«Todos somos nómadas digitales» entrevista con Fatema Mernissi

¿Cómo se llaman? ¿De qué hablan? Las hay como Rose el Youssef, egipcia, que se pregunta por qué las más hermosas de las mujeres ya no quieren casarse; Teens Today, editada en Abu Dabi y preocupada por la moda de los desnudos en los videoclips; Zahrat al Khaleej [La Flor del Golfo Arábigo], de Dubai, que se plantea: ?¿Está Internet destruyendo las relaciones matrimoniales??. Otra es Laha [Para Ella], de Beirut, que informa de que una de las últimas modas en Líbano es que las mujeres celebren su divorcio con fiestas por todo lo alto, en las que, además, anuncian su disponibilidad. Al Sada, de Dubai, se autoproclama ?semanario de la familia árabe?, y en su número 453, de diciembre de 2007, titula: ?Los hombres necesitan Viagra? Las mujeres lo están pidiendo?.

Todas las portadas están allí, bien impresas. Así que Mernissi se preocupa antes de nada por la comida, la miel, los crêpes o esos dulces de almendra como los que se preparaban en Al Andalus? ?Y estos crêpes, ¿sabes?, los venden las mujeres hoy por todo el distrito. La mujer ha salido de las cocinas, y ése era el sueño de mi abuela, ganarse la vida vendiendo cuscús??. Un sueño hecho realidad. La escritora, activista y crítica, se ocupa desde siempre en mostrar esos cambios sociales y en intentar desenredar las uniones nefastas y habituales entre aspectos negativos (como antidemocracia, represión de la mujer, terrorismo) y el islam.

¿Sigue siendo tan inmenso como antaño el desconocimiento entre el mundo islámico y el occidental, o ha mejorado? Te doy un ejemplo último: la asociación automática juventud-violencia. Es tan delirante como la de islam y terrorismo, olvidando que este último surgió también en ciertas democracias occidentales laicas (ahí están las Brigadas Rojas en Italia, el IRA en Irlanda, la Baader-Meinhof en Alemania). El terrorismo moderno está lejos de ser un fenómeno religioso, local, racial o demográfico, como pretenden las tesis reduccionistas. Más bien es fruto de una economía fuertemente consumista que ignora la ética humanista; eso es lo que llevó a la revuelta a los jóvenes europeos de los años setenta. Y los que los entrenan no son jóvenes precisamente.

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