La generación más brillante está condenada por Ángeles Espinosa
A falta de esa alternativa, muchos jóvenes están optando por la emigración, lo que sólo puede aumentar la presión sobre Europa, la frontera más cercana. El caso de Egipto resulta significativo. Con 40 de sus 77 millones de habitantes menores de 35 años, ocho millones se inscribieron en 2006 en el sorteo para obtener un permiso de residencia en Estados Unidos. Lo que es más preocupante: el año pasado una veintena de jóvenes murieron ahogados cuando intentaban alcanzar de forma ilegal las costas de Italia y Grecia, una vía de escape que hasta ahora se limitaba al Magreb.
En Irán, el segundo país más populoso de la región, con 70 millones de habitantes, un 25,6% de los jóvenes está desempleado y la cifra alcanza un 28,95% en las zonas urbanas, según datos del Centro de Estadísticas (oficial). No hay información sobre el número de jóvenes que desean emigrar, pero las embajadas occidentales reciben muchas más solicitudes de las que pueden procesar. El riesgo de radicalización es, sin embargo, menor. "Dado que aquí tenemos un Gobierno islamista que se ha convertido en un ejemplo indeseable, los jóvenes reaccionan en sentido contrario", apunta Ghazian.
"Los jóvenes no tienen un problema, nosotros somos el problema", asegura Emara, el ex ministro egipcio. Sin embargo, la mayoría de los encuestados ven su futuro sombrío. Y tal como advierte, Mohamed al Abbar, el patrón de Emaar Properties (uno de los principales proveedores de empleo de Oriente Próximo), "si la región no es capaz de desarrollar sus enormes recursos humanos, se enfrentará a un futuro de insatisfacción, malestar y declive económico". Por ello, tal como señala el ex presidente del Banco Mundial James Wolfehson, "ninguna otra tarea es más urgente en la región que dar esperanza a sus cien millones de jóvenes".

