Las iraníes desafían a los ayatolás por Ángeles Espinosa
Su delito: haber participado en la manifestación por la igualdad ante la ley que el movimiento de mujeres organizó en la plaza de Haft-e Tir de Teherán en junio de 2006. Como ella, cerca de 50 activistas se encuentran procesadas y varias de ellas han pasado por la cárcel. De momento, su sentencia está suspendida, porque su abogada ha recurrido. Pero ya probó las celdas de la infame prisión de Evin durante los cinco días siguientes a la manifestación.
"Estamos en un limbo legal. No sabemos qué va a pasar con nosotras", admite Sussan Tahmasebi, una de la treintena de mujeres detenidas en marzo de 2007 cuando protestaban ante el tribunal donde se veía el caso de las cinco procesadas por la manifestación de Haft-e Tir. Aunque tras la liberación de Jelve Javaheri y Mariam Hosseinkhah -a principios de enero- ya sólo quedan dos activistas en prisión (Ronak Safarzadeh y Hana Abdi), los procesos contra la mayoría de ellas siguen abiertos.
Amnistía Internacional ha denunciado la "fuerte represión" de que son objeto y ha pedido a las autoridades iraníes que "dejen de hostigar a quienes defienden los derechos humanos de las mujeres". El marcaje de las mujeres alcanza a su libertad de movimientos. El pasado 2 de marzo, la policía impidió a Parvin Ardalan que viajara a Estocolmo para recibir el Premio Olof Palme de derechos humanos. Ardalan, que ya había pasado el control, fue obligada a desembarcar del avión con el pretexto de que tenía prohibido salir del país.
"Se han ensañado con las que estamos más activas en la Campaña por la Igualdad", señala Delaram mientras encadena un cigarrillo tras otro, a pesar de la prohibición que acaba de entrar en vigor. "No poder fumar en los cafés perjudica sobre todo a las mujeres porque nosotras no podemos salir a fumar a la calle como los hombres sin ser recriminadas, y a menudo tenemos que hacerlo a escondidas de nuestros padres y hermanos", explica.

