Un mundo de contrastes por Doris Lessing

Un mundo entre la amenaza y el hastío

Estamos hastiados, todos nosotros en nuestro mundo amenazado. Somos los campeones del cinismo y de la ironía. Algunas palabras e ideas están tan desgastadas que dudamos en emplearlas. Pero ¿por qué no rehabilitar ciertas palabras que han perdido su poder de expresión?

Poseemos una mina –un tesoro– de literatura que remonta a los egipcios, los griegos, los romanos. Todo está allí, toda esa riqueza literaria lista para ser redescubierta sin cesar por cualquiera que tenga la suerte de dar con ella. Un tesoro. Imaginemos que no hubiera existido nunca. ¡Qué vacíos, qué pobres seríamos!

Hemos recibido un legado común de lenguas, poemas, relatos, y no es éste un patrimonio que corre el riesgo de agotarse. Está ahí, siempre.

Disponemos de un patrimonio de relatos, de cuentos, transmitidos por antiguos narradores – conocemos el nombre de algunos de ellos pero no de todos. Este linaje de narradores remonta a un claro en medio del bosque donde arde un gran fuego y donde los antiguos chamanes danzan y cantan, pues nuestro patrimonio de narraciones tuvo su origen en el fuego, la magia, el mundo de los espíritus. Y es allí donde se conserva todavía hoy.

Interroguemos a cualquier narrador moderno y nos dirá que siempre hay un momento en que se siente tocado por el fuego, por ese fuego que hemos dado en llamar inspiración, entusiasmo, y ello se remonta al nacimiento de nuestra especie, al fuego, al hielo y a los grandes vientos que nos han modelado, a nosotros y a nuestro mundo.

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