Turquía: la fractura por Antonio Elorza

Sólo que el tema ha destapado la dureza del enfrentamiento entre el laicismo intransigente a la defensiva de juristas y militares, de un lado, e islamistas gubernamentales de otro. Hasta el punto de que pronto el Tribunal Constitucional puede declarar la ilegalización del partido de gobierno y condenar a decenas de sus dirigentes, con Erdogan a la cabeza, por impulsar una anticonstitucional islamización del país. Ya con anterioridad el mismo fiscal Yalçincaya había promovido la ilegalización del partido nacionalista kurdo, con veinte diputados, cuyas "actuaciones e ideas" les convertirían en instrumento del independentista y terrorista PKK. Un poco más y vacía el Parlamento de Ankara.

Lo cual no debe llevarnos a la angelización de Erdogan, que ha elegido la línea de aceptar la prueba de fuerza. ¿Por qué Parlamento contra Tribunal si en la Constitución están los artículos 2, 4 y 148? ¿Por qué reaccionar enviando al infierno a sus antagonistas citando el versículo 7.179 del Corán? ¿Por qué emplear los recursos del Estado laico desde la Dirección de Asuntos Religiosos preparando una actualización de los hadices o sentencias de Mahoma si no se está pensando en reintroducir la sharía (Corán más hadices) en la legislación del país?

Y si el supervisor del mastodóntico proyecto, Mehmet Gormez, asegura que hay sólo un islam, rechazando ser un islamista moderado, que no será borrado ni un hadiz ni alterada la palabra de Alá, tal puesta al día es ante todo de temer. Hay en los 7.000 hadices de las compilaciones fiables (sahih) demasiados yihad como guerra, antijudaísmo y voluntad punitiva. En suma, la línea de Erdogan apunta a una islamización larvada, conforme destacan los representantes de los 15 millones de alevíes, que le han retirado su colaboración. Ahora bien, son signos, no pruebas.

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