Ropa Amiga ejemplo de cómo un proyecto se convierte en cooperativa y avanza en sostenibilidad
Desde 2002, el proyecto Ropa Amiga impulsado por Un Sol Món, Aires y Cáritas ha apoyado la inclusión laboral de 75 personas y recogido 33.000 toneladas de ropa. Ahora se convierte en cooperativa para seguir trabajando de forma autónoma.
Recoger la ropa que todos y todas ya no queremos, arreglarla para poder darle un segundo uso, desechar la que no sirve de una manera sostenible y aprovechar todo este proceso para fomentar la inclusión laboral de personas en situación desfavorecida. Con ese objetivo la Fundación Un Sol Món, la plataforma de entidades de inserción Aires y Cáritas pusieron en marcha en 2001 el programa Ropa Amiga. La iniciativa empezó en Cataluña y, aunque todavía centra la mayoría de sus esfuerzos en esta zona, desde 2005 también existe en Madrid y desde el año pasado en la Comunidad Valenciana.
La idea del proyecto era aprovechar la recogida y la recuperación de residuos textiles para crear empleo. En los últimos cinco años, unas 200 personas han entrado en los itinerarios de inclusión sociolaboral de Ropa Amiga.
Se trata de personas que han tenido problemas de alcohol o drogodependencias, mujeres que no han tenido oportunidad de acceder a una formación, personas en paro desde hace tiempo… todas ellas han participado en tareas como la recogida de ropa de los contenedores, la clasificación de la ropa y su empaquetado o la atención al público en las tiendas. Después de participar en estos circuitos, la mayoría ha encontrado trabajo en el mercado laboral ordinario.
En todo este tiempo, el programa ha recogido 33.000 toneladas de ropa utilizada, una cifra todavía pequeña si se tiene en cuenta que sólo en Cataluña, por ejemplo, cada ciudadano genera al año siete kilos de ropa usada, lo que significa 50.000 toneladas anuales. De ellas, entre el 25% y el 30% se recupera para ser recicladas, apunta el presidente de Roba Amiga, Josep Maria Elvira.

