Un mundo de contrastes por Doris Lessing

ImageNos han enseñado a leer, pero no tenemos libros

Mientras estoy con mi amigo en su habitación, algunas personas se acercan tímidamente, y todos, todos mendigan libros. “Por favor, envíanos libros cuando vuelvas a Londres.” Un hombre me dice: “Nos han enseñado a leer, pero no tenemos libros”. Toda la gente que encontré, sin excepción, me pidió libros.

Permanecí allí sólo algunos días, en medio de la polvareda y de la escasez de agua porque las bombas estaban averiadas y las mujeres iban nuevamente a buscar agua al río. Otro profesor idealista que había venido de Inglaterra quedó muy afectado después de ver el estado de la “escuela”.

El último día, era el fin del trimestre, la gente del pueblo sacrificó una cabra; la trocearon y la guisaron en una gran marmita. Era el festín tan esperado de finales del trimestre: un guiso de cabra acompañado de sémola. Mientras la fiesta estaba en su apogeo, retomé la carretera y volví a atravesar la zona de troncos y restos calcinados del antiguo bosque.

Dudo de que muchos de esos alumnos sean premiados alguna vez.

Al día siguiente, estoy en una escuela del norte de Londres, un centro muy bueno, cuyo nombre todos conocemos. Es una escuela de varones. Hermosos edificios, jardines.

Todas las semanas los alumnos reciben la visita de una personalidad. No es excepcional que esa personalidad sea el padre, un pariente o incluso la madre de uno de los alumnos. Para ellos la visita de una celebridad es algo habitual.

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