguridad y el medioambiente constituyen un emergente nuevo campo de conflicto. La Organization for Security and Cooperation in Europe (OSCE), que tiene su sede en Viena, ha publicado un interesante estudio titulado Environment and Security, transforming risks into cooperation, consagrado a los conflictos y tensiones de base ambiental en la Europa oriental exsoviética, concretamente en Bielorrusia, Ucrania y Moldavia. En este territorio, que viene a ser las cuencas del Dniester y del Dnieper, el estudio identifica siete amplias zonas ambientalmente conflictivas, siendo Chernóbil la primera de ellas, lógicamente. No se trata de protestas ecologistas, sino de alta conflictividad potencial vinculada al control de recursos naturales o a amenazas muy serias sobre la salud de la población, susceptibles de degenerar en enfrentamientos violentos.

El cambio climático generalizará este tipo de problemas. El estatu quo ambiental está a punto de verse subvertido. El agua será, seguramente, el primer elemento generador de una nueva clase de tensiones que ahora apenas se entrevén. Hemos tenido un anuncio doméstico, primero con el Plan Hidrológico Nacional y, más recientemente, con el episodio de sequía hidrológica más aún que meteorológica sufrido en Catalunya. Si el agua llega realmente a faltar, el casus belli está servido. Los países desarrollados y con medios, como los de la Unión Europea, siempre tendremos el recurso de las grandes obras hidráulicas o la desalinización, pero la mayoría de los demás países no se lo podrán permitir. El control de ríos como el Tigris y el Éufrates, el Jordán, el Ganges y el Bramaputra, el Oxus y el Jaxartes o el Nilo ya genera incipientes conflictos larvados entre Turquía, Siria e Irak, Israel y Palestina, la India y Bangladesh, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán, y Egipto, Sudán, Etiopía, Kenia, Tanzania, Ruanda y Burundi.

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