Mujer y emprendedora, la difícil ecuación
Cuando alcanzan este techo en una empresa de la que son asalariadas, "muchas mujeres se dan cuenta de que no ascenderán más debido a su género, y muchas de ellas deciden hacerse empresarias para realizarse personal y profesionalmente", señalan Carlos Morales, director de Centro de Investigación en Emprendimiento de Eada, y Mariona Serrat, coautora del sondeo. Según las entrevistadas, para romper este techo de cristal sólo cabe un cambio de mentalidad social, que abandone la ideología de la estructura familiar tradicional, en la que el hombre sigue siendo visto como sostén y la mujer como cuidadora, para dar paso a una igualdad real de oportunidades. Algo, señala una mayoría de mujeres, que sólo puede lograrse desde la educación en la escuela.
Estos roles adquieren su máxima paradoja cuando se trata de conciliar la vida personal y la laboral. Los investigadores se sobresaltan al notar cómo las emprendedoras "endulzan", según sus propias palabras, la poca aportación de sus maridos o parejas a la hora de repartir las tareas del hogar: "Comentarios como ‘bueno, compartir, lo que se dice compartir’, o ‘yo no lo llamaría exactamente compartir’ o ‘pongámoslo así’ sugieren que hay aún mucho camino por recorrer. El propio lenguaje no verbal revela algo diferente. Aun cuando afirmen textualmente que ‘en teoría’ las cosas van cambiando en la sociedad, no es necesariamente lo que les pasa a ellas".
La encuesta tiene aquí conclusiones demoledoras. En palabras de sus autores, "unas pocas entrevistadas admitieron que la responsabilidad no sólo es de los hombres, sino también de las mujeres. A veces son ellas las que creen demasiado en las ideas conservadoras de la estructura familiar, y no creen en ellas mismas en el campo profesional". De ahí que, si bien el cambio de mentalidad "debe producirse entre los hombres porque son quienes frenan el desarrollo profesional de las mujeres, también algunas mujeres deberían aumentar su autoestima".

